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20150123192558-image.jpgEl PP ordena derribar su monumento en Valladolid.

Hace casi ochenta años Onésimo Redondo, fundador de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, editor y director de varios periódicos -uno de ellos bautizado significativamente como Libertad-, que desembocarían en las JONS para fusionarse con la Falange de José Antonio, defensor de los campesinos vallisoletanos, perseguido por el régimen republicano, que no tuvo reparos a la hora de auxiliar a la derecha acobardada y perseguida por la izquierda en la primavera de 1936, que no rehusó a una posible coalición en las municipales que teóricamente se iban a celebrar tras la victoria del Frente Popular por hacer frente a la inminente revolución, fue asesinado por la izquierda en una refriega al principio de la guerra porque no quiso parapetarse tras la mesa de un cómodo despacho. Onésimo Redondo, aclamado y exaltado después, también por esa derecha vallisoletana trufada de patriotismo verbenero, como "Caudillo de Castilla".

Han pasado casi ochenta años y hoy, merced a la cobardía moral y real de eso que algunos consideran la derecha española, a la entrega del Partido Popular, actuando esta al unísono a nivel nacional y local (todo huele a podrido en Génova, que diría un epígono de Shakespeare), sirviendo de lacayos y mamoporreros a la izquierda de todos los tintes, a los beodos y becerros que exhiben banderas tricolores, el monumento que se levantara en un cerro próximo a la capital castellana va a ser derribado. No lo hace caer la izquierda, pese a que lo ha intentado una y otra vez, pese a sus exiguas y ridículas concentraciones. Lo derriba la derecha para mayor escarnio y vergüenza.

Digámoslo sin medias tintas. Ayer la izquierda asesinó con balas a Onésimo Redondo, hoy la derecha, el Partido Popular, se brinda orgullosa a participar en la ejecución de su memoria. Hoy viernes o en los días próximos el Ayuntamiento de Valladolid gobernado con mayoría absoluta por el Partido Popular, de común acuerdo con el Ministerio de Industria al que pertenecen los terrenos, entregará el soberbio monumento dedicado a Onésimo Redondo físicamente a la piqueta y moralmente a la izquierda. Esa misma izquierda que lleva años atacándolo, pintándolo y derribándolo por entregas sin que el valiente alcalde de la derecha, ese que blasonaba de declaraciones salidas de tono para alimentar a lo más cavernario de sus seguidores, haya recordado jamás de qué ideología eran las balas que pusieron fin a la vida de Onésimo. Hoy, a la cobardía de ayer suma el Partido Popular su decisión de colaborar entusiásticamente en la nueva ejecución del líder falangista.

Hoy el alcalde del PP, el presidente de la Comunidad del PP y hasta el gobierno del PP podrán exhibir esta decisión, cara a las municipales, como una muestra más de que ellos son tan progres como el que más; que sin problema escupen sobre el pasado y se suman a la suicida exaltación de la orgía republicana de 1936-1939, mientras que la izquierda hace una muesca más en el revolver de la venganza. Y es que en el fondo para ellos "París bien vale una Misa" y, además, qué narices, Onésimo, que no quería ser de derechas, no era de los suyos aunque Josemari jugara a las cartas en Quintanilla de Onésimo. Y por si fuera poco había definido a los partidos como sociedades para la explotación del voto y a los peperos no les gusta que los pongan delante del espejo.

Se me olvidaba, siempre tienen una excusa. Como diría Mariano: no nos queda más remedio, es a lo que obliga la ley porque no querrán ustedes que yo no mantenga, por inicua que sea, una ley hecha por la izquierda como esa de la Memoria Histórica. Qué pena no ser de pucela para en las próximas elecciones depositar en la urna en vez de una papeleta una foto de Onésimo Redondo y despacharme a gusto.

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20150128183433-image.jpgExcelentísimo señor don Francisco Javier León de la Riva
Alcalde de Valladolid



Me dirijo a usted, en primer lugar, para expresarle nuestra repulsa más rotunda a la decisión adoptada por la corporación que usted preside con mayoría absoluta de proceder a la destrucción del monumento dedicado a Onésimo Redondo situado en cerro de San Cristóbal, escudándose en la partidista consideración, fruto de la presión de la izquierda ante la que su corporación ha cedido, de dicha obra como contraria a la sectaria ley conocida popularmente como de "la memoria histórica".

En segundo lugar, para pedirle que proceda a la revisión de tan lamentable decisión y no solo mantenga el monumento en recuerdo de un vallisoletano ilustre, sino que proceda a su restauración y vigilancia, instando a actuar contra aquellos que, asumiendo el papel de juez y verdugo, actuando con total impunidad, han procedido en diversas ocasiones a causar daños al mismo.

La historia no se borra a base de piqueta, ni memoria alguna es posible cuando se procede a cercenarla para complacer a aquellos que son adversarios políticos y se defrauda a quienes, con mayor o menor convencimiento, le han apoyado.

No es necesario referirle aquí la historia de la vida de Onésimo Redondo, ni su defensa encomiable de los remolacheros en los años treinta, ni la gigantesca obra de asistencia realizada al comienzo de la guerra por su esposa Mercedes Sanz Bachiller, ni recordarle que perdió la vida a manos de quienes profesaban la misma ideología -la izquierda- que quienes le han forzado ha adoptar la decisión de destruir el monumento que sus vecinos, por suscripción popular, no pagado por ninguna instancia oficial del régimen de Francisco Franco, erigieron en 1961, veintidós años después del final de la guerra civil.

Estimo que sus asesores le han informado mal, pues este monumento, por su propia razón de ser, no solo no contraviene la mal llamada "ley de la memoria histórica", que el Partido Popular por miedo a la izquierda no se ha atrevido a reformar, sino que se encuentra protegido por la misma. No es necesario que le recuerde que la Ley 52/2007 se rotula con una declaración de intenciones que no deja muchos espacios a la duda, pues establece "medidas en favor de quienes padecieron persecución y violencia durante la guerra civil" sin concluir en el enunciado que se refiera a los de una sola parte, y Onésimo Redondo está incluido en tal consideración ya que fue asesinado el 24 de julio de 1936, a los pocos días de iniciarse la guerra. ¿Cabe mayor padecimiento de violencia?

No es posible justificar la destrucción de un monumento dedicado a una persona con lo dispuesto en la citada ley. Por su propia naturaleza este grupo escultórico que debiera ser considerado patrimonio histórico-artístico, no es conmemorativo de la guerra civil, pues está erigido para recordar a una persona que murió en la guerra; tampoco es un monumento conmemorativo de la Dictadura, pues Onésimo Redondo fue asesinado en julio de 1936 y el régimen del general Franco se inicia en paridad el uno de octubre del mismo año; tampoco constituye una exaltación de la sublevación militar, pues su única finalidad es el recuerdo y homenaje a un líder político muerto al iniciarse el conflicto. Es más, ni siquiera la inserción en el mismo del ya medio derruido emblema del yugo y las flechas puede ser considerada contraria a la ley cuando existen diversos partidos legales que lo mantienen como símbolo y con el que han concurrido a todas las elecciones desde 1977, no siendo preciso apuntar que esa utilización no ha supuesto la menor controversia por parte de las Juntas Electorales, ahondando en el hecho de que una reciente sentencia no establece una titularidad en exclusiva de este símbolo a un partido concreto.

Por todo ello me veo en la obligación de requerirle para que, amparándose en el razonamiento sucintamente expuesto pero que estoy seguro sus asesores podrán desarrollar, proceda a la detención de la demolición y a la revisión de la decisión adoptada por la corporación que usted preside.


Atentamente

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