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FRANCISCO I, ¿UN PAPA SORPRESA?

FRANCISCO I, ¿UN PAPA SORPRESA?

 

Si la elección de un Papa se realizara solamente en clave humana, como si de una campaña electoral se tratara, lo más probable es que el cardenal Jorge María Bergoglio nunca hubiera llegado al trono de San Pedro. Cierto es que un Papa no se elige tras la exposición de un programa, ni tras una intervención de candidatos, pero en los días que anteceden al Cónclave sí existe una campaña previa que se realiza desde la prensa, desde las tertulias y desde los diversos grupos y Congregaciones con la que de un modo u otro tratan de forzar la intervención del Espíritu Santo.

Todos tenían su candidato y todos el retrato robot del futuro Papa que debería poner fin a lo que han significado los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, o al menos un continuismo diluido, más grato al aggiornamiento con el poder político, como podría ser la candidatura de Angelo Scola o de Odilio Scherer. Porque ese era el peligro de un Papa que volviera a surgir de la Iglesia de la Europa Occidental o de los aledaños de la Curia, un Papa atado a los compromisos de su propia historia. Pero, a la vista de la rápida fumata blanca, el Espíritu Santo tenía otros planes.

Tengo para mí que Ratzinger tenía muy presente el peso que esa “campaña electoral invisible” podía alcanzar y de ahí su decisión de acelerar el Cónclave. Fuera de los muros de la Sixtina había mucha prisa, dado el calendario, por eliminar posibles candidatos a través del filtro de la edad. En definitiva, para quienes creemos que no todos escuchan al Espíritu Santo y se mueven por criterios mucho más terrenales, se trataba de reparar el “error” de 2005, de poner fin a la mal llamada “involución” puesta en marcha por Juan Pablo II que Joseph Ratzinger, con mucha mayor vehemencia, continuó. Entonces el tándem Martini-Tettamanzi chocó con el “panzer de Dios” y buscó un candidato más aceptable por los cardenales para intentar contrarrestar el peso de Ratzinger en la persona de Jorge Mario Bergoglio, enemigo declarado de la funesta Teología de la Liberación y representante del sector llamémoslo espiritualista de la cada vez menos influyente Compañía de Jesús.

Por debajo de los aplausos y la obediencia debida al sucesor de Pedro resulta claro que más que sorpresa lo que se ha producido es la decepción por parte de quienes tenían otros candidatos. Jorge Mario Bergoglio, ya Su Santidad Francisco I, jesuita, despierta por su biografía profundos recelos a ambas orillas del catolicismo. Aunque lo más significativa sea el intento desesperado del “progresismo” religioso de condicionar de algún modo el camino del nuevo Papa presentándolo como una discontinuidad posible frente a los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI (véanse en España las interpretaciones-consejos del jesuita Miguel Lamet).

Tengo para mí que el cardenal Jorge Mario Bergoglio era el candidato de Ratzinger para continuar con la labor para la que él se consideraba sin fuerzas. Como el de Ratzinger el papado de Francisco I, por razón de edad, no será largo y hasta es posible que se cierre del mismo modo. Y si los cardenales lo han elegido tan rápido, esperemos que haciéndole caso al Espíritu Santo, es porque lo consideraban el hombre apropiado para llevar a buen puerto los dos elementos de renovación interna que Roma necesita: la limpieza de la Curia y la transparencia en las finanzas vaticanas, base para la reenvangelización.

Candidato de Ratzinger porque: ¿Cómo podrían escoger a un hombre que no tuviera el necesario apoyo de Ratzinger cuando el nuevo Papa tendrá hilo directo con el gran teólogo católico del siglo XX a través de monseñor Gänswein que es al mismo tiempo secretario personal del “Papa emérito” y jefe de la Casa Pontificia de Francisco I? ¿Cómo podría el nuevo Papa representar una ruptura en el camino emprendido si el propio Benedicto XVI realizó un nombramiento tan significativo como el de Ernest von Freyberg al frente del IOR poco antes de retirarse? ¿Cómo podrían escoger a un hombre para romper con quien va a estar -estoy seguro- en contacto directo con un Ratzinger que bien, si la lucidez intelectual le sigue acompañando, pudiera continuar siendo el “guardián de la Fe”?

Al contrario de los deseos de muchos Francisco I no es el antiRatzinger anhelado. Es un hombre con pocas ataduras, muy débiles con lo que para muchos representa la lamentable evolución de la  Compañía de Jesús en los años sesenta-ochenta; de incuestionable ortodoxia en materia moral (no sólo se ha opuesto al matrimonio homosexual de forma pública y vehemente sino también a la adopción por parte de los homosexuales); que estima que la oración es la que acaba moviendo las montañas; de fuerte personalidad, capaz de adoptar medidas drásticas en vez del silencio y la conteporización; comprometido con los pobres, contrario al neoliberalismo y a la evolución del capitalismo -lo que también ha denunciado Ratzinger aunque muchos católicos le hayan puesto sordina- y partidario de aplicar la Doctrina Social de la Iglesia. Un hombre que en su primer discurso ha advertido del peligro que supone que la Iglesia se deje llevar por el viento mundano. Y ya ha dicho bastante.

HASTA EL CIELO, DON CÉSAR

HASTA EL CIELO, DON CÉSAR

Reconozco que se me hace muy duro despedirme hasta la eternidad de viejos amigos, de los que, pese a la distancia, hemos permanecido unidos por ese lazo indisoluble e imperceptible de la camaradería, ese espacio donde los títulos y la edad se difuminan; de aquellas personas que de un modo u otro han tenido algún papel en mi vida. Siempre crees que nunca va a llegar este momento, que somos casi eternos.

Hace unas semanas un correo de Rafa, su hijo, me advertía de la difícil situación de su padre pese a que había salido de una nueva operación. Hoy don César, nunca me acostumbré a llamarle de otro modo, nos ha dejado y somos todos un poco sus huérfanos. Sin su obra, silenciosa y a veces silenciada, probablemente algunos hubiéramos dejado la trinchera de la lucha por la verdad, pero él era un ejemplo y un acicate.

La última vez que hablé con él fue hace unos dos años. Ya la enfermedad había hecho presa en él, muchos de nosotros probablemente sólo éramos ya ráfagas del recuerdo. En mi archivo guardó varias de sus cartas, las más antiguas, de cuando empecé mi carrera como historiador. Debió ser allá por el año 1985 ó 1986 cuando le conocí. Don César se había vuelto a alistar en la División Azul, aunque siempre había pertenecido a la Hermandad. Como si fuera el mismo recluta falangista de aquel cuartel militar donde se sumó a la que sin duda fue la mayor aventura de su vida para formar en la 14ª Compañía del mítico y laureado Regimiento 269. He buscado inútilmente una foto que me dio en la que aparece junto con otros voluntarios en Sevilla, dispuestos para partir para ilustrar estas notas, pero no sé dónde para. En mi recuerdo eran casi la misma persona, como si el tiempo le hubiera retenido ahí.

Cuando le conocí había vuelto a ser divisionario de primera línea porque no quería que la historia de sus camaradas cayera en el olvido. En realidad nos habíamos visto un par de días antes en el Servicio Histórico Militar, entonces en Madrid, en unas rudimentarias mesitas. Allí estaba don César que con mil y una triquiñuelas, con mil y un favores, y con mil y una ayuda había conseguido que le fueran subiendo papeles que prácticamente nadie había hurgado desde el retorno de Rusia. Estaba obsesionado con la localización de los nombres de todos y cada uno de los caídos de la División y empeñado en que sus restos volvieran a España. Don César recorría los archivos militares y administrativos, fotocopiaba sin descanso para rehacer el archivo de la División Azul, para poder documentar la historia de unos hombres olvidados. Ese era su compromiso.

Creo que nos caímos bien desde el principio. No era sencillo. Hablo de los años ochenta con el socialismo en el poder y la desconfianza a flor de piel a la que se añadían las muchas rencillas entre quienes teóricamente compartían un mismo credo. Don César al igual que Luis Nieto desde el principio ayudaron a este jovencito que venía de provincias porque se le había ocurrido hacer su tesina de licenciatura sobre los voluntarios murcianos, lo que en aquellos años era desde luego una ocurrencia. Hasta me invitó a cenar en su casa y conocí a su hijo Rafa al que desde entonces me une una profunda aunque lejana amistad. Pero no sólo eso, don César estaba empeñado –sus empeños eran continuos- en rehacer las Hermandades, en volver a alistar a los divisionarios de provincias, en dar un nuevo impulso. Recuerdo que conseguimos que en una de las primeras Semanas de Cine Español que se organizaban en Murcia se proyectara un documental de la División Azul. Don César vino a presentarlo y después tuvo una reunión con los universitarios en un Colegio Mayor. Eran sus primeras intervenciones públicas. Allí en un salón, sorprendentemente, se encontraron los viejos camaradas; hombres en algún caso impedidos pero con el mismo espíritu. No pudo evitar emocionarse cuando desgranando la historia de los caídos sin historia dejó constancia de la falsedad de un divisionario que por tener papeles en el cine afirmaba que allí sólo fueron a jugar a las cartas. He visto a muchos divisionarios emocionarse y dejar asomar las lágrimas de indignación ante el menosprecio al sacrificio de sus camaradas.

Mi agradecimiento imperecedero a don César necesitaría páginas y páginas. Cualquier cosa que le pidieras te la facilitaba: “¡Toma, llévatelo y cuando lo termines me lo mandas!”. Era generoso y desprendido porque lo importante era difundir la historia de la División y no quién lo hiciera. Es una lección que algunos hemos interiorizado.

Al hilo de estas líneas rememoro el contacto frecuente que tuvimos durante cerca de dos años. Cuando se enteró de que preparaba un coleccionable para el 50 Aniversario de la División Azul me llamó. Andaba entonces empeñado en recuperar las fotos divisionarias. No reparó en el dinero que aquello le suponía. Todavía no existían los escáner y los ordenadores personales no estaban a la orden del día. Yo con mi máquina de escribir tenía que hacer los capítulos y enviarlos a la editorial y a don César. Él los leía y buscaba las fotografías más apropiadas para cada capítulo. Don César siempre fue la exactitud y le exasperaban las publicaciones en las que este aspecto fundamental no se  cuidaba. Sé, porque luego me lo contaban, que semana a semana se iba a la editorial con sus fotos para pasarlas a los fotolitos y que todo saliera perfecto. Él quería publicar un gran libro de fotografías pero entonces los tiempos no estaban para ello.

Junto con un puñado de divisionarios dio vida a la Fundación. Ésta debía de ser el gran legado colectivo. Aún guardo el título de miembro honorífico de la misma y la medalla que me entregaron. En uno de mis viajes visité con él las obras que estaban llegando a su fin de los nuevos locales y del museo. Era un gran proyecto. Si no recuerdo mal en dos ocasiones don César me llamó para que diera una conferencia en aquellos locales. Una fue sobre los prisioneros y allí estuve teniendo en frente a los protagonistas de lo que yo estaba contando. Don César se había convertido en una pieza esencial de aquel proyecto. Cuando alguien quería investigar sobre la División le remitíamos a él. Ignoro cuántos trabajos han visto la luz merced a ese empeño. De su labor como historiador queda un sinnúmero de trabajos publicados en el boletín Blau División.

No sería justo conmigo mismo sin dejar constancia de los sinsabores, del dolor y de la incomprensión porque una parte de su obra se quedó en el camino cuando, incomprensiblemente para algunos, se decidió ceder aquel impresionante museo, lleno de recuerdos de divisionarios, al Ministerio de Defensa para que duerma el sueño de los justos en los almacenes del silencio; cuando parte de aquel enorme esfuerzo de documentación ande en parte en paradero desconocido. Él tenía suficiente con haber cumplido con el deber que se había autoimpuesto. Con haber contribuido a conmemorar con todos los honores el 50 Aniversario de la salida de la División Azul en antiguo cuartel del infante don Juan; con haber contribuido a que por fin los caídos de la División Azul pudieran volver o encontrar un lugar digno donde aguardar la eternidad; con haber hecho realidad el sueño de que en el cementerio de la Almudena los caídos de la División Azul tengan un monumento. Cosas de las que tantas veces me habló don César. Sin embargo, pese a pequeños detalles de su alistamiento, nunca conseguí que me contara sus andanza por el frente, para él eran cosas sin importancia.

Ahora, César Ibáñez Cagna, se nos ha ido. En nosotros queda la imagen de aquel caballero alto y delgado que siempre fue. Allá, en lo alto, habrá sido recibido por sus camaradas y, con seguridad, el “mejor” le habrá otorgado la Palma de Plata que sin duda se merecía. Yo me quedo con el sentido abrazo que cada año me daba cuando yo intervenía los veinte de noviembre en la Plaza de Oriente.

¡TODOS SOMOS GUILLERMO CUADRADO!

Probablemente muchos ignoren quién es Guillermo Cuadrado pero todos conocemos su caso. Su único delito es haber defendido su vida, la de su hija y su negocio pero hoy está en libertad con cargos, con la vida marcada y teniendo que afrontar una procelosa investigación que bien pudiera sentarle ante un tribunal de justicia por haberse defendido. Sobre él pende la espada de Damocles que la ley española tiene prevista para disuadir a los ciudadanos a la hora de defenderse: “la proporcionalidad en la respuesta defensiva”. Es la gran aportación de un Código Penal, lo he escrito muchas veces, que más parece hecho para proteger al delincuente, animándole a serlo, que al español honrado.

Vaya por delante que el último responsable de cuánto ha sucedido es el actual sistema penal español. Ese que hace posible que David Martín Sáez, conocido como el “Niño Sáez”, registrado como el mayor atracador de joyerías en Madrid, detenido en 39 ocasiones, haya salido a la calle tras intentar robar una joyería y ser sorprendido por lo que sólo se le ha imputado un “robo con fuerza en grado de tentativa” y por tanto no entra en prisión. Y los ciudadanos se preguntan: ¿qué tiene que hacer un delincuente como éste para entrar en prisión de forma definitiva? ¿matar a alguien? Este es el sistema que está atrayendo a la hez de la delincuencia europea que viene del Este. El que anima a los delincuentes a instalarse en la España paradisiaca para quienes aspiran a vivir fuera de la ley. Y ante el que muchos se preguntan: ¿si no es legítima la defensa individual cuando el Estado es incapaz de garantizar la libertad y la seguridad?

Un joyero, Guillermo Cuadrado, ha tenido que defender a tiros su vida, la de su hija y su negocio porque la ley permite que los delincuentes campen por sus respetos. Sin dudarlo yo hubiera hecho lo mismo. Dos individuos, serbios por más señas, de esos que pululan por España con licencia de corso para delinquir, penetraron en su negocio, armados con navajas, le rociaron los ojos con aerosol y golpearon a su hija. Él, instintivamente, sacó una pistola y disparó de forma ciega, porque de lo contrario, a esa distancia, los disparos hubieran sido mortales. Pero ha cometido un error, ha utilizado una pistola frente a dos navajas. Los delincuentes conocen la ley pero él no.

Ahora seguro que algún abogado se lanzará como hiena a defender a los delincuentes de turno alegando que no hubo proporcionalidad; que cómo sólo llevaban un par de navajas -ignorando lo mortal que puede ser un hombre entrenado con una navaja- y respondió con un arma de fuego -“¿para qué quería un honrado joyero una pistola?”, preguntará- cometió un delito y puede que incluso tenga que acabar indemnizando a sus agresores. Kafkiano, pero todo es posible cuando los ecos de la indignación popular se apagan.

Guillermo Cuadrado es una persona normal, uno de esos emprendedores a los que tanto anima el gobierno, que hoy tiene una vida en parte destrozada por trabajar honradamente. Todo ello porque no ha hecho lo que la ley te sugiere implícitamente que hagas: no te defiendas,  deja que violen o golpeen a tu familia, dales todo lo que tengas, pero no te defiendas porque si hieres al delincuente todo el peso de la trampa judicial caerá sobre ti.

Guillermo Cuadrado y su hija podían estar hoy muertos, porque las navajas matan. Con relativa frecuencia joyeros y taxistas son atracados en España. Son las víctimas favoritas de los delincuentes, pero sólo son noticia cuando el taxista o el joyero paga con su vida ejercer su derecho a trabajar o si en un alarde de valor se enfrenta a los delincuentes y los hiere. Pero entonces…

Todos llevan años pidiendo a los sucesivos gobiernos medidas de protección, han reclamado que la multirreincidencia lleve a los delincuentes directamente a prisión… pero esto no casa, ni para el PP ni para el PSOE, con la suicida obstinación de dar más derechos a los delincuentes que a las personas honradas.

 

70 aniversario de la última gran victoria: la batalla defensiva de Krasny Bor.

70 aniversario de la última gran victoria: la batalla defensiva de Krasny Bor.

El historiador Robert M. Citino ha descrito en un libro imprescindible lo que fue el inicio de la muerte de la Wehrmacht, la maquinaría bélica ofensiva más perfecta del siglo XX, a lo largo del otoño de 1942, aunque probablemente debiera retrasarse tal realidad hasta el verano de 1943. Cierto es que contemplados los hechos desde el presente algunas de las decisiones estratégicas tomadas por Hitler y el OKW alemán entre el verano y el otoño de 1942 prefiguraron ese posible desenlace, pero no es menos cierto que la historia bien pudiera haber concluido de otra forma.

La derrota alemana en el Alamein y la puesta en marcha por parte de los soviéticos de la Operación Urano (14 octubre-12 diciembre 1942), la gran contraofensiva desatada por el Ejército Rojo en el Don y el cerco del 6º Ejército alemán en Stalingrado, que resistiría hasta su rendición en febrero de 1943, abrió el proceso de inversión del signo de la guerra. En poco más de dos meses los soviéticos llegarían a Rostow y Jarkov, pero hasta ahí.

En realidad la suerte de la Segunda Guerra Mundial en Europa se decidió en los meses que transcurrieron desde la liberación de Stalingrado (febrero 1943) a la batalla de Kursk (julio 1943). En ello jugaría un papel fundamental la transformación experimentada por el Ejército Rojo fielmente retratada por Catherine Merridale: nuevos y competentes jefes militares, instrucción de la tropa, mejora en los planteamientos tácticos, incremento de la producción de armas, ahorro de vidas, nuevos uniformes, profesionalidad, honor y una nueva moral de combate. La consecuencia fue que en esos meses se produjo la irrupción de la maquinaría militar que iba a derrotar a la Wehrmacht.

En el invierno de 1942-1943 el Ejército Rojo subestimó la capacidad de recuperación y resistencia de la Wehrmacht. Junto con Urano los soviéticos desencadenaron una sucesión de ofensivas (Marte y Júpiter -ambas frustradas-, Saturno -disminuida en su planteamiento inicial-, Koltso e Iskra) cuyo objetivo era destruir al ejército alemán y sentenciar la guerra, pero pese a sus enormes reservas  y a la continua afluencia de material y unidades a los frentes, pese a la victoria en el Sur con el cerco de Stalingrado y la retirada de la línea alemana unos 250 kilómetros, los alemanes consiguieron desbaratar la Operación Marte cuyo triunfo hubiera permitido a los rusos enlazar sus ofensivas y embolsar al Grupo de Ejércitos Centro. Por otra parte, en el Frente Norte fueron capaces de infringir una severa derrota táctica a los soviéticos en la que la División Azul, la unidad española enviada al frente ruso a combatir al comunismo integrada en la Wehrmacht, desempeñó un papel fundamental. En aquel choque de titanes que se prolongó prácticamente hasta marzo de 1943 ambos ejércitos consumieron todas sus reservas, pero la capacidad de recuperación de cara a las ofensivas de primavera-verano de aquel año se reveló mucho mayor en el caso del Ejército Rojo mientras la Wehrmacht tuvo que variar su planteamiento bélico hacia la guerra defensiva.

La División Azul se había integrado perfectamente en la maquinaria militar germana demostrado, tanto en las operaciones en el Voljov en el invierno del cuarenta y uno como en su participación en las acciones de la Bolsa en la primavera siguiente, su capacidad de combate. A finales de agosto de 1942 los españoles entraban en línea entre Alexandrovka y el río Ishora frente a la ciudad de Leningrado, en una posición central, en el eje de asalto a la ciudad, para participar en la ofensiva que iba a dirigir el mejor de los generales alemanes en aquel teatro de operaciones, el mariscal de campo Erich von Manstein; lo que demuestra el valor y la confianza que se confería a la unidad española. La contraofensiva soviética de aquel otoño obligó a los alemanes a desechar la ofensiva y el propio von Manstein indicó a Muñoz Grandes que procediera a fortificarse.

En diciembre asumía el mando de la División el general Emilio Esteban Infantes, aunque llevaba actuando como segundo jefe de la unidad desde el mes de agosto. El nuevo jefe de la 250 División era un táctico competente que había asumido los planteamientos de lo que en la doctrina táctica del Ejército Nacional dirigido por Francisco Franco se había convertido en una noción clave: la batalla defensiva. En este sentido el general Esteban Infantes tenía la experiencia de haber participado en las batallas de Teruel y Brunete, lo que le permitía conocer los errores básicos en este tipo de planteamiento que el propio Franco había subrayado en su obra ABC de la batalla defensiva. Aportación a la doctrina.

Con sus 14.000/16.000 hombres la División Azul se había convertido en la unidad de infantería más poderosa del sector. Por ello, el mando del 18º Ejército la exprimió para obtener fuerzas complementarias ante la presión soviética: así el II Batallón del 269, que se cubrió de gloria, fue enviado a combatir a la tercera  batalla por los altos de Sinyavino -olvidados y cruciales combates cruciales cuya importancia está subrayando el profesor Carlos Caballero en la historiografía española- en la que los soviéticos, tras lanzar al combate 300.000 hombres, obtuvieron una importante victoria táctica al abrir un pequeño pasillo de diez kilómetros de ancho que suponía el inicio del fin del cerco de Leningrado, pero la línea férrea tendida por el mismo para abastecer la ciudad estaba batida por la artillería pesada germana. La moral de victoria, el deseo de Stalin de liberar la ciudad y de conseguir una segunda gran derrota alemana, se sobrepuso al enorme desgaste sufrido por el Ejército Rojo en los altos de Sinyavino, por lo que se planificó una segunda y ambiciosa operación, Estrella Polar. Como anota uno de los expertos en la guerra en el Frente Oriental, Chris Bellamy, la decisión del Stavka de encargar a los mariscales Zhúkov y Timoshenko la planificación revela la importancia que se le daba.  

El planteamiento soviético era muy similar al de las demás operaciones de esa época: se trataba de embolsar concéntricamente a las fuerzas enemigas del 18º Ejército para destruirlas. El primer ataque partiendo al unísono desde Leningrado y la zona de Mga-Sinyavino cercaría a las unidades germanas situadas ante la ciudad; el segundo, penetraría más al sur entre Novgorod y Cholm para cercar a parte del 16º Ejército. Así se conseguiría acabar con el cerco de Leningrado y llevar a las fuerzas soviéticas hasta Pskov asumiendo el control del golfo de Finlandia. Si el Ejército Rojo alcanzaba sus objetivos qué duda cabe que el golpe sería durísimo para el ejército alemán. La Operación Estrella Polar tendría que ponerse en marcha el diez de febrero de 1943.

Una de las consecuencias de la derrota táctica en Sinyavino fue que la División Azul tuvo que ampliar sus líneas hasta la línea férrea situada más allá del pueblecito de Krasny Bor. Ello supuso que el sector más débil del despliegue español se encontró situado en el punto lógico de ruptura de la ofensiva soviética que debía partir desde la ciudad de Leningrado. Dada la longitud de línea los españoles, pese a la potencia numérica de la División, se quedaron sin reservas tácticas.

Vista la batalla que se iba a desarrollar desde sus resultados parece evidente que los soviéticos carecían de grandes reservas para alimentar sus ambiciosos planes y que confiaban en el poder de fuego como factor de desequilibrio para abrir brecha y asegurar un rápido avance; pero, como anota Carlos Caballero si su artillería era magnífica sus artilleros no lo eran tanto. Lo que quedó confirmado a lo largo del diez de febrero.

Tanto el general Esteban Infantes como el mando alemán procuraron reforzar el sector. Si la División Azul se hundía y los soviéticos conseguían abrir una brecha lo suficientemente amplia como para impedir que el mando alemán embolsara a su vez a los atacantes, la Operación Estrella Polar podría progresar. Observando el terreno, que tuve la oportunidad de visitar, sobre el que se va a producir la acción, ante los españoles en forma diagonal sobre la línea del ferrocarril se abría una gran pradera sin masas boscosas que podía permitir a los soviéticos avanzar rápidamente arrollando tanto a la unidad española como a su vecina la 4ª SS y correr paralelamente a los bosques de Sablino hacia Mishkino para enlazar en la zona de Mga con el 54 Ejército Soviético. Pero, la División Azul no se hundió y pese a su inferioridad, como subraya Bellamy, resistió y, como anota Beevor, “contribuyó enormemente al fracaso de la ofensiva soviética”.

El general Salvador Fontenla subraya que la acción de los españoles en Krasny Bor debe considerarse una “victoria heroica”, que, como ya en 2003 subrayaba Carlos Caballero, frustró en gran medida la ambiciosa Estrella Polar. Cierto es que la línea española ante Krasny Bor cedió entre tres y cuatro kilómetros, pero en ese pequeño espacio el avance soviético quedó empantanado perdiendo en los combates un tercio de sus hombres. Cuando en la tarde-noche del diez de febrero las unidades que aún resistían salieron de línea para que se hiciera cargo del subsector la 212.ª División de Infantería los alemanes habían podido llevar a la zona las reservas suficientes para acabar con el avance soviético en el sector. Los españoles volvían a guarnecer su sector original apostados a las orillas del Ishora y volvieron a aguantar los ataques rusos entre el once y el quince de febrero.

Es de sobra conocido que el ataque soviético se realizó con una superioridad de fuego (95.000 proyectiles fueron lanzados sobre la División Azul) aplastante y con una masa de maniobra en proporción de 7/8 hombres a uno; además los soviéticos dispusieron de 40/80 carros T-26, T-34 y KV-1 frente a los que los antitanques divisionarios poco o nada podían hacer. Sin embargo, como años atrás había escrito el propio Franco: “si la acción de una masa de tanques aparece como impresionante por su potencia y efectos morales, sin embargo, esa acción, temible ante una fuerza desmoralizada, cambia totalmente ante una Infantería bien dotada y con elevada moral”. Y, aunque carecían de armas eficaces, en Krasny Bor sobró el valor personal  para contenerlos (como el del soldado Ponte Anido que obtuvo por ello la Cruz Laureada de San Fernando). A pesar de ello la pregunta que debemos hacernos es: ¿ante tal superioridad cómo es posible que resistieran?

Además del juego de las circunstancias que se da en todo combate (falta de adecuada utilización de la artillería soviética, conversión del terreno en un barrizal que dificultaba el avance enemigo, error táctico al empeñarse en destruir los núcleos de resistencia...), el general Fontenla destaca entre las razones que explican la victoria defensiva de Krasny Bor la “voluntad de vencer” de los españoles y el mantenimiento, pese al castigo artillero, de la capacidad de combate de las unidades que se transformó en resistencia heroica -¡hasta el final, hasta agotar la munición!- una vez iniciada la batalla.

Ahora bien, lo que permitió ese triunfo fue, sin duda, la aplicación de la Doctrina de la batalla defensiva de los españoles. Un análisis detenido, que excedería los límites de este trabajo, nos indicaría que el general Esteban Infantes y sus jefes y oficiales consiguieron, con las correcciones que hicieron a las posiciones alemanas heredadas, optimizar al máximo sus armas y aprovechar el terreno. En muchos lugares la disposición de las compañías (por ejemplo en las de Oroquieta, Arozarena, Campos y Aramburu) mejoraba la defensa y la capacidad de repliegue por lo ondulado del terreno o permitía batir el avance enemigo formando una triangulación mejorando el sistema de fuegos (Huidobro, Palacios, Iglesias); además todos los oficiales, siguiendo el reglamento táctico, dispusieron sus ametralladoras para obtener el máximo rendimiento tanto desde la posición propia como de la distancia entre las posiciones, minimizando errores que también se produjeron. Todo ello causó enormes pérdidas a la infantería contraria minando su moral de combate. Finalmente, pese a la falta de efectivos, sobre Krasny Bor las unidades se distribuyeron en profundidad (los españoles formaban tres líneas) creando una zona de resistencia que permitió recuperar hombres y lanzar contraataques locales. Todo ello potenció un elemento clave en la batalla defensiva, el factor psicológico. Es imposible que la “voluntad de vencer” que demostraron los divisionarios se hubiera dado, teniendo en cuenta el enorme castigo recibido en la primera fase de la batalla, sin la alta moral de combate que prestaba el hecho de que se trataba de tropas voluntarias con una vertebración ideológica nucleada en los voluntarios falangistas, sin la cohesión de las unidades y sin la existencia de una más que demostrada capacidad de liderazgo ejercida por los oficiales impulsando el heroísmo individual y colectivo.

En su empeño por detener a los soviéticos los españoles perdieron algo más de un tercio de los efectivos comprometidos en los combates: algo más de 1.200 muertos y desaparecidos y sobre un millar de heridos a los que habría que sumar varios centenares de enfermos derivados de los combates. Tal y como ha analizado Carlos Caballero los oficiales pagaron un alto precio ya que el 25% cayó en combate (el 47% de los capitanes). De muchas de las heroicidades de aquel día no quedó testimonio y la mayor parte de los caídos aún permanecen en ignoradas fosas comunes en un campo de batalla que aún no ha sido abierto y sigue siendo una zona peligrosa por la cantidad de proyectiles intactos que aún guarda aquella tierra.

Quienes se han acercado a la realidad de la batalla están de acuerdo a la hora de reseñar la insuficiencia en las recompensas concedidas, pálido espejo del heroísmo de la jornada. A pesar de ello los vencedores de Krasny Bor obtuvieron tres Laureadas de San Fernando (Palacios, Huidobro y Ponte Anido) y once Medallas Militares individuales (Oroquieta, Altura, Rosaleny; Molero, Castillo, Moreno, Cavero, Salamanca, Pestaña y Rodríguez); pero fueron muchas las denegadas o no cursadas. Un ejemplo, el capitán Jesús María Andújar no pudo recibir la Medalla Militar porque ya tenía dos. Y los partes de las unidades publicados por el general Fontenla revelan el valor de aquellos combatientes pues son increíbles las relaciones de distinguidos y muy distinguidos en los combates. Ellos, en definitiva, con sus armas y su valor frenaron a los rusos y empantanaron la ofensiva.

Tal y como ha pedido Pablo Sagarra los combates de Krasny Bor debieran justificar, setenta años después, la concesión de una condecoración colectiva para la División Azul. Una unidad que consiguió la última gran victoria del ejército español.

 

 

Para saber más: Fernando Vadillo, … y lucharon en Krasny Bor (Marte 1975); Francisco Torres García, La División Azul cincuenta años después (FN-1991); Carlos Caballero Jurado, Morir en Rusia. La División Azul en la batalla de Krasny Bor (Quirón-2003); David M. Glantz, The Battle for Leningrad 1941-1944 (BCA 2004); Chris Bellamy, Guerra absoluta (Ediciones B 2012); Antony Beevor, La Segunda Guerra Mundial (Pasado y presente 2012); Salvador Fontenla, Los combates de Krasny Bor (2013); Caballero, González, Sagarra y Fernández-Navarro, La victoria de Krasny-Bor. El Ejército español humilla a Stalin (Galland 2013).

¡Albricias, el gobierno tiene un Plan de Empleo!

¡Albricias, el gobierno tiene un Plan de Empleo!

Seguir manteniendo, cuando tenemos prácticamente seis millones de parados, que la reforma laboral -necesaria reforma estructural para salir de la crisis nos dijeron- ha sido un acierto no deja de tener una gracia siniestra. Cierto es que el gobierno se curó en salud advirtiendo que en 2012 el paro crecería -así ha sido!, para que luego digan que el gobierno no calcula bien- en unas seiscientas mil personas, pero que 2013 sería el año en el que merced a la reforma se crearía empleo. El gobierno y sus acólitos mediáticos afirman ahora, ante la realidad de los datos, que los efectos positivos se retrasarán hasta el último trimestre de este año, pero los analistas menos partidistas ven difícil que esto suceda antes del 2014.

Frente a la realidad de los números el argumentario de los populares -ese que envían a todos sus dirigentes y amigos de la prensa- se ha convertido en un indescifrable galimatías entre el “digo” y el “dije” aireado con cara de pristina inocencia por la inefable Fátima Bañez. Como la reforma laboral, por más que se empeñen, no ha creado empleo ahora nos dicen que su éxito radica en que la destrucción de puestos de trabajo, merced a la flexibilidad introducida, no ha alcanzado cifras mayores salvándose muchas empresas del cierre. Es posible en algunos casos pero puestos a decir tonterías no podemos dejar de lado las declaraciones de Javier Arenas, exministro de Trabajo, explicándonos que desde que tenemos esta reforma “somos más europeos”.

El gobierno, en especial sus titulares económicos, enfrascado en la búsqueda de “brotes verdes”, como si el optimismo zapaterista aún pululara por los salones de la Moncloa, nos dice que la reforma está consiguiendo la “desaceleración” -otro eufemismo idiota- en la destrucción de empleo. Lo que puede afirmar porque nadie recuerda algo tan simple como que al tener una cifra tan alta de desempleados la destrucción es cada vez menor.

La realidad que no se quiere ver es que el problema económico de España no es la rigidez de su sistema laboral, ni la solución está en liberalizarlo aún más. Son muchos los países de Europa con sistemas teóricamente menos rígidos por con coberturas y prestaciones mayores que las que reciben los trabajadores españoles, y éstas también son costes salariales. El problema estructural español es de sistema productivo. Y como el gobierno es incapaz de entrar en este vital apartado prefiere especular con los beneficios derivados de un empleo más barato y con unos trabajadores con menos prestaciones.

Cualquier estudiante de económicas sabe que es imposible generar empleo con previsiones de crecimiento negativo o sobre el cero y las previsiones para 2013 se mueven en esos parámetros. Para crear empleo de verdad la economía española tiene que crecer a un ritmo superior al 1.5% y de momento es difícil que esto suceda en 2014. Ahora bien, si no se ponen hoy las bases de un nuevo modelo productivo nuestras tasas de paro continuaran enquistadas en niveles altísimos.

Mientras, la realidad es que la reforma laboral está sirviendo para que las grandes empresas reduzcan costes salariales y cambien trabajadores caros por otros más baratos. No es necesario citar nombres porque están ahí. Casos como el de un gran grupo que ha rebajado el sueldo a sus trabajadores en porcentajes importantes para evitar despidos pero que, al mismo tiempo, ha invertido 65 millones de euros en la compra de otro grupo. Asustaría e indignaría poner en negro sobre blanco los nombres de estos grupos que amparándose en pérdidas irreales -reducción de beneficios sobre lo que tenían previsto- han aprovechado la reforma del gobierno para reducir costes salariales… Así las alabadas medidas de flexibilidad acaban sirviendo para cambiar unos empleados por otros más baratos.

Y lo mejor es que tras las cifras, con una tasa de paro del 26.2%, el gobierno ha elaborado como complemento un Plan Anual de Empleo,  anuncia una Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven (no está mal que se lo plantee con un paro juvenil del 60%) y de paso busca transferir a las agencias de empleo privadas -a tanto por ciento de comisión por el trabajador colocado- el servicio que debiera hacer ese registro de parados llamado INEM. Así, aunque lamentablemente las cifras sigan diciendo que vamos mal, el gobierno y su mariachi mediático podrán seguir diciendo que nunca en tan poco tiempo han hecho tantas cosas.

La inasumible propuesta del PP de financiación para Cataluña

La inasumible propuesta del PP de financiación para Cataluña

               Alicia y el cuento de la lechera

Se equivoca, una vez más, el Partido Popular si piensa que es posible dejar en nada, en meras palabras sin “ningún tipo de validez jurídica, como estima Mariano Rajoy para  poder practicar así el tancredismo que le caracteriza, el proceso secesionista que abre la denominada “declaración de soberanía”, entregando al nacionalismo más competencias económicas; haciendo posible, como contrapartida al abandono de la ilegal convocatoria de una consulta independentista, sin utilizar tal nombre, el pacto o concierto fiscal que forma parte del núcleo duro de la hoja de ruta nacionalista para alcanzar la independencia de forma progresiva.

Pensar, a estas alturas, que el nacionalismo, cuyo objetivo último no es otro que la independencia, va a conformarse con un nuevo modelo de financiación que complete el marco creado por el Nuevo Estatuto, aceptando una variación sensible en el actual Estado de las Autonomías para crear un modelo asimétrico donde las “nacionalidades históricas” tengan prácticamente una relación de bilateralidad con el Estado, es tratar de eternizar una constante vuelta a empezar cada vez que se cierra un nuevo programa de cesiones tras las escalada secesionista primigenia.

Fracasada la presión que sobre CiU han ejercido las oportunas revelaciones sobre la increíble fortuna de sonoros apellidos nacionalistas, los escándalos de corrupción en Cataluña, incluyendo la inasumible salida de rositas de Unió tras confesar -¡no les quedaba otro remedio!- que el partido se financiaba ilegalmente, en vez de proceder jurídicamente, al amparo de la legalidad vigente, contra el presidente de la Generalidad lo que el PP, a través de Alicia Sánchez Camacho, está poniendo sobre la mesa es su oferta de financiación especial para Cataluña, aunque en el camino quede la igualdad de los españoles y el principio de solidaridad nacional.

Conviene no engañarse. No es que el PP se haya sacado un conejo de la chistera o que Alicia Sánchez Camacho  haya cambiado. De hecho, durante la campaña autonómica, la dirigente popular practicó un doble lenguaje y por debajo de la pirotecnia patriótico-constitucional defendía que no todas las autonomías tenían por qué ser iguales, por lo que se podría debatir sobre la viabilidad de un modelo especial de financiación para Cataluña.

El proyecto del PP catalán, asumido por lo visto por el PP nacional, pasa por alcanzar el “pacto fiscal” sin que se llame así. Básicamente lo que la señora Sánchez Camacho pide es que el Estado ceda nuevos impuestos a la Generalidad, una administración compartida entre las agencias tributarias estatal y catalana y un cambio en el sistema de aportaciones de tal modo que al final no sólo Cataluña aporte menos a las arcas del Estado sino que al incrementar su financiación reducirá lo percibido por las demás autonomías.

Con esta táctica el PP busca atraerse a Unió -suspirando está el gobierno por una ruptura imposible-, hacer caja electoral en el nacionalismo burgués conservador, dar argumentos a lobby económico catalán -el principal escollo para Arturo Mas- y, de paso, ampliar su base electoral entre los votantes descontentos de CiU. El problema es que, probablemente, Sánchez Camacho desconozca el valor de fábula del cuento de la lechera.

De lo que la señora Sánchez Camacho debería tomar nota y dejarse de veleidades es del crecimiento continuo del grupo Ciudadanos que con una postura firme se sitúa frente a todo aquello que produzca diferencias y desigualdades entre los españoles. De lo que la señora Sánchez Camacho debiera ser consciente es que son ya multitud los españoles que están hartos de pagar y poner la cama para que otros la disfruten.

Sobres, millones, gerentes, chivatos y corrupción

Sobres, millones, gerentes, chivatos y corrupción

 

                   Mariano teme a los idus de marzo

Visto lo visto lo ilógico sería que los ciudadanos no estuvieran indignados. Sólo los incondicionales -que los hay- o los ciegos se conforman ya con explicaciones tan burdas y tan absurdas como las que estamos oyendo ante el primer amago de que caiga algo más que el extesorero del Partido Popular. Excusas propias de los tiempos en los que casi todos preferían mirar para otro lado; refugiarse en un cómodo nirvana para no preguntarse, como decía un viejo cuplé, “de dónde sacan para tanto como destacan”. En tiempo de bonanza, cuando el pelotazo y la mordida estaban bien vistos, aceptados socialmente, cuando los trapicheos y las comisiones eran perdonadas porque a todos llegaban, podían ser suficientes las declaraciones, las justificaciones y los siempre eficaces mensajes que los testaferros mediáticos se encargaban de esparcir como nuevos predicadores de la verdad.

Empantanados en la cómoda y resultona explicación del “y tú más”, que diluye y hace olvidar las responsabilidades la casta política -el grupo de partidos que de verdad son poder-, no han sido capaces de asimilar la profunda repulsa de una ciudadana que los ha soportado como un mal necesario. Hasta hoy se han refugiado, porque ha sido efectivo, en la sempiterna explicación de que de lo que estaban hartos los ciudadanos era de los “otros”, de los que habían abandonado el poder, porque siempre tenían a mano esos “otros”.

Lo que ha acontecido en los últimos días -muestra del grado de podredumbre del sistema partitocrático que tenemos- probablemente haya sido una de las gotas que está amenazando con colmar el vaso, pese a los enormes esfuerzos que por reconducir la situación están desplegando los altavoces mediáticos del gobierno para mantener al menos a los propios dentro de los escasos márgenes de credibilidad que aún conserva el ejecutivo de Mariano Rajoy. Puede que el presidente del gobierno y máximo dirigente del Partido Popular, que ha formado parte del núcleo dirigente del partido durante prácticamente las dos últimas décadas, crea que para conjurar la verdad es suficiente con unas palabras recibidas calurosamente por lo más florido de sus mesnadas; con frases altisonantes que de tan reiteradas suenan a palabrería hueca -¿de qué han servido las comisiones de investigación en España?-; que  todo queda solucionado simplemente con anunciar que llegará hasta la verdad “caiga quien caiga” sin que el pulso le tiemble y su periódico favorito lo reproduzca en portada. Puede Mariano Rajoy pensar que la bobalicona ciudadanía acudirá sin problemas nuevamente a pastar seducida por ese bochornoso argumentario remitido por la Oficina de Información del PP a todos los dirigentes y periodistas amigos para que repitan como los loros o las cacatúas, como de hecho llevan haciendo desde que estallara el escándalo, lo que no son más que consignas elevadas sobre la piedra angular de la negación y las verdades o mentiras a medias. Maniobras que no hacen más que ampliar el descrédito cada vez mayor de la clase política ante una ciudadanía que ni tan siquiera cree que la justicia pueda actuar contra ellos. Y, en esta ocasión, la sensación de deterioro es tal que ni la alegría va por barrios, pese a lo triste que anda la barriada socialista, por lo que hasta Pérez Rubalcaba -¡quién lo diría!- trata de refrenar a sus dientes de sable ansiosos con lanzarse a la yugular abierta del PP.

Los 22 millones de Euros acumulados por el tesorero-gerente del PP sumados a las revelaciones del diario El Mundo, cuyo encargado de investigación anuncia que si se supieran los nombres de sus fuentes temblaría Génova 13, acerca de los sobres repartidos con jugosos emolumentos entre miembros de anteriores cúpulas del partido, se añaden al rosario de corruptelas que hacen que el español de a pie, ese al que los altavoces mediáticos y algún político acusan de haber vivido por encima de sus posibilidades y casi de ser responsables de la crisis, se sienta tan engañado como estafado. Muchos son ya los presuntos estafadores: socialistas y populares, yernos que nos retrotraen a los tiempos de los hermanos, negocios fraudulentos orquestados desde el poder con ERES, millones acumulados en paraísos fiscales por sonoros apellidos nacionalistas, tramas de corrupción para financiar al partido que acaban por financiar a los conseguidores y como estrambote los menús de calidad para diputados del Congreso a 3.55 -el resto hasta completar la factura lo pagan los españoles que han vivido por encima de sus posibilidades- mientras en los colegios se tiene que recurrir a la fiambrera rebautizada con un insoportable anglicismo y se les cobra por el uso del tenedor, la servilleta y el microondas.

Puede Mariano Rajoy, Cospedal y demás tomar a los ciudadanos por borregos o tontos, o quizás creer que están dotados de ignotas capacidades hipnóticas, pero el rostro debiera demudarse cuando en su argumentario blasonan de que el tal Bárcenas, un aprovechado que se hizo rico sin que nadie en Génova 13 se preguntará cómo era eso posible, “dejó de ser tesorero, senador y militante” del PP y que todo se reduce a un asunto particular de un señor particular. Tan particular que según es público y notorio el que ya no era ni militante seguía teniendo coche del partido y despacho en Génova 13 hasta los días previos del estallido del escándalo, con lo cual todo está dicho.

Quizás alguien debiera recordarle a Mariano que “Bruto no era un hombre honrado” y que la mujer del César no sólo tiene que ser virtuosa sino además parecerlo si no quiere perder la credibilidad. Aunque probablemente al presidente del gobierno le preocupen mucho más los idus de marzo que nuevamente se anuncian. Esos en los que por el bien del partido como antaño lo fuera por el bien de Roma se puso fin a la vida del César.

 

El último golpe de Hugo Chávez

El último golpe de Hugo Chávez

 

Probablemente la situación de Hugo Chávez, presidente-dictador-democrático-socialista venezolano, internado en un hospital cubano desde el pasado once de diciembre, no sea irreversible; de ahí el mutismo oficial sobre el estado real de la salud del presidente y las continuas declaraciones de que aún está luchando por su vida. Sin embargo, leyendo crípticamente las escasas noticias difundidas y conociendo las complicaciones que presentan los tratamientos contra el cáncer, la infección pulmonar y la insuficiencia respiratoria que padece es, en este tipo de enfermos, algo gravísimo que puede conducir a la muerte. Cuando muchos esperaban algún tipo de mensaje positivo tras la visita de diversos mandatarios americanos a Cuba, interpretada en clave de cónclave, tanto las declaraciones de Cristina Fernández como de Ollanta Humala, que había anunciado que naturalmente preguntaría por el estado real de Chávez, las escasas palabras pronunciadas, han sido altamente reveladoras. La presidenta argentina se limitó a expresar su “solidaridad y acompañamiento” con el presidente venezolano ante el grave momento que vive y Humala guardó silencio. Pero con su visita ambos presidentes han escenificado el apoyo al mantenimiento de la legitimidad de Chávez como presidente independientemente de su no comparecencia el día 10 en la toma de posesión.

Es posible que Chávez se recupere si es cierto que está respondiendo al tratamiento. Pero lo evidente es que se encuentra en una situación límite que probablemente no entraba dentro de la agenda chavista. Algo que implícitamente ha reconocido el presidente cubano, Raúl Castro, en unas declaraciones efectuadas durante la reciente visita de los presidentes de Perú y Argentina en las que manifestó “su seguridad en la capacidad del pueblo venezolano y sus instituciones para afrontar y vencer cualquier desafío”. Sin embargo, los partidarios de Chávez son conscientes de que no es lo mismo contar con la figura de su líder, cuyos apoyos exceden al Partido Socialista Unido de Venezuela, que afrontar la crisis de la sucesión en la que la oposición ve una posible fisura para poner fin al régimen chavista dada la situación de ruina en que Venezuela se encuentra.

Estoy seguro que Chávez, quizás engañado por su desmesurada megalomanía, no había previsto que su vida pudiera acabar en un hospital cubano, de lo contrario, desde su última intervención, hubiera preparado la supervivencia del chavismo más allá de su existencia personal con una solución al estilo de la puesta en marcha por Fidel Castro en Cuba. Cierto es que el chavismo no es un movimiento homogéneo y que se encuentra dividido en dos grandes facciones encarnadas en Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, y el hombre fuerte del partido, sucesor teórico de Chávez, Nicolás Maduro, por lo que la designación del “heredero” resultaba compleja. Pero, al mismo tiempo, no es menos importante subrayar la desunión que reina en las filas de una oposición fragmentada y enfrentada con una capacidad de movilización mucho menor que  la del PSUV.

Hay quienes, aferrándose a algo tan vacuo como la Constitución venezolana, estimaban que dada la imposibilidad de que Chávez acudiera a la jura en el plazo cumplido se tuviera que escoger otro presidente, lo que podría conducir a nuevas elecciones. Cualquier otra salida no sólo sería inconstitucional sino que conllevaría la ilegitimidad democrática del gobierno. Ahora bien, ya se sabe que los recursos de constitucionalidad a unos tribunales que, en definitiva, dependen del poder político rara vez contradicen al ejecutivo. Si es así en “democracias avanzadas” como la española qué no sucederá en países de dudosa limpieza democrática como Venezuela. Como era de esperar la Sala Constitucional del Tribunal Superior de Justicia, se pronunció de acuerdo con los deseos del chavismo -lo que no debería extrañarnos dada nuestra propia situación- retrasando la jura del “gorila rojo” al día que pueda hacerlo dándole un plazo de seis meses pudiéndose así constituir el gobierno de la mano del vicepresidente Nicolás Maduro. Algo que, por otra parte, han apoyado veintidós presidentes de países hispanoamericanos dejando claro que no están dispuestos a apoyar la desestabilización de Venezuela, lo que deja a la oposición sin la opción de recurrir a la Comisión Interamericana o al Mercosur. De nada han servido pues las denuncias de la oposición sobre el significado de una resolución que conllevaba la “alteración constitucional del orden democrático del Estado”.

Desconocemos cómo se encuentra el “gorila rojo” pero es evidente que desde la Habana está pilotando un proceso con el que, independientemente de su futuro, trata de asegurar la continuidad de su régimen. De ahí que la cúpula chavista fuera a Cuba en los días previos a la toma de posesión del día diez.

Venezuela es hoy un país muy polarizado y pocos son los observadores que estiman posible que la desaparición del presidente venezolano no abra las puertas a un período de enfrentamiento. La oposición que ha iniciado su movilización entre los universitarios -el sector donde el chavismo es irrelevante- y ha anunciado una manifestación para el día 23 en defensa de la “democracia y la Constitución” ante la sentencia del Tribunal Supremo que para ellos equivale a un golpe de estado. Pero también el chavismo está movilizando sus masas sacando a la calle a la gente desde el día nueve de enero.

Lo más probable es que estemos ante el inicio, con Chávez o sin él pero con la última orden del presidente, de una nueva toma del poder, de una nueva oleada revolucionaria. Al menos eso es lo que está alentando el PSUV. Con ello, además, pretende contribuir a mantener unido el chavismo durante la transición. Chávez ha planificado, en definitiva, su último asalto al poder. Los mecanismos se están ajustando: a la movilización en la calle se suma la preparación de las Fuerzas Armadas para garantizar el cambio y la puesta a punto de las milicias socialistas para aplastar a la oposición. Ese es el plan de Chávez para asegurar la continuidad de su régimen.  Queda por saber si realmente, para exacerbar aún más la situación, tal y como se ha anunciado, en breve Chávez se dirigirá a los suyos telefónicamente probablemente para alentar la nueva toma del poder, la nueva revolución.