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El negocio del 40 aniversario.


Me hace gracia lo bien que hacen caja algunos a costa de don Francisco Franco. Ellos son los auténticos nostálgicos del franquismo; y que dure la nostalgia que no es malo para el bolsillo -se dicen-. Eso sí todos ellos, los Preston, Juliá, Casanova, Viñas y un no tan largo etcétera, llevan cuarenta años intentando convencer a los españoles, libro tras libro, de lo malo malísimo que era el sanguinario y cruel dictador Francisco Franco. Y, en algunos casos, están molestos porque en la guerra de papel pierden en ventas frente a lo que ellos ya llaman los "revisionistas", cuando ellos son los únicos revisionistas. O como califica Viñas a los que no tienen su bendición, a los historiadores o investigadores que le contradicen y le amargan la vida, cumpliendo con su autoproclamado papel de Gran Censor: "historietógrafos" -antes su amigo Reig los llegó a llamar "tontilocos"-. Lo que a no pocos nos invita a decir aquello de "dime de qué presumes...", preguntándonos si no son ellos los auténticos devotos de la historieta (historietas malas pues difícilmente llegan a la altura de Mortadelo y Filemón).

Franco es un negocio redondo, porque sigue apasionando a muchos leer sobre un periodo tan largo como trascendente de la historia reciente de España, y también tan enigmático. Y más negocio es cuando llega la fecha emblemática del 20 de Noviembre. Quien lo ponga en duda que se de una vueltecita por los estantes de las librerías o las portadas de periódicos y revistas en las próximas semanas. Vamos que Franco es para casi todos, por interés o por devoción, un superestar y los que más carrete le dan son precisamente los antifranquistas de oficio y de beneficio. Ellos han convertido a Franco en una auténtica estrella.

Francisco Franco falleció hace cuarenta años en un hospital de la Seguridad Social, no en una clínica privada. Seguridad Social fundada por él -aunque Pedro Sánchez probablemente también piense que la crearon los socialistas-. Así que llegada la fecha, agrandada por el guarismo conmemorativo, toca revival -perdón por el extranjerismo- editorial, periodístico y político -ya verán a Franco participar en la campaña electoral como insulto, claro está-. ¡Pero tranquilos están en Génova 13 porque hay consenso entre los historiadores a la hora de afirmar que no pertenecería al Partido Popular! Lo que no creo que le haya hecho mucha gracias a Viñas. Por no quedarse atrás en esta carrera, hasta el diario El Mundo nos lo ha resucitado -no tiene mérito, ya lo había hecho Vizcaíno Casas- y lo ha paseado con fotógrafos por las calles de Madrid sin que por cierto parezca que le hayan insultado.

Pío Moa, hace unos meses, ya daba unos cuantos soplamocos intelectuales, con su meritorio ensayo histórico sobre el franquismo, a los historiadores antifranquistas. Un más que recomendable texto que ha puesto de los nervios a los que no lo nombran en sus críticas o se refieren a él en tercera persona; hace unas semanas Luis Suárez Fernández publicaba una nueva obra clarificadora para desquiciamiento de los antifranquistas, pues el profesor Suárez es para ellos otra bestia negra. Frente a ello, como llegaba el 20N, tras el fracaso de un refrito anterior con poca fortuna de la mano de los revisionistas antifranquistas con título de profesores universitarios, Ángel Viñas nos obsequiaba con un libro que se aproxima mucho a la definición de panfleto tanto en el fondo como en la forma; donde, como perla de objetividad, nos indica que el asesinato de Calvo Sotelo no fue tal porque técnicamente se trataba de un homicidio. ¡Toma del frasco Carrasco!, que diría un castizo. Y después de eso casi mejor ahorrarse la lectura.

Faltaba a la cita el simpático Preston -él, yo y Franco tenemos en común que nos gustan las películas del Oeste-, quien al menos reconoce que es antifranquista -Viñas también aunque nos recuerde que para ser objetivo a la hora de hablar de Franco solo se puede ser, al menos, tan antifranquista como él-. Preston también olfatea el dinero -de tonto no tiene un pelo y sabe que cuenta con la publicidad gratis de quienes le consideran un tótem de la historia- y nos obsequia como conmemoración una nueva edición de su conocida biografía sobre Franco, con algunas aportaciones y novedades, según leo, para redondear su obra:

Primero, la demostración, pese a lo publicado y documentado, de que Franco no contribuyó a la protección de los judíos perseguidos a través de los representantes diplomáticos españoles en la Europa del Reich -supongo que no ha leído el último artículo del hijo del entonces ministro general Jordana-, porque ya se sabe que media docena de diplomáticos en legaciones distintas actúan del mismo modo por inspiración divina y no siguiendo instrucciones (seguro que a Preston también se le olvida la ayuda al Mossad en 1972 para sacar a 2000 judíos de Marruecos donde estaban bastante achuchados).

Segundo, nos dice que también va a poner sobre la mesa el antisionismo de Franco (ojito, Preston, porque ser antisionista no es ser antijudío; pero a Preston como a Viñas les gusta no decir toda la verdad), para ello retorcerá y recortará los discursos del Generalísimo a su gusto, olvidando, eso sí, que en 1948 fue el Estado de Israel el que no pidió el reconocimiento a España y que se negó a iniciar las relaciones diplomáticas pedidas por el régimen de Franco, aunque en los 50 el régimen prefiriera la amistad con los países árabes y apoyará la causa Palestina (ergo don Francisco era un progre de tomo y lomo por situarse en ese punto).

Tercero, lo anterior, no le parece bastante a Preston como reclamo y, entre otras perlas, naturalmente, pese a la demostración empírica de lo contrario, realizada por el investigador Moisés Domínguez, se suma a su amigo Viñas para sostener que Balmes fue asesinado por Franco o sus amigos -dejemos claro que Viñas no demostró nada más que sus prejuicios-. Luego están las perogrulladas habituales de la izquierda sobre la guerra y las ayudas externas (¡Ah, el amigo Viñas prescindiendo de datos a la hora de valorar las ayudas en el campo de la artillería como le ha recordado el experto en la materia Lucas Molina!) o teorizar sobre las cosas que escribía su primo Pacón en su diario para demostrarnos con ello las "tontunas" de Franco (como he escrito en alguna ocasión si lo tomamos al pie de la letra lo tomamos para todo y no solo para lo que conviene, que es lo que suelen hacer casi todos).

Eso sí, como Viñas, este a regañadientes, Preston tiene que reconocer que la corrupción ha ido a peor desde 1975 y que en ello han brillado las gentes de izquierda que pensaron que ahora les tocaba a ellos (bueno, esta parte del discurso de Preston dudo que la asuma Viñas). Pero lo que más me gusta de sus afirmaciones es eso de que los corruptos de la Dictadura quisieron seguir con sus privilegios. Lástima que el periodista de El Mundo no le preguntara por los nombres de esos corruptos, sería interesante la lista porque los políticos propiamente franquistas desaparecieron en meses y los que yo presupongo me parece que incrementaron exponencialmente su fortuna después de la muerte de don Francisco; pero ya se sabe que Franco tiene la culpa de todo por malacostumbrar a los españoles. Dejo a un lado las chorraditas sobre la corrupción en el franquismo (¡qué se lo digan a papá Pujol!), porque Preston y demás no quieren reconocer que si Franco estuvo cuarenta años en el poder sin rebelión alguna no fue por una represión inmisericorde (repase el historiador las cifras de población penal desde finales de los cuarenta), sino por un apoyo popular que lejos de disminuir fue incrementándose. Muestra de ello son los varios millones de españoles que le despidieron en noviembre de 1975 en todas las ciudades y pueblos de España. Ahí están las hemerotecas. Son esos apartados de la crónica que me parece se le habrá olvidado referir a don Pedro J. Ramírez, quien también se ha sumado al revival con una nueva versión de El año que murió Franco (libro que por cierto también ya había escrito antes Vizcaíno Casas).

Lo demás, lo de siempre en Preston. Quiere titulares, ir un poco más allá que sus conmilitones -dicho solo con afán descriptivo y no despectivo-: Franco fue el segundo en el podio de los dictadores más crueles de Europa, después de Hitler y por delante de Mussolini. ¿Por qué a estos izquierdistas británicos, y a no pocos de por aquí, se les suele olvidar que puestos a realizar podios el cajón más alto debiera ocuparlo un tal Stalin y como ideología el comunismo?

¡Ah! ¡Claro!, porque entonces a quien tacharían de fascista sería al propio Preston y hasta ahí llegaría la fama y la venta.

¿Por qué el autor y el editor en vez de titular el renovado libro de Preston con una bonita foto y la leyenda de "Franco. Caudillo de España" no lo rotulan, para que quede claro, "Franco. El dictador cruel y sanguinario", y de subtítulo "la obra definitiva de un historiador antifranquista"?

¡Ah! ¡Claro!, porque entonces no iban a vender muchos ejemplares y, entre el antifranquismo y los euros, Preston y la editorial Debate prefieren los euros. Las cosas como son. Y más allá de todo lo dicho queda el interés evidente que existe en el público. Entre otras razones porque las versiones maniqueas que se facilitan sobre Francisco Franco no parece que acaben de convencer al personal. Lo que le da mucha rabia al señor Viñas

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Me había prometido no caer en la tentación de escribir un artículo con motivo del 40 aniversario de la muerte de Francisco Franco. Bastantes tonterías han escrito los que no saben de qué escribir -antológico el artículo de un columnista de El Mundo el jueves 19, seguro que lo ha enmarcado y espera el Pulitzer- o aspiran a sacar unos euros a base de libros, tan infumables como insulsos, para contarnos que si don Francisco era un general corrupto que hacía negocios con el café (Ángel Viñas), un hombre cruel e inmisericorde (Paul Preston y José María Zavala) o redescubrir chismes al más puro estilo Sálvame para contarnos que Franco perdió un testículo en la guerra de África -el secreto mejor guardado de todos los secretos- y de paso dar pábulo a la tesis de que su hija no era hija suya (José María Zavala)... ¡Y cuanto se tercie!, pues contra Su Excelencia el Generalísimo, que así lo llamaban cuando se pasaba el día inaugurando cosas en el NODO, ya se sabe que cualquier cosa es válida, aunque esté bien eso de hacer caja a su costa, pero teniendo cuidado no sea que a uno le caiga el sambenito de franquista y se acabe el chollo. No quería escribir pero me he tomado un café de tarde con un artículo de chiste de la señorita Beatriz Talegón y a estas horas ya es 21 de noviembre.

¡Mola!, que diría esta política-tertuliana, en plena euforia dialéctica, que ya no sé por dónde anda tras ir dando tumbos por la izquierda tras hacerse socialista después del 11-M, saltar al estrellato por meterse con los actos socialistas en hoteles con estrellas, salir con acusaciones de falta de trasparencia del carguillo en Viena en la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas, abandonar el PSOE, explicarnos si tenía o no tenía novio, andar en manitas con Podemos, emerger como estrella para el 20D de una efímera "Por la izquierda" de la que ha salido para no darse un batacazo, alumbrar deducciones de peso como aquella de que tras el 15-M estaba la derecha y acabar, como tantos, casi dando gracias a Franco por existir -para ella parece que aún vive- y poder en privado gritar "¡Franco, Franco, Franco!", por qué sin él no sabría de qué hablar ni aspirar a caudilla. Y doña Beatriz se nos ha hecho este 20N una nostálgica del franquismo para poder ser antifranquista de trapillo.

Me ha dado por reírme ante la candidez y escaso argumentario de quien se supone que es una chica de verbo fácil y altura dialéctica demostrada; capaz de sacar de sus casillas a la mismísima Isabel Durán, hasta el punto que acabó ella de patitas en la calle; de no arredrarse y mantener su escotada indumentaria ante el censor Pablo Iglesias -¡el de PODEMOS!- porque ya sabemos lo que opinan en Irán sobre mostrar canalillo por televisión -¡Ah, que admitió la censura la heroica luchadora! No me lo creo-. Me esperaba una soflama de las suyas, pletórica de ingenio, capaz de encandilar a las juventudes de la izquierda que la veían como caudilla. Leyéndola me la imaginaba en pleno mitin antifranquista, culminando su vibrante discurso, como sus escritos, con un "¡Salud y República!" al más puro estilo miliciana, con las masas gritando "¡Caudilla Talegón!". Yo me la imaginaba con ese alarde de ingenio que Edmond Rostand puso en boca de Cyrano para tomar el pelo a quien le quería sin poder insultar, lo que equivalía a llamarle tonto o vulgar en siete idiomas. ¿Quizás me este equivocando al distribuir los papeles?

Hete aquí que, tras releer el artículo aparentemente insidioso contra la memoria de don Francisco, me he dado cuenta de que no; que Beatriz Talegón -en el fondo tiene todas mis simpatías o mejor dicho me es más simpática que Preston o que Soraya- lo que ha hecho es un artículo casi franquista.

Mira que hablar de los que andan por las cunetas, de los luchadores por la democracia durante el franquismo, para después llamarlos tontos en grado superlativo o algo peor recordándonos que entre los miles (bueno aquí se queda corta porque si a las colas añadimos a los que acudieron a multitudinarios actos en toda España sumarían algunos millones de españolitos) de españoles que ante los restos mortales del Caudillo -no le llamo dictador para no copiar la insigne aportación definitoria de la articulista- desfilaron durante varios días -no fueron más porque el gobierno decidió que ya estaba bien- había también miles que hicieron horas de cola, rodeados de franquistas llorosos, disimulando su alegría, echando lagrimitas por si las moscas, para poder pasar delante de su cadáver para comprobar si estaba muerto. Argumento de la autora que si se toma en serio solo cabe dudar si adscribirlo al género tonto o al género idiota.

Me alegra infinito el artículo de Beatriz Talegón porque sus fans o ex fans -a estas alturas ya no se sabe qué pensar- ya son antifranquistas, de argumentario tan cortito como el que exhibe en sus líneas, sin necesidad de leerla, y los que le tienen manía -la legión de los que no la soportan- pensarán que cuanto dice es simple vómito izquierdista o "mentira cochina" que diría un tierno infante.

Me congratulo y me descubro ante artículos como el suyo que tienen la virtud de hacer brotar admiradores de Franco como rosquillas. Así que doña Beatriz le ha hecho, en la conmemoración del 40 aniversario de su muerte, un inmenso favor a don Francisco, un sentido homenaje. Pero me sigo preguntando: ¿por qué ha escrito un artículo tan inane si sabía que tenía que codearse con la catarata de artículos antifranquistas de la semana? No se me antoja cómo, de no ser una máscara, se pueden escribir en tan pocas líneas tantas tonterías sin ser capaz de alumbrar la más mínima originalidad aunque no pasará de ser una boutade.

¡Esas perlas de doña Beatriz!

Nos dice, "Murió postrado en una cama" -le falta añadir de un hospital de la Seguridad Social construido por él para los trabajadores-: pues claro, cómo se muere uno normalmente cuando está grave en un hospital ¿bailando la conga?

"Sometió a gran parte de la población a 40 años de miseria, analfabetismo". Pero si en 1975 éramos la 8ª potencia industrial del mundo -hoy andamos por la doce o catorce-; si el franquismo hizo caer las tasas de analfabetismo, endémicas en España, de forma acelerada y a finales de los sesenta, por primera vez en la historia, todos los niños podían ser escolarizados -no se me enfadé pero la República quiso alfabetizar cerrando la intemerata de colegios católicos y dejando a los niños en la calle, pero esto seguro que lo ignora-; si los índices de convergencia con Europa del final del franquismo cayeron después y no se recuperaron hasta los años noventa; si hasta los españoles pudieron comprarse piso sin ser víctimas de la especulación y no podían perder la casa familiar por embargo. Franco fue pues un precursor de los movimientos antidesahucios.

"Injustas condenas sin procesos". Aquí confieso mi sorpresa gramatical porque para que haya condena, aunque sea injusta, tiene que haber juicio/proceso... a no ser que se refiera a condenas morales.

Se queja de que se olvide a los que "dieron su vida por defender la democracia", pero en los años treinta, cuarenta y cincuenta esos luchadores tenían un concepto muy peculiar de democracia que naturalmente se parecía a lo que el común de los mortales entiende hoy como tal como un huevo a una castaña. Y algunos, varios miles, perdieron la vida no por defender nada, sino más bien por liquidar al contrario en la zona republicana, torturar, perseguir... o cometer atentados y no pocos atracos en los años cuarenta o cincuenta. Pero estoy seguro que la señorita Talegón, que es joven y preocupada por el futuro y no debe tener mucho tiempo para el pasado, desconoce esta otra cara de la historia. Pero, ¿cómo se puede hablar de olvidos cuando están un día sí y otro también hablando de ellos? De los que no se habla son de las otras víctimas, entre otras razones porque así nadie se pregunta por aquellos de la causa y el efecto. Víctimas que no es que sean olvidadas, es que está proscrito recordarlas. Y digo yo que también tendrán derechos.

Beatriz Talegón no sé si es una víctima de la LOGSE pero sí un arquetipo de los que andan como zombis por la política. Se salió del PSOE porque era un partido vacío de ideas y mira por dónde, al final, su discurso anda reverdeciendo el "No a la guerra" por un lado y por otro creyendo que el antifranquismo es una ideología, aunque en realidad no sea más que un discurso tranochado con el que parece buscar hacerse un hueco como rojilla oficial para las tertulias de derecha, pero no olvide doña Beatriz que co un Pablo Iglesias ya han tenido bastante.

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20151124185813-image.jpegNo pocos escritores, historiadores y periodistas andan empeñados en hacer de este otoño su particular agosto a costa de Francisco Franco. Los aniversarios terminados en cero es lo que tienen. El último en llegar -probablemente ya sea el penúltimo- es José María Zavala. Lo ha hecho con una obra liviana, fruto de volver a grapar capítulos de sus libros anteriores, más próxima al chisme que a la historia, en la línea de lo escrito hace unos meses por la periodista Pilar Eyre a la que este autor acusa de ningunear sus investigaciones.

El título del invento es "Franco con franqueza. Anecdotario privado del personaje más público", mucho título para tan escaso contenido real, en el que José María Zavala, fiel a su costumbre, al menos en algunas de sus últimas obras, se empeña en descubrir la rueda sobre aspectos supuestamente desconocidos que, en casi todos los casos, son de sobra conocidos. La mitad del libro es repetida, salde de sus dos libros sobre José Antonio, del escrito sobre Pilar Primo de Rivera y de uno bastante anterior sobre Ramón Franco. Como de costumbre sin notas ni aparato crítico. Fiel a su estilo, que resulta ameno y entretenido, todo hay que decirlo, plantea la historia como una investigación cuasi policial para resolver misterios.

No nos equivoquemos, a José María Zavala dista de caerle bien Franco. Es más, el palo a Franco que ha empleado en sus otras obras es casi el salvavidas al que se agarra para no acabar marginado con la vitola de la extremaderecha o similar. Es lo que le garantiza que se hagan eco de sus libros los medios de comunicación del centro y la derecha tipo ABC, La Razón, La Vanguardia o 13TV.

A Zavala lo que le interesaba, dejando a un lado las páginas repetidas, es introducirse de forma por cierto harto superficial, con referencias a unos pocos testimonios, en la vida íntima de Francisco Franco. Todos los tópicos antifranquistas de psiquiatra barato/aficionado afloran en esta obra que, en este sentido, no se aleja de lo habitual en los ladrillos antifranquistas de los sesenta de Ruedo Ibérico y similares (cerillita, complejos, problemas con el padre, voz atiplada, reprimido sexual...). Y, naturalmente, tal y como explica el autor en sus resúmenes y entrevistas, el Franco resultante es "cruel e inmisericorde" (¡Qué malo que era Franco! ¡Qué cruel! Resulta que no indultó al auditor del ministerio de Guerra, asesor de Largo Caballero para la aplicación de las sentencias de muerte -no solo la de José Antonio debemos suponer dado su cargo-, presidente del Tribunal de Guerra y de otros órganos represores republicanos, pese a que tenía una niña a su cargo. ¡Qué ejemplos nos presenta Zavala!). Un hombre que "no tenía piedad", aunque eso sí, "no llega a lo de Hitler". Siempre es un consuelo.

Fiel a su estilo José María Zavala evita poner, en estos temas complejos, la última palabra. Deja a otros que digan lo que parece que él quiere decir pero no se atreve o prefiere mantenerse en la nebulosa de la duda sobre lo que piensa. Ya lo hizo en su libro "La Pasión de José Antonio" y lo reitera en este para presentar a José Antonio, otra vez, como "el incómodo rival de Franco", y, pese a las evidencias, mantener de forma indirecta que Franco no hizo todo lo posible por salvarlo, recogiendo todos los testimonios -sin revisión crítica alguna- que tal opinión tienen y silenciando tanto los hechos como a todos aquellos que opinan lo contrario de forma documental. Dar autoridad, como hace en el libro, en cualquier tema, a las inventivas de Ramón Garriga, que escribía desde su antifranquismo anímico sin más soporte que su opinión, o a las elucubraciones de Alcázar de Velasco, es de nota.

Poco o nada, más bien más nada que poco, aporta este prescindible libro a la hora de conocer la personalidad real de Franco, su mundo interior que hasta ahora es un terreno poco estudiado dada la falta de documentación personal accesible. Auparse para una investigación sobre la larga lista de libros de memorias de familiares de Franco o próximos a él, desde Franco-Salgado a Pilar Franco, editados en su tiempo por Planeta, cuando todos sabemos que son obras convenientemente cocinadas cuando no rehechas, sin pararse a pensar que un testimonio dista de ser una verdad objetiva en las más de las ocasiones, es preocupante.

Hace ya años que Zavala, en su libro sobre Ramón Franco, hizo el "gran descubrimiento" sobre los problemas sexuales de Francisco Franco y la deriva que ello pudiera tener sobre la paternidad de su hija. Vaya por delante, a Zavala se le pasa o lo ignora, ¿o quizás no y eso explica el modo de escribir?, que José Luis de Vilallonga, en un libro infame, sostuvo que Carmen era hija de Ramón Franco, y acabó en los tribunales con condena incluida. Ambos, curiosamente, han recurrido a las mismas fuentes, a los mismos chismes, a las mismas maledicencias y a escritores como Ramón Garriga y similares. Quizás por conocer el caso, José María Zavala se cuide mucho a la hora de pronunciarse, aunque busque llevar al lector a conclusiones similares o, cuanto menos, a sembrar la duda; porque de lo contrario ¿por qué no decir que Carmen es hija de Franco sin duda alguna, sin circunloquios?

Pero vayamos por partes. Hace años -aunque no pocos lo hayan leído en el libro de chismes de Pilar Eyre- Zavala nos obsequió con la gran primicia -sin que nadie medianamente serio le prestara mucha atención- de que Franco había perdido un testículo en África, lo que explicaba "muchas cosas" y le llevó a investigar sobre la paternidad de Carmen Franco. Y ahí comienza el gran misterio que con este libro por fin ha conseguido desentrañar.

La fuente de autoridad, la gran referencia, es la hija del doctor Antonio Puigvert, quien nunca atendió a Franco profesionalmente, aunque mantuvo en sus encuentros conversaciones sobre "temas que nadie podía sospechar". Y entre esos temas, deduce Zavala, estaría el testículo perdido en la guerra. Ello lo transmitió el doctor a su hija -como no le atendió profesionalmente no hay secreto sobre el paciente ¡Todo solucionado!-, la también eminente doctora Ana Puigvert. Esta le dijo a Zavala que Franco era "monórquido". El autor sumó dos y dos y le dio una palabra: el Biutz. El lugar donde Franco fue herido de muerte y en el que perdió según él el testículo, lo que le pudo provocar una "esterilidad parcial", de ahí que solo tuviera una hija y tardara tanto tiempo en tenerla; o, en caso extremo, una impotencia total y...

Tras el libro de Pilar Eyre y su revelación sobre la "fimosis acentuada" de Franco que hizo que, según esta relevante investigadora, una vez tuviera su hija no volviera a tener más relaciones con su mujer -¡Cuánta tontería se tiene que leer!-, Zavala pidió un dictamen a la doctora Puigvert quien, partiendo de la herida del Biutz como causa de la perdida de un testículo, determina que Franco "quedaba imposibilitado para fertilizar por la afectación de la gónada restante y de savia seminal, provocándole, como digo, una infertilidad secretora y una disfunción eréctil". Página antes -para animar la cosa- Zavala se ha acordado de que Sofía Subirán, a la que Franco pretendía y cuyas cartas y testimonios fueron publicadas hace años con errores a granel y de Ángeles Barcón quien decía que tenía las manos frías. Inmediatamente recordó a Marañón, quien en su estudio sobre Enrique IV (se le olvida el apelativo de "El Impotente") anotaba este rasgo identificador de la "morfología de estos eunocoides y deficientes sexuales". ¡Cómo le gusta a Zavala tirar la piedra y esconder la mano!

Claro que nos dice, no sea que acabe ante un tribunal, que pudo ser una "esterilidad temporal" y en una de las veces pudo engendrar a Carmen. Pero no contento cierra el capítulo correspondiente de este modo: primero, reproduce parte del texto que le ha mandado la doctora, "Finalmente, como informa Pilar Eyre, la . Estoy de acuerdo con esta afirmación. Por lo tanto, sin capacidad de engendrar, aunque no fuera en su caso la fimosis el motivo de dicha inactividad sexual, difícilmente hubiera podido tener una hija"; y añada Zavala: "Más claro agua". ¿Pero qué está claro?

Y ello nos lleva a un nuevo capitulo: "la paternidad". Y otra vez el mismo juego para concluir, tras hablar de los misterios en torno a las partidas de nacimiento de Carmen que no son de la época, tras recorrer todas las maledicencias de los que ponían en duda la paternidad de Franco (Garriga, Alcázar de Velasco, Vilallonga...) o no les extrañaba que no fuera el padre (insuperable el recurso a Max Borrell para sembrar la duda), para concluir recordando que para saber la verdad sin la sombra de duda que algunos proyectan se necesitaría una prueba de ADN.

¡Ah, la Historia! Si Zavala conociera medianamente la biografía de Franco de verdad, más allá de los lugares comunes (medio libro poco tiene que ver con Franco directamente) sabría que Carmen Polo tuvo un aborto. Se habría dado cuenta de que Carmencita nació en 1926, algo menos de tres años después de la boda, no porque Franco tuviera "esterilidad temporal", consecuencia de la pérdida de un testículo según Zavala, o porque sufriera una "fimosis acentuada" según Pilar Eyre, sino porque Franco estuvo en campaña casi con continuidad entre 1923 y 1925. Pero claro, para darse cuenta de eso era necesario investigar. Franco y Carmen se casaron en octubre de 1923 y el jefe de la Legión estuvo de permiso hasta finales de noviembre. Volvió a África para dirigir las operaciones de 1924 (Xauen) y Carmen se quedó en Ceuta; regresó a casa para estar poco más de una semana en diciembre de aquel año y tuvo que volver a salir para avanzar sobre Alcazarsaguer (desembarco de Anyera) y así hasta el desembarco de Alhucemas (septiembre de 1925). Si Zavala o la señora Eyre hicieran las cuentas encontrarían la razón de por qué tardaron algo más de dos años en engendrar una niña.

¡Ah, la Historia! ¡Qué fácil es inventar! Zavala sin sustento de prueba alguna, más allá de los chismes, deduce que la herida del Biutz fue la responsable de la pérdida de un testículo, porque no era posible que fuera monórquido de nacimiento. No sé si ha encontrado y lo guarda como as en la manga el informe sobre la herida. Evidentemente yo no lo he visto directamente, pero tenemos los testimonios de los dos doctores que lo atendieron. Primero, el capitán médico Antonio Mallou que le hizo la primera cura que le salvó. Segundo, el del médico militar doctor Blasco quien dejó su testimonio directo. Confieso mi ignorancia médica, pero el doctor Blasco señalaba que la penetración de la bala, que no afectó ningún órgano vital, entró por el vientre -señala en la radiografía unos tres o cuatro dedos más abajo del esternón-, rozó el diafragma por abajo y salió por detrás sin tocar el hígado que estaba en la trayectoria, lo que no parece avalar la tesis de Zavala si recurrimos a la anatomía elemental.

Pero estas son las cosas de un "Franco con franqueza" cuyo título más que una tesis es una antítesis formulada en tres palabras. Un libro cuyo mejor espacio para presentarlo me parece que sería el plató de Sálvame.


CODA CON ESTRAMBOTE: Ya sabemos que Paul Preston anda por ahí explicando que Francisco Franco es comparable con Adolfo Hitler. Zavala, más modesto, también los compara: "a las simpatías que pudieran profesarse a Franco y a Hitler les unía la pérdida de un testículo en el mismo año 1916". Y nos informa que se ha desclasificado un documento sobre Hitler que lo confirma -en realidad fue en 2008-. Reduzcamos el valor de documento, se trata de unas transcripciones de las conversaciones que el médico/enfermero Johan Jambor tuvo con su sacerdote en los sesenta donde le revelaba lo apesadumbrado que estaba por haberle salvado la vida a Hitler, estos papeles llegaron a un historiador aficionado polaco que los publicó. Hitler, nos cuenta, estaba ensangrentado por el estallido de una granada en el vientre con la pérdida traumática de un testículo (¡selectiva la granada en tan delicada parte!). Pese a tan grave amputación en dos meses Hitler estaba otra vez en el frente (no sé si debiera consultar a su doctora de cabecera sobre tan asombrosa recuperación). Naturalmente ninguno de los biógrafos de Hitler desde Fest a Kershaw, que algo más que Zavala saben, ha dado crédito a una revelación que suena a chiste y que no es ningún documento con valor, pero a Zavala esto de los testimonios le chifla. Pero esta historia, cuyo origen es una pretendida autopsia soviética, es la que inspiró a Zavala para transcribirla al caso de Franco cuando poco después hizo su libro sobre Ramón Franco, cuyas páginas recupera para este. Lástima que su dominio de la bibliografía sea escaso. De lo contrario conocería los documentos desclasificados, documentos médicos de verdad, de hace un par de años sobre Hitler o habría leído el libro exitoso de Thomas Weber de 2012 desmintiendo el comportamiento heroico del futuro Führer en la IGM en el que indica que lo de la pérdida del testículo es falso. Pero no va a permitir Zavala que un riguroso estudio documental le arruine la película. Ya puesto podría haber comparado también a Franco con Napoleón, de quien también se dice que le faltaba un testículo -¡qué manía, cielos!-. O como gusta de lo paranormal recordar el valor de los hombres con un solo testículo que en la mitología artúrica guardan el secreto del camino al Santo Grial. Así que ya puestos, además de unas páginas sobre el brazo de Santa Teresa -otro clásico sobre el Generalísimo-, podía habernos dicho que el Caudillo era el guardián del cáliz de Cristo

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