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He tenido la santa paciencia de revisar prácticamente toda la información sobre el “rescate”, “ayuda financiera”, “préstamo”, “intervención enmascarada” que Luis de Guindos, con cara de pocos amigos y balbuceo en alguna respuesta, anunció en la histórica fecha del nueve de junio de 2012.

Histórica, porque sólo el tiempo dirá si es un punto y final o un punto y seguido; histórica, porque no sabemos si es el primer día de la cuenta atrás que, pese a su mayoría absoluta, llevará a la sustitución de Mariano Rajoy; histórica, porque hemos perdido un poco más de soberanía, aunque esto a muy pocos importe. Hoy, domingo mientras veo jugar a la selección española, no sabemos a ciencia cierta si España está medio intervenida o no, ni tan siquiera si estamos rescatados o no, ni si tenemos suficiente rescate o hará falta más. Lo cierto es que cuando todos, incluido el gobierno, esperaban atrasar cualquier tipo de intervención-rescate hasta después de las elecciones griegas y la próxima revisión de las cuentas por parte de la Unión Europea, el Eurogrupo, cansado de lo que para ellos es un grave problema, pues estamos hablando de la cuarta economía europea cuya situación está afectando gravemente a la estabilidad del Euro, ha hecho público un más que evidente “¡Hasta aquí hemos llegado!”. Y lo ha hecho, para desesperación de Mariano, cuando convenía al Euro y no cuando convenía al presidente del gobierno español especialista en retrasar las decisiones a ver si escampa.

Resulta cuanto menos curiosa la capacidad y la facilidad que tienen el gobierno y sus medios afines a la hora de tratar de cambiar la realidad. Lo que es la constatación de un fracaso anunciado se transforma ahora casi en el triunfo de un gobierno que ha obtenido un préstamo a bajo interés; en titulares que más parecen dictados por el señor Arriola, todopoderoso oráculo del gobierno y del Partido Popular, que por quienes se supone que son informadores independientes. Quienes tan sólo hace dos días denunciaban las “maniobras intoxicadoras”, para dañar a España, que alertaban sobre la petición del gobierno español al Banco Central Europeo de fondos para rescatar a los bancos españoles, han tenido que hacer borrón y cuenta nueva tras semejante muestra de servilismo. Medios que dedicaron portadas a alabar la fiereza de Mariano Rajoy cuando anunciaba que no habría intervención, que España no pediría dinero; a exaltar a la carismática Soraya Sáenz de Santamaría cuando, pensando que se dirigía al parlamento domesticado del “y tú más”, se llenó la boca para desmentir las noticias de que en la reunión del Eurogrupo -como así ha sido-  se iba a discutir el rescate de España.

Mariano Rajoy lleva quince días intentando evitar la intervención o mejor dicho intentando que la reforma de la Unión Europea, cediendo soberanía económica, le evite padecer un rescate que pondría fin a su carrera política. Y para ello no ha tenido empacho a la hora de utilizar los discursos de la Casa Real que supervisa el gobierno. La verdad es que, a estas alturas, yo ya no sé si Mariano Rajoy aspira a salvar a España o simplemente a salvar su permanencia en la Moncloa, porque recordemos que su única obsesión desde las elecciones perdidas tras el 11-M era ser presidente. Que nadie olvide que parte de la responsabilidad de la falta de confianza de los mercados es producto de sus decisiones retardatarias (aplazamiento para ganar en Andalucía de los Presupuestos), de lo que en muchas ocasiones no pasa de ser maquillaje y palabras; o de la incapacidad para gestionar una crisis tan grave como la de Bankia que nos ha conducido al punto sin retorno actual, algo sobre lo que muchos han tomado buena nota.

Ciertamente no se puede decir con rigurosidad que España haya sufrido un rescate, pero es un primer aviso. Ciertamente lo que ha hecho el Eurogrupo, por interés de la supervivencia del proyecto del Euro, para evitar la concatenación de problemas en la banca europea, es aprobar un rescate indirecto, parcial que no implique la desestabilización política y social que supondría una intervención muy difícil de articular en una economía de las dimensiones de la española. No sé si es posible sostener, en esos intentos de maquillar la realidad, como rotula algún medio, que se trata de un “rescate sin humillación” cuando lo cierto es que España ha sido obligada a pedir el rescate y Luis de Guindos a tragarse un sapo ante el que Mariano Rajoy ha decidido poner tierra por medio y marcharse a Polonia a salir en la foto del primer partido de la selección española, porque allí, atendiendo a sus sugerencias, con el patrocinio de Coca-Cola vamos a “demostrar a Europa de lo que somos capaces cuando estamos juntos”. Y es que Mariano espera como un milagro el efecto propagandístico, anestesiante y dilatador de un triunfo de la selección en la Eurocopa en las encuestas de opinión.

Resulta evidente que el Eurogrupo no estaba dispuesto a tragar con las conveniencias de calendario de Mariano Rajoy, ni a aguantar otra semana durísima de incertidumbre ante lo que diga el informe de las auditorías sobre la realidad del sistema financiero español; ni a que la prima de riesgo española pudiera dispararse otra vez hacia los seiscientos puntos, tal y como se anunciaba; ni a que la cobarde y apátrida fuga de capitales continuara hundiendo las posibilidades de recuperación de España y como Mariano Rajoy es incapaz de generar confianza en los mercados tenia que ser la intervención exterior la que diera un respiro a nuestra economía. Aunque hasta que el acuerdo no esté cerrado continuemos en ese tobogán de subidas y bajadas en el que más de uno se está haciendo rico.

No van a venir, de momento, los hombres de negro tétricamente aireados por el otro responsable económico, plasmación del peaje a los equilibrios partidistas internos que Mariano Rajoy ha tenido que realizar a la hora del reparto del poder, Cristóbal Montoro, pero, pese al torpe intento de Luis de Guindos de ocultar la realidad, de circunscribir el rescate y sus consecuencias al sector financiero, vamos a estar controlados. No habrán supervisores en España nos han dicho, pero el Fondo Monetario Internacional supervisará el programa de ayuda. No habrán condiciones nos ha dicho, pero lo cierto es que tras el anuncio, tras fijar la cuantía final del préstamo, el BCE, el FMI y la Asociación de la Banca Europea establecerán las condiciones que el gobierno español deberá cumplir, porque no es un préstamo a la Banca, es un préstamo a España.

No es lo anterior todo. Luis de Guindos, y supongo que ese será el argumentario del gobierno, tuvo especial esmero a la hora de subrayar que lo que el definió como “ayuda financiera”, lo que no pasa de ser una solemne tomadura de pelo, no afectaría al resto de los ciudadanos. Es claro que el Ministro de Economía buscaba desesperadamente alejar la sospecha que todos los españoles tenemos de que este “rescate” impondrá nuevos ajustes, no tan duros como los que han sufrido los griegos o los portugueses, pero… La realidad es que, sea cual sea la cantidad final que España demande, que bien pudiera situarse sobre los 60.000/70.000 millones de Euros, se incrementará el ya de por sí elevado endeudamiento; que este préstamo, por blando que sea, incrementará el déficit y que el Eurogrupo ya ha recordado a España que una de las contrapartidas es cumplir con los acuerdos sobre el déficit lo que significa que el gobierno tendrá que realizar un nuevo ajuste. Ahí está el regalo envenenado, los hombres de negro camuflados, de este rescate.

Esperemos que ahora el análisis del Fondo Monetario Internacional no quede sepultado por los avatares del rescate y por la necesidad que tiene la casta política de salir de rositas de la crisis. El informe del FMI es claro y rotundo: el hundimiento del sistema financiero español tiene como responsables a los políticos, porque es la nefasta gestión política de las Cajas de Ahorro, obligadas a financiar los desmanes autonómicos, realizada tanto por los representantes del PP como los del PSOE, la que nos ha llevado a esta situación, pero esto es mejor que no lo entiendan los españoles y cada uno siga pensando que los suyos son unos santos y los otros unos demonios.

 

 

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