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La definición del régimen de Franco: polémica, debate, trasfondo y realidad.

La definición del régimen de Franco: polémica, debate, trasfondo y realidad.

No parece que cese, transcurrida una semana desde que se desatara, desde medios de izquierda autodefinidos como antifranquistas, que, en muchos casos, hacen del antifranquismo retrospectivo un elemento esencial de su corpus ideológico, un interesado e interesante debate sobre la definición del régimen de Francisco Franco iniciado a raíz de la noticia de que, el prestigioso historiador, Luís Suárez Fernández, en la entrada biográfica de Francisco Franco en el Diccionario Biográfico Español, obra de la Real Academia de la Historia, defina dicho sistema como régimen autoritario y no totalitario, en vez de recurrir al usual calificativo de dictadura.

El profesor Suárez Fernández, como ha explicado reiteradamente en estos días, ha utilizado una definición científica para rotular un régimen político que calificado como dictadura, desde un punto de vista meramente conceptual y sin mayor definición, hubiera reflejado, a la larga y no coyunturalmente, una pobreza intelectual que no estaría acorde ni con la pretensión de la obra, ni con el prestigio del autor, ni con la naturaleza de la institución que la ha impulsado.

La izquierda antifranquista, tanto política como mediática, que también ha hecho de la mal llamada “memoria histórica”, que en muchos de sus aspectos es una simple falsificación histórica cuyo objetivo es, siguiendo las pautas del irracionalismo, dotar de un universo mitológico atractivo a una izquierda que ha perdido sus mitos, como no podía ser de otro modo, se ha movilizado para pedir, por más justificaciones que se busquen, la aplicación de la censura y la retirada de ésta y otras biografías que, simplemente no cuadran con su universo mitológico. A ello se han sumado quienes, por cobardía moral ante la posibilidad cierta de que también les acusaran por ello de franquismo, no han tenido el valor de salir en defensa de la libertad. De ahí la errática toma de postura de algunos medios de comunicación adscritos al centro-derecha, simbolizados en el contenidos de los editoriales y artículos de opinión del diario EL MUNDO que, en uno de sus editoriales ha acabado abogando, disfrazándolo de rectificación, por la aplicación de la censura. Y, ante la falta de respuesta, tanto desde los medios conservadores como desde el mundo científico, el PSOE ha acabado pidiendo la retirada inmediata de la obra y la creación de una Comisión que corrija lo que los hombres de Rubalcaba denominan “imprecisiones e incorrecciones históricas” o lo que es lo mismo el sometimiento de la historia a la versión de la izquierda merced a la creación de un auténtico comisariado político.

Arquetípico de la posición intermedia en el debate es el largo artículo publicado en la Tribuna del diario EL MUNDO por el catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de dicho diario, Jorge de Esteban. Mal empieza y mal acaba cuando, como casi todos, desacredita la idoneidad del catedrático Luís Suárez Fernández acusándole de subjetividad y cierra, como argumento de su defensa de la calificación de dictadura, recordando, como aval la represión contra la oposición ejemplificada en que se “decretaron varias penas de muerte poco ante de morir Franco. Digo mal acaba, porque este recurso, por otra parte muy habitual, es una distorsión de la realidad utilizada por su efectismo. Se refiere el catedrático de Derecho Constitucional a las sentencias ejecutadas de varios terroristas no por oponerse a Franco sino por cometer actos de terrorismo, que hoy parece que se entienden, por algunos, como justificables.

Afirma Jorge de Esteban que dada la proximidad del personaje, como sucede en otros casos en el Diccionario, la objetividad es difícil y que debiera haberse buscado, especialmente en este caso, otro autor ya que el profesor Suárez Fernández está descalificado, pese a su obra, por su “simpatía hacia el personaje al que conoció personalmente y al que le unen demasiados vínculos afectivos”. Es posible que tenga razón, pero la misma razón en sentido contrario podría esgrimirse para vetar al 99% de los historiadores que muestran un indisimulado antifranquismo que en sentido inverso, debido a la antipatía que les suscita el personaje, se dejan llevar por la animosidad.

Dejando a un lado las disquisiciones sobre la idoneidad del autor y del problema subjetividad que él mismo plantea en la mitad de su artículo, entremos, como él hace, en el debate sobre el calificativo. Afirma que la definición de “régimen autoritario, pero no totalitario, no se acomoda con la realidad de los hechos”, siendo partidario de utilizar el término dictadura; es más, que el régimen de Franco “es un ejemplo paradigmático de dictadura” y para ello se vale de una explicación desenfocada -entiendo que un tanto superficial por razón de espacio- de la evolución institucional del régimen a través de la revisión de las denominadas Leyes Fundamentales, lo que vendría a ser la Constitución abierta del régimen franquista. Análisis ponderado que se quiebra para convertirse en especulativo al final de su artículo.

En mi modesta opinión el profesor Jorge de Esteban lo que ha hecho es una suerte de florilegio tratando de dar entidad a lo que no pasa de ser la visión simplista y de manual sintético de Franco y su régimen: una dictadura con una serie de leyes sin otro valor ni entidad que su mera existencia; leyes inaplicadas destinadas a dar un barniz propagandístico y una aparente legitimidad institucional a lo que no era más que la cubierta del deseo y la ambición del general Franco de mantenerse y ejercer el poder. Visión simplista a la que, evidentemente, la definición que mejor cuadra es la de dictadura personalista. No siendo, en ningún caso, posible definirlo como régimen autoritario o totalitario.

Recordemos, porque a veces se olvida con suma facilidad, que estamos ante un debate científico o que, al menos, debería haberse sostenido dentro de esos márgenes, que se ha transformado, por impulso de la izquierda política y mediática, en debate ideológico y político. A veces se olvida que para la inmensa mayoría de los ciudadanos dictadura y autoritario vienen a ser lo mismo; y aunque el término totalitario es menos usual, una rápida encuesta probablemente nos dijese que en la práctica es una voz sinónima. ¿Por qué entonces sacar el debate del área de lo científico como se está haciendo?

Creo que por que a todos conviene. No es que, como se ha dicho y escrito, la utilización de la definición del régimen de Franco como autoritario y no totalitario le haga mejor o peor, ni que con ello se buque blanquear la figura de Francisco Franco, como interpretaba, también en el diario EL MUNDO, que en su haber debe incluirse el facilitar a los lectores el acceso a todas las opiniones, el dibujante Ricardo, es, sencillamente que con el término dictadura se busca ocultar o aminorar la importancia de dos realidades fundamentales: primera, que el régimen de Franco contó con un importante y amplio apoyo social y popular, entre otras razones porque era producto de una rebelión que, más allá del golpe fracasado, fue cívico-militar; segunda, que el régimen de Franco es la resultante de una coalición político-social que equivale a lo que sería en la actualidad el centro-derecha español, con participación entusiasta de lo que se conocen como “los catalanes de Franco” y los aún no estudiados “vascos de Franco”. Realidades que hoy, naturalmente, conviene proscribir porque configuran una realidad muy distante a la imagen simplista de dictadura personalista y opresiva que se quiere transmitir.

Volvamos al artículo del profesor Jorge de Esteban. Decir que el régimen de Franco fue una dictadura, aferrándose al término sólo y en razón de la carga negativa y pervertidora de la realidad antes apuntada, es decir muy poco. Argumentar la validez del término en función de un análisis desenfocado de las Leyes Fundamentales, indicando que en realidad la “auténtica Norma Fundamental fueron las leyes de 1938 y 1939”, que fundaron una dictadura, es contemplar sólo una parte de la realidad.

Nadie niega que el régimen del general Francisco Franco comenzara siendo una dictadura personal. No podía ser de otro modo. Los generales sublevados, en función de las circulares del general Mola, tenían previsto instaurar una “dictadura militar” que entraría dentro de los parámetros de lo que sería -forzando la interpretación- una dictadura comisoria por mandato autoasumido (la dictadura del general Primo de Rivera es una dictadura de este tipo). Por fuerza, como el profesor Jorge de Esteban no ignora, una situación revolucionaria que derriba o carece de aparato jurídico-institucional deriva siempre en una concentración de poderes más o menos temporal, en una dictadura. En qué radica la “originalidad” o la “diferenciación” del franquismo: en la progresiva autolimitación de esos poderes, bien sea en la praxis o en el orden jurídico-institucional. Tanto en la práctica como en la evolución del régimen esa es una realidad difícilmente prescindible. El profesor Jorge de Esteban, para sostener su tesis, estima que la única intención de Franco al hacer eso, la autolimitación del poder, era “tener todos los poderes -entiendo que por ambición de poder- y durar en su cargo de forma vitalicia”. Es posible pero no probable y en todo caso es una interpretación más especulativa que objetiva.

Si el profesor Jorge de Esteban, además de analizar las Leyes Fundamentales, reparara en el planteamiento del propio Franco creo que matizaría su apreciación. El historiador, que debe rehuir el planteamiento especulativo para escapar, dentro de lo posible, a la subjetividad propia o ambiental, no puede obviar, y mucho menos en el caso de la existencia de un poder personal última instancia de las decisiones fundamentales, lo que el protagonista presenta como su proyecto político para valorar si después obra en coherencia con el mismo. Curiosamente las líneas maestra de sus objetivos y actuación subsiguiente las plantea Francisco Franco, pese a que sean numerosos los historiadores que lo minusvaloren, entre 1937 y 1938. El general Franco afirma que su objetivo es crear un “régimen autoritario de integración nacional”, bajo los principios de autoridad y jerarquía, que asume como función primordial la “ingente tarea de reconstrucción espiritual y material” y que en el futuro, cuando esté concluida la obra, será el pueblo el que decida si vuelve a la monarquía, y eso lo hace cuando calificarse como dictador no tenía ninguna carga peyorativa o negativa.

Se equivoca, como se equivocan muchos autores, el profesor Jorge de Estebada no en el análisis del conjunto de las Leyes Fundamentales, cuyo horizonte en el pensamiento de Franco, su razón de ser, no era poner fin a su magistratura vitalicia, aun cuando se aferrara, casi siempre, al estricto cumplimiento de las mismas una vez promulgadas, sino ser la base del régimen que dejaría a un heredero con poderes más limitados: el actual rey. Un rey cuya legitimidad de origen está en Franco y en la sublevación de julio de 1936, sin ambos no existiría la monarquía.  

Para el profesor Jorge de Esteban estas leyes son fruto de la necesidad de Franco de acomodarse a las circunstancias políticas exteriores e interiores. Interpretación que no se ajusta a la realidad global, pero muy eficaz a la hora de mantener la ficticia imagen del dictador que lo hace todo, lo controla todo y lo dicta todo. La realidad es que todas esas leyes fueron fruto de un largo y enconado debate político entre las diversas fuerzas políticas que convivieron en el régimen de Franco. Un debate fundamental que los historiadores prefieren reflejar en un segundo plano: el de la institucionalización del régimen (incluyendo a los que no querían que se institucionalizase y fuera una simple dictadura más o menos transitoria). En este proceso es Franco quien toma la decisión final y resulta que ésta estuvo siempre condicionada por su decisión de sacrificar la celeridad, que dados sus poderes fundacionales era prescindible, al consenso. De ahí que escogiera el modelo de Constitución abierta.

No repara el profesor Jorge de Esteban en un hecho clave, las leyes de 1938 y 1939, incluyendo el fundamental Decreto de Unificación de 1937, que olvida, son resultado de la pretensión totalitaria de Ramón Serrano Suñer. Construcción totalitaria que el propio Franco acaba desechando y que abre un proceso de institucionalización distinto. Olvida el profesor Jorge de Esteban que, además del debate, que existió y muy fuerte, entre cada Ley Fundamental, aparecen una serie larga de leyes que van construyendo el aparato institucional del régimen. No son las Leyes Fundamentales, como parece inferirse del artículo, entes aislados que aparecen en función de las circunstancias, son colofón de esos procesos. Y es, en el periodo 1937-1942, en las leyes y decretos que son responsabilidad última absoluta de Franco, en el que se desecha la vía totalitaria, siendo el colofón la Ley de Cortes de 1942. Todo ello sucede en simultaneidad al debate sucesivo sobre dos proyectos constitucionales completos, convertidos en algo así como el uno contra todos, diseñados por Ramón Serrano Suñer y por Eduardo Aunós.

¿Qué sucede a partir de aquí, de la proscripción de la vía totalitaria? Pues lo que el profesor Fernández Carvajal denominó la aparición de una “dictadura constituyente”, que busca crear un aparato institucional propio con un horizonte de permanencia, como régimen político estable, más allá del propio Franco. Un régimen que en ese proceso asume como objetivo el desarrollo económico y social, de ahí la definición de “dictadura de desarrollo”, uno de cuyos efectos es la aparición de esa “clase media como nunca había existido en España” que cita el profesor Jorge de Esteban, pero que no aparece, como podría inferirse de su escrito, como un ectoplasma a pesar del régimen sino que es impulsada por éste.

La resultante de ese proceso es la aparición del “régimen autoritario de pluralismo limitado” definido por le politólogo Juan Linz, que es lo que inicialmente se proponía el propio Franco y, probablemente, la definición descriptiva más ajustada a lo que fue el régimen. Una definición con tanta validez científica como otras y que no implica un juicio moral sobre el mismo. Lo contrario es la interpretación especulativa que conlleva la subjetividad ideológica del antifranquismo retrospectivo que tantos lleva dentro y que aflora cuando surgen este tipo de debates.

 

Nota: Este artículo aparece en

http://www.diarioya.es/content/la-definición-del-régimen-de-franco-polémica-debate-trasfondo-y-realidad

http://bitacorapi.blogia.com/2011/060801-la-definicion-del-regimen-de-franco-polemica-debate-trasfondo-y-realidad..php

En torno al régimen de Franco: Censura histórica y analfabetismo intelectual.

En torno al régimen de Franco: Censura histórica y analfabetismo intelectual.

Por más que lo he intentado, de ahí mi tardanza en comentarlo, no he podido acceder al texto completo que el profesor Luis Suárez Fernández ha realizado para la entrada biográfica de Francisco Franco incluida en el diccionario biográfico preparado por la Real Academia de la Historia. Lo que en principio no debiera haber sobrepasado los márgenes del debate académico, merced a la presión de la pinza izquierdista que forman Izquierda Unida y el diario Público, a la que se han sumado, con desigual intensidad, la mayor parte de los medios, hasta con mensajes contradictorios de un día para otro, como es el caso del diario El Mundo, se ha transformado casi en un problema nacional.

Todo ese conglomerado mediático-político lo que ha propuesto, enmascarado en los más diversos florilegios, sencillamente es la aplicación de la censura buscando la retirada del artículo, desatando una auténtica caza de brujas a la que se han sumado los rencores de algunos historiadores que no perdonan a Suárez Fernández su gran obra, en varios tomos, revisada en tres ocasiones, y que está editada en Actas, sobre ese periodo de la historia de España, o su gran tomo biográfico sobre Franco y su más reciente Franco y la Iglesia, que ofrece una visión distinta y distante a la visión oficialista sobre el régimen de Francisco Franco. Visión que, por cierto, aún juzga insuficiente la pléyade de vividores de la memoria histórica. De ahí que hayan tratado de minusvalorar su obra diciendo que es un medievalista o patrono de la Fundación Francisco Franco aprovechando que la mayor parte del público desconoce el peso intelectual de Suárez Fernández.

Todos conocemos cuál es el supremo argumento de estos censores: que Luis Suárez Fernández ha calificado el régimen de Franco como autoritario y no totalitario. Se puede entender que los ilectos y la izquierda española hayan saltado hechos una fiera ante tamaño desafío. Ahora bien, que nadie, desde un punto de vista intelectual, haya subrayado algo tan evidente como que estamos ante un debate conceptual sobre la calificación de un régimen político, parece increíble.

Cualquier lector medio de historia, de filosofía política y de historia de las ideas, sabe perfectamente que dictadura es un término con muy escasa precisión a la hora de identificar un régimen político complejo, con un aparato institucional amplio, como era el de Francisco Franco. En esa línea de debate cualquiera sabe que dictadura, totalitarismo y autoritarismo son tres conceptos distintos que, al concretarse en un régimen político concreto, tienen características diferentes. Por eso, más allá del término dictadura, la definición exacta del régimen de Franco es la de autoritario. El profesor Suárez Fernández lo que ha hecho es definir desde el rigor intelectual, lo que los demás hacen es poner de manifiesto su amplio analfabetismo intelectual o la ceguera de vivir todavía pendientes de un antifranquismo retrospectivo.

Otros, sin embargo, que no pueden adscribirse a la izquierda que brama contra Suárez Fernández, prefieren el término dictadura para borrar dos cosas fundamentales: primera, el amplio apoyo social que obtuvo el régimen de Franco; segunda, obviar que el régimen de Franco se sostenía sobre una coalición político-social equivalente al centro y la derecha española actual, y que la lentitud en la institucionalización se derivó del deseo de Franco de conseguir un consenso entre los diversos grupos. Pero esto último es mejor no mentarlo.

Las lágrimas contenidas de Carmen Chacón o la victoria del aparato.

Las lágrimas contenidas de Carmen Chacón o la victoria del aparato.

A buen seguro que algunos de mis lectores se rasgarán las vestiduras si escribo que, a pesar de los pesares, Camen Chacón me cae bien. Ya sabemos que en determinados ámbitos se la califica de “antiespañola” de “separatista encubierta” y de “antimilitarista”. Todos hemos leído lo del chalecito en no sé que parte del mundo y valorado en no se cuántos millones. Quedan para las hemerotecas y los archivos sonoros los comentarios de clara raíz misógina porque compareció de éste o aquel modo o porque revistara las tropas embarazada. A mí siempre me pareció que cumplía con su obligación como Ministra de Defensa. Pero muchos prefieren el chiste fácil, un tanto tabernario, al razonamiento profundo.

He oído el discurso de “despedida” de Carmen Chacón. Si yo fuera socialista diría que en ese discurso estaba el futuro del PSOE. He percibido algunos cambios en sus formas y es que el paso por el poder y por Madrid, junto con la evolución política de Cataluña y la debacle primera del socialismo catalán, le ha afectado: Chacón ha pasado de ser la socialista pacifista y, teóricamente, antimilitarista a ser una Ministra belicista. Es la titular de la cartera  que más efectivos ha tenido desplegados en el extranjero desde los lejanos tiempos de Ramón Serrano Suñer. Cierto es –y no me gusta el resultado- que Chacón ha procurado hacer compatible su “pacifismo” y “antimilitarismo” con el cargo releyendo el papel del ejército en un país moderno. No es este el espacio adecuado para comentar los aciertos y desaciertos de Chacón en Defensa, ni para anotarle en su cuenta el haber destrozado uno de los mejores museos militares del mundo, trocándolo en una burda manipulación de la historia merced a una hábil maniobra de ocultamiento. No estamos comentando esto.

Chacón, ingenua ella, creía que el espejismo, el segundo tras el fiasco de Borrell, de las primarias, muestra palpable de la existencia de la democracia interna en los partidos, era una realidad. Es posible que se mirara en el espejo de Tomás Gómez y se viera, dado su ardoroso belicismo, enfrentándose al aparato del partido; pero no debería haberse olvidado de lo que sucedió en Valencia cuando el aparato decidió mostrar hasta dónde llega su poder. Carmen Chacón, que ha sido obligada a renunciar a su candidatura, pero que ha dejando claro que ella sí tenía un proyecto para el PSOE, estaba dispuesta a enfrentarse en unas primarias a Rubalcaba, el candidato del aparato, de parte de los barones y de la vieja guardia socialista; estaba dispuesta a asumir un vapuleo en las urnas. Pero el miedo a la catástrofe ha podido mucho más en el socialismo que una incierta renovación. Conservadores hasta la médula prefieren una candidatura con Rubalcaba que, movilizando a la base militante socialista, intente recuperar algunos votos y no perder más, que arriesgarse con Carmen Chacón. Es el miedo el que ha tumbado la candidatura de Carmen Chacón y no otra cosa.

No creo que Carmen Chacón sea una suicida ni que tenga vocación de mártir. La candidata de Zapatero, cada vez más independizada de Zapatero, si creemos en la honestidad de su propuesta, lo que pretendía era, a través de las primarias, configurarse como una líder a futuro. Su apuesta no era para 2012, era para 2016. Pero los barones socialistas, comenzando por un ambicioso Francisco López, que ve abierto el camino hacia lo alto en el poszapaterismo, han juzgado la “Operación Carmen” demasiado arriesgada. Ellos, conservadores hasta la médula, prefieren afrontar la oposición parlamentaria con un fogueado Rubalcaba, en vez de renovar el partido con quien estiman que sería un bocado demasiado tierno para la dialéctica parlamentaria de Rajoy y sus féminas. En el tramo final a Carmen Chacón, como a otras esperanzas, le ha faltado el valor para seguir adelante. Sin embargo, a pesar de todo, me sigue cayendo simpática.

 

PSOE, una marca hundida responsable del triunfo de ETA.

Dejando a un lado el dato negativo para España de la irrupción con fuerza excesiva de Bildu en los Ayuntamientos y la posibilidad de que acaben acumulando un importante poder territorial en Navarra y Vascongadas, merced a sus 1.091 concejales (el partido con más concejales en el País Vasco), que dé un nuevo impulso a ETA, resultados que merecerán un análisis detenido, la única lectura de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo es que la marca PSOE se ha hundido en España.

Hace unos días indicaba que la clave de estas elecciones estaría en lo que sucediera en Castilla-La Mancha y en Extremadura. Al PSOE le bastaba con salvar uno de los gobiernos y mantenerse mediante pactos en otro para poder mantenerse como marca. No sólo no lo ha conseguido sino que además ha perdido el gobierno de gran parte de las grandes ciudades que dominaba y sólo con una coalición con IU, de mantenerse finalmente los resultados, podría salvar el gobierno de izquierdas en Extremadura. Las diferencias porcentuales, en torno al 10%, son de tal magnitud que hacen innecesarias las posibles proyecciones de voto, y los resultados en determinadas ciudades andaluzas, como Sevilla, no hacen más que anunciar una nueva debacle socialista en las próximas elecciones autonómicas. 

La lógica política indica que, con estos resultados, José Luis Rodríguez Zapatero estaría obligado a anunciar la disolución de las cámaras y la subsiguiente convocatoria electoral. Pero una cosa es la lógica y otra muy distinta la práctica. El PSOE se ha colocado, con estos resultados, en el peor de los escenarios posibles. Es innegable, dado el porcentaje de participación, que hoy en España no sólo existe un ambiente anti-ZP sino que además se ha extendido un ambiente anti-PSOE que es también casi un ambiente anti-izquierda, dado que ni IU, ni la más templada UPyD, han conseguido ser los referentes del descontento del votante socialista ni, en el caso de UPyD se ha producido una atracción decisiva del voto con menor prejuicio ideológico; ni ha funcionado la movilización izquierdista del ficticio movimiento del 15-M, que al final ha acabado beneficiando al PP. Al PSOE sólo le queda como salida, salvo que insista en el suicidio creyendo que la baraka de ZP aún existe, hacer unas elecciones rápidas para perderlas, evitar las primarias e intentar movilizar a la izquierda con Rubalcaba como candidato, a menos que quiera quedar fuera del poder durante una década. Porque otra de las cosas que han sepultado los resultados son las primarias socialistas, ya que difícilmente Carmen Chacón estará dispuesta a asumir una candidatura que sería su tumba política. Lo más probable, sin embargo, es que Rodríguez Zapatero prefiera aguardar hasta después del verano antes de tomar una decisión definitiva, pero, inicialmente su intención es aguardar hasta marzo y esperar a ver si consigue una “apariencia” de paz con ETA y un desgaste autonómico del PP que al menos impida el hundimiento definitivo de la marca PSOE tal y como ha sucedido en algunas Comunidades Autónomas.

Ahora bien, todo dependerá, aunque nadie quiera destacarlo, de la actitud que adopte el Partido Popular. Inicialmente, dado el éxito, nada hace suponer que Mariano Rajoy varíe su línea de actuación, por lo que continuará limitándose a pedir que Rodríguez Zapatero convoque elecciones. Pero también podría inclinarse por forzar la convocatoria adelantada de elecciones iniciando una estrategia de acoso y derribo que comenzaría con la presentación de una moción de censura. Hoy Mariano Rajoy es un líder incuestionable que ha asentado el poder de su grupo dentro del partido. Así que él tiene la llave: o lanzarse a forzar la convocatoria de elecciones anticipadas o aguardar hasta marzo porque entonces la debacle socialista será aún mayor.

 

Las claves de las elecciones del 22 de Mayo

Nadie puede decir que está campaña electoral haya despertado el más mínimo interés entre los españoles; casi se podría decir que la han soportado con estoicismo disfrazado de pasotismo. Algo lógico, si tenemos en cuenta que para la mayor parte de los ciudadanos uno de los grandes problemas que tiene España es su clase política.

Lo que va a suceder el próximo veintidós de mayo ya está prácticamente escrito. Lo han dejado meridianamente claro, en los números globales, las encuestas. Cierto es que éstas no son la verdad absoluta y que en algún punto de la geografía puede darse alguna sorpresa, pero se tratará de hechos aislados que en nada variarán el veredicto. Cierto es que en algunas ciudades importantes la horquilla de concejalías deja un cierto resquicio a la incertidumbre, pero nada más. Sin embargo, los números globales parecen estar claros: el Partido Popular será el vencedor de las próximas elecciones autonómicas y probablemente también lo sea en las grandes ciudades. Pero eso no es algo que debiera sorprendernos, no sólo por el desgaste del gobierno y el efecto de castigo que van a sufrir las listas socialistas, sino también porque, independientemente de la situación el Partido Popular partía con ventaja.

Victoria ventajista porque no se vota en dos de los principales graneros de voto socialista (Andalucía y Cataluña); porque sí se vota en las Comunidades en las que el PP se sitúa por encima del 50% de los sufragios (Valencia, Murcia y Madrid), lo que se traduce en varios millones de apoyos (a ello podríamos sumar los altos porcentajes que obtienen también en Castilla-León y Galicia). Las diferencias de voto entre PP y PSOE en muchas de las Comunidades en las que se celebran elecciones son abismales: mientras que el PP se sitúa en tantos porcentuales que se mueven entre un 53% y un 62%, el PSOE lo hace en una horquilla que va del 25% al 35%. El efecto ZP hará, incluso, que el Partido Popular incremente sus apoyos en sus grandes graneros de voto.

Si resulta evidente que el PP ganará en número de votos al PSOE en las elecciones autonómicas, cuyos resultados sí pueden ser extrapolables en esos lugares a unas generales, lo fundamental, la clave de estas elecciones, que para el Partido Popular son antesala de las próximas generales, reside en la batalla por el poder territorial en Aragón, Cantabria, Extremadura y Castilla-La Mancha. Estas dos últimas son los auténticos puntos calientes de estas elecciones, porque se trata de dos Comunidades tradicionalmente de voto socialista absoluto en Extremadura y relativo en Castilla-La Mancha. Si el PSOE pierde el gobierno de Castilla-La Mancha será un revés muy importante, pero si pierde también Extremadura será el indicador real de que existe un declive imparable de la marca socialista constituyendo un precedente para las próximas elecciones andaluzas. En Ferraz saben perfectamente que si pierden allí el fin del socialismo es seguro y que como algunos anuncien tarden décadas en volver a la Moncloa.

No parece probable que el PSOE pierda en todos sus feudos, entre otras razones porque las diferencias porcentuales son pequeñas y el socialismo siempre ha mejorado los resultados de las encuestas. Tesis que parece compartir el PP cuando ha optado por centrar sus esfuerzos en Castilla-La Mancha donde, además, se juega el futuro político de María Dolores de Cospedal. Para Mariano Rajoy ganar en una de estas dos Comunidades será una prueba evidente de que está en el camino correcto hacia la Moncloa.

El PSOE juega a evitar la debacle. Ese es su objetivo. En Ferraz son conscientes de que, dada la particularidad de estas elecciones, las diferencias totales en tantos porcentuales no será tan amplias como las que reflejan las encuestas, lo que le permitirá mantener la ficción de que la recuperación es posible. Si el PSOE consigue mantenerse en Extremadura, Castilla-La Mancha y salva, mediante pactos, Aragón o Cantabria será todo un triunfo. Si gana en Extremadura y Castilla-La Mancha significará que la marca PSOE aún no está agonizante, aun cuando sí lo esté el presidente. Una derrota total, abriría la catástrofe en Andalucía y el hundimiento de la marca PSOE.

Aún, ante el más negro de los horizontes, José Luis Rodríguez Zapatero mantiene su optimismo. Una victoria casi total de los populares con la pérdida de Cantabria, Asturias, Aragón y Castilla-La Mancha estima que supondrá, para ellos, un desgaste permanente en los próximos meses, ya que tendrán que aplicar los recortes de los que no se está hablando en la campaña.  Lo que, ante un mapa de poder territorial marcado por la hegemonía popular, espera José Luis Rodríguez Zapatero es que la aplicación de esos recortes, que será inmediata tras las elecciones, erosione a los populares y permita a la marca PSOE una recuperación. Ahí está la clave de las elecciones y de las inminentes primarias socialistas. En función de lo que ocurra tendremos: si la derrota es absoluta a Rubalcaba sin primarias, pero si la derrota es dulce Chacón o Pajín probarán suerte.

NOS HABÉIS DADO UN ÁNGEL

Hoy se mezclan esas sensaciones que producen por un lado el dolor indescriptible de decir adiós a lo que más quieren unos padres con el final de una lucha titánica, sostenida hasta los límites de lo humano, posible por una tremenda Fe, por retener hasta el último minuto posible una vida para la que la Providencia había trazado otro destino.

Anoche, Martes Santo, mientras caminaba en silencio tras la Virgen de la Esperanza, musité mi última oración para ella, casi al mismo tiempo nos dejaba corporalmente. Hasta que no volví a casa no conocía la triste noticia. 

Han sido muchos los que en estos tres años hemos rezado por ella, los que hemos estado física, emocional y moralmente al lado de unos padres que han sido para nosotros todo un ejemplo, los que hemos sentido a Marta como alguien próximo, que también era, en una porción pequeña, familiar nuestro. Yo estoy seguro que esas oraciones han contribuido a que Marta, pese a los desesperantes dictámenes médicos, que se han sucedido durante varios años, estuviera un poco más con nosotros pero sobre todo con ellos, con sus padres y sus hermanos, con su familia. Y nadie que conozca el caso puede dudar que ello ha tenido algo de milagroso.

Igualmente milagrosa ha sido la forma de convivir con el mal en su cuerpo de una niña que, pese a su enfermedad, pese al sufrimiento que producen los tratamientos, ha conservado su entereza con ternura infantil y también con la Fe que le habían enseñado sus padres. A distancia conocíamos que, pese a la pérdida de clases, continuaba sacando sus estudios, que mantenía su ritmo de actividad, que era capaz, este mismo verano, de hacer largos de piscina como si nada.

Todos hemos sufrido y todos nos hemos admirado de la entereza que, en todo momento, han demostrado unos padres que en ningún momento se dieron por vencidos, que han sabido poner en esa lucha todos los medios médicos a su alcance y todo el apoyo de su  Fe. Cuando muchos hubiéramos aceptado con resignación un “ya nada es posible”, Alberto nos decía: “¡Vamos a seguir!”. Y sólo la enorme Fe de ellos explica cómo han podido llevar con templaza y ánimo, asumiendo que la vida es algo que se vive a diario, que es sólo un momento de la existencia eterna, estos años de lucha.

A veces, algunos, pudieran pensar que dada la corta edad de Marta, mejor hubiera sido ahorrarle el sufrimiento; que  mejor que Marta no hubiera estado con nosotros. Olvidan que nadie sabe cuánto va a durar la vida cuando viene a este mundo. Ningún dolor es mayor que el que produce la antinatural situación de que unos padres tengan que decir adiós definitivo a una hija. Sin embargo, un solo minuto de esa vida es capaz de perdurar por toda la eternidad. Estos padres, que son amigos y más que amigos, rotos por el dolor, con su entrega, han hecho algo que está al alcance de muy pocos: darnos a todos un ángel. Porque a mí me enseñaron de pequeño, probablemente sin gran fundamente teológico, que cuando un niño se duerme para siempre, ya que por naturaleza es bueno, se transforma sin más en un ángel que vela por todos nosotros. Un ángel al que todos podremos encomendar nuestras oraciones. Ese ángel estará con vosotros todos los días de vuestra vida hasta el día que os reencontréis en el cielo.

Un abrazo y una oración.

 

Mayor Oreja, Vidal Quadras y los billetes de avión. Así es la casta política

Mayor Oreja, Vidal Quadras y los billetes de avión. Así es la casta política

El pensamiento social del PP: Mayor Oreja y Vidal Quadras arquetipos de la casta política.

Dos noticias se han cruzado esta semana que en teoría debieran causar preocupación a nuestra sufrida y acosada clase política: una, el enésimo informe del CIS en el que los españoles consideran a sus políticos el segundo problema del país (para maquillar la fotografía de España el CIS diferencia paro de economía, para que así el primer problema del país no tenga porcentajes descalificadotes de infarto); otra, que la mayoría de los eurodiputados votaron negativamente la propuesta de abandonar la sacrificada costumbre de viajar en business clas  en los aviones. 

La explicación a lo que nos dice el CIS, a pesar de la labor de “cocinado” de sus datos no necesita profundos estudios. Los ciudadanos consideran que la clase política es un problema básicamente por tres razones; primera, por su incompetencia puesta de manifiesto en las cifras del balance español; segunda, por la increíble percepción popular que iguala los términos corrupción y clase política; tercera, por el escándalo que causa una clase política que muchos entienden que busca el enriquecimiento personal y familiar, un grupo al que gusta disfrutar de unos privilegios que no se justifican por su penosa cuenta de resultados. 

Lo acontecido en Estrasburgo es un ejemplo claro de por qué los ciudadanos piensan así. En lo que nos concierne resulta que los eurodiputados españoles del PSOE y del PP han votado en contra de una propuesta que, independientemente de su valor económico (supondría que sus señorías se gastarían unos 250.000 euros menos al mes), venía a ser el recorte de lo que no es más que un privilegio. Pero no nos perdamos en la noticia exaltada en la anécdota por algunos medios. Lo que se estaba discutiendo en Estrasburgo, más allá de la votación de una enmienda concreta, la del billete aéreo, era más importante, lo que se planteaba era la revisión de salarios, dietas y privilegios. Lo que con su voto negativo los eurodiputados, amantes del vil metal, buscaban era atrasar esta cuestión, como de hecho consiguieron, hasta el debate general de los nuevos presupuestos. Esperando, evidentemente, que la mejora económica europea evitara los recortes. Ni más ni menos. Algo en lo que socialistas y populares europeos estaban de acuerdo, de ahí el resultado de las votaciones. Insisto, lo que han conseguido los eurodiputados no es que no les quiten el billete privilegiado, lo que han conseguido es que, de momento, se mantengan sus privilegios. Lo que aparentemente es igual pero dista de ser lo mismo. 

En todo este barullo lo que más ha destacado es la salida a la palestra televisiva de los dos santones del PP para las buenas gentes de derechas y para los medios que les dan tribuna y los jalean: Mayor Oreja y Alejo Vidal Quadras. No es la primera vez que estos dos individuos votan una cosa en Estrasburgo que contradice aquello de lo que cada día blasonan en sus altavoces mediáticos. Mayor Oreja ha salido para convencer de la bondad de su voto a las viejecitas y los de derechas de toda la vida: “¡Es intolerable! ¡Es una propuesta de los rojos!¡Nos hemos opuesto a la demagogia!” Pero él seguirá viajando en business clas y disfrutando de los enormes privilegios que da el ser Eurodiputado. Y Vidal Quadras ha recurrido, cual si fuera un primerizo leguleyo, a defenderse diciendo que ahora no se pueden cambiar las cosas y que los privilegios, palabra que él no utiliza porque en su conciencia es la justa remuneración a su sacrificio, que no son tales, no pueden desaparecer porque formaban parte del contrato de todos los que andan por las costosísimas sedes europarlamentarias. Quizás lo que debiera plantearse Alejo Vidal Quadras es, si le reducen el sueldo, las dietas, las bicocas o el billete, dejar el escaño. A nadie le obligan a ser eurodiputado. 

A Mayor Oreja y a Vidal Quadras los han pillado con el carrito del helado, esta es la realidad. Unos rojos, con su enmienda, los han puesto en evidencia. ¡Intolerable!, piensan ellos. Los que vivimos en el mundo real lo que deducimos es que Mayor Oreja y Vidal Quadras, junto con todos los eurodiputados populares y socialistas que se opusieron a la revisión de los privilegios, son un ejemplo claro de lo que en realidad piensa la casta política. Y, encima, son de los que se pasan el día hablando de la necesaria austeridad en las cuentas y el gasto público.

 

La última maniobra de ZP.

A nadie ha sorprendido el anuncio de José Luis Rodríguez Zapatero de que no repetirá como candidato socialista en 2012. Era la noticia que todos esperaban oír. La caída acelerada de la intención de voto del socialismo en el último año, junto con la evidencia de que en los últimos meses ninguno de los datos macroeconómicos invitaba a soñar con un cambio de tendencia capaz de recortar la diferencia en las encuestas con el Partido Popular, le han obligado a tomar una decisión que, en principio, se negaba a contemplar. Durante un año ha aguantado la presión de unos barones socialistas que entendían que el presidente se había convertido en un lastre electoral. Lo demás ha sido y es pura demoscopia.

Los inventores de ZP, que dieron la victoria al socialismo ocultando las siglas para recuperar al votante perdido, son, en última instancia, los responsables de la eliminación de la marca ZP. Han vuelto a repetir la estrategia, buscando disociar a los candidatos autonómicos y municipales tanto del PSOE como de ZP para contrarrestar así la estrategia inversa practicada por los hombres de Mariano Rajoy deseosos de explotar el tirón que tiene el antizapaterismo. Y ahora han propiciado un cambio en el debate electoral con la salida de la escena de Rodríguez Zapatero.

Nadie puede dudar de la maestría y efectividad del gabinete electoral socialista. Ellos son los que han trazado una estrategia diseñada para dar al socialismo una oportunidad de cara a 2012. Una estrategia que aún no está definida, porque dependerá, en buena medida, de los resultados obtenidos por los diversos candidatos el próximo 22 de mayo y de la evolución que siga lo que muchos denominan el “caso Rubalcaba”. Dependerá de los resultados del 22-M el que el socialismo se incline por una derrota dulce en 2012 con Rubalcaba como indudable candidato o por un intento de vencer a los puntos de la mano de Carmen Chacón. Las primarias se diseñarán y se ejecutarán en función de esas variables: candidato único o aparente disputa.

El sector de la prensa que ha contribuido a convertir a ZP en el “enemigo público número uno”, independientemente de la razón objetiva que les asistiera, clama en alta voz por la convocatoria de elecciones anticipadas mientras que Mariano Rajoy lo hace en voz baja porque prefiere que sea Rodríguez Zapatero quien ponga en marcha medidas altamente impopulares que el PP también comparte. Es evidente que las medidas de ajuste que ZP va a tener que tomar son incompatibles con una parte de la izquierda, de ahí su anuncio, pero ahora esa misma izquierda podrá atacar al presidente sin atacar al PSOE y éste, a su vez, padecerá un menor desgaste e incluso alentará la disidencia. Es la cuadratura perfecta del círculo porque a partir de ahora la oposición, tanto mediática como política, tendrá que atacar, durante un año, a un hombre que no será candidato en 2012 mientras que el candidato, especialmente si no es Rubalcaba, aparecerá siempre como una alternativa de futuro. Ésta es la trastienda de la decisión.