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Una crítica sobre mi libro

Publicado: 17/12/2013 17:25 por Francisco Torres en Los libros
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TORRES GARCÍA, Francisco: El último José Antonio, Barbarroja, Madrid 2013, 601 págs.

Prácticamente todas las cuestiones controvertidas sobre la vida, obra y muerte de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936) reciben una luz nueva en esta obra del historiador Francisco Torres García, a quien ya se deben obras notables -en documentación y análisis- sobre la División Azul, Francisco Franco o el proceso de restauración/instauración monárquica en la persona de Juan Carlos de Borbón y Borbón. El último José Antonio mantiene alto ese nivel de calidad bibliográfica y figura entre la media docena de libros imprescindibles sobre el fundador de Falange Española. No sólo por el mérito de aportar documentación inédita sobre una época que recibe desde hace décadas los focos de cientos de investigadores, sino porque utiliza su objetivo específico (las circunstancias que rodearon a José Antonio entre su detención y su muerte) como palanca para elevarse a una precisa, serena y matizada valoración general sobre el personaje, su tiempo y su legado.

Torres García demuestra, sin lugar a dudas, que el Gobierno del Frente Popular tuvo conocimiento de la condena a muerte de José Antonio con tiempo suficiente para evitarla, y deliberadamente no quiso hacerlo. Con posterioridad a los acontecimientos, cuando había trascendido fuera de España la comisión de un asesinato legal en la persona de un joven político claramente inocente de los cargos que se le imputaban, se intentó alegar que la petición de indulto había llegado al Consejo de Ministros demasiado tarde. Estas páginas prueban que se debatió en él.

Y que Indalecio Prieto votó en contra. La supuesta simpatía del líder socialista por José Antonio es una mentira piadosa orientada a salvar la cara de un PSOE "menos malo" frente al PSOE "peor" de Francisco Largo Caballero. En realidad, Largo y Prieto fueron los principales responsables políticos del crimen de Alicante.

Ellos... y los anarquistas. Toda la historia del proceso de José Antonio está trufada de momentos de odio insuperable por parte de la CNT y la FAI. Controlaban la capital levantina desde el inicio de la guerra y, enfrentados entre sí por todo, allí actuaron de consuno para matar a José Antonio, cuya bonhomía e idealismo veía en ellos -proclamó varias veces-, "a poco que se rascara", las mejores vetas del ser español. Los anarquistas del Gobierno votaron contra José Antonio en el Consejo de Ministros, y los anarquistas de Alicante se aseguraron mediante dos piquetes de ejecución de impedir cualquier posible fuga del reo.

El último José Antonio presenta un relato cronológico pormenorizado de los catorce intentos de rescate del fundador de la Falange, todos ellos respaldados por Franco, apoyados con cuantos medios tuvo a su disposición o directamente organizados por él. En un caso, comprometiendo al crucero Canarias (uno de los dos únicos que tenía el bando nacional) en una operación muy mal vista por los alemanes, quienes consideraban irresponsable empeñar el buque en salvar la vida de una sola persona, por importante que fuese. Después de esta obra de Torres García, cualquier intento de dibujar al Caudillo "dejando hacer" al Frente Popular para que le despejase el terreno de adversarios políticos resulta sencillamente patético.

Aporta el autor un listado completo de los participantes en uno de esos inentos de liberación, formado por falnagistas de la Vega Baja que fracasaron en su misión y fueron fusilados por el Frente Popualr. El interés del elenco, amén de honrar su memoria, reside en que el registro oficial hace constar la profesión de los ajusticiados. Entre las 68 personas detenidas por los hechos (62 de las cuales fueron ejecutadas), figuran 28 jornaleros, 18 labradores, 2 mecánicos, 2 espadadores, 2 albañiles, 2 chóferes y un carpintero, un barbero, un soldado y un maestro. ¿Dónde están los "señoritos" que apunta la propaganda izquierdista como origen sociológico de la Falange?

También explica Torres dónde y cómo nació la figura de El Ausente, término de resonancia mitológicas sin el cual no se entiende la liturgia joseantoniana. Nació en la misma jerarquía falangista al conocer su fusilamiento para no tener que elegir un sucesor, lo que habría desatado una feroz batalla interna de imrpevisibles consecuencias en un momento delicadísimo de la guerra. Pero tampoco se trató de una operación maquiavélcia ni de un mezquino plan de engaño: en noviembre de 1936 se creía próximo el final de la contienda y se confiaba en abordar esa delicada cuestión desde la inmediata tranquilidad de la Victoria. No fue así, y durante un tiempo el icono referencial de El Ausente dio tono al dramatismo de los primeros meses de guerra.

El último José Antonio, al hilo de la citada liturgia, incide en la importancia de la que se ha dado en llamar la "corte literaria de José Antonio", que suplió con bella literatura los agujeros doctrinales y la falta de pensadores sólidos que aquejaron a la Falange, sobre todo una vez muertos también Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma. Excelentes escritores (pero no doctrinarios) como Dionisio Ridruejo, Rafael Sánchez Mazas, Agustín de Foxá, Giménez Caballero, Luis Santa Marina, Eugenio Montes, etc., fueron quienes crearon el José Antonio que el régimen de Franco convirtió en modelo para varias generaciones de jóvenes. Porque eso, un modelo, más que el suministrador de una teoría fundante, fue lo que el Caudillo vio de más aprovechable en la figura de alguien a quien habían tratado poco, pero cuya capacidad movilizadora y formativa, más tras la entrega de su vida con dignidad que aún hoy conmueve, comprendió enseguida.

Torres ahonda analíticamente en ese proceso literario-político (el cual, sugiere, aún necesita una monografía que aporte todas las claves) al tiempo que sitúa doctrinalmente a José Antonio en el ámbito de la Tradición política española, aunque es notora la hetereogeneidad de las fuentes filosóficas y políticas en las que había bebido durante su formación.

Con dos ediciones en pocos meses, El último José Antonio ve respaldado con su éxito de ventas el esfuerzo de rigurosa documentación exhibida por Francisco Torres en cada párrafo, así como la lucidez de sus análisis, como corresponde a uno de los más sólidos y fiables estudiosos del período 1931-1975.

Carmelo López-Arias Montenegro,  publicado en Razón Española (noviembre 2013)

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Es fácil que acaben acusándote de demagogo cuando no te pones una venda ante los ojos para prescindir de la realidad social que nos circunda, o no vives encerrado en los datos y en la comodida del que carece de necesidad. Sin  admitir que casi cualquier cosa se puede justificar desde un punto de vista teórico, descalificando, en el camino, a quienes se sienten más próximos a los ciudadanos que a los datos macroeconómicos.

Una vez más el gobierno ha cedido ante los detentadores reales del poder: ese conjunto etéreo que denominamos los mercados. La inescrutable e incomprensible factura de la luz, que recoge las tres partidas que determinan su precio, subirá al amparo de las luces de Navidad y el dispendio -cada vez menor para una parte significativa de españoles- de la aparente felicidad de los regalos, esperando que así el desatino se olvide rápido. Pero dejemos constancia que a lo largo de este año lo que se ha producido es la subida constante de la factura energética de los españoles comunes. Ahora se anuncia un incremento real que en enero podría situarse entre el 6% y el 7%.

El gobierno lleva justificando estas subidas, producto de la deuda generada por la diferencia entre el precio de venta y el precio de coste, alegando, implícitamente, que en esta situación de crisis ya no es posible sostener artificialmente los precios merced al tramo de los mismos que fija el ejecutivo. Pero oculta que la reforma del sector es un peaje más al que nos obligan en Europa y no nos explica cómo es posible que en España la luz tenga una de las tarifas más altas del continente.

El gobierno ha cedido ante las poderosas eléctricas y no se le ha ocurrido plantear abiertamente que el modelo es equivocado, que la gestión del sector no parece que haya sido la más eficaz y acertada y que, en definitiva, estamos pagando la ausencia de un sector estratégico energético nacional.

El gobierno, una vez más, rompe sus promesas. No ya las electorales sino las realizadas hace unas semanas. El Ministro de Industria -ya podía dedicar sus esfuerzos a industrializar el país- afirmó que el tramo de la factura que es responsabilidad del gobierno no subiría. Y, como es usual, cada vez que el presidente o alguien del gobierno dice que eso no sucederá acaba invariablemente pasando.

La luz sube cuando, según se nos informaba, ante la llegada del invierno, unos tres millones de hogares no podrán utilizar la calefacción adecuadamente o, simplemente, no podrán encenderla; cuando hemos visto reportajes televisivos de la gente volviendo a quemar en casa madera para calentarse; cuando en todas las parroquias se recoge, además de alimentos, dinero para poder pagar las facturas impagadas de la luz... Por toda respuesta el gobierno argumenta que 2.5 millones de españoles se benefician del "bono social" eléctrico, pero de poco vale el bono cuando el precio de la luz sube y previamente el dinero que se obtiene va a cubrir otras necesidades básicas.

Pero lo peor es que otra vez se busque, con ese lenguaje falsario y pletórico de eufemismos, a que nos ha acostumbrado el gobierno de Mariano Rajoy, tranquilizar a los españoles diciéndonos que es una subida transitoria, que a partir de abril de 2014 se producirá un reajueste y la factura bajará. Lo que no nos dicen es que en el proyecto legal de reforma gubernativo se contempla la subida automática para evitar que se produzca un nuevo déficit. Déficit que naturalmente acaban estableciendo las propias eléctricas y pagando todos los españoles para mejorar sus cuentas de resultadas.

 

 

 

 

 

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