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Seguir manteniendo, cuando tenemos prácticamente seis millones de parados, que la reforma laboral -necesaria reforma estructural para salir de la crisis nos dijeron- ha sido un acierto no deja de tener una gracia siniestra. Cierto es que el gobierno se curó en salud advirtiendo que en 2012 el paro crecería -así ha sido!, para que luego digan que el gobierno no calcula bien- en unas seiscientas mil personas, pero que 2013 sería el año en el que merced a la reforma se crearía empleo. El gobierno y sus acólitos mediáticos afirman ahora, ante la realidad de los datos, que los efectos positivos se retrasarán hasta el último trimestre de este año, pero los analistas menos partidistas ven difícil que esto suceda antes del 2014.

Frente a la realidad de los números el argumentario de los populares -ese que envían a todos sus dirigentes y amigos de la prensa- se ha convertido en un indescifrable galimatías entre el “digo” y el “dije” aireado con cara de pristina inocencia por la inefable Fátima Bañez. Como la reforma laboral, por más que se empeñen, no ha creado empleo ahora nos dicen que su éxito radica en que la destrucción de puestos de trabajo, merced a la flexibilidad introducida, no ha alcanzado cifras mayores salvándose muchas empresas del cierre. Es posible en algunos casos pero puestos a decir tonterías no podemos dejar de lado las declaraciones de Javier Arenas, exministro de Trabajo, explicándonos que desde que tenemos esta reforma “somos más europeos”.

El gobierno, en especial sus titulares económicos, enfrascado en la búsqueda de “brotes verdes”, como si el optimismo zapaterista aún pululara por los salones de la Moncloa, nos dice que la reforma está consiguiendo la “desaceleración” -otro eufemismo idiota- en la destrucción de empleo. Lo que puede afirmar porque nadie recuerda algo tan simple como que al tener una cifra tan alta de desempleados la destrucción es cada vez menor.

La realidad que no se quiere ver es que el problema económico de España no es la rigidez de su sistema laboral, ni la solución está en liberalizarlo aún más. Son muchos los países de Europa con sistemas teóricamente menos rígidos por con coberturas y prestaciones mayores que las que reciben los trabajadores españoles, y éstas también son costes salariales. El problema estructural español es de sistema productivo. Y como el gobierno es incapaz de entrar en este vital apartado prefiere especular con los beneficios derivados de un empleo más barato y con unos trabajadores con menos prestaciones.

Cualquier estudiante de económicas sabe que es imposible generar empleo con previsiones de crecimiento negativo o sobre el cero y las previsiones para 2013 se mueven en esos parámetros. Para crear empleo de verdad la economía española tiene que crecer a un ritmo superior al 1.5% y de momento es difícil que esto suceda en 2014. Ahora bien, si no se ponen hoy las bases de un nuevo modelo productivo nuestras tasas de paro continuaran enquistadas en niveles altísimos.

Mientras, la realidad es que la reforma laboral está sirviendo para que las grandes empresas reduzcan costes salariales y cambien trabajadores caros por otros más baratos. No es necesario citar nombres porque están ahí. Casos como el de un gran grupo que ha rebajado el sueldo a sus trabajadores en porcentajes importantes para evitar despidos pero que, al mismo tiempo, ha invertido 65 millones de euros en la compra de otro grupo. Asustaría e indignaría poner en negro sobre blanco los nombres de estos grupos que amparándose en pérdidas irreales -reducción de beneficios sobre lo que tenían previsto- han aprovechado la reforma del gobierno para reducir costes salariales… Así las alabadas medidas de flexibilidad acaban sirviendo para cambiar unos empleados por otros más baratos.

Y lo mejor es que tras las cifras, con una tasa de paro del 26.2%, el gobierno ha elaborado como complemento un Plan Anual de Empleo,  anuncia una Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven (no está mal que se lo plantee con un paro juvenil del 60%) y de paso busca transferir a las agencias de empleo privadas -a tanto por ciento de comisión por el trabajador colocado- el servicio que debiera hacer ese registro de parados llamado INEM. Así, aunque lamentablemente las cifras sigan diciendo que vamos mal, el gobierno y su mariachi mediático podrán seguir diciendo que nunca en tan poco tiempo han hecho tantas cosas.

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