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               Alicia y el cuento de la lechera

Se equivoca, una vez más, el Partido Popular si piensa que es posible dejar en nada, en meras palabras sin “ningún tipo de validez jurídica, como estima Mariano Rajoy para  poder practicar así el tancredismo que le caracteriza, el proceso secesionista que abre la denominada “declaración de soberanía”, entregando al nacionalismo más competencias económicas; haciendo posible, como contrapartida al abandono de la ilegal convocatoria de una consulta independentista, sin utilizar tal nombre, el pacto o concierto fiscal que forma parte del núcleo duro de la hoja de ruta nacionalista para alcanzar la independencia de forma progresiva.

Pensar, a estas alturas, que el nacionalismo, cuyo objetivo último no es otro que la independencia, va a conformarse con un nuevo modelo de financiación que complete el marco creado por el Nuevo Estatuto, aceptando una variación sensible en el actual Estado de las Autonomías para crear un modelo asimétrico donde las “nacionalidades históricas” tengan prácticamente una relación de bilateralidad con el Estado, es tratar de eternizar una constante vuelta a empezar cada vez que se cierra un nuevo programa de cesiones tras las escalada secesionista primigenia.

Fracasada la presión que sobre CiU han ejercido las oportunas revelaciones sobre la increíble fortuna de sonoros apellidos nacionalistas, los escándalos de corrupción en Cataluña, incluyendo la inasumible salida de rositas de Unió tras confesar -¡no les quedaba otro remedio!- que el partido se financiaba ilegalmente, en vez de proceder jurídicamente, al amparo de la legalidad vigente, contra el presidente de la Generalidad lo que el PP, a través de Alicia Sánchez Camacho, está poniendo sobre la mesa es su oferta de financiación especial para Cataluña, aunque en el camino quede la igualdad de los españoles y el principio de solidaridad nacional.

Conviene no engañarse. No es que el PP se haya sacado un conejo de la chistera o que Alicia Sánchez Camacho  haya cambiado. De hecho, durante la campaña autonómica, la dirigente popular practicó un doble lenguaje y por debajo de la pirotecnia patriótico-constitucional defendía que no todas las autonomías tenían por qué ser iguales, por lo que se podría debatir sobre la viabilidad de un modelo especial de financiación para Cataluña.

El proyecto del PP catalán, asumido por lo visto por el PP nacional, pasa por alcanzar el “pacto fiscal” sin que se llame así. Básicamente lo que la señora Sánchez Camacho pide es que el Estado ceda nuevos impuestos a la Generalidad, una administración compartida entre las agencias tributarias estatal y catalana y un cambio en el sistema de aportaciones de tal modo que al final no sólo Cataluña aporte menos a las arcas del Estado sino que al incrementar su financiación reducirá lo percibido por las demás autonomías.

Con esta táctica el PP busca atraerse a Unió -suspirando está el gobierno por una ruptura imposible-, hacer caja electoral en el nacionalismo burgués conservador, dar argumentos a lobby económico catalán -el principal escollo para Arturo Mas- y, de paso, ampliar su base electoral entre los votantes descontentos de CiU. El problema es que, probablemente, Sánchez Camacho desconozca el valor de fábula del cuento de la lechera.

De lo que la señora Sánchez Camacho debería tomar nota y dejarse de veleidades es del crecimiento continuo del grupo Ciudadanos que con una postura firme se sitúa frente a todo aquello que produzca diferencias y desigualdades entre los españoles. De lo que la señora Sánchez Camacho debiera ser consciente es que son ya multitud los españoles que están hartos de pagar y poner la cama para que otros la disfruten.

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Autor: luis

En la diana señor Torres

Fecha: 29/01/2013 22:27.


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