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20160224150348-image.jpegMe sorprende -¡qué gran figura retórica para el comienzo de un artículo!- la facilidad con la que la nueva izquierda -en realidad vieja, muy vieja- consigue revolver los argumentos de casi cualquier cosa a su favor transformando a los acusados en acusadores, a los teóricos "presuntos" en acusadores/víctimas; como es capaz de conseguir que las buenas gentes lleguen a admitir que el rey está vestido a pesar de que ande desnudo como si tal cosa y, al final, salir más o menos indemne, cuando no favorecida, ante los desafueros cometidos, esos que en cualquier país normal conllevarían la condena pública junto con un rosario de dimisiones e inhabilitaciones sin necesidad de pasar por juzgado que alguno -juzgado que además se entretiene con las piezas pequeñas e indirectamente salvaguarda sin pretenderlo a los responsables reales-.

Incendia, incendia, incendia que nosotros te damos la gasolina y el mechero. Ese es el mensaje que llevamos oyendo a diario, con el que se infecta el virus del odio y del resentimiento primitivo, desde que a un tal Rodriguez Zapatero se le ocurrió que la única ideología posible, para mantener a un cada vez más diluido socialismo, era la de despertar/crear a los "jóvenes rojos"; darles una capa de barniz a esos que hace no poco la emprendían con el mobiliario urbano, casi siempre con una palmadita o una sonrisa mediática condescendiente en la espalda; esos que ahora, merced a la ola podemita, comienzan a trabajar en lo mismo que antes pero de forma más digerible y pagados por el erario público: antes le dábamos el ladrillazo al policía y ahora lo teatralizamos para niños para que vayan aprendiendo, han debido decirse.

No hace mucho que un insigne Ministro de don Francisco Franco, padre del actual PP -por lo que el PP es también objeto de la persecución histórica a manos de leyes que el PP no quiso derogar, pero de esto no se han enterado-, armó una de las mejores campañas propagandísticas institucionales de nuestra historia patria con aquella frase de "España es diferente". Mirando a nuestro entorno, viendo los desafueros, pudiera parecer que el eslogan es hoy más que nunca una realidad. Pero, ¿son solo desafueros, excesos puntuales sin mala intención alguna?

Me pregunto ahora, ¿por qué, ante comportamientos que debieran merecer, cuanto menos, él ostracismo político para sus responsables o instigadores, y me da igual que hablen de corrupción económica o de corruptores morales, acabamos mirando para otro lado, banalizando unos hechos deleznables, olvidando a las víctimas y hasta aceptándolo como tolerable tras la indignación primera?

Hace no mucho todo se justificaba invocando el mantra de la joven democracia, o considerando como aceptables por la inexperiencia los excesos, siempre que estos fueran de izquierda o sirvieran a sus propósitos, claro está. Ahora bien, con cuarenta tacos aquella fácil excusa ha perdido cualquier viso de credibilidad, si es que alguna vez la tuvo. Más me parece que este modo de comportamiento, por desgracia algo usual, es deudor de la tendencia carpetovetónica de los españoles a embanderarse a la más mínima y aguantar de forma numantina en la posición defendiendo a quienes, como si fueran émulos del vendedor de Viriato, les traicionan o engañan una y otra vez. Ardorosa ingenuidad, mezclada con el asombro de quienes repetían ante el cantar de la epopeya del Cid aquello de "Dios que buen vasallo si tuviera buen señor"; depreciado en la idea corrupta de "con los míos con razón o sin ella". Súmense a lo anterior tres razones: por un lado, el complejo babeante que se tiene ante el imaginario mitológico, tan manido como falso, de la superioridad moral y cultural de la izquierda; por otro, la universalización, realizada a través del adoctrinamiento, cada vez mayor, de los paradigmas de la izquierda como si ante ese pensamiento y modelo no hubiera otra alternativa; finalmente, la cobardía moral, resultante de su mundo de complejos, complejos de eso que en España se llama centro derecha.

La izquierda, vieja o renovada, acomodada-burguesa o radical-burguesa, pero tan burguesa como el tópico que léxicamente combate (ahí queda el smoking de Pablo Iglesias), que hace mucho que renunció a desmontar el capitalismo, hace mucho que trabaja en una reideologización de su espectro militante buscando atraer, con una simple capa de barniz, a la masa creciente de descontentos antes de que la imposición de la nueva estructura social aliente otras corrientes políticas mucho más honestas como las que alientan más allá de los Pirineos. Sin embargo, su carencia de originalidad y el jarro de agua fría que han recibido los anticapitalistas de salón que siempre acaban arrodillándose ante el gran Moloch -ahí queda el ejemplo griego-, les ha llevado, especialmente en España, a recuperar sus viejos "enemigos", aquellos en los que identificar a los nuevos "enemigos del pueblo". Lo que les ha fallado es que, tras lanzar la idea y promocionar la tesis, a la izquierda tradicional le ha robado la cartera una nueva izquierda capaz también de embaucar transversalmente a los españoles. Y en eso estamos.

La izquierda, reiterémoslo, siempre ha sido sectaria y todo lo que no es izquierda debe ser condenado al ostracismo o a la hoguera. Exaltan a los suyos sin el más mínimo pestañeo, desde los excelsos a los botarates hacedores de panfletos para público de encefalograma plano, con la seguridad de que, presa de su habitual estupidez, harán lo mismo sus adversarios ideológicos. Esos que para ellos son siempre el enemigo. Lo ha explicado gráficamente, en un mensaje en las redes, uno de los nuevos políticos del ámbito podemita: hay que educar a los niños para que nunca más voten a la derecha. Algunos se han escandalizado -pocos, eso sí- ante lo que consideran seguramente un simpático exceso, pero lo único que ha hecho este sujeto es manifestar en voz alta lo que la otra izquierda, la moderada, lleva décadas haciendo de forma taimada. La manipulación y el adoctrinamiento desde la cuna que buscan, dejémoslo claro, subrepticiamente, tanto los representantes del perroflautismo -que lo dicen- como los socialistas de toda la vida.

Ahora esa nueva izquierda tiene importantes cotas de poder. Han llegado al mismo con un mensaje y un submensaje. Solo existe un modelo, el suyo. Es el modelo de los de "abajo" frente a los de "arriba", de la demagogia. Pero los de "arriba" tienen que ser alguien, el enemigo tiene que identificarse. Y en leninismo de manual que practican el "enemigo del pueblo" pierde todos sus derechos. Los mercados no tienen rostro, pero el enemigo sí: es el policía, la monja, el cura, el banquero... arquetipos para el odio. Son los malos, y así tienen que ser vistos desde la cuna. Difundir ese mensaje es obligación de los políticos y comunicadores de la nueva izquierda, de sus alcaldes (los paradigmas del kichi y la Carmena), del perroflautacolorín alternativo de la esquina transformado en intelectual, del ocupa anarquista que anda todavía con el mantra del fin de los opresores que solo es capaz de encontrar en la esquina de al lado. Y todos ensalzados por la cultureta, por el rojiprogrerío mediático y tertuliano, por los achacosos nostálgicos del mayo del sesenta y ocho que no vivieron y del antifranquismo en el que ni estaban ni se les esperaba. Por eso en pago a su apoyo piden a Sánchez el dominio de las áreas culturales para poder alumbrar el ministerio del pensamiento con el que crear votantes lobotomizados.

A unos les da por la memoria histórica que el PP, partido pletórico de ignorantes, creía que era para meterse con Franco y poco más, pero que en realidad, como estamos viendo, esconde el intento de proscripción de cualquiera que no siendo de izquierdas haya tenido público reconocimiento. No existen hombres buenos y dignos fuera de la izquierda, ese es el mensaje; también que la "gimnasia revolucionaria", teórica o física, es legítima aunque incluya la violencia. Algunos de esos que no se dan cuenta de nada ahora ponen el grito en el cielo porque las alcaldadas les pillan de cerca, cuando antes prefirieron callar porque no iba con ellos. A los otros, a la nueva izquierda, les da por contratar a los suyos para hacer publicidad de su mensaje. Y hemos pasado de los carísimos contratos a Bosé, Víctor Manuel, Ana Belén... y tantos otros, pasando por las subvenciones a las paridas de la izquierda cinematográfica, que tan bien vistas estaban, a los contratos a los dignos representantes de la cultura perro-flauta, okupa, anarquista... ejemplificada en lo acontecido en el sucio -porque no se limpia- Madrid de la ancianita gobernante -la prensa satírica si existiera disfrutaría cruzando a la bruja de Blancanieves con la mamá de los hermanos Dalton-. Y como en el fondo don de la misma pasta que la casta denunciada tienen empresas a las que conceder la organización de eventos. Ahí queda el fantasmagórico contrato, ese que muchos desean ver, para las fiestas de carnaval del cutre teatro de marionetas del grupo "Títeres desde abajo" con una deleznable versión de la historia de don Crispín.

Los titiriteros han hecho su trabajo a la perfección y no me extraña que se extrañen de su detención . Si creemos lo que se ha dicho, y no hay por qué dudarlo, los contratantes tenían en su mano la información sobre lo que iban a representar. O no lo leyeron o dado su aval, uno de los titiriteros era visitador de los presos de ETA, le dieron el OK. Claro que el visto bueno y el consiguiente cheque pasaba por una chekista tan reputada como la concejala Celia Meyer asesorada, qué curioso, por la también podemita Montserrat Galcerán, catedrática de Filosofía y firmante del manifiesto fundacional de una de las marcas blancas de Batasuna. ¿Casualidades o blanco y en botella?

Los tirititeros pusieron en el escenario con sus muñecos un texto coherente con lo que forma parte del discurso habitual de esta nueva izquierda, toscamente, eso sí. Andaban de gira esperando, imagino, que la llegada de los podemitas al poder municipal les reportara contratos para difundir sus ideas. Que se viola a una monja, se cuelga a un juez o a un policía, que las fuerzas del mal se confabulan contra una pobre desahuciada y que se asome una pancarta con vivas a ETA es de lo más normal, nadie debería enfadarse, que para eso son millones los que los han votado y por tanto suscriben tan amorosas tesis. Es lo que ha venido a decir un tal Carlos Sánchez, a la sazón concejal del Ayuntamiento de Madrid, al afirmar que ante lo que estaban viendo los niños el problema es que algunos padres "tienen la mente sucia".

Hoy, cuando escribo, los titiriteros ya son héroes perseguidos injustamente. Hasta he leído en algún medio centrista sobre la pesadilla que han vivido. Son solo transgresores sin maldad, tanto como algunos de los raperos que gustan al tándem Iglesias-Errejón que creo pedían matar políticos. Pasado el sofoco ya los tenemos denunciando al juez por perseguirlos y hasta Amnistía Internacional, esa organización que siempre miró para otro lado ante el terrorismo de ETA pero se preocupaba mucho por sus presos, anda denunciando la persecución ejercida por los opresores violadores de la libertad de expresión a unos insignes difusores de cultura.

Lo verdaderamente importante no es la obrita en sí de unos tirititeros, ni que fuera una bazofia que ninguno de los que ahora la defiende pagaría por ver. Lo importante es que fueron contratados porque su propuesta era coherente con lo que piensa el grupo municipal podemita y por extensión hasta la propia Carmena, y por eso no vieron inconveniente alguno en programarla para niños y pagarla con el dinero de todos los madrileños -seguro que en solidaridad también los contratan Kichi y la Colau-; lo verdaderamente trascendente es que esto no es una anécdota, sino la expresión de la política cultural y de adoctrinamiento que tienen en la agenda los seguidores de un aprendiz de totalitario llamado Pablo Iglesias al que le baila el agua un Kerenski llamado Pedro Sánchez.l

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Pues no, Celia Meyer, esa chica sacada generacionalmente de Friends, que es la responsable, para no pocos la irresponsable, de la cultura de la villa en la capital de España ni va a dimitir de motu propio -en España solo dimitió Amadeo de Saboya porque era extranjero- ni doña Carmena, conocida en sus tiempos mozos como Manola, va a cesarla. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Tampoco esto último es una novedad, porque la alcaldesa necesita para ello el nihil obstat de don Pablo y de momento parece que no lo tiene. Que otra cosa no sé, pero Pablo Iglesias es en este punto rigurosamente ortodoxo con lo que ha sido el modelo de partido marxista leninista que tanto idolatra, aunque no haya podido aún construir un GULAG en Teruel anda de purga en purga más contento que un niño con zapatos nuevos.

No tenía el gusto de saber algo de esta señorita de fotografía agradable, enmarcada el en el cliché estilo rojo pizpireto con caída de ojos puesto de moda por Tania Sánchez en posado y en televisión -lo de Ada Colau es otra cosa-. He hecho los deberes y me encuentro con que la responsable de la cultura de la capital de las Españas es Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, tiene un DEA y un Título de Experta en Políticas de Igualdad de Género -no sabía que existiera semejante titulación-. Su currículo profesional ya se sabe: sufrida becaria -lo de sufrida lo supongo-, cooperativa de trabajo con compañeras en investigación social -¿habrá sido una cooperativa subvencionada?-, labor en movimientos sociales y Patio Maravillas (afamado espacio okupa bautizado como Espacio Polivalente Autogestionario) y ahora política.

No se puede decir que la ya célebre concejala no tenga currículo o que sea una ignorante, salvo que en la Complutense el título de Ciencias Políticas lo regalen -¡Ah, qué ese es territorio de Monedero e Iglesias!-, pero eso es lo que ha venido a decir la señora Carmena, quien nos ha ilustrado comentando que por un "error" no se merece el cese -¡te enteras Antonio Miguel Carmona que no pintas nada en la política municipal!, le ha venido a decir doña Carmena- y que lo que hará será reforzar cultura con asesores de alto nivel. ¿Asesores? ¿No era eso con lo que querían acabar los anti casta? ¿Asesores culturales o nuevos comisarios políticos?

No nos engañemos. La señora o señorita Celia Meyer podrá ser una chekista de tomo y lomo, sectaria como ella sola, tenerle manía a los Reyes Magos, hacer reinas magas para difundir la igualdad y servir de pitorreo generalizado, estar deseando ponerse un mono con dos pistolas, arrancar con las uñas todas las placas de Madrid que homenajeen a la peste derechista -lo del franquismo es una excusa, que los de derechas no se enteran-, pero ni es tonta, ni es una inculta, ni se le pueden aplicar los "piropos" habituales con los que a buen seguro la obsequian por la red.

La concejala Meyer ocupa un punto clave en la estrategia de asalto al poder que los podemitas ansían desarrollar: una concejalía de cultura, que en el caso de Madrid es más que muchas Consejerías de Cultura autonómicas, es un centro para el adoctrinamiento y la propaganda, para difundir ideas y educar en ellas a la sociedad -seguro que esto sí lo enseñan Monedero e Iglesias-. Ella actúa con coherencia, porque para la izquierda solo es cultura lo que produce la izquierda y aquella que difunde lo que ellos piensan o les gustaría hacer, aquello con lo que se identifican (por eso no vieron mal alguno en lo que representaban unos titiriteros de su misma camada ideológica). Y eso es lo que hace Celia Meyer como alumna aventajada, difundir su ideología desde los ancianos a los infantes aprovechando el poder y la chequera. Sus decisiones, programaciones y contratos no son fruto del despiste o de la ineptitud, son actos de "gimnasia revolucionaria" de despacho. Otra cosa es que se salte la ley o aproveche los resquicios de la ley, pero eso ¿qué importancia tiene para un revolucionario? Y como anota entre líneas la desgobernante madrileña, que tiene una olla de grillos como zeníjaros, por eso, por cumplir con su obligación no la podemos cesar.

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EL ERRO DE MENOSPRECIAR AL CONTRARIO.

Todos dieron a Pedro Sánchez por muerto, políticamente hablando, en la noche del 20 de Diciembre tras obtener el peor resultado electoral del PSOE desde su legalización. Hizo en esa noche un discurso, aparentemente, fuera de la realidad para rechifla general mientras él postureo de los dirigentes de PODEMOS -el postureo es para ellos un elemento ideológico/político- parecía devorar a la izquierda sistémica.

Unos meses después, Pedro Sánchez está tan vivo políticamente, ha tomado buena nota del valor del postureo, que contra todo pronóstico puede llegar a ser el próximo presidente del gobierno, aunque al minuto siguiente todos los analistas vaticinen que estaremos ante la legislatura más breve de nuestra reciente historia política; pero los futuribles son solo eso y no realidades. Es así porque las matemáticas han dejado fuera de combate al Partido Popular: ganó en la suma de los sumandos las elecciones, pero las perdió en las ecuaciones. Ahora bien, y conviene no olvidarlo, si Pedro Sánchez llega a ser presidente del gobierno y es Mariano Rajoy el que acaba siendo defenestrado por los suyos la actual dirección del PP no estará exenta de culpa. Mariano Rajoy, encastillado en una defensa absurda de sus potenciales "presuntos corruptos" (Rita puede llevarlo a la tumba política), esos que debían haber sido cuanto menos enviados al ostracismo, asumió en la noche electoral que la única salida sería unas nuevas elecciones que hicieran recapacitar a un electorado muerto de miedo por razón económica. Alcanzar ese objetivo ha sido su estrategia sin darse cuenta -o quizás sí, que en la comedia todo es posible- de que daba un oxígeno vital a un más que proclamado enfermo terminal.

Mientras que Mariano Rajoy ha ido perdiendo el apoyo de los poderosos padrinos -ahí están las declaraciones de los más preclaros representantes del poder económico- Pedro Sánchez los ha ido ganando, aunque sea como "mal menor". Del lastimero intento del PP de que todos los demás asumieran que tenían que dejarle gobernar con el argumento de ser el partido que ha ganado las elecciones -en realidad el PP es la minoría mayoritaria con una representatividad real que anda por debajo del 20% si atendemos a la totalidad del cuerpo electoral- a querer gobernar con el PSOE porque tienen muchas cosas en común -en esto debo reconocer que Casado, el portavoz popular, tiene más razón que un santo aunque a los holligans peperos les salga un sarpullido- el PP parece empeñado en querer hacer comulgar con piedras de molino tanto a sus seguidores como a cualquier despistado.

Comienza, nos dicen, una semana crucial, y llevamos ya unas cuantas del mismo estilo. En este tiempo, el menospreciado Pedro Sánchez, al que las agrestes derechas sitúan en una dura carrera con Zapatero para ver quién es más tonto, ha conseguido algo muy importante: ganar y mantener la iniciativa política; Aunque Pablo Iglesias vuelva al escenario con un nuevo postureo pidiendo aquello que sabe no le pueden dar, aunque los que leen los signos hayan percibido un cambio de estrategia al llevar el PSOE las negociaciones al terreno donde mejor se mueve, el de las propuestas. Entre tantos dimes y diretes, entre tanta tertulia, a casi todos se les pasa por alto que, si bien Pablo Iglesias aspira a relegar al PSOE a mera comparsa, a devorar el socialismo del mismo modo que se ha merendado a IU, Pedro Sánchez aspira a convertir al PP en el partido de la oposición permanente agitando el espantajo del miedo a PODEMOS para que los que pueden presionen al PP para que se abstenga y permita un gobierno de socialistas y ciudanistas, esquivando así unas elecciones que pudieran ser mortales para el PSOE.

Pero, ¿puede Pedro Sánchez realmente ser presidente? Hace un mes hubiera dicho tajantemente que no, hoy ya no lo tengo tan claro, pese a que no olvide que en el fondo todos creen que lo más probable es que se repitan las elecciones y que, ante la volatilidad del electorado, prefieran mantener un juego de pillos en el que casi todos se escudan en un "sí pero...", agitando al mismo tiempo, eso sí, las razones primarias del voto del miedo o del voto a la contra, culpabilizando al competidor más próximo de la imposibilidad de formar un gobierno de su sector ideológico. El PP culpa al PSOE y a Ciudadanos, Ciudadanos culpa al PP, PODEMOS al PSOE por ir con Ciudadanos, Albert y Rivera viven entre el amor y el desamor...

Estamos en la semana de las rebajas finales de un invierno climáticamente retrasado y Pedro Sánchez jugará a lo mismo: conseguir mantener la iniciativa política y ganar ante el postureo de Pablo Iglesias, eso sí con un ojo puesto en unas nuevas elecciones.

No pocos piensan que el pacto de gobierno hace mucho que está hecho por la izquierda y que por debajo solo quedan los ajustes, fundamentalmente conseguir la participación activa de Ciudadanos. No iría yo tan lejos, pero lo que sí es cierto es que Pedro Sánchez, al que se le ha dado vidilla porque uno de los objetivos del PP fue recuperar al PSOE frente a la expansión de los temidos podemitas, al que se cometió el error de despreciar, puede ser presidente. Y puede serlo, para pasmo de los peperos con la abstención de todos o parte de sus diputados -una vez se les pase el susto dirán que era lo mejor para que no mande el de la coleta-, aunque en Génova, entre registro y registro, anden haciendo novenas para que cuando llegue el fatídico día puedan votar No porque Pedro, Pablo y Alberto anden encantados de haberse conocido y el hombre que insultó a Mariano -¡Ah, qué distintas hubieran sido las cosas si Mariano ante el insulto se hubiera ido dejándolo con la palabra en la boca!- se presente en las Cortes para ser investido Presidente del gobierno. Ello sucederá si al final a la lechera no se le rompe el cántaro

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20150701091451-image.jpgDe como los pícaros acaban en émulos de Torrente

Supongo que a estas horas los populares, que no ganan para sobresaltos judiciales, andan por los pasillos de la Comunidad de Madrid sonrojados por lo que se les viene encima con el liado caso de los caramelos más caros de la historia -¡Rayos, seguro que los de PODEMOS denuncia el contubernio popular socialista-. No sé si doña Cristina Cifuentes exhumará de los anaqueles el antecedente falaz de aquellos caramelos envenenados que se decía repartían los frailes para animar a los anticlericales de turno a usar la tea incendiaria. Pero el caso es que parece que tener cuñados acaba siendo perjudicial para la salud.

En la España del timo, donde el tocomocho y la estampita están incorporados a los archivos de la picaresca, el esperpento se torna en habitual comparsa del entramado de corrupciones y chanchullos de todo tipo que parece rodear a una parte de nuestra clase política. Desatada la caza al corrupto, dispuestos todos a cobrar la pieza del imputado o preimputado, las historias que están saliendo a la luz están poniendo a temblar a más de uno.

El que podríamos denominar ya el "extraño caso de los caramelos", digno guión para el humor negro de Mihura, debe estar provocando olas de hilaridad en los pasillos de la Asamblea madrileña, aunque supongo que a Cifuentes le debe hacer poca gracia, aunque se consuele sabiendo que a Susana también le han imputado a su número tres por una piscina ilegal. Y menos gracia le debe causar a don Bartolomé González, ex alcalde de Alcalá, donde algo de corrupción parece que hubo en otros tiempos con una concejalía de festejos a tenor de lo visto bastante rumbosa.

Don Bartolomé es hoy diputado regional madrileño por el PP, pero tal y como están las cosas pudiera ser que el caramelo se le atragantara y se viera apartado de su venturosa carrera política, y todo por una cuñada y por tener el domicilio de la empresa en casa de sus padres. Empresa que según parece es sospechosa de cobros raritos al Ayuntamiento. No es que don Bartolomé fuera alcalde cuando se produjeron los hechos, pero... Como la cosa tiene su morbo es necesario recordar que los hechos se produjeron con alcalde del PSOE y don Bartolomé de jefe de la oposición, quien entonces no se enteró del negocio de los caramelos de su cuñada.

Estamos ante una onerosa conjugación de pícaros y golfos que, como siempre, presuntamente se han lucrado a costa del erario público. Lo malo es que cuantas más explicaciones dan peor suena. Allá por 2009 la empresa de la cuñada le facturó al Ayuntamiento por vía indirecta 500 kilos de caramelos para las fiestas. Estoy seguro que fue la oferta más barata, pero eran los años del despilfarro o la habitual costumbre de una parte de los cargos públicos de tirar con pólvora de rey mientras paguen los contribuyentes. El Ayuntamiento de Alcalá, dispuesto a endulzar la vida de sus convecinos, aceptó por el total una facturilla de 13.107,50 Euros, según leo en el nada sospechoso EL MUNDO. Total que el kilo le salió a la corporación por unos 26.2 Euros. Inmediatamente, para no despertar falaces suspicacias, me pregunto ¿cuánto vale un kilo de caramelos?

Buceo un rato -con minúscula porque con mayúscula es un señor del PP también experto por lo que se ve en ingeniería financiera- por la red y descubro que hoy un kilo de caramelos de los de siempre anda por los tres euros y pico -si compro 500 kilos seguro que me hacen descuento- y los más caros, esos de chocolate, unos 9. Y lo único que se me ocurre es decir: ¡Serán golfos! Los del Ayuntamiento de Alcalá y la empresa de la cuñada, no los caramelos.

Pero es que no acaba ahí el trapicheo. Leemos que los caramelos fueron adquiridos para ser revendidos a la empresa La Asturiana. Me voy a su web y me encuentro que los caramelitos normales se cotizan a poco más de tres euros en la actualidad. O sea, que diría un niño bien educado en plan Borjamari, que el coste de los 500 kilos debió suponer un desembolso de 1.500 euros y ganó en la reventa al municipio 11.700 en números redondos. Lo que a mi y a casi todos los mortales nos suena a timo y según parece a la policía otra cosa. Claro que ¿qué culpa tiene de todo ello don Bartolomé, acaso no tiene también cuñado el rey de España?

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20150701090300-image.jpgRazón y sinrazón de los pactos políticos en Ayuntamientos y Comunidades



Uno de los déficit de la conciencia democrática española es la falta de cultura del pacto, bien sea por nuestra sempiterna querencia hacia el individualismo o por la omnipresencia de la idea de que solo es válido tener todo el poder y solo con mayoría absoluta en el binomio derecha izquierda se puede gobernar. Desde el rey al último lacayo, pasando por los ciudadanos de toda clase y condición, se defiende con fruición el pluralismo político teórico pero, al mismo tiempo, de forma sistémica, se promociona desde arriba y se asume, aunque ahora ande ello en retroceso, por parte de la población, que está bien eso de ser plural pero que en la práctica el progreso y la estabilidad solo se consigue si gobierna el PP o el PSOE.

Alguien se puso a jugar y, sin darse cuenta, los muñecos, más mediáticos que otra cosa, cobraron vida aprovechando la desafección que cada vez es más amplia entre los españoles. El resultado, como todos sabemos, es que lo que ayer era cuestión de dos, PP/PSOE con el apéndice de IU, hoy es un juego de pillos entre cuatro jugadores y un apéndice (PP, PSOE, PODEMOS, Ciudadanos, IU) y alguno más que se suma a la partida según los lugares. Para los amantes del bipartidismo, fundamentalmente para el PP, el cambio de las reglas no escritas del juego político es la negritud de la inestabilidad. Para todos un juego de pillos con diferentes objetivos.

Dejemos a un lado que los pactos de gobierno, ya ha caído en desuso eso de la contra natura porque llegado el caso todos están dispuestos a pactar con todos y el PP se enfada porque no quieran pactar con él, son por obligación y no por amor a la cultura del pacto y el respeto al pluralismo -ni PP ni PSOE creen en el pluralismo, creen en el poder-. Aparto la jocosidad que producen esos casos de concejales más o menos estrambóticos aupados al sillón consistorial por el relleno improvisado de listas -de la noche a la mañana tuvieron que encontrar más de diez mil candidatos-. Y no entro a valorar el currículo real de no pocos de estos, algo que tendría poca importancia si tuvieran un programa de gobierno que ejecutar con disciplina estalinista. A todos los nuevos les hubiera gustado estar en la oposición sin tener que retratarse, ¿pero...?

Los resultados de las municipales y autonómicas obligaban a los pactos. Es más, la previsión a día de hoy es que tras las próximas generales el pacto sea lo usual. Unos han visto en los pactos la oportunidad para justificar su razón de ser, pues con ellos van a regenerar la vida política (Ciudadanos) presentando como aval el haber conseguido que los imputados salgan a toda velocidad de la vida pública. Otros, la posibilidad de contar con unos pocos laboratorios -con el riesgo de que exploten-, ser el elemento que ponga fin al poder del PP, pero manteniéndose en la oposición en algunos lugares, evitando en la medida de lo posible contaminar la marca madre (PODEMOS). Ni Ciudadanos ni PODEMOS querían mostrar una política de pactos genérica, es más lo que buscaban era no tener una política de pactos previa limitándose a fijar unas líneas rojas para dejar gobernar. Ambos temían y temen el efecto de lo que en política se conoce como "el abrazo del oso". A tres o cinco meses vista de las elecciones, con la desconexión veraniega de por medio, hubiera supuesto dada la inestabilidad del electorado dar por válida la idea de que al final da lo mismo porque unos pactan con el PSOE para darle el poder y otros con el PP, ergo lo más útil es votar directamente a uno de los dos o quedarse en casa con un castizo "que les den" porque son todos iguales.

Dejando a un lado las boutades de los chicos de PODEMOS, lo que ha emergido hasta ahora de los llamados emergentes me parece que solo es la punta del iceberg y que el problema que tienen es la difícil conjugación de sus dos almas, el partido que peor ha salido parado de los pactos suscritos se llama Ciudadanos. Albert Rivera ha asumido -en realidad para eso le han impulsado- un desgaste de imprevisibles consecuencias y es quien más queda expuesto a sufrir los efectos del "abrazo del oso" pepero, mientras que Iglesias ha sabido zafarse del oso socialista y ha disparado certeramente contra el osezno que es Garzón (IU). El PP se ha colocado, porque Ciudadanos le ha dado facilidades, en la mejor situación para recuperar votos dubitativos ante el encanto de Rivera y de hecho las encuestas así lo evidencian. PODEMOS, sin embargo, se mantiene estabilizado en un insuficiente pero impresionante 20%, lo que indica que su táctica ha funcionado pero al mismo tiempo es rehén de su capacidad para evitar que sus representantes, reales o camuflados, ni decepcionen, ni asusten, ni metan la pata de forma ostensible en los próximos meses, el handicap lo tienen todos, líderes y cargos, en su ADN de revolucionarios de diseño con gotas de peroflautismo y exceso de torrentismo.

Nota.- Se comenta que Pablo Iglesias acude a diario a postrarse a los pies de la Almudena, con velas y todo, a implorar por la aparición milagrosa de un tránsfuga que acabe con la pesadilla de Carnena y coloque a Esperanza Aguirre en el sillón municipal. Ello le permitirá asaltar el cielo sin estar en manos del demonio.

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La Partitocracia vence a la democracia.

 

He tenido una “interesante” sobremesa a cuentas de la pretendida reforma regenerativa de la democracia que está centralizando el retorno político de las vacaciones estivales como si fuera el principal e incluso el único asunto que preocupa a los españoles. Cierto es que mis contertulios, todos peperos confesos, todos de derechas de toda la vida, todos “fachillas” en el lenguaje coloquial, todos cabreados con su PP en la mesa pero nunca en el voto, estaban al borde del éxtasis argumental -con el mismo argumentario preparado por Génova 13 y repetido por cualquier dirigente de primera, segunda o preferente del partido- sobre las bonanzas de una propuesta que, para ellos, sólo tiene una justificación real: evitar perder parcelas de poder. Porque, cuando el debate se alarga y se acaba el medio folio genovés se llega a única conclusión: si no lo hacemos la izquierda tomará los ayuntamientos y ante esa realidad no caben circunloquios.

Argumentar que la reforma contribuye a regenerar la democracia es un chiste de mal gusto, porque lo único que se pretende es reforzar un bipartidismo al que la sociedad es cada vez más refractaria y evitar que continúe la llegada a las instituciones de otras opciones políticas que cuestionen el sistema. Si de verdad se quisiera regenerar la democracia y dar preeminencia a la voluntad popular sobre la partitocracia lo que propondrían sería: elección directa de alcalde, listas abiertas para la elección de concejales y aplicación de la proporcionalidad sin correcciones en beneficio de la mayoría. Un modelo que, naturalmente, reventaría las esencias de la partitocracia y pondría en peligro la pervivencia del modelo político de casta connivente con las oligarquías. Frente a ello, lo que el PP está buscando es, con un argumentario tan pobre como efectivo, repetido por sus secuaces mediáticos, precisamente lo contrario: reforzar la partitocracia (PP, PSOE, nacionalistas y unas migajillas para IU con las que dejar que Cayo Lara siga ejerciendo su papel orgánico). Consecuencia: los españoles continuarán alejándose de la política, dejándola en manos de los políticos e incrementándose el número de abstencionistas o votantes en blanco, que, dicho sea de paso, es uno de los objetivos colaterales de la trampa bipartidista: los que no votan o lo hacen en blanco no cuentan para ellos, se olvidan al minuto siguiente de finalizado el escrutinio.

En esta tesitura, creo que la milonga se ha convertido en el tipo de música que debiera acompañar a la propuesta popular, quizás hasta para variar el ritmo de su machona musiquilla. Cuentan, y no acaban, los jefes peperos que con ello se ganará en gobernabilidad y en la lucha contra la corrupción. ¡De risa! La propuesta sanamente partitocrática -que es la misma que tenía el PSOE cuando estaba en el gobierno- consiste en que gobierne la lista más votada y punto. En roman paladino, la filosofía de la regeneración se basa solo en dilucidar por ley quién se hace con el poder. Aunque es cierto que el modo de funcionar de muchísimos ayuntamientos tiene graves déficits democráticos, asentados en reglamentos que, naturalmente, cuando están en el poder nadie quiere reformar, el hecho es que la lista más votada pero sin mayoría, que en muchos casos sólo tendría el apoyo del 30% de los ciudadanos, haría que estos alcaldes, sin alianzas, sin acuerdos, vivirían en la debilidad permanente por las posibles votaciones perdidas (pero esto ni se plantea porque los ciudadanos siguen pensando en una estructura de poder en la que el que manda es el alcalde, lo que en algunos casos es rigurosamente cierto), lo que probablemente agravaría la acusada tendencia al chanchullo como opción. Queda la segunda falacia argumental: así se evita o ser reduce la corrupción. Pero hasta el menos espabilado sabe que es más fácil negociar con uno que con cuatro. Dejo a un lado aquello de que no se respeta la voluntad popular dado que, como todos sabemos, los partidos son adalides en el cumplimiento de sus promesas electorales.

La verdad es que la democracia, la voluntad popular, la regeneración, la lucha contra la corrupción, contra los enchufismos y el negociete de los “amigos políticos” (la corrupción legal), queda en un segundo plano cuando todo se reduce a quién gobierna y, sobre todo, a que gobiernen los míos.

Es malo que el gobierno, el PP y sus PP-periodistas nos tomen por tontos o que jueguen con el absurdo “miedo a la izquierda” con el espantajo de Pablo Iglesias y PODEMOS. La realidad es que el PP ha hecho cuentas y sabe que va a perder un número importante de ayuntamientos si se confirman las tendencias de voto de las europeas; que puede conservar la mayoría simple, pero una difícil coalición de izquierdas -no tan compleja a nivel local- acabaría arrebatándoles parte del poder local afectando al régimen clientelar. También teme lo que pueda pasar en algunas Comunidades Autónomas. Ahí está el presidente del PP murciano sacándose de la chistera una reforma para cambiar la distribución de las circunscripciones (ya tiene guasa que en una región existan circunscripciones electorales creadas para que la Ley D’Hont les de la mayoría de los escaños) evitando así la pérdida de escaños que ya se da por segura. Así pues solo se trata de puro cálculo electoral.

Eso sí, la idiotez argumentaría puede llegar a límites tan lamentables como los de Soraya Sáenz de Santamaría explicándonos que el PP no tiene intereses partidistas porque la reforma va a beneficiar a Bildu. ¡Toma contundencia argumental! Ese grupo político que el PP prometió ilegalizar -otra promesa olvidada-. Como también, añado yo, va a beneficiar a los nacionalistas que verán cómo se les entrega el gobierno y la nómina de cientos de municipios, con lo que ello conlleva, porque el PP, en aras de conservar las alcaldías y la clientela, habrá prohibido por Ley que se forme una coalición para evitar, por ejemplo, que los amigos de los terroristas gobiernen  en un Ayuntamiento. Y ahí queda para las estanterías de la estulticia las argumentaciones de los doctos que nos contaban que con las reformas electorales se frenaría el nacionalismo como excusa y justificación no declarada, como hacen los buenos intelectuales orgánicos, de su deseo de reforzar la partitocracia a nivel nacional.

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A estas alturas, en vísperas de Asambleas no sé si definitivas y definitorias, a pesar de tener cierta fluidez a la hora de desentrañar el mensaje y el lenguaje político, sigo sin saber realmente qué es ese artilugio llamado VOX.

Vaya por delante que a los de mi generación esas siglas nos recuerdan más a un diccionario que a un partido político por lo que no nos extrañan el cúmulo de acepciones políticas que según quién sea el interlocutor adquiere el vocablo latino transmutado en partido. Personalmente, la mayor parte de sus dirigentes y algunos de sus teóricos militantes que ejercen por las redes de autoproclamados voceros -alguno creo que se pasa el día intentando hacer méritos para tener cualquier carguito- me parecen un conjunto de señores de “derechas”, sin que sepan muy bien qué es ser de derechas salvo en su acepción más casposa, incomodados por no haber conseguido puesto en el PP o formar parte del grupo dirigente del PP. Añádase a ello su teórica alineación con la más abierta defensa del liberalismo económico que nos lleva directamente a la insolidaridad social, porque en el fondo sus dos grandes premisas son la imposición de lo privado y que las regulaciones las haga el mercado.

Volviendo al VOX oficial, el partido indefinido, nos cuentan que existen en él dos almas que se están enfrentado a muerte -no sé si tomármelo a risa- de cara a su reunión septembrina donde no sé si está preparado el apuñalamiento de César: una liberal y otra conservadora. Alguien debería recordar a estos diferenciadores de la nada que en España, desde mediados del siglo XIX, históricamente, los conservadores eran liberales y que solo durante la Segunda República existió una derecha antiliberal que se quedaría ojiplática ante la carga ideológica de estos muchachos. Dejando la historia a un lado aún ando tratando de descifrar donde radica la diferencia ideológica entre un conservador y un liberal en la actualidad (recordemos que VOX reivindicaba a Esperanza Aguirre y José María Aznar como modelo de sus votantes). Aceptemos a efectos explicativos que exista diferencia entre los afiliados de VOX derivados del descontento con el PP (donde también habría conservadores y liberales) y los exseguidores de Mario Conde (SCD) llegados al inventillo.

La realidad es mucho más diáfana. VOX no es un Jano bifronte como algunos pretenden, aunque posiblemente continúe instalado en ese paradigma, es simplemente una madeja de complejos. Nació como partido de centro-derecha, lo que ideológicamente se traduce como liberal-conservador; buscó desesperadamente los votos de la derecha del PP y esperaba que le afluyeran los votos “patriotas”  de una extremaderecha bastante despistada cuando aparece alguien que parece que toca su misma música, dejando claro, esos sí, que eran grupos reprobables que manchaban su impoluta hoja de servicios democráticos. Su adalid, entre varios adalides, llevaba años en ese juego y al quedarse sin el seguro escaño europeo desapareció dejando la presidencia a otro dinosaurio del centro-derecha español como presidente digital (digital de nombramiento dactilar).

Llegados a esta fecha en VOX, que todavía no es nada, están afilando los cuchillos y, como sucede a nivel nacional, para pasmo de unos seguidores a los que mayoritariamente solo alienta el cabreo con Mariano, levantándose unas alfombras que hacen difícil creer en sus aspavientos regenerativos y sus críticas a la casta de la que muchos de ellos formaban parte hasta antes de ayer, siendo parte de la pomada millonaria que a algunos les ha permitido vivir de la política o, al menos, tener un sobresueldo. Así las revelaciones de Cristina Seguí, la sonrisa de VOX, sobre las facturas de Quirós, sobre la empresa del hijo que factura al partido y otras bicocas derivadas de la riada de euros que se pusieron sobre la mesa para impulsar la operación y que están muy lejos de las posibles cuotas de sus militantes, abren serias dudas sobre lo que realmente ha sido VOX. A no ser que lo archivemos en el inventario de las andanadas de la guerra fratricida que se libra por ver quien flanquea finalmente a la prima dona silenciosa que es Santiago Abascal.

Así pues, en este batiburrillo, lo que reluce es que no parece que lo primordial sea la definición ideológica de VOX, más allá de lo que ya todos sabemos sobre su “oposición” -observen que entrecomillo- a las Autonomías, sino que, como en los demás miembros de la partitocracia, lo fundamental es la lucha por el poder.

Ya que ha salido el tema del poder convendría recordar, pese a las alharacas, que VOX no es un PODEMOS de derechas, ni Cristina Seguí, pese a que lo intenta, o Santiago Abascal un Pablo Iglesias mediático (entre otras razones porque sus preocupaciones y las de los ciudadanos andan un poco distantes). Tampoco sus 240.000 votos, evaluados en su distribución territorial, son garantía de futuro institucional alguno. Por poner un ejemplo, un movimiento de piezas de Mariano en este ajedrez bastaría para hundir la aventura de Abascal en Madrid si es que no se hunde sola. Ahora bien, no es menos cierto que las dificultades evidentes del PP en Valencia podrían inflar las aspiraciones de una Cristina Seguí a la que muchos parecen ver, realmente, como la “musa de la derecha radical” para encabezar una jugada tipo Rosa Díez o para poder acabar formando la Triple Entente de cara a las elecciones generales de 2016.

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No es la primera vez que, al reflexionar sobre la importancia que el ciudadano da al fenómeno de la corrupción política, me planteo la misma paradoja: la poca influencia que los casos de corrupción han tenido a la hora de depositar en la urna la papeleta con el voto. Casi se podría decir que el ciudadano perdonaba la corrupción, la asumía como propia del sistema, como un peaje a pagar por tener una democracia avanzada, y lo único que parecía molestarles es que los corruptos fueran aquellos que no tenían su mismo color político.

La indignación generalizada que la corrupción política despierta, en la que es muy difícil establecer una frontera entre el enriquecimiento fraudulento particular y las dádivas más o menos voluntarias al partido, entre la picaresca para el autobeneficio y la picaresca del que ve pasar y pasar y decide, en algún momento, realizar una sisa en provecho propio, parece acabarse en vísperas electorales cuando se fía en el autoengaño del “vamos a luchar contra la corrupción” o, simplemente, se prefiere que “si me roban al menos lo hagan los míos”. Traducción de la filosofía de una señora de derechas que me decía, allá por los años ochenta, tras bramar contra el enchufismo administrativo de los socialistas, -¡quién no recuerda la leyenda urbana de que te colocabas si tenías el carné del PSOE!-, que esperaba que ganaran los suyos para que le colocaran al hijo.  Y yo pensaba –y no me equivoqué-: “pues si este es el recambio apañados vamos”.

Pero, hoy, junto a esa masa de españoles que perdonan su corrupción y castigan la ajena, los corruptos son solo los socialistas y viceversa, nos encontramos con otra porción importante de españoles que están identificado  el término corrupción con el de casta. Quizás de forma simplista han hecho equivalente el calificativo corrupto al de político, al menos en lo que se refiere a la idea de que un político es un individuo que aspira a enriquecerse o a medrar en el cargo para beneficio propio y de los suyos. Son a los que realmente les preocupa y están dispuestos a no transigir con las excusas prefabricadas o conformarse con el “y tú más” habitual de los opinadores profesionales y de los políticos de turno.

Cuando alguien dice “todos están pringaos”, para escándalo de no pocos de los afectados, se refiere en realidad a la connivencia de los poderes con la corrupción que es lo que la ha hecho posible. Arquetípico es lo acontecido con el caso Pujol. Pero es que el caso Pujol es casi tan antiguo como la democracia en España y lo que ahora ha aflorado bien parece sólo la punta del iceberg con la que se trata de borrar el rastro de una realidad que parece superar a la ficción.

En realidad -tengo para mí- a la casta política le importaba muy poco el tema de la corrupción porque, salvo situaciones extremas de hastío -el final del reinado de González por ejemplo- conjugándose con otros elementos, no afectaba electoralmente y todo lo más que podría suponer era un cambio de guardia hasta conseguir, sin mucho problema, el perdón público. Durante décadas las leyendas urbanas han hablado del que llegaba al cargo sin nada y acababa con el Mercedes y el casoplón, sin que a nadie despertara algo más que le envidia debido, sin duda, a nuestra alma de pícaro. La resultante ha sido el estado de corrupción generalizada en el que parecemos haber vivido y hasta estar encantados.

Hoy, sin embargo, aunque presos en sus propias mentiras y juegos, en financiaciones poco claras, las elites políticas, las mentes pensantes de los aparatos, comienzan a estar preocupadas porque, acabada la ficción de la riqueza y el despilfarro, del cobrar más para enriquecerse a costa de la administración y el dinero público aunque en el camino se perdieran millones, no pocos españoles les han convertido en “casta” y por tanto han asumido que todos son iguales y que deben buscar otras opciones. Ahora la duda es, ¿de verdad nos va a importar tanto la corrupción como para abandonar masivamente el voto a la casta?

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Se ha escrito que la democracia en la actualidad es o debiera ser un régimen de opinión pública. En el caso español, las tendencias totalitarias del limitadamente democrático sistema de partidos que tenemos han creado un régimen de reconducción permanente de la opinión pública mediante la conjunción de tres elementos: el sistema clientelar generado por el duopolio PP-PSOE; la constelación de asociaciones que controlan los movimientos sociales para que los efectos del malestar nunca deriven en cambios políticos reales y sea el duopolio el beneficiario final de los mismos; la aparición de una amplia malla de medios de comunicación que de un modo u otro están vinculados al discurso del duopolio PP-PSOE.

La expresión del régimen de opinión pública son las encuestas y los estudios demoscópicos. En las democracias avanzadas éstas condicionan a los partidos y a la clase política, pues dependen de esa opinión y no a la inversa. De ahí la sensibilidad que en muchos países conduce directamente al ostracismo al político que pierde credibilidad en las encuestas mucho antes que en las urnas, al asumir que el nivel de rechazo social es mayor que la capacidad de movilización de aquellos que constituyen el núcleo duro de los seguidores de un partido o de un político y que son inmunes, al caer en lo que no es más que un remedo del viejo culto a la personalidad o al partido, a las tendencias que marcan las encuestas.

Hoy por hoy, en los gabinetes demoscópicos del duopolio PP-PSOE, se asume que cuando llega el momento electoral, cuando se produce lo que los técnicos denominan el “vértigo electoral”, la opinión pública, por efecto de la acción de los elementos de reconducción, sufre un vuelco y se mantiene mayoritariamente, pese al rechazo que haya estado expresando, dentro de las dos opciones de gobierno. Es decir, que pese a cuantas encuestas se hayan realizado entre los tiempos electorales, por más rechazo que se haya manifestado, el elector mantiene la fidelidad de voto o bien muda su voto hacia el otro platillo del duopolio.

Anuncian los estudios demoscópicos, aunque es cierto que en los centros de Génova o Ferraz no se estima que ello produzca grandes transformaciones, que en España el régimen de opinión pública que expresan las encuestas está comenzando a tener un peso específico cualitativo. Lo cierto es que las tendencias que marcan las encuestas nos dicen que se va reduciendo el peso electoral del duopolio PP-PSOE, y que puede acabar independizando una masa de voto importante de lo que se llama el voto útil en función de los dos partidos que se considera que son los únicos que pueden formar gobierno. Que ello es así viene a ponerlo de manifiesto la introducción de reformas electorales (reducción de representantes, multiplicación de distritos, requisitos que vulneran el derecho de los españoles a participar como elegibles…) que buscan paliar los daños para el duopolio que ponen de manifiesto las encuestas.

El desprecio que hoy por hoy muestra la clase política detentadora del poder y aspirante al poder con respecto a la opinión pública resulta apabullante. De ahí la divergencia cada vez mayor entre esa casta y un sector importante de los españoles que según las encuestas oficiales ve a los políticos como un problema para el país.

Controlar a la opinión pública se ha convertido en una obsesión. Ejemplo clarividente de ello y de todo lo dicho es lo que está ocurriendo con el denominado “caso Bárcenas” transformado en el “caso PP-Bárcenas”. El resultado de las encuestas resulta demoledor: una mayoría amplia de españoles, superior entre el 72% y el 78% no ha creído a Mariano Rajoy tras su obligada comparecencia parlamentaria para dar explicaciones sin darlas, y lo que aún es más revelador, por encima del 40% de sus votantes tampoco le han creído. Cierto es que esto importa, de momento, muy poco en Génova porque aunque se reduzca la intención de voto, dada la situación de la oposición, por encima del treinta y tantos por ciento del cuerpo electoral mantiene una fidelidad absoluta en este caso al PP.

Ahora bien, resulta evidente que en España el régimen de opinión pública comienza a ser una realidad y que, pese al poderoso entramado mediático vinculado al duopolio, fluye la irrupción de una opinión cada vez más crítica con los partidoperiodistas o los partidotertulianos. Lo que puede crear nuevas reglas de juego y es ahí donde el caso Bárcenas a futuro puede acabar siendo una bomba de espoleta retardada que es lo que temen en Génova 13.

En el momento actual es suficiente, estima el equipo sociológico del PP, con refugiarse en lo que digan los tribunales enfrentando al delincuente con los inocentes vilipendiados por estrategia procesal; defender la tesis, antidemocrática, de que la responsabilidad jurídica es única y que no existe por tanto responsabilidad política a menos que se produzca una condena en los tribunales. En un régimen de opinión pública controlada o reconducida podría bastar, pero… a Mariano Rajoy no le han creído los españoles.

Se abre pues una nueva fase de incierto resultado porque el “caso PP-Bárcenas”, como dinamizador de la independencia de la opinión pública, tiene dos aspectos que pueden acabar pasando una importante factura electoral al PP de Mariano Rajoy que pudiera acabar viéndose apartado de la política por el bien del partido:

El primero, de orden menor porque no es objeto de ilegalidad, radica en el cobro de sobresueldos, implícita y eufemísticamente reconocido por Mariano Rajoy y que, dada la situación económica de millones de españoles, se troca en un elemento más de desprestigio y de muestra del poder de la casta.

El segundo, el más importante, por el que nadie pregunta: ¿cómo pudo el señor Bárcenas amasar una fortuna de 20, 40 o 70 millones de Euros cuando su única profesión conocida es la de ser durante años gerente del PP aunando a ello en un tiempo su acción como tesorero? Y es ahí donde la tesis de Mariano Rajoy tiene su talón de Aquiles, porque cuando afirma que se equivocó al confiar en él parece que el origen de su fortuna está en el robo al partido; tesis que por otra parte parecieron confirmar las acaloradas palabras del señor Alonso. 

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Se anuncia para la primera hora del primer jueves de agosto, en plena ida y venida vacacional -al menos del segmento de españoles que influyen en la sociedad y crean opinión- una sesión más de la gran farsa parlamentaria. Hemos tenido, en estos días, bombo y platillo, tertulianos calentando y calentándose la boca, diputados y dirigentes preparando a la opinión e interrumpiendo en todo debate que se precie para apagar los argumentos -cuentan que corren instrucciones de Génova para que así se comporten-. Un ruido insoportable que no ha ido a más por el drama y la tragedia ocurrido en las vías de Santiago.

Cuando se anunció, por fin, la comparecencia del presidente en el Parlamento -¡qué manía tienen los presidentes en convertir en excepción lo que debiera de ser normal!- con tanto tiempo de preparación a nadie se ocultó que lo que se buscaba era conjurar el peligro, preparar a la opinión: ¡Bárcenas! ¿Quién es Bárcenas? -se pregunta Rajoy- ¿acaso es de los míos?; ¿Bárcenas? Un hombre sin honor -repite Cospedal-, que cambia de tercio al servicio de la oscura trama político-periodística lanzada contra el PP y Rajoy. Un delincuente y la sesión del jueves una pataleta organizada por el PSOE, que busca desesperadamente escaquearse de la losa de los EREs -¡eso sí que es corrupción y no las minucias de un golfo que nada tiene que ver con el partido!- y la izquierda para ganar lo que no consigue en las urnas. Y portadas de La Razón al servicio del partido que para eso su director fue servidor del partido.

Asistiremos atónitos a la farsa del jueves. Farsa, porque con un hábil mandoble, convirtiendo el caso particular en caso general, Rajoy sabe que tiene a sus pies la réplica del “y tú más” que jalean como nadie algunos de los contertulios de 13TV y el director de La Razón: IU, ¿qué puede decir IU cuando está salpicada por el fango andaluz?; CiU, ¿qué puede decir CiU, la de la Cataluña nacionalista del caso Palau, del 3%, de esos feos y turbios asuntos que comenzaron a la sombra de los Pujol en Banca Catalana?; PSOE, Rubalcaba ni tan siquiera podrá alzar la voz, hablará para los suyos y los holigans peperos disfrutarán con los recordatorios de la corrupción socialista. Y me suenan las sirenas del instinto que me dicen que ya han pactado no ir más allá de los estrictamente necesario haciendo valer aquello de mejor “entre bomberos no nos pisemos la manguera” que al final el gato se lo lleva otro al agua.

Farsa, porque Rajoy no va a explicar nada y no va a contestar nada. Nos dirá que la justicia en España trabaja con independencia, que él está al lado de la Ley sin interferencias, que los corruptos no tienen legitimidad para reprocharle nada, que los tribunales serán los que finalmente hablen y nos propondrá una batería de palabrería disfrazada de iniciativas para luchar contra la corrupción. Como si la corrupción fuera un ente abstracto, externo, venido de otro mundo, que nada tiene que ver ni con su partido, ni con los demás partidos ni con el modelo de casta política. Le hablarán de Bárcenas y Rajoy se limitará a decir: “¿Bárcenas, quién es Bárcenas?” Olvidándose de las comidas y reuniones del clan, de sus leales, entre los que se encontraba Bárcenas, en el chalé de Ana Mato. Se olvidará, conscientemente, de que una cosa son las responsabilidades penales y otras las morales y políticas, que si en el primer caso se puede ser inocente, con todos los pronunciamientos favorables, en el segundo se puede ser culpable. Y cerrará, henchido de patriotismo, recordándonos que es necesario mantener la imagen de un gobierno fuerte, sin sombra de duda, que no debe ser atacado, porque está en juego nuestra credibilidad y el futuro ahora que estamos en el buen camino, pudiendo así proseguir con el famoso programa de reformas.

Lo demás carece de importancia. Rajoy, el PP y sus pperiodistas saben que cualquier posible conducta delictiva fiscal dimanada de los afamados papeles de Bárcenas está prescrita, por lo que los tribunales difícilmente dirán nada; y sin condena judicial todo quedará en el archivo de los recuerdos -salvo que Pedro J. siga insistiendo como buen perro de presa al igual que hiciera con el caso de los GAL- y en unos superables daños colaterales.

La farsa del jueves se cerrará cuando Rajoy sea incapaz de contestar con un Sí o un No a tres sencillas preguntas: ¿tenía el PP contabilidad B? ¿se financió el PP recibiendo donativos no declarados? ¿se pagaban o no se pagaban sobresueldos? Dará igual que no lo haga, porque para un sector importante de la opinión pública las respuestas son afirmativas. Entre otras razones porque nadie se cree que Bárcenas tenga una capacidad de fabulación e inventiva capaces de mejorar las dotes de Tolkien y Lewis aderezadas con unas notas de Stephen King.

En el fondo, el problema es que a mí el tal Bárcenas, me recuerda a Louis Shumway, contable de segunda de Alcapone, aquel chico al que echaron el guante Eliot Ness y sus míticos intocables, y que cantó como Carusso a la primera embestida de la presión. Que conste que Rajoy no es Alcapone, pero sí que tengo la impresión de que algunos pensaban que Bárcenas era como Jack Gusik, el leal jefe de cuentas y abogados del gánster, al que todos conocían como Pulgar Sucio, que nunca hubiera cantado.

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LOS TRAMPOSOS

Publicado: 16/07/2013 19:22 por Francisco Torres en La casta política
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Oyendo a Mariano Rajoy en su comparecencia ante la prensa en La Moncloa el pasado lunes y leyendo las píldoras amargas que día a día le está dispensando el diario El Mundo a todo el mariachi vocero popular, empezando por Rajoy y siguiendo por Floriano, Alonso o Cospedal -todas las mañanas voy al kiosco con el alma en vilo cual si fueran a regalarme una novela de Agatha Christie-, me vino a la memoria el título de una original cinta de Pedro Lazaga, Los Tramposos, sobre dos golfillos que viven en Madrid a costa del timo de la “estampita” y el “toco mocho” (soberbias interpretaciones de Leblanc y Ozores frente a las malas de Rajoy y Floriano). Entre otras razones porque ante el caso Bárcenas, ya el caso PPBárcenas, el partido y el gobierno se están comportando como auténticos timadores de la verdad.

El silente Mariano, que está provocando el silencio de muchos de los votantes populares por causa del sonrojo que todo esto les está causando, no tuvo más remedio que hablar porque la visita del primer ministro portugués invalidaba el recurso al comunicado, al plasma y a los usuales PPeriodistas que ya comienzan a abandonar el barco para evitar que una posible caída de Mariano les arrastre. Por fin habló sobre el caso Bárcenas para decirnos que sobre ello ya había hablado mucho y que el Estado de Derecho no admite chantajes. ¡Pues bueno!, pensé yo. Más le valiera haber seguido calladito.

Miraba a Mariano hablando con seguridad y pronunciación, bajando la mirada para mirar el papel, y no pude por menos que recordar a los tramposos de la película. Veía la cara de Mariano Rajoy, trasunto de la de Floriano, y no podía quitarme de la cabeza el timo del “toco mocho” cuando leía -¡leía!- la respuesta a un periodista ante una pregunta sobre los SMS de Bárcenas. No es que yo piense que el eficaz Arriola o el equipo de asesores demoscópicos de Mariano -que estuvieron perezosos el domingo porque se levantan tarde para pergeñar la justificación heroica que llenó la boca de Floriano de naderias- no pensara que la pregunta se la iban a hacer y por tanto se la cocinaran convenientemente, pero…

He aquí, sin embargo, que al día siguiente nos desayunamos con la noticia de que había timo -otra vez Los Tramposos vinieron a mi memoria-, que la pregunta había sido dictada a su periodista por un director de periódico afín al gobierno y que Mariano le dio irregularmente el turno al periodista que, casualmente, le tenía que hacer la pregunta en los términos más adecuados para que él nos pudiera contar la milonga de que en España existe el Estado de Derecho (bueno en España existe un cuarto de Estado de Derecho porque las otras partes son patrimonio del gobierno) y no se admite el chantaje. ¡En todo caso Bárcenas quería chantajear a Mariano y no al Estado de Derecho y si creemos lo que se ha publicado enviados del PP también quisieron chantajear a Bárcenas!

Eso sí, al final, perdido ante otra pregunta, repitiéndose más que los pimientos, Mariano no supo contestar a algo tan sencillo como si cobró o no cobró sobresueldos. Y no es que piense que cobrar sobresueldos es una ilegalidad y por tanto que Mariano debiera dimitir como pide a coro y con cierta chufla la oposición, es sencillamente que como yo no paso de españolito de filas me asombro de la necesidad de emolumentos que precisan los dilectos escogidos para encabezar los aparatos partidarios: sueldo de diputado, senador o Ministro, dietas, sueldo de excedencia, complementos diversos y sueldo del partido. A final de mes una pasta gansa. Nada ilegal, como no es ilegal que el partido abonara según los papeles de Bárcenas los trajes de temporada de Mariano por valor de 12.620 Euros, aunque no nos precisaran si el resto de los trapitos de sus dirigentes máximos también los paga la cuenta corriente del Partido Popular. Puede que no sea ilegal -siempre y cuando lo declaren claro está- pero para muchos españoles, incluyendo muchos votantes del Partido Popular, resulta altamente inmoral.

PD.  A qué espera Montoro para iniciar las pertinentes averiguaciones.  

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Supongo que soy uno de los pocos españoles que piensan que la mayor parte de los diputados y senadores son, en realidad, unos señores o señoras que saben apretar el botón del Sí, el No o abstenerse al dictado de su jefe de filas. Por más que se empeñen, algunos -supongo que muy pocos- pensamos que la mayor parte de sus señorías no pasan de ser los titulares de unas posaderas especializadas en calentar el escaño, aunque a veces necesiten salir a estirar las piernas y de ahí los espaciosos huecos con que nos obsequian, de vez en cuando, las imágenes de la Cámara.

A tenor de su actividad parlamentaria, 0 iniciativas sobre una media por parlamentario de 36 y 2 intervenciones sobre una media de 20 en lo que llevamos de legislatura -seguramente se está preparando-, uno de esos “calienta escaños” que, eso sí, acumula puestos, supongo que con extra de remuneración (vocal de la Comisión de Fomento, vocal de la Comisión de Seguridad vial, portavoz adjunto de la Comisión de Agricultura), digno discípulo de Catilina al explicar en una de sus dos intervenciones que “la desventaja que tiene intervenir el último es que los argumentos que tenía ya los han utilizado”, por lo que para qué trabajar, ha tenido la ocurrencia o la desfachatez de explicar a los españolitos que las pasa canutas para llegar a final de mes con los 5.100 euros que cobra. Chollos a un lado que al ínclito diputado se le han olvidado.

El autor de tan soberana estupidez, clara muestra de cuál es su sensibilidad social, es uno de los recién llegados a la Cámara, Guillermo Collarte Rodríguez; por más señas diputado por Orense, ahora Ourense, por el Partido Popular. Este Funcionario del Cuerpo Superior Facultativo de la Xunta en excedencia, que según se indica en sus papeles sigue cobrando los trienios, que vive casi de toda la vida en Madrid, ingeniero de caminos y padre de tres hijos, titular de dos pisos y tres coches, con hipoteca como todo el mundo, directivo que debía ganar un pastón por lo que los 5.100 euros de salario como diputado se le quedan cortos, hizo una entrada en política de la mano de Nuñez Feijóo para amerizar como candidato a las pasadas municipales por la citada ciudad gallega. Y todo ello lo hizo, tal y como se encargó de explicar, por “morriña”, para “ser concejal de mi pueblo, y eso no se mide en dinero”. ¡Qué bonito!

En realidad, en los mentideros, Collarte marchaba a Galicia para ser uno de los nuevos hombres de Feijóo y como estaba tan ansioso de ser concejal -donde sólo cobraba por asistir a plenos-, además, acabó de Gerente de Xestur Our S.A, empresa de la que la Xunta es accionista. ¡Qué cosas! Y ya puesto a sacrificarse, una vez hecha la heroicidad siempre adelante, aceptó ser diputado. Diputado de provincias que, naturalmente, pese a tener dos casas en Madrid, donde ha vivido los últimos dieciséis años, cobra religiosamente el suplemento por residir fuera de la capital. Lo que es lógico porque el pobre diputado con sus 5.100 euros de salario, como nos ha explicado, las está pasando canutas. ¡Qué cosas!

Estoy seguro que a Collarte, mentalmente, dado lo que deberían ser sus emolumentos privados, este salario, chollos a un lado, le debe parecer insuficiente. Pero, ya sabía a lo que se exponía cuando decidió ser diputado. ¿O es que creía que al final, chollito por aquí, chollito por allá, cobraría más? Aunque no es menos cierto que su nombre sonaba a cargo hace unos meses -una dirección o una subdirección general- y se ha debido quedar a las puertas por lo que ha continuado con el sacrificio de ser diputado de su provincia. Lo que según la teoría política del señor Collarte tampoco debe tener precio.

Yo que soy así me puedo creer que el ínclito y deslenguado Guillermo Collarte -a más de un pepero le ha salido un sarpullido al leer sus declaraciones-, cuyo pensamiento social no debe bajar del equivalente a los hoteles de muchas estrellas, las pasa canutas; que su declaración de bienes es cierta y no tiene más ingresos. Pero, como sucede en muchos de estos casos, Guillermo está casado en régimen de separación de bienes, por lo que en realidad difícilmente sabemos cuál es su situación económica y si, de verdad, las pasa canutas para llegar a final de mes.

Guillermo Collarte, en la estela de la señora Fabra, no hace más que trasparentar cuál es el pensamiento social de algunos diputados. A mí me recuerdan a aquel personaje pijo de Pedro Ruíz que siempre mentaba lo mal que huele la people. Con 5.100 euros al mes, que en realidad son más (el bruto mínimo es de 5.335,8), las pasan canutas. En este sentido, que el salario mínimo en España esté donde está, que se plantee ya la implantación de los “minijobs”, que se reduzca la nómina a millones de personas que rondan los mil euros… etc, es lo normal, porque el resto de los españoles también tienen que pasarlas canutas. No sólo se va a sacrificar por España el laborioso diputado del Partido Popular Guillermo Collarte. ¡Faltaría más!

Espero que de forma inmediata Guillermo deje de sacrificarse, presente la renuncia a su acta y vuelva a su vida profesional. Probablemente España se lo agradecerá porque lo que no necesitamos son más Collartes en la lista de los mártires y sufridores por el Partido.

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¡Qué maravillosa es esa cosa llamada red! Tengo un número amplio de amigos en ese artilugio que llaman Facebook. Es imposible leer lo que cada uno acaba colgando en el muro, pero una vista rápida permite ver el grado de irritabilidad que padecemos los españoles. Aparecen noticias sobre los reyes de la tijera, los amos del recorte que en cualquier país, ajeno a la tradicional picaresca española, equivaldría a la inmediata dimisión del responsable de ser cierta la denuncia.

Hoy, día de Santiago, patrón de España, me he decidido a realizar un recopilatorio de esos que acabarían indignando al más sereno y poniendo contra las cuerdas a más de un irredento defensor de nuestro actual gobierno. Es el rastro de las mamandurrias que, viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, afirma para la galería una destacada dirigente popular -la Esperanza del PP, el recambio de Mariano- que es necesario quitar. Resumo a la vez que transcribo y comento:

-El Ministro de los recortes (por Cristóbal Montoro) tiene tres pisos en Madrid pero cobra 1800 euros por alojamiento. ¡Increíble, no es posible! Un dirigente del PP haciendo estas cosas, seguro que es una desprestigiadora maniobra socialista que diría Andrea Fabra. ¿Y si fuera verdad?

- E-mail que están mandando a los diputados: “¿Le importaría explicar por qué usted y 61 diputados más cobran un plus por alojamiento y manutención teniendo casa en Madrid?”. ¡Qué falta de consideración! Otra maniobra de no se sabe quién para desprestigiar a la clase política, porque entre ellos se dice que hay del PSOE y del PP. Consenso en la materia, que se diría.

-El alcalde de Valdemoro, del PP, sube casi el 50% el sueldo a su personal de confianza. ¡No, imposible! Pero sí estamos en plena política de recortes en las administraciones locales. Estos socialistas es que no paran de inventar.

-El Ministro Fernández Díaz (el de Interior) cobra 1.800 euros al mes para gastos de alojamiento, pese a vivir en la sede de interior. Indudablemente, otra maniobra socialista que diría Andrea Fabra para criminalizar al PP, para hundir a un sacrificado diputado.

-Telefónica suspende temporalmente el reparto de dividendos. Normal, ¿de dónde van a salir los 4.5 millones de euros que se tendrán que pagar a Iñaki cuando le echen?

- Un síntoma: “¿Por qué está tan contenta la izquierda con la situación actual de España? Fácil, entre Zapatero y Rajoy le han devuelto a los españoles lo que Franco les había quitado… ¡¡¡El hambre!!!”. Mecachis con los franquistas irredentos.

-El gobierno de Melilla, naturalmente del PP, subvencionará la mitad de las consumiciones en tapas y bebidas para promocionar el turismo, por un total de 80.000 Euros. ¿De qué se quejan los que lo critican? Es para dar de comer.

-Esperanza Aguirre, la de las mamandurrias, deja sin vacuna contra  la meningitis a 76.000 niños. Bueno, pero ha pedido ayuda primero a los ciudadanos que tienen que sacrificarse para no tener corralito.

Y así podríamos seguir y seguir. Pero, ¿con esta pandilla cómo quieren que confíen en nosotros?

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Lo bueno de las retrasmisiones parlamentarias completas por el canal 24h de TVE es que nadie las ve; lo malo es que algunos sí se entretienen en seguirlas. Lo bueno que tienen es que ahí quedan las imágenes y los sonidos; lo malo, que la gente puede verlas y por tanto aceptar o no aceptar lo que los asesores y tertulianos quieren que quede de los mismos.

Las cámaras han traicionado a la diputada Andrea Fabra que, como todo el mundo sabe, extasiada ante el discurso de don Mariano aplaude como posesa y grita un sonoro “¡Que se jodan!”, para disgusto de Jiménez Losantos que en la mañana del Viernes 13 intentaba sembrar la duda sobre si en realidad la “guapa” -según Losantos- Andrea Fabra había pronunciado tales palabras en la bochornosa sesión sobre los recortes disfrazados de paquete de medidas económicas -según el eufemismo popular-. Afortunadamente, porque las imágenes están ahí, la diputada que a estas horas debía de ser exdiputada no ha negado que gritara tan digno exabrupto, pero se ha limitado a explicar que se dirigía a la bancada socialista por el barullo que estaban formando. Lo que para contentar a los hooligans peperos y a Jiménez Losantos probablemente sea más que suficiente pero no para los indignados que han visto las imágenes y que piden su dimisión.

Vayamos por partes. La expresión de la señora Fabra no es más que la guinda anecdótica de una sesión bochornosa. Lo que los españoles han acabado viendo es como  unos recortes que ponen contra las cuerdas a millones de españoles fueron recibidos con estruendosos aplausos por parte de los diputados populares. Incurriendo en la siempre peligrosa generalización, porque es posible que alguno guardara respetuoso silencio, cabe afirmar que lo único de lo que hicieron gala fue de su falta de sensibilidad. Lo que debería haber sido una sesión de caras largas y gestos cariacontecidos se transformó en el circo habitual, donde más de uno saldría diciendo aquello de “que paliza les hemos dado a los sociatas”. Naturalmente la ciudadanía es tonta y no ha alcanzado a comprender los intentos de González Pons a la hora de explicar que los estruendosos aplausos al líder eran producto del reconocimiento de la valentía de Rajoy al acometer los recortes.

Lo malo que tiene la red y esos dichosos internautas es que en la aldea global hemos visto como los recortes eran recibidos en el parlamento italiano entre lágrimas y en el parlamento español con aplausos que se aproximaban peligrosamente al “¡Que se jodan!” de la señora Fabra.

Pocos van a aceptar las explicaciones, por llamarlas de alguna manera, de la señora Fabra -¡qué bien le hubiera quedado una disculpa!- tras ver el vídeo, pese al empeño que algunos están mostrando a la hora de eliminar los link en yotube y de presentarlo todo como una campaña de manipulación socialista. Retratemos el momento en la sesión: Dice Mariano, y de paso, indirectamente, como le indicó Rosa Díez, parece querer decir que los parados están tanto tiempo parados porque quieren: “se va a proceder a la revisión del modelo de prestaciones de desempleo garantizando que estas no generen efectos desencentivadores en la búsqueda de empleo siguiendo el ejemplo de algunos países de la Unión Europea”. Y, lógicamente, tal y como lo dice se oye el murmullo desaprobatorio y el creciente aplauso popular que Mariano, hábil parlamentario, deja que suene para demostrar plebiscitariamente el apoyo a lo que acaba de anunciar. Y ahí, entre los aplausos, resuena el “¡Que se jodan!”.

Otorguemos a la señora Fabra el beneficio de la duda, porque en la frase falta el sujeto. En buena lógica serán los afectados por la medida, es decir, esos parados que están desencentivados a la hora de buscar trabajo porque cobran el paro y que ahora no podrán seguir haciéndolo. Pero no, según la señora Fabra el sujeto son los diputados socialistas que arman ruido. ¡Sorprendente! La explicación es aún peor, porque yo me pregunto: ¿por qué se van a joder los diputados socialistas porque Rajoy anuncie eufemísticamente que se van a reducir las prestaciones? Debo entender que, según el razonamiento de la representante popular, los diputados socialistas se mostrarán  afectados porque están en contra de esa reducción y por lo tanto a la señora Fabra le parece de perlas y de ahí su alegría por la lección que Mariano les está dando. Lo que traducido viene a ser: bajemos la prestación de desempleo porque así se joden los socialistas.

 

 PD. Leo en la red y presupongo que no será cierto que esta profesional de la política que, en virtud de sus méritos y no de la influencia familiar -su padre era el dueño y señor del cortijo pepero en el Levante  norte y hoy anda multimputado-, inició su carrera nacional como asesora de Aznar sin acabar la carrera, siguió como senadora por designación y lleva ni se sabe cuánto tiempo como diputada, cobra el plus por ser diputada de provincias y vive en un pueblo de Madrid. Seguramente será mentira pero me gustaría que lo aclararan.

También leo que, como todos los españoles, tiene una hipoteca de 1.800.000 euros con Bankia. ¡Qué exagerados!

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Para acceder a un cargo público, magníficamente remunerado, no se necesita oposición alguna, basta con saber hacer genuflexiones y derramar baba arrimándose, eso sí, al sol que más calienta dentro de esa fábrica de colocaciones para familiares, amigos, amiguetes y demás que son los partidos políticos. Si uno, además, es listillo y trepa la riqueza y la bonanza está servida; pudiendo, como plus, como bonificación, escupir sonrisas, cuando no carcajadas, al rostro de unos administrados que, como diría un niño-pijo, son parte de esa chusma que “huele mal” y no sabe vestir.

Estar en un cargo público no es sinónimo-rara vez lo es- de preparación, hasta el escurridizo Montoro lo ha tenido que reconocer (probablemente le traicionó el subconsciente). Es más bien el resultado de una lealtad perruna, aunque poco tenga que ver en realidad con la lealtad que estos animales muestran a sus dueños, al propietario y señor del partido o a las estructuras de poder del mismo; quienes imperan en las colocaciones digitales (a dedo quiero decir). Así, en muchos casos, los cargos públicos han devenido en el paraíso de los imbéciles.

El último en irrumpir en tan alto Olimpo ha sido el Secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, al que conscientemente apeo del don. Dispuesto a sostener, con la táctica de manual impuesta a todos los miembros del gobierno y del partido que lo sustenta, el argumentario pro ajustes-reformas-recortes ha cantado las bondades del ahorro que supondrá la expansión de la jornada de los funcionarios en 2.5 horas. Hasta ahí bien, pero, orgulloso, no ha querido dejar pasar la oportunidad de llamar, sin reserva alguna, vagos, improductivos e irresponsables a todos los funcionarios que hipotéticamente están bajo su sapiencia organizativo-directiva. Y se ha quedado más ancho que largo este profesional de la política que ha vivido cara al sol. Me refiero, naturalmente, al sol que más calienta. Este sujeto que vivió al sol de Esperanza Aguirre, ariscada señora que aún maniobra en la sombra para desplazar a Mariano Rajoy, y a la que procuró dejar para colocarse bajo los rayos luminosos y resplandecientes de un señor de Galicia que hoy ocupa la presidencia del gobierno. Está claro que Roma no paga traidores, pero desde el Imperio ha llovido mucho.

Este político, miembro de la casta privilegiada que lleva compartiendo el pastel con sus congéneres, ha ascendido al paraíso de los imbéciles y quiere seguir haciendo méritos. Se ve como un empresario británico de los comienzos de la revolución industrial. De esos que regulaban hasta el tiempo para hacer “pipí”, prohibía a los desgraciados obreros -esos que huelen y visten mal- que hablaran entre ellos para no perder el ritmo de producción (algo de eso también ha sugerido Cospedal cuando nos dice que tenemos que trabajar más, de ahí que de ejemplo con el pluriempleo), o que les ponía multas si silbaban. Y lo ha dejado claro. Ha sacado la fiereza de las charlas de café en lugares caros con individuos de su misma especie para amenazar a los pobrecitos funcionarios: “nada será como antes” (¡qué miedo han debido sufrir esta mañana varios millones de trabajadores!), ya pueden “olvidarse del cafelito y de leer el periódico”.  No cabe mayor villanía, ni mayor insulto. Y si estuviéramos en el siglo XVIII o XIX bien estuviera que se le cruzara la cara con un guante y se le retara a duelo singular a espada o pistola para lavar la mancha del honor.

Pero ojo, el tal Beteta, no ha hecho más que suscribir lo que con los hechos han demostrado, según parece, todos los Grupos Parlamentarios: que los funcionarios son unos inútiles. Por eso los Grupos Parlamentarios, en tiempos de recortes para todos (¿para la casta también?), se han autoautorizado para contratar asesores en vez de utilizar funcionarios. Entre otras razones porque los funcionarios, esos que toman el cafelito y leen el periódico (Sus Señorías lo leen en el I-Pad que les pagamos todos), cobran una tercera parte de lo que pagan a un asesor contratado digitalmente entre amigos, familiares y políticos de alta alcurnia sin tener donde caerse muertos tras perder la poltrona.

Podríamos pensar que estamos ante la boutade de un imbécil y conformarnos. Pero no, forma parte de una estrategia. No sé si Arriola, ese chico que según me dicen andaba por alguna oficina gubernativa en sus tiempos de ariscado opositor estudiantil, habrá sido el genio de la estrategia de la comunicación u otros de su estilo, pero lo que dicen, desde Rajoy hasta el último mindundi al que enchufan una alcachofa, responde a una estrategia de comunicación. El gobierno necesita que todos tengamos enemigos de clase (¡menudo tópico neomarxista me ha salido!) para que no asociemos la responsabilidad o la irresponsabilidad de lo que está pasando y de las decisiones que se toman al propio gobierno. ¿Y qué mejor modo de enfrentar a unos contra otros? Ahí está el meollo que diría un paisano, o la razón última que ampara declaraciones como las del tal Beteta (¡qué fáciles alegorías o metáforas me brinda su apellido mas a ellas renuncio!). Y si me equivoco reto al gobierno, a los populares y a sus fans (¡todo lo que hagan los míos bien hecho está!) a que de forman inmediata pongan a este sujeto de patitas en la calle, porque no es posible conformarse con un socorrido donde dije…

El mecanismo de la estrategia, resumido para terminar en breves líneas es sencillo: los funcionarios, ya se sabe, son unos vagos, por lo tanto es legítimo pisotearlos un poco. Y el resto de los ciudadanos piensa, es lo que se merecen. Tenemos que salvar la Sanidad por eso ajustamos el gasto a lo que es necesario y lo demás lo pagan los que lo necesiten. Y los ciudadanos ya piensan: mejor pagar un euro que pagarlo todo pero ignoran hasta qué punto les afectará la retirada de servicios. Tenemos que abaratar el despido porque así crearemos empleo. Y el ciudadano piensa: bueno, mal pagado y sin derechos, pero al menos trabajaré; aunque el paro sigue creciendo. Tenemos que… La resultante es que todos, acaloradamente, discuten entre todos: tú eres un vago y te lo mereces; tú un defraudador porque nadie controla lo que ganas porque eres autónomo; tú…

Hasta que al final vinieron a por mí, que diría Beltor Brecht.

 

PD: Mirando esta fotografía tomada de 20Minutos me preguntó: según el tal Beteta ¿Si don Mariano es un funcionario, que lo es, y toma un cafelito es también un vago, improductivo e irreponsable?

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He leído críticamente, pero con la calculadora en la mano, un interesante trabajo publicado en el diario El Mundo, el domingo cuatro de marzo, en el que Martín Mucha apunta cómo recortar la mareante cifra de 140.904.733.210 Euros sin que se tenga que recortar en Educación y Sanidad o subir los impuestos. Dejando a un lado el sensacionalismo y la pequeña carga de demagogia interesada que puedan contener unos datos que sirven de reclamo para un libro de inminente aparición, asumiendo que ya el gobierno ha realizado recortes en algunas de esas partidas -pobres, timoratos y a regañadientes ciertamente- en un 20% y que debemos suponer, aun cuando dadas las cifras de déficit no parece que así haya acontecido, que las administraciones autonómicas y locales han procedido de modo similar, añadiendo que no todas las propuestas son válidas, lo cierto es que si sólo se pudieran ahorrar 40/70.000 millones de euros estaríamos muy por encima de las necesidades objetivas que de ahorro tiene el gobierno.

¿Por qué si es posible dicho ahorro sin gravar la economía de los españoles, sin contribuir a proletarizar las clases medias, sin disminuir la calidad en los servicios educativos y sanitarios por razón de ahorro, no se hace? La respuesta que no se atreve a plantear en toda su extensión el articulista, aunque lata en el fondo de reportajes como el que nos ocupa, es sencilla: Mariano Rajoy, como cualquier político, no está dispuesto a desmantelar el régimen clientelar que padecemos, entre otras razones porque él y su partido también son beneficiarios políticos de ese régimen. Un sistema que permite controlar a la sociedad y mantenerla dentro de los parámetros de las propuestas del bipartidismo imperfecto que sufrimos y que es responsable, por acción, por interés o por omisión de la permanencia de esos más de 10.000 millones de euros que todos los años se escapan por las procelosas aguas de la corrupción.

Queriendo ser Churchill, aun cuando en realidad más se parezca a una caricatura, Mariano Rajoy y su equipo insisten, una y otra vez, en la necesidad de los recortes, directos o indirectos, salariales o impositivos, así como en la virtud del sacrificio, con una envolvente retórica pseudopatriótica en la que se alaba la capacidad, demostrada a lo largo de su reciente historia, de los españoles para salir adelante. A vuelta de correo los españoles, que van a sufrir directamente el sacrificio, responden donde pueden que por qué no se recortan los primeros ellos para dar ejemplo. Les salva, para que la protesta no se convierta en torrente, para que la sociedad harta de la explotación no les vuelva la espalda, la inexistencia de una denuncia pública y constante de los caprichos de la casta política en los medios que les obligara a la dimisión o a la regeneración. Pero esa denuncia, salvo en lo anecdótico, no existe entre otras razones porque el régimen clientelar acaba, al final, blindando a la casta política. Todavía resuena en mis oídos el aplauso al “uninoso” -que diría un personaje de Jardiel Poncela- de socialistas y populares a Mariano Rajoy en el debate de investidura cuando ante el tema de la corrupción defendió la honestidad de los políticos.

Cómo no nos vamos a molestar los ciudadanos; cómo no vamos a saltar de cólera en nuestro sillón cuando escuchamos las soflamas de los responsables económicos, de los sindicatos o de la CEOE; cómo no vamos a arder en estallidos de indignación cuando este gobierno de los recortes se ha gastado un millón de euros en iPads para los diputados (un juguete que difícilmente sirve para desarrollar el nivel de trabajo que se supone a un diputado); cómo no nos vamos a enfadar cuando los partidos políticos y sus fundaciones se reparten, a pesar de los recortes, más de cien millones de euros; cómo no se va a enfadar el español que tiene que ir con su coche o en transporte público a su centro de trabajo cuando se estima que España gasta al año en coches oficiales casi dos mil millones de euros; cómo no vamos a reírnos de nuestra imbecilidad cuando nos llega la factura del teléfono y nos enteramos que se estima que los políticos gastan a costa del erario público treinta millones de euros en facturas de móvil; cómo no vamos a pensar que nos toman por estúpidos o por borregos -no sé qué será peor- cuando se habla de lo que cuestan las más de diez mil tarjetas de crédito con cargo a nuestros impuestos tienen a su disposición: la friolera de 24 millones de euros…

Las cifras del reportaje aludido son de por sí indignantes aunque no desconocidas: 630 millones se gasta Cataluña en sus Consejos comarcales y después cierran hospitales por las tardes; cincuenta y cinco millones nos cuesta un Senado que nadie sabe a ciencia cierta para qué sirve; 24 millones se siguen gastando en asesores y cargos de confianza, puestos con los que se recompensa y colca al staff del partido de turno; 180 millones se gastan las Comunidades en las subvenciones a las líneas aéreas para que vuelen desde sus aeropuertos (¿cuánto le va a costar la broma del nuevo aeropuerto a la endeudadísima Comunidad Autónoma de Murcia?). Y así, suma y sigue…

Si la situación es difícil y comprometida, como lo es, estoy seguro de que los españoles aceptaríamos el sacrificio, pero el de todos  y no el de los de siempre. Lo que no es de recibo es que, porque es necesario mantener el régimen clientelar, el reparto del botín, unos nos sacrifiquemos y otros continúen, como siempre, anclados en el oropel. Puede el gobierno y la oposición socialista, que también es gobierno en algunos puntos, continuar aplicando la demagogia y la sordina del gran hermano mediático, puede que el inventillo les continúe funcionando durante un tiempo. Pero también es posible que un día un puñado de españoles digan basta y se rebelen, sin que entonces el aparato de control de la izquierda consiga reconducirlos para poder seguir manteniendo el juego bipartidista de PP a PSOE y tiro porque me toca.

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