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Mariano hunde a los españoles en el pesimismo y consigue ser el presidente con mayor número de parados de la historia de España. Todo un éxito.

Por más que se empeñen más que de la España de la rebelión tendríamos que hablar de la España del hastío. En nuestras calles se expanden, como una densa niebla, las brumas de la consternación, del conformismo, del no hay nada de que hacer, salvo quedarse en casa, que extendieron como epígono de la tragedia los escritores del noventa y ocho. Nos lo dicen una y otra vez: dada la coyuntura lo asombroso es que las protestas, más o menos radicales, no sumen más allá de unos miles de participantes.  Los españoles, nos recuerda de vez en cuando uno de los habituales contertulios de las mil y una cadenas, son buena gente, como sinónimo del conformismo habitual que nos invade, expresión última del pesimismo que nos contiene.

A quince días vista de una nueva huelga general, por más que los sindicatos amarillos, correa de transmisión de los partidos de izquierda a los que un día sí  y otro también rinden pleitesía en comunidad de intereses, se dice que no existe ambiente y que los piquetes se las van a ver y desear para llevar a la huelga a unos españoles que también les vuelven la espalda. A la próxima huelga, independientemente de la guerra de cifras, del cierre obligado por intimidación en las primeras horas y de la sempiterna batalla a las puertas de los Carrefour, los Corte Inglés y las cocheras de lo autobuses de toda España, que marcan para los sindicalistas el triunfo de las huelgas de siete a once (después, ya resacosos, los piquetes se retiran a otras labores pues se tienen que multiplicar para acudir a las manifestaciones locales), le falta credibilidad. Lo cierto es que pese a la incapacidad evidente del gobierno para impulsar la creación de empleo o al menos acabar con la destrucción del mismo, los españoles también tienen motivos para hacerles huelga a los convocantes de la huelga.

Las cifras sobre el paro y Condiciones de Vida publicadas en las vísperas de Todos los Santos son para helar el ánimo de cualquier optimista patológico y teóricamente deberían impulsar a los españoles a expresar realmente su indignación, pero hasta los indignados carecen de credibilidad, pues no son más que la manipulación orquestada de una ultraizquierda que cada vez gana más peso político en España (mérito que de seguir así las cosas también será atribuible a Mariano).

Un país con 5.778.100 desempleados, cifra que no alcanza los seis millones por efecto de la nueva emigración española y de los procesos de retorno de emigrantes; con provincias en las que la tasa de paro supera el 30%; con una destrucción de empleo en el tercer trimestre el año, uno de los que teóricamente menos duros debía de ser debido a los efectos temporales del turismo, que se acerca a los cien mil puestos de trabajo; con más de un millón de ciudadanos que ya pueden ser calificados directamente como pobres; con un 40% de personas que viven con lo justo habiendo prácticamente agotado sus ahorros, es una nación al borde de la catástrofe social. Pero esos mismos españoles, cuando alzan la vista, más que resignarse lo que hacen es simplemente volver la espalda; contestar espetando a la cara de sindicalistas y políticos, “¡ahí os quedáis con vuestro chiringuito!”.

A Mariano Rajoy, el hombre que prometió con palabras calculadas, fotografiándose con aire de oportunista e indudable asimilación del “en política todo vale” ante la cola del INEM, que cuando gobernara bajaría el paro, le cabe el dudoso honor de batir el record histórico del número de desempleados en España. Y ante la realidad de las cifras sólo cabe el recurso manipulativo del coro de los tertulianos progubernativos que, cuando se ven acorralados, al igual que antaño se refugiaban en los escasos meses de gobierno y en la herencia recibida, ahora intentan controlar a la audiencia afirmando que un año aún es poco tiempo para que los “brotes verdes” del PP afloren. Nadie osa recordar, salvo los desprestigiados sindicatos, que Mariano Rajoy embanderó una reforma laboral que, según los peperos, serviría para asegurar los puestos de trabajo y generar empleo, pero desde que esa reforma existe el número de parados se ha incrementado en cerca de setecientas mil personas (el gobierno preveía seiscientas mil hasta final de año), los ERES arrecían junto con el juego de sustituir empleados con mucha antigüedad por otros con contratos precarios y niveles salariales bajos.

Los datos hechos públicos en la última semana de octubre, como un rosario de espinas, ponen en evidencia la debilidad de los “Presupuestos del milagro” que ha anunciado en esas mismas fechas el inefable Montoro. El incremento del paro, que no parece que se vaya a detener en el último trimestre, ya supera las previsiones del gobierno para todo el año, lo que se traducirá en un incremento de los costes del paro y del déficit de la Seguridad Social derrumbando de golpe las primeras previsiones de unos Presupuestos que tendrán que ser reformados una y otra vez. Aunque al gobierno aún le quede en la recámara esa petición de rescate que tendría como paganos a los españoles de a pie.

Ante este panorama sólo los acérrimos, que calculados a la baja (políticos+asesores+personal laboral digital+familiares+paniaguados+holigans) pueden situarse sobre el millón y medio de ciudadanos, son capaces de negar la incapacidad del gobierno a la hora de hacer frente a la sangría del paro, generando un estado de opinión en el que la culpa acaba sociológicamente teniéndola la “difícil situación”. Y a ello contribuye el hecho de que si bien el desgaste electoral del gobierno existe mucho más profundo es el hundimiento y el descrédito de la oposición socialista y sindical. Por eso la calle está tranquila, por muchas manifestaciones que inquieten a la delegada del gobierno en Madrid mientras el paro y la pobreza crecen.  

 

 Nota.- Eso sí, Montoro no miente cuando nos dice que la crisis remitirá a finales del próximo año porque teóricamente, para entones, estima el gobierno que el número de parados habrá tocado fondo (6 millones) y lógicamente se creará empleo o simplemente dejará de destruirse. Pero eso no es más que jugar a la botella medio llena o medio vacía.

TRAS LAS ELECCIONES VASCAS, NEGRAS NUBES PARA ESPAÑA

El resultado de las elecciones autonómicas vascas ha sido mucho más trascendente para el mañana que lo acontecido en Galicia, porque allí el 60% de los votantes es nacionalista y más de la mitad independentista declarado. Y la pregunta que flota en muchos ambientes es si esto es un anuncio de lo que puede ocurrir en Cataluña dentro de un mes. Ante ello, tanto el triunfo del PP en Galicia como el hundimiento cada vez más profundo del PSOE que aún sigue perdiendo votos pese a estar en la oposición y que sitúa, una vez más, a Pérez Rubalcaba contra las cuerdas mientras Carmen Chacón se asienta en Madrid, es prácticamente invisible.

El previsto y anunciado triunfo de Nuñez Feijóo, apabullante en escaños aunque en realidad haya perdido 170.000 votos, el PP con tantos votos como los otros tres partidos juntos, tiene para la política nacional una única lectura, por más que un iluminado Beiras hable de que en realidad se ha producido un triunfo de la rebelión cívica contra el gobierno: el apoyo a las políticas de ajuste-recorte de Mariano Rajoy. Entre otras razones porque la campaña electoral gallega ha girado, en el enfrentamiento PSOE-PP, en torno a la idea de parar al Partido Popular y a sus recortes, de un referéndum sobre la política nacional; porque tanto el PSOE como los nacionalistas gallegos pinzados con los comunistas esperaban que el teórico desgaste del gobierno, reflejado una y otra vez en las encuestas, les llevara a empatar el partido. Triunfo de Nuñez Feijóo en un momento en el que la izquierda recurre, como único recurso, a una escuálida movilización callejera mientras anuncia como gran instrumento de oposición una nueva huelga general. El triunfo de Nuñez Feijóo desarma, en parte, al menos para los medios progrubernativos, y así será transmitido, el argumento de que el pueblo está en la calle frente a un gobierno que no les representa. Dejemos para más adelante lo que para el futuro de Nuñez Feijóo suponen estas elecciones pues desaparecida Esperanza Aguirre, con un Ruíz Gallardón dubitativo, con la pelea silente por el poder entre Cospedal y Soraya, algunos, en la misma noche electoral, han comenzado a contraponer el modelo Feijóo al modelo Rajoy.

Queda para los que analizan en profundidad los resultados un hecho que los políticos suelen olvidar en el minuto siguiente al final del escrutinio, el valor de la abstención. Tanto en Galicia como en Vascongados existe un amplio índice de rechazo a la política autonómica, de rechazo probablemente a la casta política en su conjunto. En Galicia ha votado el 63.4% del censo, lo que significa que 36.6% se ha quedado en su casa, varios puntos menos hace unos años. Un 65.7% de los vascos han ido a votar, incluyendo a todos los aberzales, y el 34.3% se han quedado en casa. Muchos lo han hecho simplemente porque no encuentran una voz segura que les represente y prefieren no participar. Pero conviene no obviar que salvo para el día después de las elecciones la abstención simplemente no existe y la casta política se comporta como si sus resultados fueran efecto del voto del 100% del censo electoral.

Negros nubarrones se ciernen sobre España con la victoria nacionalista-terrorista en la Comunidad Autónoma Vasca. Los datos son incuestionables: más de 600.000 vascos han votado nacionalista y la mitad se ha pronunciado claramente por el independentismo; algo más de 300.000 han votado a lo que muchos se empeñan en denominar como partidos constitucionalistas, cuando es más que discutible que el PSOE tenga una única voz y que, en realidad, toda su estructura sea contraria al nacionalismo. El resultado es que en el nuevo parlamento autonómico dos de cada tres diputados serán nacionalistas. Y lo que es más importante, los aberzales han conseguido los mejores resultados de su historia. Frente a ello es de reseñar el hundimiento del PSOE, que ha perdido ocho escaños, y el del PP que ha perdido tres. El PSOE y el PP tuvieron en su mano la posibilidad de iniciar un cambio en profundidad en el País Vasco. El cheque en blanco dado por el PP al ambicioso Pachi López no ha servido de nada porque el PSOE siempre gobernó pensando en un futuro acuerdo con el nacionalismo y ello, junto con la política permisiva con los presos, ha hundido al PP; porque el gobierno de Pachi López no ha sido capaz de dar oxígeno a la corriente sociológica no-nacionalista que, en realidad, es mucho más amplia que la nacionalista. Es esa corriente, decepcionada, que no cree en la propuesta del PP y del PSOE, que en realidad es condescendiente con el nacionalismo, que mira al nacionalismo como algo superior, la que se ha quedado en su casa.

El resultado de las elecciones vascas y las previsiones sobre los resultados en Cataluña abren un período de incertidumbre de incalculables consecuencias sobre la situación económica española. Al igual que quienes influyen sobre los grandes centros de inversión han alertado sobre la inestabilidad real de España por el desafío separatista catalán recomendando que no se invierta, la posibilidad de que esta situación se repita en el País Vasco en los próximos meses repercutirá negativamente sobre nuestras cuentas. Basta para ello con la lectura de las declaraciones de la noche electoral porque el segundo partido vasco, Euskalerría-Bildu, previsible socio de gobierno del PNV, ha pedido un nuevo modelo socioeconómico que, dadas sus bases ideológicas, muy poco tendrá que ver con el modelo capitalista y de cuya viabilidad es muestra lo que está aconteciendo en la provincia de Guipúzcoa donde gobierna Bildu y que está muy alejado de todo lo que en economía supone un PNV siempre dependiente de los intereses del Neguri. Por ello, probablemente, por la interrelación existente entre el PNV y los intereses económicos del empresariado vasco el temido gobierno nacionalista-terrorista, PNV-Bildu, sea inviable.

Así, mientras que los seguidores de Bildu gritaban en la noche electoral “¡Independencia, Independencia, Independencia!”, la orquesta del PNV escenificaba un “¡Urkullu presidente!”. Cierto es que Urkullu centró su primer discurso programático en la necesidad de hacer frente a la crisis económica y, aparentemente, dejó para mejor ocasión la reivindicación nacionalista. Ahora bien, no es menos cierto, que leyendo entre líneas, tras reivindicar la continuación del mal llamado proceso de paz, en clara sintonía con los anuncios de Bildu, recurrió al paraguas de Europa. A esa idea que los nacionalistas están difundiendo de un país dentro de Europa como horizonte de un futuro más o menos próximo. Ese “País Vasco justo, libre y solidario en Europa” que reclama Bildu. Pero lo que Urkullu ha dicho es que el PNV necesita que el gobierno no cierre el proceso de paz que pasa por el acercamiento de los presos y su excarcelación.

La pregunta ahora es ¿qué harán el PNV y Urkullu? ¿Esperarán hasta conocer los resultados de Cataluña? ¿Seguirán la hoja de ruta marcada por Mas que supone primero el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, después la consecución del derecho a realizar una consulta y finalmente realizarla cuando se tenga la seguridad, tras un avance en las políticas de nacionalización de la población, de obtener el triunfo de las tesis independentistas? ¿Desarrollarán una política encaminada a recuperar voto nacionalista que merme la expansión de Bildu?

En varias ocasiones Urkullu se ha manifestado partidario de formar un gobierno en minoría para lo que le bastaría con la abstención del PSOE y del PP en la sesión de investidura, garantizada porque sería un suicidio llevar al PNV a las aguas de Bildu. Quizás fuera esa, dadas las circunstancias, la menos mala de las opciones, porque un gobierno en minoría sería un gobierno menos rehén de los representantes de los terroristas. Pero a la vez sería reditar lo que el PNV ha hecho durante casi tres décadas para afianzar e imponer el nacionalismo a la población vasca: sacar beneficios de la agitación que otros hacen del árbol; ya no existe la amenaza de ETA pero sí la de Bildu. Teóricamente, por interés propio, por inviabilidad de un pacto permanente, el PNV va a esquivar el abrazo del oso que pudiera representar tanto el pacto de gobierno con el PSOE como con Bildu. Un pacto con el PSOE colocaría a Bildu en la gran oposición nacionalista que continuaría detrayendo votos y apoyos al PNV; un pacto con Bildu acabaría devorando al PNV.

Sin embargo, ese gobierno en minoría, que sobre el papel parece la salida más lógica, se encuentra condicionado por la situación de España. La debilidad del Estado, el desafío nacionalista, la rebelión territorial del gobierno autonómico catalán, la expansión de las tesis separatistas, la irresoluble crisis económica, la amenaza de la desobediencia institucional, la posible pinza entre CiU y el PNV pueden llevar a Urkullu a caminar aceleradamente hacia ese nuevo “marco” que pide para Euskadi y que indefectiblemente pasa por un nueva tuerca en la imposición del totalitarismo nacionalista que conduzca a la victoria del independentismo en un futuro referéndum.

CATALUÑA NO ES EL PROBLEMA, EL PROBLEMA ES ESPAÑA

Me sorprende sobremanera que ante la tormenta perfecta desatada, una vez más, por el separatismo pocos hayan reparado en la sincronía que históricamente se produce entre los períodos de crisis de la identidad nacional, con la pérdida de la idea y el concepto de España, conjugados casi siempre con la crisis social y económica, con la eclosión de unos nacionalismos decimonónicos que explotan hasta el paroxismo las dialécticas del enemigo como elemento reafirmante de una falacia que de lo contrario contaría con pocos seguidores.

Vivimos en medio de la vorágine de una crisis política, económica e institucional, producto de los errores de la clase política que ha gobernado España en los últimos treinta años. Acción que ha dado nuevos bríos a las tendencias divergentes que durante siglos se han enfrentado a las tendencias convergentes a lo largo de la historia de España. Y lo que la historia nos dice es que la convergencia nos ha llevado a épocas de desarrollo y la divergencia a épocas de conflicto y crisis. A mayor divergencia mayor catástrofe.

Estas tendencias divergentes han estado siempre vinculadas a la defensa del privilegio frente a la comunidad; han sido convenientemente azuzadas por los elementos aristocráticos primero y por los oligárquicos después para cubrir con ello el privilegio o su deseo de control social y político. La última encarnación de esas tendencias divergentes, surgidas bastardamente en el siglo XIX, cubiertas con la idea errónea de la nación liberal, del nacionalismo romántico, han sido los nacionalismos que cobraron importancia a finales del siglo XIX y no antes. Nacionalismos burgueses, conservadores, cuya palabrería sólo servía para ocultar la defensa de los intereses económicos de los grupos privilegiados; pero que supieron extender a las bases populares las bases de los inexistentes agravios como elemento de atracción y como forma eficaz de responsabilizar a otros de los fracasos propios. Bastaría con repasar el apoyo de parte de los sectores industriales catalanes al nacionalismo en el último tercio del XIX para poder así mantener los aranceles y proteger una industria que prefería el mercado cautivo a la modernización. Sin esos apoyos el nacionalismo no hubiera pasado de los anaqueles, los panfletos y los vómitos de los descerebrados de turno; como le hubiera pasado al luteranismo de no haber contado con el apoyo de los príncipes alemanes en su deseo de tener la justificación para dejar de rendir pleitesía al emperador.

Ahora bien, en el caso del nacionalismo=separatismo actual, igualdad que es imposible disociar porque todo nacionalismo es por propia definición separatista, porque aspira a ser nación libre y soberana, es necesario subrayar como hecho determinante su sobredimensión por el abandono del proyecto convergente por parte de quienes aparentemente entienden que la nación es una, independientemente del grado de descentralización de su organización territorial. Es la renuncia progresiva a ese proyecto convergente, que ha brindado a España épocas de prosperidad, la que nos ha conducido a la situación actual. Algo por otra parte lógico, porque al confundir Estado/Nación/Patria, al asentar la idea y el concepto de España en los márgenes conceptuales del liberalismo; al convertir la Patria y la Nación, España, en un contrato que es fruto del voto (patriotismo constitucional); al aceptar que los elementos identitarios de la nación -error común en muchos de los  que se presentan como patriotas o como nacionalistas identitarios- son los conceptos del nacionalismo decimonónico (raza, cultura, religión, lengua, territorio…) y no la idea-concepto de España como unidad de destino e historia; al aceptar y elevar a rango constitucional la idea de que tenemos varias naciones dentro del Estado español y que por tanto esas naciones pueden aspirar a ser estado, en vez de mantener la igualdad España=nación=estado; al integrar en su discurso, a causa de la creación de un engendro denominado Estado de las Autonomías, por su propia evolución, como si fuera un Saturno devorando a sus hijos, las fuerzas divergentes, el resultado no podía ser otro.

En la España actual existen corrientes de opinión que defienden que para salir de la triple crisis que nos acosa (política, económica e institucional) es preciso volver a poner en valor la convergencia frente a la divergencia; poner fin o redefinir en sentido convergente el Estado de las Autonomías; dar al Estado mayor capacidad de actuación poniendo en marcha un proceso de recentralización política y económica; difundir la idea y el concepto de España más allá de una marca económica o un suspiro levantado por unos éxitos deportivos que pueden ser efímeros; redefinir el discurso de los partidos nacionales que reduzcan al nacionalismo a sus dimensiones reales, poniendo fin a la política de cesión que durante treinta años han practicado con igual frescura tanto el PP como el PSOE y, sobre todo, acabar con un discurso en el que sólo existe la divergencia, radical o moderada, absoluta o de componenda del “nada es inamovible y todo se puede mejorar” de la señora Sánchez-Camacho.

La política de la cesión, la política del pacto, la política de la proscripción de la idea-concepto de España, la política del Estado sin fin que es el Estado de las Autonomías, nos ha conducido al callejón sin salida que la burguesía catalana y vasca, conservadora, apoyada por una izquierda que ansía la proscripción de la idea y el concepto de España, ha planteado un órdago a la grande, llevando a España al caos al sumar a la crisis económica la evidencia de que existe una crisis política de difícil solución.

Y ante esta situación, ante las declaraciones cobardes de “territorios libres”, ante la convocatoria de un ilegal referéndum, ante el deseo evidente de que la divergencia forme parte de ese discurso único y políticamente correcto, sólo cabe una respuesta: la firmeza. Por ello estimo que el problema no es Cataluña, o mejor dicho esa minoría secesionista aupada sobre una corriente nacionalista artificialmente creada desde el poder y la cesión por treinta años de propaganda unidireccional, el problema realmente es España, o más concretamente la pérdida en el discurso de la idea y el concepto de España.

Las piezas se han situado cuidadosamente sobre el tablero en una partida en la que por torpe que sea la maniobra del contrario se le dejan los huecos para que pueda llegar al jaque. Y mucho me temo que lo único que hará el gobierno, tal y como ha sucedido en los últimos treinta años, será sacrificar piezas esperando que la partida se alargue hasta la eternidad para mantenerse en el poder a cualquier precio, aunque éste sea el final de España como nación.

Así pues, mientras se reclama la independencia y se saca la gente a la calle, que por mucha que salga solo es una fracción de Cataluña, se piden millones para que el gobierno de la Generalidad no naufrague víctima de su incompetencia; mientras se reclama lo máximo lo que se busca es que se le de un pacto fiscal, y existen voces nacionales, a ambas orillas del espectro político, que lo ven factible como solución de compromiso… Un órdago a la grande para conseguir una nueva cesión y seguir conformando artificialmente la nación soñada.

Frente a ello bastaría con que el gobierno en vez de pensar en términos electorales lo hiciera en términos nacionales para frenar esta escalada, bastaría con recuperar de forma inmediata el delito de convocatoria de referéndum y advertir que se está dispuesto a aplicarlo; bastaría con que el Delegado del Gobierno en Cataluña obligara a poner la bandera de España en los ayuntamientos separatistas; bastaría con que el gobierno de España iniciara el  proceso de disolución de las corporaciones que han declarado sus municipios “territorios libres y soberanos”… pero para ello sería necesario que el gobierno de verdad creyera en España como unidad de destino e historia y no como resultado de lo que dice una constitución que en su desarrollo ha convertido España en un galimatías.

El sanguinario Bolinaga da un nuevo triunfo a ETA.

El sanguinario Bolinaga da un nuevo triunfo a ETA.

Cuando, en la entrevista propagandística perpetrada en la primera cadena de televisión española, escuché a Mariano Rajoy aquello de que “nadie quiere que alguien se muera en la cárcel” -palabras aproximadas- asumí que al Partido Popular le daba absolutamente igual el teórico desgaste electoral que pudiera suponer una nueva pseudonegociación con ETA y que el presidente está dispuesto a ofrecer a la hidra aberzale, como gesto de buena voluntad para que convenza a ETA de que ha llegado la hora de la disolución, la liberación-excarcelación de los terroristas. Por ello, hoy, el asesino de la organización ETA, jaleado por el universo aberzale, héroe indiscutible para la inmensa mayoría de los representantes y votantes de Bildu y Amaiur, Josu Uribetxeberria Bolinaga es un hombre libre; porque el gobierno así lo ha decidido y buscado. Como de costumbre el poder político ha buscado los resquicios de un Código Penal lleno de agujeros pensados para tener siempre una vía de escape, utilizando como fútil excusa exculpatoria la “misericordia humanitaria” de la ley. Un Código y las leyes de régimen penitenciario en los que, por decisión política, se ha obviado algo tan fundamental como que los terroristas deben tener en el mismo un “tratamiento” distinto en el que no caben beneficios penitenciarios.

Con su gesto misericordioso, que pocos entienden y comparten fuera de los ámbitos de poder (esta mañana escuchaba a un pepero irredento en una tertulia explicar que esto debería haberse hecho en silencio, sin tanta algarada, como siempre se ha hecho en una aplicación irritante del “¡todo vale si no produce ruido!” que tanto gusta a los políticos), Mariano Rajoy y quienes han contribuido a la liberación de un asesino han vuelto a matar a sus víctimas. Para ellos, en definitiva son más importantes los verdugos que los familiares de las víctimas a los que solo queda el derecho a la protesta callejera. Pero han hecho algo más, han dado una nueva victoria a ETA y alas para que ahora los presos, desde el último terrorista a Otegui asuman que la victoria es posible. Ellos, los presos, etarras y aberzales, se pusieron en huelga de hambre para conseguir la liberación (dejemos a un lado el eufemismo pelotero de la excarcelación) del asesino y lo han conseguido. La lectura que se hará en el exultante mundo aberzale, el de Bildu y Amaiur, pero también en parte del denominado “nacionalismo civilizado” del PNV, es que este gobierno cede ante la presión.

El presidente del gobierno se ha escudado en las razones humanitarias y pocos han osado realmente llevarle la contra aunque a algunos dirigentes populares les guste jugar a aquello del “poli bueno” y el “poli malo” no sea que algunos electores abran los ojos. Hoy, sin duda, Baisagoiti, ese político con cara de niño repelente, estará contento; pese a sus consignas para mantener la llama que evite que los votantes vascos del PP se queden en su casa ante lo que para ellos comienza a ser una traición, el vasallo de su señor sabe que su única oportunidad es conseguir un pacto con el PNV haciéndose amable para los nacionalistas moderados y ¿qué mejor baza que ofrecer la liberación de quien en las calles es transmutado de asesino sanguinario en héroe? Por el contrario, los españoles de bien, se preguntan: ¿por qué razón un asesino no puede morir en la cárcel? ¿es que tuvo él algún signo de piedad? ¿cómo estarán las familias de los asesinados? ¿en qué quedan las promesas de cadenas perpetuas y de cumplimiento íntegro -falacia que oculta que nunca será total- de las penas? ¿qué sesudo experto demoscópico -probablemente el inefable Arriola- le ha dicho a Mariano eso de que nadie quiere que un asesino muera en la cárcel?

Al español medio, ajeno a los vericuetos de la ley, todo esto le huele a sucia maniobra, a cocina política. No tiene más que abrir los periódicos: un enfermo terminal que hace unos días mejora; médicos que dicen que no existe riesgo de muerte inminente; un Fiscal que se opone a la liberación; informes forenses que dicen que de morirse mañana nada de nada; informes entre los que se escoge el que más conviene; visitas de paripé al asesino. Y hemos oído al presidente de la VCT lamentarse de que el PP les haya engañado después de haber pedido públicamente el voto para esta formación en las últimas elecciones. ¡A veces me sorprende la candidez de algunos! Y hemos visto a la presidenta de la AVT salir amargada de la reunión con un Ministro del Interior que se ha escaqueado a la hora de comprometerse con la ilegalización de Bildu. Un ministro que puede acabar pasando a la historia como Fernández el “liberador”. Y he visto, con profundo dolor, a la hija de uno de los guardias civiles asesinados recordar a voz en grito que con su padre no hubo “humanitarismo” alguno. Y, mientras, los políticos del PP siguen afirmando que siempre estarán con las víctimas.

ETA ha vuelto a ganar y el mundo aberzale está envalentonado. Asumen que la guerra continúa y tienen en la recámara a más de diez terroristas con enfermedades graves sobre los que el gobierno tendrá que decidir. El éxito consistirá en que, como el asesino Bolinaga, salgan a la calle sin mostrar arrepentimiento alguno, aun cuando esta exigencia no pase de ser un mero trámite que nadie se cree y que sólo sirve para que el gobierno de turno lave su conciencia y el Ministro del Interior acabe visitando a su director espiritual.

Guillermo Collarte, diputado y mártir por pasarlas canutas.

Guillermo Collarte, diputado y mártir por pasarlas canutas.

Supongo que soy uno de los pocos españoles que piensan que la mayor parte de los diputados y senadores son, en realidad, unos señores o señoras que saben apretar el botón del Sí, el No o abstenerse al dictado de su jefe de filas. Por más que se empeñen, algunos -supongo que muy pocos- pensamos que la mayor parte de sus señorías no pasan de ser los titulares de unas posaderas especializadas en calentar el escaño, aunque a veces necesiten salir a estirar las piernas y de ahí los espaciosos huecos con que nos obsequian, de vez en cuando, las imágenes de la Cámara.

A tenor de su actividad parlamentaria, 0 iniciativas sobre una media por parlamentario de 36 y 2 intervenciones sobre una media de 20 en lo que llevamos de legislatura -seguramente se está preparando-, uno de esos “calienta escaños” que, eso sí, acumula puestos, supongo que con extra de remuneración (vocal de la Comisión de Fomento, vocal de la Comisión de Seguridad vial, portavoz adjunto de la Comisión de Agricultura), digno discípulo de Catilina al explicar en una de sus dos intervenciones que “la desventaja que tiene intervenir el último es que los argumentos que tenía ya los han utilizado”, por lo que para qué trabajar, ha tenido la ocurrencia o la desfachatez de explicar a los españolitos que las pasa canutas para llegar a final de mes con los 5.100 euros que cobra. Chollos a un lado que al ínclito diputado se le han olvidado.

El autor de tan soberana estupidez, clara muestra de cuál es su sensibilidad social, es uno de los recién llegados a la Cámara, Guillermo Collarte Rodríguez; por más señas diputado por Orense, ahora Ourense, por el Partido Popular. Este Funcionario del Cuerpo Superior Facultativo de la Xunta en excedencia, que según se indica en sus papeles sigue cobrando los trienios, que vive casi de toda la vida en Madrid, ingeniero de caminos y padre de tres hijos, titular de dos pisos y tres coches, con hipoteca como todo el mundo, directivo que debía ganar un pastón por lo que los 5.100 euros de salario como diputado se le quedan cortos, hizo una entrada en política de la mano de Nuñez Feijóo para amerizar como candidato a las pasadas municipales por la citada ciudad gallega. Y todo ello lo hizo, tal y como se encargó de explicar, por “morriña”, para “ser concejal de mi pueblo, y eso no se mide en dinero”. ¡Qué bonito!

En realidad, en los mentideros, Collarte marchaba a Galicia para ser uno de los nuevos hombres de Feijóo y como estaba tan ansioso de ser concejal -donde sólo cobraba por asistir a plenos-, además, acabó de Gerente de Xestur Our S.A, empresa de la que la Xunta es accionista. ¡Qué cosas! Y ya puesto a sacrificarse, una vez hecha la heroicidad siempre adelante, aceptó ser diputado. Diputado de provincias que, naturalmente, pese a tener dos casas en Madrid, donde ha vivido los últimos dieciséis años, cobra religiosamente el suplemento por residir fuera de la capital. Lo que es lógico porque el pobre diputado con sus 5.100 euros de salario, como nos ha explicado, las está pasando canutas. ¡Qué cosas!

Estoy seguro que a Collarte, mentalmente, dado lo que deberían ser sus emolumentos privados, este salario, chollos a un lado, le debe parecer insuficiente. Pero, ya sabía a lo que se exponía cuando decidió ser diputado. ¿O es que creía que al final, chollito por aquí, chollito por allá, cobraría más? Aunque no es menos cierto que su nombre sonaba a cargo hace unos meses -una dirección o una subdirección general- y se ha debido quedar a las puertas por lo que ha continuado con el sacrificio de ser diputado de su provincia. Lo que según la teoría política del señor Collarte tampoco debe tener precio.

Yo que soy así me puedo creer que el ínclito y deslenguado Guillermo Collarte -a más de un pepero le ha salido un sarpullido al leer sus declaraciones-, cuyo pensamiento social no debe bajar del equivalente a los hoteles de muchas estrellas, las pasa canutas; que su declaración de bienes es cierta y no tiene más ingresos. Pero, como sucede en muchos de estos casos, Guillermo está casado en régimen de separación de bienes, por lo que en realidad difícilmente sabemos cuál es su situación económica y si, de verdad, las pasa canutas para llegar a final de mes.

Guillermo Collarte, en la estela de la señora Fabra, no hace más que trasparentar cuál es el pensamiento social de algunos diputados. A mí me recuerdan a aquel personaje pijo de Pedro Ruíz que siempre mentaba lo mal que huele la people. Con 5.100 euros al mes, que en realidad son más (el bruto mínimo es de 5.335,8), las pasan canutas. En este sentido, que el salario mínimo en España esté donde está, que se plantee ya la implantación de los “minijobs”, que se reduzca la nómina a millones de personas que rondan los mil euros… etc, es lo normal, porque el resto de los españoles también tienen que pasarlas canutas. No sólo se va a sacrificar por España el laborioso diputado del Partido Popular Guillermo Collarte. ¡Faltaría más!

Espero que de forma inmediata Guillermo deje de sacrificarse, presente la renuncia a su acta y vuelva a su vida profesional. Probablemente España se lo agradecerá porque lo que no necesitamos son más Collartes en la lista de los mártires y sufridores por el Partido.

Fernández genuflexo ante la política de la traición.

Fernández genuflexo ante la política de la traición.

“¡Ahora se van a enterar!”, pensaban con respecto a los miembros de ETA los crédulos votantes del núcleo duro del PP. “¡En cuanto estemos en el poder ilegalizaremos a todos los partidos de los terroristas!”, creyeron esos mismos votantes. Los miembros de la AVT, las víctimas del terrorismo, que vieron como el PP directa o indirectamente apoyaba sus marchas contra Zapatero, tenían la esperanza de que por fin su voz fuera oída antes de decidir sobre el futuro de los terroristas y que no se mandaran a los estantes del archivo los trescientos asesinatos sin responsables aparentes. Todos aplaudieron cuando Mariano deshojó la margarita y nombró a Jorge Fernández Díaz, hombre de derechas de toda la vida, Ministro del Interior. Pero…

Se engañaban, inexplicablemente, aquellos que pensaban que la política antiterrorista con respecto a los presos de ETA iba a variar. Tanto el PP como el PSOE son partidarios de la reinserción, de que en definitiva, usando la ley, los terroristas acaben saliendo a la calle merced a una legislación penitenciaria que les beneficia.  De ahí que el PSOE se haya lanzado presuroso a apoyar la decisión del gobierno de otorgar el tercer grado al asesino de tres guardias civiles y carcelero de Ortega Lara, Josu Uribetxeberria Bolinaga. Por ello tiene razón Jorge Fernández al mostrarse extrañado ante la protesta por la decisión cuando, siendo Mayor Oreja ministro del Interior de los gobiernos de Aznar, con la misma excusa, se pusieron en libertad a 16 angelicales terroristas sin que los peperos protestaran ardientemente. No es pues el PP el que engaña a sus votantes, son sus votantes los que se autoengañan o se dejan seducir con ese juego tan manido del “poli bueno” y el “poli malo” que han practicado, con buenos réditos electorales, personajes como el citado Mayor Oreja o Esperanza Aguirre.

Habituado a dejar de lado el programa electoral con el que se presentaron a las elecciones, asumiendo que los programas no son un pacto con los electores sino mera publicidad engañosa, el gobierno popular aparentemente dice una cosa y hace otra en materia antiterrorista.

Desde hace décadas sostengo, a la luz de los hechos, que tanto para el PP como para el PSOE, el final del terrorismo pasa por una solución política negociada para unos y más o menos acordada para otros. Tanto unos como otros, aunque con distinto estilo y disposición, han practicado una insensata política de gestos que en teoría deberían convencer a la banda de la bondad del gobierno en el caso de que pongan fin a su existencia. De ahí que el Partido Popular haya abandonado cualquier sueño de ilegalizar Bildu/Amaiur,  aunque amenace con hacer un seguimiento a ambas organizaciones para instar a su posible ilegalización para contentar a su núcleo duro de votantes. De ahí que el Partido Popular haya aceptado como posible punto de acuerdo sobre el futuro de los presos la denominada “vía Nanclares” y busque, como anunció Ruíz Gallardón, salidas individuales a cada caso, tal y como pone de manifiesto la decisión adoptada con respecto al asesino Josu Uribetxeberria Bolinaga. Todo ello, además, condicionado por la convocatoria de elecciones en Vascongadas y la necesidad de hacer al infumable Basagoiti digerible para algún nacionalista moderado.

Al servicio de esa política está el genuflexo Jorge Fernández, quien para justificarse no duda a la hora de mentir. Dejémoslo claro, si Josu Uribetxeberria sale a la calle, porque en aplicación del tercer grado se le da la libertad condicional, es por decisión del gobierno de Mariano Rajoy y no porque la ley obligue a ello. La ley establece una posibilidad y no una obligación. El gobierno ha optado por la concesión y no por la denegación. Jorge Fernández se ha escudado en una falsedad porque sabe que nadie admitiría que a un terrorista se le liberara por razones humanitarias. ¿Qué humanidad tuvo el tal Josu cuando asesinó guardias civiles? Pero es que además tanto el gobierno como Jorge Fernández han pecado de cobardía: temían que el terrorista se les muriera de hambre. Obviando que Josu no estaba dispuesto a morirse de hambre y que cuando llegó la hora de la verdad decidió “priorizar su vida”, según el mismo leo que afirmó.

Está claro que siempre y cuando el jefe, Mariano, se lo diga el Ministro del Interior apoyará la concesión del tercer grado, por una razón o por otra. Aparentemente lo hará porque no le queda más remedio que cumplir con la ley. Pero, si el señor Fernández no fuera un genuflexo convencido podría levantarse y marcharse en nombre de la dignidad al sentir la lógica repugnancia de ser el responsable de la liberación de un asesino. Quizás fuera exigir mucho, porque Jorge Fernández es uno de esos políticos de toda la vida que tendría que empezar una carrera profesional tras décadas en el Parlamento y puede que el sentido de la dignidad no llegue tan lejos.

 

PD.- Ahora resulta que el tal Josu, quien según el ministro tenía una “enfermedad muy grave con padecimientos incurables”, dista de estar terminal y puede ser tratado en la cárcel.

 

El nuevo enemigo del Ministro: la libertad de expresión.

Cuando yo, por sentido del deber, hice la mili -historias que aún podemos contar algunos millones de españoles-, frisando el inicio de los años noventa, en las maniobras se tenía un enemigo. Por el lugar de las mismas el supuesto táctico, dentro del marco europeo, contemplaba como tal una hipotética acción de los ejércitos del Pacto de Varsovia encabezados por la URSS. ¡Casi nada! Me viene a la memoria aquella situación al leer que el actual Ministro de Defensa -peaje pagado de Mariano- ha decidido dar una vuelta de tuerca restrictiva a la ya de por sí cercenada libertad de expresión de los militares. Dado que ahora no podemos tener enemigos, porque me parece que el Ministerio no tiene ni para hacer supuestos tácticos, parece que el señor Morenés ha encontrado un nuevo enemigo: los correos electrónicos, los blogs, Facebook y otras armas de destrucción masiva.

Recuerdo que durante la transición, además de aquello del “ruido de sables”, al ejército se le denominó el “gran mudo”, cuando debido a la tan alabada como nefasta labor de un sacralizado Manuel Gutiérrez Mellado debió de llamársele el “gran amordazado”.  Durante dos décadas cada opinión vertida por un militar, que naturalmente no gustara al gobierno de turno, aun cuando fuera sobre cuestiones meramente profesionales, se pagaba con arrestos. Era la plasmación de la gran contradicción que supone por un lado considerar la libertad de expresión como un absoluto y por otro limitar/eliminar este derecho para determinados grupos, fundamentalmente los militares.

La eliminación de la libertad de expresión para los militares se justificaba porque en la necesidad de tener enemigos, en los inicios de la Transición, la izquierda consideró a los mandos militares como el principal enemigo de la libertad y al centro-derecha le gustó jugar con la amenaza golpista para autoprotegerse. Es evidente que, como en otras muchas profesiones, debido a su naturaleza, la libertad de expresión para los militares no es un absoluto. Al igual que un médico o un abogado no pueden hablar sobre determinadas cuestiones, los militares no pueden hacerlo; pero esta autolimitación poco tiene que ver con la mordaza que todos los gobiernos prefieren aplicar sobre ellos. En el fondo porque lo que a todo gobierno gustaría sería censurar a cualquiera que le llevara la contra.

Tengo para mí que, por debajo de toda la hojarasca publicitaria, el silencio impuesto por sanción a los militares tenía como objetivo evitar que aflorare la crítica al nuevo modelo de Fuerzas Armadas, pergeñado por el equipo de Manuel Gutiérrez Mellado, y a la transformación de las mismas en un ejército profesional cuya realidad poco tiene que ver con lo anunciado. Muy pocas han sido las voces, todas ellas de un modo u otro perseguidas, que se han levantado en las dos últimas décadas para denunciar la situación real de nuestras Fuerzas Armadas, el desmantelamiento de unidades vitales, las deficiencias logísticas y las limitaciones operativas que no cubren las necesidades objetivas de nuestra defensa nacional. Situación a la que han contribuido la mayor parte de los nefastos ministros que han ocupado esta cartera como las cúpulas militares que cada uno se ha fabricado para que actuaran como silenciosos palmeros.

Llegados a este punto, cuando el gobierno actual parece dispuesto, amparándose en la necesidad de acometer recortes, a poner en marcha un proceso que limite el ejército español a unas pocas unidades operativas, reduciendo el número de efectivos y enviando los aparatos al almacén, se necesita más que nunca el silencio de los militares.  De ahí que el gobierno haya optado, enfundado en esas reformas propagandísticas que de poco sirven pero que a menudo se exhiben a modo de inventario de la gran actividad gubernativa, por ampliar la mordaza con un nuevo “régimen disciplinado de las FAS”.

Ciertamente, hasta ahora, a los militares, como a otros grupos, les estaba prohibido realizar manifestaciones políticas de carácter partidista, pero ello no implica que un militar no pueda dar su opinión con respecto a cuestiones concretas o sobre temas que son consustanciales con su profesión.  ¿En base a qué se podría imponer una sanción a un militar por mostrarse a favor de la unidad de España, por protestar ante las injurias a los símbolos nacionales o  por denunciar la vulneración de la propia Constitución cuando constitucionalmente tiene la misión de ser garante de ambas? ¿Cómo se podría sancionar a un militar por denunciar en público o por conducto reglamentario o por comentarlo con otros compañeros el estado de abandono y la falta de medios de su unidad? ¿Es que no es competencia y responsabilidad suya el mantenimiento de su unidad en condiciones de operatividad? ¿Por qué un militar no puede decir que el Ministro es un perfecto inútil cuándo todos podemos calificar de inútiles a nuestros ilustrados ministros?

Tenemos, según se nos dice reiteradamente, un ejército altamente profesionalizado donde lo fundamental es su competencia técnica. Y ante este modelo, alejado de mitos e inventos involucionistas, ¿cómo se puede elaborar un proyecto de nuevo régimen disciplinario para las FAS de carácter retrógrado y cercenador de la libertad individual? Si las filtraciones son ciertas, y no me cabe duda que lo son por el origen de las mismas, lo que el actual Ministro pretende es acabar con la libertad individual de los militares, pues será merecedora de sanción cualquier opinión que no se ajuste a la disciplina en las redes sociales, en blogs, etc… e incluso en los correos electrónicos enviados. Lo que a mi juicio no sólo es, en algunos casos, una intolerable intromisión en la intimidad sino que además tal disposición pudiera llegar a ser considerada como constitutiva de un delito gravísimo en cualquier régimen de libertades.

Lo que más me asombra es que ante tamaño dislate guarden silencio sepulcral las vestales de la libertad.

 

Mamandurrias en Facebook.

Mamandurrias en  Facebook.

¡Qué maravillosa es esa cosa llamada red! Tengo un número amplio de amigos en ese artilugio que llaman Facebook. Es imposible leer lo que cada uno acaba colgando en el muro, pero una vista rápida permite ver el grado de irritabilidad que padecemos los españoles. Aparecen noticias sobre los reyes de la tijera, los amos del recorte que en cualquier país, ajeno a la tradicional picaresca española, equivaldría a la inmediata dimisión del responsable de ser cierta la denuncia.

Hoy, día de Santiago, patrón de España, me he decidido a realizar un recopilatorio de esos que acabarían indignando al más sereno y poniendo contra las cuerdas a más de un irredento defensor de nuestro actual gobierno. Es el rastro de las mamandurrias que, viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, afirma para la galería una destacada dirigente popular -la Esperanza del PP, el recambio de Mariano- que es necesario quitar. Resumo a la vez que transcribo y comento:

-El Ministro de los recortes (por Cristóbal Montoro) tiene tres pisos en Madrid pero cobra 1800 euros por alojamiento. ¡Increíble, no es posible! Un dirigente del PP haciendo estas cosas, seguro que es una desprestigiadora maniobra socialista que diría Andrea Fabra. ¿Y si fuera verdad?

- E-mail que están mandando a los diputados: “¿Le importaría explicar por qué usted y 61 diputados más cobran un plus por alojamiento y manutención teniendo casa en Madrid?”. ¡Qué falta de consideración! Otra maniobra de no se sabe quién para desprestigiar a la clase política, porque entre ellos se dice que hay del PSOE y del PP. Consenso en la materia, que se diría.

-El alcalde de Valdemoro, del PP, sube casi el 50% el sueldo a su personal de confianza. ¡No, imposible! Pero sí estamos en plena política de recortes en las administraciones locales. Estos socialistas es que no paran de inventar.

-El Ministro Fernández Díaz (el de Interior) cobra 1.800 euros al mes para gastos de alojamiento, pese a vivir en la sede de interior. Indudablemente, otra maniobra socialista que diría Andrea Fabra para criminalizar al PP, para hundir a un sacrificado diputado.

-Telefónica suspende temporalmente el reparto de dividendos. Normal, ¿de dónde van a salir los 4.5 millones de euros que se tendrán que pagar a Iñaki cuando le echen?

- Un síntoma: “¿Por qué está tan contenta la izquierda con la situación actual de España? Fácil, entre Zapatero y Rajoy le han devuelto a los españoles lo que Franco les había quitado… ¡¡¡El hambre!!!”. Mecachis con los franquistas irredentos.

-El gobierno de Melilla, naturalmente del PP, subvencionará la mitad de las consumiciones en tapas y bebidas para promocionar el turismo, por un total de 80.000 Euros. ¿De qué se quejan los que lo critican? Es para dar de comer.

-Esperanza Aguirre, la de las mamandurrias, deja sin vacuna contra  la meningitis a 76.000 niños. Bueno, pero ha pedido ayuda primero a los ciudadanos que tienen que sacrificarse para no tener corralito.

Y así podríamos seguir y seguir. Pero, ¿con esta pandilla cómo quieren que confíen en nosotros?