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Insulto a la División Azul desde las páginas de La Gaceta

Insulto a la División Azul desde las páginas de La Gaceta

Desde las páginas de La Gaceta se insulta a los voluntarios de la División Azul.

En su edición del domingo seis de noviembre, el diario del grupo Intereconomía, La Gaceta, que dirige el periodista Carlos Dávila incluía un artículo a toda página dedicado a la División Azul firmado por el profesor José Luis Rodríguez Jiménez, bajo el ya de por sí insultante título de “Ni Azul ni de Voluntarios”. Todo ello después de que La Gaceta, como otros medios, ignorara el reciente Congreso Internacional de Historiadores celebrado en la Universidad San Pablo-CEU, en el que participaron todos los expertos, a excepción de Rodríguez Jiménez, nacionales o extranjeros, que han investigado o están investigando sobre la presencia de los voluntarios españoles en el frente ruso.

En la inauguración de dicho Congreso el general Agustín Muñoz-Grandes, hijo del primer jefe de la División Azul, afirmó que aún peor que una mentira es una verdad a medias y que, por tanto, es preciso denunciarla y evitar que se extienda. Parece como si Carlos Dávila, director de La Gaceta, le hubiera oído pero no escuchado aprestándose a poner su medio al servicio de esa “verdad a medias” o “mentira con algunas dosis de verdad” que practican autores como Martínez Reverte o Rodríguez Jiménez.

A nadie que conozca la bibliografía existente sobre la División Azul le pueden sorprender las tesis de Rodríguez Jiménez, autor de un libro de escasa difusión, que ha acabado en los mercadillos de saldo, significativamente titulado “De héroes e indeseables. La División Azul”. Texto lleno de errores, prejuicios, desenfoques, desconocimiento y manipulación de las fuentes que más debiera causarle sonrojo que orgullo pero que, a buen seguro, le permitió escalar posiciones académicas. 

¿Por qué La Gaceta, diario que blasona de representar a quienes se sienten “orgullosos de ser de derechas”, según reza a propaganda de Intereconomía, encargó un artículo sobre la División Azul a un escritor cuyas tesis mejor cuadrarían en las páginas de Público? ¿Por qué La Gaceta, diario “orgulloso de ser de derechas”, ha cedido sus páginas para difundir las tesis de la izquierda y vituperar de paso a miles de españoles? No lo sé, pero me consta que más de un divisionario o un familiar de los mismos sintió ganas de vomitar cuando leyó el artículo de La Gaceta. Periódico que, a buen seguro, alguno ha dejado de comprar. 

Para el artículo publicado en La Gaceta la División Azul no estuvo compuesta por falangistas/derechistas voluntarios; alguno hubo –nos ilustra- pero fueron una minoría. Por el contrario, lo que sí abundó, según tan docta opinión, fueron los jóvenes de clase baja (¿de dónde ha sacado este dato el articulista?¿qué estudio socioeconómico ha realizado para establecer tal aserto?) obligados a ir por el Ejército, reclutados a la fuerza en los cuarteles, desafectos al régimen, hijos de fusilados o de prisioneros republicanos recién liberados… Eso sí, José Luis Rodríguez Jiménez ha tenido cuidado a la hora de no reproducir su tesis de que los mandos militares fueron a Rusia por ambición, para ganar ascensos y pasta, no fuera a ser que por eso no pasara La Gaceta. Y, sólo veladamente, nos ha dicho que los voluntarios fueron a Rusia para ganar dinero. Con ello pretende ocultar algo fundamental: la existencia, en aquellos años, de una poderosa y fuerte ideología anticomunista que consideraba al comunismo como el enemigo natural de la civilización occidental y cristiana, como un régimen antihumano que era preciso eliminar. Y es que para la mentalidad progresista no es admisible que existieran jóvenes que voluntariamente quisieran ir a luchar y morir para poner punto y final al comunismo. Precisamente eso es lo que molesta de la División Azul.

El artículo de José Luis Rodríguez Jiménez, que es preciso contestar y denunciar, está lleno de verdades a medias. Esas “verdades” que acaban falsificando y manipulando la historia. Pongámoslas en evidencia y juzgue el lector el grado de colaboración de La Gaceta en esa falsificación y en el menosprecio o el desprecio que sobre la División transmite el autor en las páginas de dicha publicación: 

a) Comienza el articulista menospreciando o despreciando a la unidad militar española, cuando por el volumen de efectivos que poseía y por su propia estructura se aproximaba más a un Cuerpo de Ejército que a una División, tal y como ha demostrado con profundidad y documentación el profesor Carlos Caballero. 

b) Nos dice a continuación, extendiendo la insidia del menosprecio, que la División no participó en “ninguna de las rupturas del frente” siendo utilizada por “el mando alemán en pequeñas escaramuzas ofensivas”, y “sobre todo en la defensa de un frente estacionario”, entre 1941 y 1942.  Lo único que revela tamaña interpretación es lo ayuno que está Rodríguez Jiménez en lo referente al análisis militar de las operaciones en los sectores de los frentes de Leningrado y el Voljov. No conoce la historiografía soviética donde esas “escaramuzas ofensivas” se convierten en la “ofensiva/batalla Tikhvin-Volkhov”, que se saldó con la derrota alemana y que salvó a Leningrado de caer en diciembre de 1941, por que lo mínimo que se puede pedir a un “historiador” es  conozca en líneas generales la consideración que los soviéticos dan a estas operaciones en su oficial historia de la Gran Guerra Patria. En esas operaciones la División Azul fue una de las puntas de lanza de la ofensiva general del Grupo de Ejércitos en que se encontraba integrada. Siete días después de llegar al frente la unidad española ya participaba en esta gran operación. Es evidente que Rodríguez Jiménez desconoce también lo que en realidad fue la continuada batalla que se libró en torno a la ciudad entre 1941 y 1943 y no ha leído las obras del máximo experto en esos combates, David M. Glantz. Lo que desde aquí le recomiendo que haga. 

c) No contento con el desprecio o el menosprecio nos precisa que la División Azul se dedicó en el frente de Novgorod a buscar y capturar guerrilleros rusos.  No cabe mayor insulto a la sangre derramada, al heroísmo de los españoles. Precisemos: tras la derrota alemana en Tikhvin los soviéticos tenían como objetivo recuperar Novgorod, la ciudad defendida por los españoles, lo que se encargó al 52ª Ejército soviético. Muñoz Grandes se comprometió a defender sus posiciones hasta la muerte y demostró que estaba dispuesto a realizarlo. El tanteo realizado por los soviéticos sobre las posiciones españoles se saldó con un fracaso para el Ejército Rojo por lo que el asalto no se produciría directamente sobre la División Azul sino en sus flancos. La División Española, pese a sus bajas, era un 30% más potente que cualquier unidad alemana. Los españoles cedieron fuerzas, una y otra vez, a las unidades germanas próximas o acudieron en socorro de las mismas solventando situaciones tácticamente graves. Ni era, como con ignorancia afirma Rodríguez Jiménez, un frente estático ni los españoles se dedicaban a cazar partisanos. 

El intento soviético se saldaría también con una derrota. La penetración del Ejército Rojo, iniciada a mediados de enero de 1942 chocará con la resistencia española en Kretschewizy (un regimiento español frena a la 125º División de fusileros) y después los españoles acuden en socorro de los alemanes en Mal Samoschje, por esta acción el II Batallón del 269 Regimiento español obtendrá la Medalla Militar Colectiva (el profesor Rodríguez Jiménez y La Gaceta deben repasar lo que eso significa). Los españoles, al norte de sus líneas, van a participar en lo que se conoce como “la bolsa del Voljov” que permitirá el aniquilamiento de 9 Divisiones de Infantería, 6 Brigadas de Infantería y parte de una Brigada blindada, con pérdidas de unos cien mil hombres para los soviéticos. Probablemente una “operación sin importancia” para el autor del artículo. 

d) Concluye Rodríguez Jiménez su síntesis bélica, que tiene como objetivo mostrar la irrelevancia militar de a División Azul, diciéndonos que después de “cazar partisanos”, la mandaron a uno de los sectores del asedio de Leningrado. Se olvida otra vez de contarnos que se envió a la División a un punto clave de ese frente; con la misión de ser punta de ruptura en el asalto final a la ciudad diseñado por von Manstein. Sector clave también para los soviéticos que lo considerarán punto de ruptura de su ofensiva. Ofensiva a la que se enfrentarán los españoles en Krasny Bor. Pero esto no cuadra en las tesis de Rodríguez Jiménez y por eso lo oculta. 

e) Nos dice Rodríguez Jiménez que la División no fue azul -con mala y confusa redacción por cierto- porque, entendemos al leer, sólo una cuarta parte de los efectivos tenían un “ideario fascista”. ¿Cómo llega a tan curiosa conclusión? Dejemos a un lado que, en su libro, madre del artículo, Rodríguez Jiménez no nos explica de donde saca tan curioso dato y cómo ha medido la identidad ideológica de los voluntarios. Ningún estudio global -imposible hacerlo de 45.000 voluntarios- ni local –a excepción del que yo mismo he realizado- ha entrado en tan fundamental cuestión. Vayamos a la documentación. Lo único que el profesor Rodríguez Jiménez sabe es que las Jefaturas de la Falange facilitaron un total de 23.442 hombres. Aplicando la matemática elemental no son el 25% sino, en realidad, algo más del 58% del total, porque tenemos que descontar a los jefes, oficiales y la mayoría de los suboficiales, pero no es necesario recordar que muchos de ellos también eran falangistas. Cierto es que no todos podían ser falangistas o derechistas, pero sí en volúmenes que podrían situarse, como mínimo, entre un 80% y un 90%. Ahora bien, si a ello sumamos a los excombatientes del Ejército Nacional o a los posteriores afiliados a la Hermandad de la División Azul podríamos situarnos en cifras superiores al 95%. Pero es que, además, en los cuarteles, haciendo la mili, también estaban miles de falangistas/derechistas que se alistaron para ir a Rusia por efecto del mismo impulso que hizo alistarse a los que estaban fuera de los cuarteles. Estos datos parciales, no los generales, salen del estudio de una muestra de más de mil divisionarios, los del profesor Rodríguez Jiménez de la especulación. Es más, lo que nos dicen los expedientes de los divisionarios es que muchos de los que no encontraron plaza en 1941 se fueron desde un cuartel militar al incorporarse al servicio militar los reemplazos de 1942 y 1943. 

f) Nos dice el profesor Rodríguez Jiménez, sin aportar en su estudio más documentación que la anécdota,  que al faltar los voluntarios el Ejército presionó a los cuarteles para que forzaran a la tropa a ir. Sin embargo, lo que nos dice la documentación militar de la Comandancia General de Baleares y de la Capitanía General de Sevilla es que las unidades remitían, sin mayor problema, los partes diciendo “no hay voluntarios para la División”. Lo que revela el estudio, que Rodríguez Jiménez no ha realizado, de los Batallones de Marcha (compuestos por los voluntarios que partieron hacia el frente entre 1942 y 1943), es que la composición es muy diversa y que no se puede afirmar que la Milicia dejara de aportar hombres, porque lo hizo de forma similar o superior al Ejército en muchos de los Batallones, incluyendo los últimos. Lo que también nos dice ese estudio es que en la inmensa mayoría de las unidades militares, en los cuarteles, se trata de alistamientos individualizados o de muy pocos voluntarios que desmienten las fábulas de compañías enteras enviadas a Rusia o de procedimientos como elegir a uno de cada tres o cinco de formación. Tesis que La Gaceta avala porque ha entresacado y destacado del texto la frase: “las plazas no cubiertas por voluntarios las ocupaban soldados elegidos a dedo”. Lo que el profesor Rodríguez Jiménez ignora es que los cupos dejaron de existir a partir de marzo-abril de 1942. Lo que el profesor Rodríguez Jiménez ignora, porque no ha revisado la documentación, es que en fechas tan tardías como marzo de 1943 (la División se retiró en octubre de ese año) muchas de las Jefaturas de la Milicia falangista rechazaban a aquellos voluntarios que no ofrecían suficientes garantías, pero lógicamente, no en todos los casos, dada el escaso lapso de tiempo que tenían podían comprobar la idoneidad de todos los voluntarios.

g) Ni en su estudio ni en su artículo el profesor Rodríguez Jiménez documenta, más allá de la anécdota, la existencia de esos obligados sacados de las cárceles, recién liberados de las prisiones, hijos de fusilados, etcétera que él pretende convertir en tipología del voluntario. Sin base documental sus deducciones son pura especulación: “como en 1943 se liberó a muchos presos pues se alistaron a la División”, nos viene a decir. ¿Dónde están los listados? ¿Dónde está el estudio en el que se basa esa afirmación? Porque Rodríguez Jiménez y quien esto suscribe hemos manejado, teóricamente, la misma documentación.

h) El articulista, como tantos otros autores, lo que hace es proyectar sus prejuicios y evaluar a los voluntarios según su código. Así, por ejemplo, en su libro insiste en la aparente condena moral por la existencia de casos de enfermedades venéreas (tener este tipo de enfermedad hacía a un voluntario “indeseable” para la misma). Y vuelve a manejar la condena moral esgrimiendo unas listas sobre indeseables que confunde y sobredimensiona porque el que suscribe se ha tomado la molestia de revisarlas y sus conclusiones distan de las de Rodríguez Jiménez. Precisemos y expliquemos, que es lo que no hace Rodríguez Jiménez: el término “indeseable”, militarmente hablando, es la constatación de que un soldado no tiene las condiciones idóneas para cumplir con la misión encomendada a la unidad. Así se podía, de hecho lo era, ser válido para estar en la Legión y no para estar en la División Azul. Precisemos: la División Azul estableció, sorprendentemente, “el derecho de admisión” y devolvió a todos aquellos voluntarios que no consideraba idóneos. Y en ese grupo, los que Rodríguez Jiménez denomina “desafectos” eran una minoría muy minoritaria, una individualidad y no una generalidad. 

i) Yo he revisado la misma documentación que el profesor Rodríguez Jiménez y ni su número es correcto ni su interpretación es exacta. Cualquiera que ojee, sin profundizar mucho, la documentación observará, por ejemplo, que para ser “indeseable” bastaba con que alguien escuchara a un voluntario que se tira días y días hacinado en un tren para llegar hasta el campamento base en Alemania protestar; o, simplemente, que alguien pusiera en duda, en 1943, la posible victoria alemana, por no hablar de aquellos que fueron rechazados o devueltos por tener malas referencias morales (un caso se refiere por ejemplo a que convivía con una mujer sin estar casado) o los que en el informe se anota como nota desfavorable que blasfema o que bebe. Y es que los mandos de la División eran muy exquisitos a la hora de admitir voluntarios. Pero vayamos a la intrahistoria ilustrando al lector, y al profesor Rodríguez Jiménez, con algunos casos:

- César, un “vago incorregible” de la División originaria. Nos vamos a su   expediente y nos encontramos con un joven falangista, que en “zona roja” es movilizado y tiene que ir al Ejército Republicano, que en cuanto puede se pasa a las filas nacionales, que hace toda la guerra, que gana numerosas condecoraciones, entre ella la Medalla de Sufrimientos por la Patria. Un “indeseable” para Rodríguez Jiménez.

 -Jesús, Guardia de Asalto en la zona republicana, alistado en un cuartel en octubre de 1943, cuando la División prácticamente iba a ser retirada. Aparentemente uno de los “republicanos” alistados a la fuerza según Rodríguez Jiménez. En realidad Vieja Guardia de la Falange.

-Ginés, un agricultor, afiliado a la UGT, voluntario durante la guerra civil en las milicias socialistas que se fue voluntario al frente tras desempeñar funciones de retaguardia y que -¡sorpresa!- se pasa a las filas del Ejército Nacional y gana la Cruz Roja, la Cruz de Guerra y una herida en el ojo izquierdo de consideración. En febrero de 1942, con sus medallas y heridas como recomendación, dejando mujer e hijo de corta edad en España, se alistó en la División Azul.

-Juan, un joven, con antecedentes de estafa y, probablemente, estraperlo (ganar dinero en el mercado negro) se alista. Está claro que es un “indeseable” según Rodríguez Jiménez. He aquí que cuando escarbamos nos encontramos a un falangista hermano de un Vieja Guardia que dejará su vida peleando heroicamente en Rusia.

 Alguien debería recordar que, luchando en la División Azul, cinco mil españoles dejaron su vida en los campos de Rusia. Españoles que, según Rodríguez Jiménez en su artículo en La Gaceta, ni existieron, porque en realidad estuvieron de vacaciones en un “frente estático” dedicados a perseguir partisanos y participar en escaramuzas. ¿Y por qué no existen en el artículo? ¿Por qué el menosprecio a su actuación como fuerza de combate? Por una razón elemental, porque una unidad como la española, que realizó hazañas increíbles, entre ellas una de las más bellas y heroicas de las II Guerra Mundial; que se desangró en el Voljov, en la Intermedia, en Sinyavino y en Krasny Bor; que combatió en condiciones durísimas y que tuvo un número inexplicablemente bajísimo de desertores; que según los datos de su sección jurídica fue altamente disciplinada, difícilmente hubiera alcanzado el prestigio y la gloria militar que se deriva de sus condecoraciones sin tener una alta moral de combate. Moral que no hubiera tenido jamás una unidad compuesta, como nos quiere transmitir Rodríguez Jiménez con la bendición de Carlos Dávila, por indeseables, voluntarios forzados y mercenarios.

 *Foto de la ofrenda realizada por los miembros del Foro de la División Azul en el cementerio de Pankovka (Novgorod) el mes de octubre.

El Debate insustancial

El Debate insustancial

Quizás haya sido uno de los “no-debates” menos interesantes y más inútiles de todos los tiempos. Un debate tan perfectamente orquestado como fundamentalmente insustancial cuya lectura real y no interesada, no vinculada a los intereses mediático-políticos de cada medio, no puede ser más que preguntarse ¿y para esto ochenta millones de pesetas y unos árbitros para controlar el tiempo a 1.400 euros por cabeza?.

No sé quién ha ganado en términos porcentuales ni realmente me interesa, ni llego a admitir como ciertos los resultados, ampliamente diversos, que reflejan los medios, entre otras razones porque muy escasa incidencia va a tener en unas elecciones en las que todo está decidido desde hace muchos meses. El “no-debate” realizado no ha pasado de ser el habitual pulso diseñado y preparado por unos equipos de comunicación cuyo objetivo fundamental es evitar precisamente que haya debate o que un debate descontrolado acabe volviéndose en contra de sus protagonistas. El “no-debate”, como de costumbre, ha sido un insulto a la inteligencia porque está viciado de origen, porque es un “no-debate” basado en un pacto mutuo para evitar entrar en determinados temas, especialmente aquellos que dejarían en evidencia a la casta política como realidad global. Un “no-debate” inexistente, porque en muchas fases del mismo éste no pasaba de ser la lectura indisimulada de mensajes preparados por los equipos de campaña y asesores de imagen con mirada fija a la cámara. Un “no-debate” preñado, sobre todo por parte de Mariano Rajoy, de frases preparadas para no contestar con precisión, para resguardar el futuro en la nebulosa de unas palabras que aparentemente significan una cosa pero que, en realidad, sirven para tener libres las manos de cara al futuro.

Naturalmente los “hooligans” de cada uno de los protagonistas, especialmente en este caso los seguidores de Mariano Rajoy, estarán encantados. Para cada bancada el suyo ha vapuleado al otro. Y, en cierto modo, ha sido así. Sin embargo, fuera de los “fans”, tan histéricos como las jovencitas que siguen a cualquier cantante prefabricado, los parámetros para valorar con acierto este “no-debate” debieran ser muy distintos a los que es fácil encontrar en las páginas de la prensa. Porque el “no-debate” sí tiene un debate real: el que realizan después, como correa de transmisión de las tesis de los dos grandes partidos, las tertulias y los editoriales de prensa.

Muy pocos en España pensaban, antes del debate, que éste tuviera alguna importancia, que pudiera invertir el sentido de las encuestas. Desde este punto de vista era considerado una inutilidad y para muchos, simplemente, un fastidio. Para la inmensa mayoría, que probablemente sólo hayan visto una parte del “no-debate”, Mariano Rajoy ha ganado porque el socialismo carece de argumentos cuando se tienen cinco millones de parados y porque nadie confía ya en el socialismo como gestor. Por ello, el equipo de Pérez Rubalcaba diseñó una estrategia distinta asumiendo de antemano la anunciada derrota electoral. El objetivo de Pérez Rubalcaba era otro: conseguir movilizar el desencantado núcleo ideológico del electorado de izquierdas alertando sobre el pretendido programa oculto del Partido Popular. Porque una vez asumida la apabullante derrota a Pérez Rubalcaba sólo le queda intentar salvar los muebles y presentarse como futuro líder de la oposición, de ahí su advertencia final dirigida más a los suyos que a los votantes de: “ni me arrugo ni me echo atrás”.

En el lado contrario, Mariano Rajoy ha seguido fielmente el guión de lo que se conoce como la “estrategia Arriola”: con las cartas a favor basta con no moverse y jugar a la contra. Y yo, a estas alturas, tras escuchar al futuro presidente del gobierno y leerme las doscientas páginas de su programa, salvo en cosas concretas que repite machaconamente, sigo sin saber exactamente, más allá de las frases genéricas, qué hará el Partido Popular cuando esté en el poder. 

 

 

*Foto tomada de Periodistas Digital 

Pachi y la imbecilidad manifiesta.

He oído la estupidez con la que el actual presidente de la Autonomía Vasca, Francisco López, en otros tiempos conocido por Pachi, ha acogido, desde un hábil mutis presencial, pues andaba lejos de España, el comunicado final de la farsa proetarra de la “Conferencia de San Sebastián”.

Pachi ha estado sembrado: ahora ETA está sola y por tanto tendrá que anunciar el cese de la violencia. Es posible que Pachi haya sido poseído por la imbecilidad manifiesta y de ahí sus declaraciones, porque si algo ha demostrado la “Conferencia de San Sebastián” es precisamente lo contrario. Lo que se ha puesto de manifiesto es que ETA y su mundo no está sola; que cuenta con apoyo internacional y entre ellos, se exprese como se exprese, el del ex Secretario General de la ONU, Kofi Annan, aunque hoy no sea más que un augusto cero a la izquierda.

La “Conferencia de San Sebastián” ha sido un triunfo de ETA, porque el comunicado final viene en definitiva a darles la razón. Legitima la violencia terrorista al aceptar la existencia de un inexistente conflicto en el que ha habido víctimas por las dos partes que deben reconciliarse; no cabe mayor insulto a las víctimas reales. Apoya el planteamiento del mundo aberzale al exigir una “mesa de partidos” y un referéndum. Pero, ¿qué se podía esperar de una conferencia organizada, como elemento de propaganda, por el mundo de ETA por mucho inútil internacional, incluyendo en el calificativo al ex Secretario General de la ONU, que haya asistido a la misma?

Puede que Pachi López haya dado muestras de imbecilidad manifiesta o quizás no. Porque lo que late en el arropamiento que ha dado el Partido Socialista Vasco a la Conferencia es la ambición de un López que cree posible, tras la debacle inevitable de Rubalcaba, acceder a la Secretaría General del Partido y al liderazgo del socialismo desafiando a la mismísima Carmen Chacón. Pero Pachi necesita un aval y si bien un comunicado de ETA de poco serviría ya a Rubalcaba sí pudiera transformarse en el éxito con el que López se presente ante sus conmilitones socialistas.

 

Arnhem, recreando la historia.

Arnhem, recreando la historia.

Hace décadas que las recreaciones históricas de batallas son usuales, especialmente aquellas relacionadas con las guerras napoleónicas y con la II Guerra Mundial en Europa; aunque también tengan adeptos las medievales o las referidas a la guerra civil en los EEUU. La base de estas recreaciones es el trabajo de quienes son auténticos estudiosos de las armas y los uniformes de cada época, coleccionistas y a la vez preservadores de la historia capaces de hacerla visible para los demás. Miles de personas dedican su tiempo y su dinero a esta labor que, en muchas ocasiones, roza los límites de la arqueología. Un trabajo digno de encomio y de apoyo. Asistir a una de estas recreaciones es una lección de historia viva que suele encantar a los niños y hace disfrutar a los mayores.

Poco a poco esta afición, que es mucho más que eso, y que sirve para aproximar a las nuevas generaciones a la importancia de los hechos de armas, se ha extendido por España con reconstrucciones tan notables como la de la batalla de Almansa o la de Bailén. Este fin de semana, en Murcia, he tenido la suerte de asistir a una de esas recreaciones: la del intento de la toma del puente de Arnhem, dentro de la operación Market-Garden, en septiembre de 1944. Con absoluta fidelidad, utilizando todo tipo de vehículos ligeros de la época, en poco más de una hora, hemos podido ver a las tropas británicas acercándose al puente, tomar uno de sus lados tras el increíble, pero verídico, avance pausado de un oficial británico que utilizaba un paraguas como bastón de mando; a los alemanes avanzar para rechazarlos y al combate final librado en las cercanías del puente.

Sesenta minutos para lo que fueron nueve días de combate en la que fue la gran derrota angloamericana tras el desembarco de Normandía. Hace muchos años, en un viaje, coincidí en un hotel holandés con los supervivientes de aquella batalla que en el aniversario de la misma acudían a recordar a sus caídos y a depositar flores en el cementerio existente en la zona. Hombres orgullsos de su gesta. Los recreadores de la batalla parece que quisieran cumplir con una de las frases que se pueden leer en aquel cementerio: “cuando regreses a casa háblales de nosotros”. Porque con estas recreaciones, en definitiva, lo que se acaba haciendo es rendir homenaje a quienes dieron su vida por su país en lejanas contiendas, siendo a la vez una exaltación de los valores militares.

Resulta curioso que, en muchas ocasiones, una derrota acabe siendo más importante en el imaginario bélico que un triunfo. Así acontece con lo sucedido en Arnhem. Sobre aquel puente se lanzaron los paracaidistas de la 1ª División Aerotransportada británica, con la que formaba la brigada polaca del  general  Sosabowsky, al mando del general Roy Urquahart. Consiguieron tomar el extremo norte del puente. Su misión era aguantar dos días hasta que los 20.000 vehículos del XXX Ejército del británico general Horrocks llegaran. Tras nueve días de resistencia, cercados por los alemanes, tuvieron que rendirse. De 10.000 paracaidistas británicos sólo 2.400 lograrían huir, entre ellos su general. Lo que no es óbice para que su resistencia se siga considerando uno de los episodios heroicos de la II Guerra Mundial y quede anotado entre las acciones que dieron fama a los “diablos rojos”. 

La operación Market-Garden fue un fracaso, por errores evidentes en su planificación, del general Montgomery, pero también del propio Eisenhower que la autorizó. El sobrevalorado general británico planificó la toma de los puentes que le permitirían franquear la frontera holandesa con Alemania y, teóricamente, acabar la guerra antes de Navidad. Militarmente el inicio de la operación, con el lanzamiento de 35.000 paracaidistas (la 101ª y 82ª Divisiones americanas y la 1ª División británica), constituye un hito en la historia bélica. Para muchos, entonces y después, fue una operación suicida y de hecho las bajas en poco más de una semana de combates se elevaron a 17.000 hombres, muchos más que durante el desembarco de Normandía. Todos subestimaron, como suele ser usual en los conflictos bélicos, la capacidad de combate y resistencia de las tropas alemanas, especialmente de las unidades de las waffen-SS. 

Los paracaidistas británicos y polacos quedaron aislados mientras los angloamericanos quedaron detenidos ante el puente de Nimega. Conscientes de que los hombres de Arnhem estaban perdidos si no se tomaba el puente, pese a que el mando británico consideraba imposible avanzar, el general americano Jimmy Gavin decidió, tras obtener la promesa del general británico Harrocks de que si tomaban el puente avanzaría en masa hasta Arnhem, lanzar temerariamente a sus hombres, en débiles lanchas, a través del río Wall para tomar el puente por los dos extremos. Lo hicieron bajo el fuego enemigo siendo duramente castigados. Si los americanos no hubieran cometido esta locura la derrota hubiera sido aún mayor, ya que el puente de Nimega hubiera seguido en manos alemanas o hubiera sido volado. Lo que nunca comprendió el general Gavin es que después del sacrificio de sus hombres, ante la resistencia alemana, el general Harrocks, bien por decisión propia o por órdenes superiores, decidiera no seguir adelante y dejar a su suerte a sus compatriotas en Arnhem.

67 años después, en una soleada mañana, con explosiones y balas de fogueo, con uniformes y armas, muchas de ellas, reales, con vehículos ligeros y motos con sidecar, con heridos atendidos sobre el cemento, con  soldados que avanzan o se repliegan como si estuvieran en un combate real, la recreación nos ha transportado en el tiempo y acercado, aun cuando tuviera el eco de la guerra romántica con muertes heroicas, a aquellos hechos. Es otra forma de ver y aprender historia.

 

 

 

21-N. Carme o Carmen he ahí la cuestión.

21-N. Carme o Carmen he ahí la cuestión.

Cuando la ya prácticamente exministra de Defensa se vio obligada a retirar su candidatura al espejismo de las primarias socialistas, que más parecía una pantomima o un aquelarre, no pocos dieron por finiquitada la carrera política de la ambición rubia del socialismo. El guión escrito por los viejos felipistas, ansiosos por limpiar al socialismo de lo que para ellos no son más que desagradecidos advenedizos, entre los que por cierto muchos incluyen al ínclito José Bono, pasaba por llevar a uno de los suyos, a un hombre de confianza, a Pérez Rubalcaba, a la Secretaría General del PSOE y después, siguiendo este orden, nuevamente a La Moncloa. Las elecciones del 20-N, adelantadas forzando a José Luis Rodríguez Zapatero primero a convocarlas y después a dejar en suspenso las tan anunciadas como inanes reformas estructurales, en este esquema, no serían más que el primer paso hacia ese idílico futuro capaz de reverdecer las viejas glorias de la izquierda.

Que las elecciones están perdidas para el PSOE es una realidad con la que trabaja el gabinete demoscópico de Ferraz. Un gabinete que, por otro lado, aspira a conseguir sus objetivos repitiendo la misma estrategia que llevó a ZP a la Moncloa disociando, en una estrategia un tanto esquizofrénica, a Pérez Rubalcaba de la marca PSOE o simplemente convirtiéndolo en sí mismo en una marca de izquierdas. Que nadie se engañe, no aspiran los expertos en campañas del socialismo a ganar las próximas elecciones; ese no es su horizonte. Su objetivo es evitar una debacle socialista y poner las bases de cara a la recuperación del poder dentro de cuatro años mediante una estrategia de dura oposición en la calle y en el Parlamento. Pero para que se cumplan los bellos sueños de Pérez Rubalcaba y su cuadrilla es preciso recuperar este 20-N algo de terreno frente al Partido Popular. El objetivo mínimo es reducir al máximo posible la pérdida de escaños buscando obtener en torno a los 140, de tal modo que la izquierda tenga un bloque de conjunto importante en la cámara. El objetivo máximo, y difícilmente alcanzable, sería conseguir que el PP no consiguiera mayoría absoluta; siendo el mejor de los escenarios aquel en el que a Mariano Rajoy no le bastase con el apoyo de CiU para gobernar (posibilidad ésta, la de un gobierno del PP con apoyo de CiU, que tampoco es descartable en Génova aunque las encuestas la entierren semana tras semana). En ambos casos el socialismo dispondría de un margen de maniobra suficiente para lanzarse a la calle, a la agitación social, ante las previsibles políticas de recorte que el PP estará obligado a realizar. 

Ahora bien, si ninguna de los dos objetivos se alcanza, si Pérez Rubalcaba se hunde obteniendo menos escaños de los que obtuvo Almunia, la lucha por la Secretaría General del PSOE y por el control del partido estará abierta a partir del 21-N. Y es ahí donde la figura de Carme Chachón vuelve a brillar con luz propia.

Por ello, una de las claves de las elecciones del 20-N, ya que el resultado no arroja ninguna duda, la victoria del PP (catorce puntos de diferencia a menos de dos meses vista son insalvables), será lo que suceda en Cataluña. El futuro político de Pérez Rubalcaba depende, en gran medida, del comportamiento electoral que se registre en Andalucía y en Cataluña, los dos grandes viveros de votos y escaños del socialismo. No parece que en Andalucía se vayan a reeditar los grandes éxitos del PSOE, siendo segura la pérdida de escaños, pero donde se puede producir la gran debacle que entierre al socialismo es en Cataluña.

Carme Chacón, que cuenta con un buen equipo de asesoramiento y con un extenso lobby en PSOE que está colocando jóvenes alevines en las listas provinciales, está deshojando la margarita de qué hacer. Carme pude adoptar un perfil bajo y entrar en campaña, subordinada y ligada a Pérez Rubalcaba, como líder de los socialistas catalanes o puede optar por una campaña personalista en Cataluña y jugarse el mañana ya mismo en una apuesta no exenta de riesgo. En cualquier caso ya ha puesto precio a su apoyo: el PSC deberá tener grupo parlamentario propio. Así, a partir de diciembre el PSOE tendrá dos voces en la oposición: una la de Rubalcaba y otra la de Carme. Eso si se cumplen las previsiones de los estrategas socialistas. Pero, ¿y si no se cumplen?

Pudiera darse la circunstancia de que Carme se convirtiera, y en las próximas semanas saldremos de dudas, en un elemento activo de la campaña en Cataluña y que decidiera jugar a fondo sus cartas. De hecho ya se ha presentado como paranacionalista a raíz de lo acontecido con la sentencia del TSCJ sobre la utilización del castellano como lengua vehicular en Cataluña porque quiere recuperar los votos de la izquierda nacionalista burguesa. Si Carme hace campaña y consigue un buen resultado en Cataluña mientras Pérez Rubalcaba se estrella en el resto de España la lucha por el poder estará abierta, pudiendo contar con un buen número de diputados jóvenes que la seguirán. El dilema de Carme es que sabe que si en los próximos cuatro años no se transforma en Carmen difícilmente podrá aspirar a ganar en las siguientes elecciones y esa es la margarita que la ambición rubia tiene que deshojar.

 

20-N. La única opción viable.

Hace unas semanas escribía sobre la necesidad de que, por una vez, prime la sensatez ante la convocatoria electoral del Veinte de Noviembre. Pese a que pudiera parecer lo contrario ignoro el horizonte de cualquier conversación abierta, si es que ésta en realidad existe. El hecho incuestionable es que el próximo Veinte de Noviembre no existirá, en toda España, una candidatura a la que puedan votar todos aquellos que sin situarse en la izquierda o en la derecha, o decepcionados por ambas, estimen necesario apoyar una opción distinta a las que hoy están representadas en el parlamento español.

Me decía, con harta desesperación, un amigo, hace unas semanas, que se sentía decepcionado por lo que iba a suceder este Veinte de Noviembre; porque ni tan siquiera tendrá la oportunidad de dejar constancia de que algunos no hemos muerto. Alejado de las miserias internas de todo aquello que el electorado sitúa, independientemente de la conceptualización, con razón o sin ella, a la derecha del PP, se mostraba remiso a aceptar que no hubiera vida más allá del PP para quienes no se sienten de izquierdas, ni quieren caer en las trampas de las organizaciones pantallas de las que es usufructuario el PP, ni en los falsos señuelos de la para algunos -que rondan la estupidez más absoluta- rubicunda amazona del Walhalla renacido ofrecida por los medios de la derecha como sucedáneo para descontentos, o en los aspavientos anti de algún grupo que cada vez se aleja más de lo que entendemos como propio.

Quizás no viniera mal a todos aquellos que militan o dirigen grupos políticos, sociales y culturales situados en ese ámbito ideológico que en esta ocasión, ante la dura realidad, cedieran y asumieran un ápice de pragmatismo. Alguien puede soñar que se revestirá con la púrpura del mando y el canto de la gloria porque pueda presentarse en tres o cuatro provincias; alguien podrá seguir entonando la gloria de Aquiles porque esté más o menos sólo en la convocatoria; alguien podrá creer que tomará un nuevo impulso por la consunción paulatina de los demás. Pero para cualquier observador mediano no será más que el canto de un cisne que está a punto de perecer. Porque una de las lecturas de las elecciones del próximo Veinte de Noviembre será la desaparición política de todo aquello que no sea PP más allá de la izquierda.

Nadie en su sano juicio puede pensar que ese ejercicio de pragmatismo, que todos debiéramos hacer, es para obtener una mejor posición o sujeto a los intereses de tal o cual grupo. Mal empezamos si partimos de esa premisa. Nadie en su sano juicio puede pensar que se buscan resultados positivos en las urnas a costa de los demás porque estos no se van a producir. De lo que se trataría, al menos esa sería la exigencia autoimpuesta por el sentido del deber, es de dar a ese puñado de españoles descontentos del sistema, de las autonomías, de la casta política, de la pérdida de soberanía nacional, de la corrupción moral, del cuestionamiento del Estado del Bienestar, de las políticas ultraliberales y del proceso de desintegración de España la oportunidad de tener una candidatura a la que votar en toda España. Que nadie piense en obtener decenas de miles de votos porque de lo que se trata es de dar testimonio, de poder decir bien alto: “Aquí estamos. No vamos a desaparecer”.

¿Cómo hacerlo? No es fácil y además prácticamente no queda tiempo. Quizás la única solución factible fuera una candidatura temática, con un mensaje claro y rotundo, compartido por todos, que pueda recoger ese descontento. Dejar los máximos para concentrarse en los mínimos. Pero esa opción sólo será viable si cuenta con el apoyo de todas esas fuerzas políticas, sociales y culturales a las que me he referido y que todos tenemos en la mente. Sin embargo, mucho me temo que sólo vamos a contar con un largo rosario de excusas adornadas con toda la parafernalia de purezas permanentes. Todo ello cuando lo que nos estamos jugando es el futuro y la continuidad de un legado que nos hartamos de decir que consideramos sagrado.

 

Un cementerio español en Rusia

Un cementerio español en Rusia

Probablemente a muy pocos diga algo el nombre de Pankovka. Se trata de un pequeño remanso de paz situado a las afueras de la ciudad rusa de Novgorod. Al margen de la carretera, tras una profunda vaguada salvada por un puente, el viajero vislumbra una planicie con una pequeña curvatura central coronada por una Cruz rodeada de pétreas estelas. En ellas, grabados en la piedra se pueden leer centenas de nombres tallados para hacer perdurar su recuerdo en el tiempo. Al pasar la verja se abre un espacio en el que ahora se imponen las tonalidades intensamente verdes del agosto ruso que se alternan con el blanco invernal usual en aquellas latitudes. Ahora, la hierba está perfectamente cortada y cada cierto tiempo tres cruces de piedra, que difícilmente alcanzan los cincuenta centímetros, rompen el paisaje prolongado aquel viejo “Dios con nosotros” que figuraba grabado en las hebillas de sus cinturones.

No está lejos la carretera pero, sorprendentemente, su ruidoso discurrir es vencido por el manto del silencio que impone la imagen, el significado del lugar y las caprichosas formas, un tanto etéreas, de las nubes tamizadas por los tonos azules del cielo, capaces de crear increíbles contraluces. Los visitantes más musitan que hablan mientras buscan el lugar donde reposan los deudos propios o a los que, simplemente, como muchos de nosotros, se sienten sentimentalmente unidos. Allí, en aquel lugar en el que se siente el aroma de la paz eterna, reposan miles de hombres: los soldados alemanes que combatieron en la zona del río Wolchow durante la II Guerra Mundial y entre ellos un puñado de españoles.

Pankovka no es Arlington o Normandía, no se ha buscado impresionar al visitante, se prefiere la oración a la impresión alejándose del alineamiento perfecto de pequeñas estelas blancas que tantas veces hemos visto. Prácticamente no hay, como en otros cementerios, lápidas individuales que subrayen el lugar donde, en una pequeña caja, se han depositado, tras arrancarlos del fango y el olvido, los restos de los combatientes. Nobilísima tarea que afronta, muchas veces con más entusiasmo y sacrificio que medios, la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfursorge e.V.

Probablemente, en unas décadas, la ciudad en su expansión acabará rodeando con su inmensidad aquel lugar lejano, pero estoy seguro que continuará siendo ese remanso de paz que invitan a los que franqueen sus rejas a recordar, a pasear en silencio, a musitar una oración, a dejarse llevar por el sentido del sacrificio…

Pankovka es un enclave que invita a pensar, casi a conversar con los que allí aguardan la resurrección. Es lo que hemos hecho un puñado de españoles que, en este 70 Aniversario, no queríamos que allí faltara el calor de una oración española. Porque allí, a la izquierda de la entrada, coronando una pequeña pradera con forma de pirámide truncada, se abre un semicírculo en cuya base se eleva un blanco y adusto monumento sobre el que se ha grabado una cruz y en el que se puede leer: “Españoles caídos de la División Azul”. Ante él descansan ya casi dos millares de españoles, aunque aún sus nombres no figuren en las lápidas. Estelas tumbadas con una sucesión de nombres y fechas en relieve que hablan de jóvenes caídos en la flor de la vida; jóvenes que dejaron su futuro prendido en la eternidad, porque no pudieron dar forma a sus sueños de mañana.

En Pankovka, en un cementerio lejano, reposan una parte de los cinco mil caídos de la División Azul, sólo algunos familiares han conseguido traer a España, décadas después de su muerte, los cuerpos del ser querido. Poco importa ya la distancia, porque la mayoría de ellos, por razón del discurrir del calendario, han podido reunirse en la eternidad con aquellos que un día les vieron partir y aguardaron inútilmente su regreso.  En nombre de todos, de muchos que ni tan siquiera saben que ahora un familiar suyo que fue a combatir al comunismo hace setenta años reposa en aquel lugar, rezamos y depositamos unas flores. Para llegar hasta allí recorrimos unos miles de kilómetros, lo hemos hecho para cumplir, sencillamente, con el deber autoimpuesto de recordar a unos jóvenes que si bien murieron entonces nosotros hemos sabido eternizarlos en nuestro recuerdo.

Ante las elecciones, por una vez, seamos sensatos.

Tengo la impresión de que este 20-N electoral se va a llevar demasiadas cosas por delante. No tengo vocación de futurólogo pero la lógica, salvo que se prefiera el universo mitológico y la fundamentación irracional, indica que, una vez más, en la reestructuración del espacio político español que hemos vivido, los grupos que, a efectos sólo de identificación, para los españoles se mueven a la derecha del Partido Popular, aunque busquen otros nichos electorales o sociales, se han quedado fuera y quizás, salvo intervención de la Providencia, para siempre. Esto no es algo nuevo, víctimas de sus propios errores, aunque a ello se superpusiera toda la presión ambiental o institucional que se quiera sumar, perdieron su oportunidad en 1976-1977 y la tiraron por la borda, cuando se había hecho lo más difícil, entre 1979 y 1982. 

La reforma de la ley electoral, pactada entre PP y PSOE hace unos meses, que abre el camino hacia nuevas reformas y cuyo objetivo es preparar la transformación del denominado “bipartidismo imperfecto” que tenemos en bipartidismo efectivo, antes de que sea efectiva la multiplicación de las opciones con representación parlamentaria, dibuja un imposible escenario para esos grupos que, independientemente de su definición, el ciudadanos sitúa a la “derecha del Partido Popular”.  

Quede claro que de no estar vigentes las barreras que la reforma establece para evitar la proliferación de listas electorales, reduciéndolas, a nivel nacional, sólo a aquellas que tienen representación parlamentaria, ninguno de esos grupos a la “derecha del PP” hubiera obtenido resultados mínimamente importantes, entre otras razones porque la mayor parte del electorado que buscan movilizar está encantado, desde hace décadas, con votar al PP. Pero con la normativa actual lo que se busca es erradicar la presencia real de estos grupos de la vida pública española.

Ante esta realidad poco valen las protestas o refugiarse, emulando a la zorra de la fábula, en un  lastimero “ahí se quedan que están verdes”, o recurrir al universo mitológico, muy propio del irracionalismo, de la sublimación del gesto heroico. Se impone la sensatez.

Hasta ahora, para presentarse a unas elecciones bastaba con reunir los nombres suficientes para rellenar las listas, lanzar paracaidistas donde fuera necesario, desempolvar del cajón listados ajados y poco más. Ahora se necesita acompañar a la candidatura con firmas protocolarizadas. Un partido que quisiera presentarse en toda la geografía nacional necesitaría entre 50.000 y 70.000 firmas; un partido que quisiera presentarse en Madrid necesitaría 7000 firmas. Hasta ahora, a nivel nacional, concurrían entre 6 y 7 candidatura en casi toda España, lo que significa que necesitarían entre 300.000 y 500.000 firmas. Inviable cuando entre todas suman, suponiendo que se pudieran sumar, entre 60.000 y 70.000 votos. Más complejo es el caso de Madrid donde las candidaturas podrían llegar a la decena, demandando unas 70.000 firmas. Y todas, a nivel nacional o a nivel de Madrid, buscarán esas firmas en el mismo sector.

Lo que la lógica dice es que este tipo de candidaturas no estarán a nivel nacional en la cita electoral del próximo 20-N y las que lo consigan, si alguna lo logra, habrán tenido que realizar un esfuerzo enorme. Lo más probable es que nos encontremos con una proliferación de listas aisladas que aparezcan en las más diversas provincias en lo que podríamos denominar la aparente recuperación del moribundo antes de exhalar su postrer suspiro.

Ante esta situación a lo único que cabe recurrir es a la sensatez y pensar que estamos ante una línea divisoria que obliga a mirar hacia el futuro de otra manera. Sin embargo, mucho me temo que seguiremos mirando hacia atrás, hacia el irracionalismo, el universo mitológico y la inútil sublimación del ejemplo heroico.