Ahora que estamos en plan resaca de los Oscar me viene a la memoria la frase de un personaje, disminuido mentalmente, que a la más mínima ocasión decía: “Mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías”. Lo que implica que la tontuna no es de raíz genética sino que es una condición que se adquiere en el ejercicio de la vida.

He recordado la frase al hilo de las últimas acciones del gobierno implementadas por la tríada Rubalcaba-Rodríguez-Blanco: apagar la luz y reducir la velocidad para ahorrar energía. Medidas, rápidas y eficaces, adoptadas ante la “inesperada” subida del precio del barril de petróleo como consecuencia de las revueltas que se están produciendo en el mundo islámico y especialmente en países productores como Libia.

 Es posible que, si nos encontráramos ante una situación sin visos de solución, ante una crisis general sin salida posible, lo que no parece que vaya a suceder, o ante la perspectiva, por ejemplo, de una larga guerra civil en Libia, peligro muy improbable aunque sólo sea por razones geoestratégicas, tuviera Occidente que implementar medidas no reduccionistas sino claramente restrictivas que nada tienen que ver con la tontería de bajar diez kilómetros la velocidad de crucero en autovías y autopistas (tesis de ahorro que ha dejado a muchos expertos absolutamente anonadados). Las medidas adoptadas por el gobierno y la justificación real de las mismas, la aparentemente nueva chapucilla gubernamental, tienen otras razones harto distintas. La realidad es que el gobierno ha adoptado tan ingeniosas respuestas por otros motivos. 

Primero, porque, como de costumbre, los actuales Presupuestos Generales del Estado están hechos de forma tan ajustada, para que cuadraran los números y dieran apariencia de contención, que no se estimó posible que se produjera una variación sensible en el precio del barril, por lo que las partidas destinadas a compensar los imprevistos son insuficientes. No contemplar la posibilidad de una variación importante en el precio del petróleo resulta especialmente grave cuando España tiene que pagar una abultada factura energética porque, en los últimos treinta años, ningún gobierno se ha preocupado de asentar un Plan Energético capaz de reducir dicha factura. 

Segundo, porque con estas medidas, aparentemente enérgicas y eficaces merced a la propaganda, se busca, una vez más, transmitir la sensación de que el gobierno trabaja y de que la culpa de la mala situación económica radica en agentes externos que torpedean la maravillosa gestión socialista. Lo que a un manipulador tan consumado como Rubalcaba le resulta enormemente atrayente haciendo feliz a toda la maquinaría propagandística socialista. 

Tercero, porque soy un mal pensado y pienso que el gobierno busca compensar sus problemas de caja con el rosario de multas que van a sufrir los conductores en las carreteras, porque algunos creemos que más que la seguridad vial lo que preocupa a Rubalcaba es la cuenta de resultados económicos de la recaudación.

 Cuarto, porque seguramente algún “primo” acabará lucrándose merced al inventillo y fabricación de la pegatina imantada que van a colocar sobre miles de señales de tráfico en toda España. Afortunadamente los números no necesitan traducción a las otras lenguas cooficiales.

 Y si alguien se estrella, le atracan o es violado por falta de visibilidad que no se preocupe porque Rubalcaba le colocará una condecoración por los servicios prestados.

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