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DE IMPUTADOS, LIBERADOS, EXCARCELADOS Y VERGÜENZAS MÚLTIPLES


No sé ya cuál es el límite del hartazgo ni cuándo se produce el cansancio de los buenos. Ignoro hasta dónde las excusas, las justificaciones, el recurso al eufemismo pueden llegar a convencer o al menos permitir el autoengaño a eso que llaman las derechas. Hasta ahora ese fenómeno calificado sociológicamente y políticamente como la desafección sólo parece darse en la izquierda o a favor de la izquierda y para sorpresa de los conservadores, de los timoratos conservadores que todo lo ven lleno de peligrosos rojos, la desafección de los suyos, la de quienes se desengañan del partido, del gobierno y del sistema, acaban recalando en las aguas del enemigo surgido del catodismo mediático.

Se afirma con una excesiva categorización que los españoles están hartos, cuando la realidad es que sólo una parte de los españoles están hartos. Si seguimos las encuestas resulta evidente que entre el 45% y el 55% de los electores siguen confiando en el duopolio PP-PSOE que ya amenaza con reconvertirse por interés nacional -¡Qué poco te queda Pedrito como no cambies!-, por interés de los mercados y de la oligarquía, en la ecuación irresoluta de PP+PSOE=x+y. Se habla de los millones de votos que momentáneamente han huido de estas opciones, pero muy poco de los millones que por conformismo, por formar parte del sistema corrupto clientelar del que viven desarrollado por el bipartidismo, o por aspirar a colocarse en la pomada que forman los amigos políticos y los familiares políticos, están encantados con el duopolio; encantados con ser más peperos o socialistas que nadie, más de derechas o de izquierdas que nadie, para en el fondo ser los más conservadores porque no quieren cambios en el sistema que les aúpa a la cúspide social aunque sea en alternancia. Y entre ellos destacan todos los que presumen de una ideología que utilizan como coartada para mantener su posición de privilegio, porque para ellos y solo para ellos gobierna el partido que deja las migajas para los demás, compartiendo esa mentalidad que, por ejemplo, nos dice que es mejor trabajar un poco con salario mísero que no trabajar, la misma filosofía que lleva a convertir a los niños en esclavos de los textiles o del calzado en el Tercer Mundo.

No sé repito cuál es límite del hartazgo entre esas gentes, aunque creo que, pese a los esfuerzos por iluminarlos de los bienintencionados, ese hartazgo no existe porque después se conforman con los caramelos que reparten de casa en casa a través de las servidumbres comunicativas de informativos y tertulianos de todo pelaje y condición. Esos que se exaltan con la reiteración de la maldad del contrario, PP-PSOE y viceversa, pero que se pirran por el acuerdo PP+PSOE para salvar a los españoles de ellos mismos.

¡Qué se puede esperar de unos electores que hoy -para ustedes probablemente ayer o antes de ayer- se indignan por un rato con la liberación del asesino múltiple Santi Potros o la excarcelación de Plazaola! Ha sucedido, por enésima vez, con un gobierno de mayoría absoluta de la derecha. Pero ya se sabe que excusas siempre existen y las cuentas de las jaculatorias peperas son casi infinitas. Por ello la idolatrada lideresa, la aspirante, el corazón de las derechas, se puso antes la venda mediática, porque sabía que la herida se iba a producr, diciendo que quiere que los terroristas estén en la cárcel recordando el "lamentable" caso Bolinaga. Excusas que permiten argumentar, con mayor pena que gloria, al club de los enfadados que lo que pasa es que no son verdaderamente de derechas, pese a que hasta hace dos días apoyaban, se conformaban o miraban hacia otro lado ante esa política. Y ahí están los del si votaste a Espe o a José María nos tienes que votar a nosotros cuando el rosario de excarcelaciones comenzó en los idolatrados tiempos de Josemari cuando estaban encantados de haberse conocido.

A esas gentes de derechas este tema, el de la liberación de los asesinos múltiples, como el del aborto o la corrupción solo les importa en el bar o para quejarse diciendo en voz alta: ¡Ah, si hubiera un partido... si se unieran! Para a renglón seguido, tras el desahogo, pensar el el bolsillo del burgués y mantener, porque si no vienen los rojos, su sacrosanta fidelidad en este caso al PP porque por el otro lado parece que el juguete ha comenzado a quedarse sin pilas.

Podría yo aquí repasar las veces que en público o en debates entre amigos, todos ellos por supuesto de derechas y fieles votantes del PP, los que se ufanan en tirar de carné y blasonan de ser el núcleo duro al que harán caso cuando lleguen mejores tiempos -¡es que nos gobiernan los tibios, son las circunstancias, llegará un día...!-, he denunciado el recurso al eufemismo, la utilización del desconocimiento de que lo que aparentemente son sinónimos cuando en realidad son antónimos. ¡A cuántos he explicado que cumplimiento íntegro de las penas no significa nada, que es un engaño! No es más que la gran mentira, comprada sin mucho esfuerzo, utilizada por el PP para que nada cambie. No recuerdo las veces que he explicado que ese cumplimiento significa que los terroristas tendrán que estar entre rejas treinta ó cuarenta años, pero que nunca los cumplirán porque gozarán de reducción y beneficios penitenciarios; que por la ley española da lo mismo a un terrorista matar a uno que a treinta y cinco -caso de Santi Potros-; que condenar a alguien a 3000 años de cárcel es una boutade y un mal chiste de humor negro con el que tranquilizar a una opinión pública que respira aliviada con un "se ha hecho justicia". La realidad es que 35 asesinatos se saldan con unos meses por cabeza ya que con 28 años de cárcel se sale a la calle para recibir los homenajes de esos que nos decía el tándem Rajoy-Cospedal que iban a ilegalizar en cuanto llegaran al poder. ¡Cuán grande es el valor en los mítines y en los titulares y en qué poco resta cuando se llega al poder y priman las encuestas y la conveniencia política! Pero siempre hay una excusa, una culpa no propia: son cosas de la Justicia, de nuestro ordenamiento legal, de ese nido que es la Audiencia Nacional, de la independencia de los poderes, de la ley penitenciaria... ¡Córcholis!, por no decir un taco en recio castellano. Esas leyes inicuas, moralmente execrables, las hicieron ustedes, el duopolio PP-PSOE (uno las hace y el otro no las cambia). Y ustedes se benefician políticamente de su aplicación porque en la hoja de ruta está la liberación de los etarras y el consenso de dejar dormir el sueño de los justos la larga lista de asesinatos de los terroristas sin resolver. Después, eso sí, sus hooligans ponen el grito en el cielo porque el chico de la coleta habla de hacer lo mismo que están haciendo., pero ya se sabe lo poco grato que es el refrán de la paja, la viga y el ojo. Mariano sabe que los terroristas van a salir a la calle merced a las reducciones y a aplicaciones más que cuestionables de los huecos de la ley, que medio centenar de asesinos van a seguir la estela de Santi Potros... Pero, Mariano, como de costumbre se pondrá de perfil y dejará que el tiempo eche serrín sobre el vómito. ¡Qué bien vienen a la política algunas decisiones judiciales y que el juez Marlasca inclinara la decisión a favor de las tesis de los terroristas! ¡Cómo no recordar aquello de la sensibilidad ante el polvo del camino! ¡Cómo no recordar que si el señor Mas ha hecho lo que ha hecho, por muchas denuncias que se acumulen, es porque los socialistas eliminaron el delito cometido del código y Mariano, que para esto es un lumbreras, acongojado, no lo restauró para evitar tener que aplicarlo no fuera a perder un futuro socio!

Por cierto, en qué estaría yo pensando, si mi propósito era hablar de los imputados, los aforados, los sospechosos, los dimitidos con la conciencia tranquila, de la corrupción de alta y baja intensidad, de los becarios y hasta de la Pantoja y el pequeño Nicolás que ha acabado siendo la pimienta del sarao que tiene como cantaores, guitarristas, palmeros y danzantes a la casta política, mientras que los que asisten al espectáculo pagan la cuenta y, como en las buenas pero crapulosas tabernas, de paso les roban el reloj y la cartera. Sin obviar que me desayuno con la noticia de la oferta de acuerdo al señor Urdangarín para que al final no haya juicio no sea que las alfombras comiencen a levantarse y la cosa se complique con una infanta de por medio.

Viendo lo escrito me asalta la idea de si lo acontecido, la enésima liberación de terroristas, no será también muestra del grado de corrupción en que nos hemos acostumbrado a vivir. Acaso cabe mayor corrupción moral que la de un sistema que ha creado un entramado legal, de estúpida ideología progresista -pobrecitos delincuentes resultantes de las injusticias y vicios de la sociedad, prístinos en el origen y contaminados por la vida-, que permite a un asesino múltiple salir a la calle ciscándose en las víctimas que fueron condenados por sujetos como Santi Potros o Plazaola a la cadena perpetua de la muerte física. Esos que se permiten decir que ellos no asesinaban sino que ejecutaban. E insisto, ¡qué bien vienen a la política del gobierno estas liberaciones y que otro sea el responsable mientras emulan a Pilatos!

Una corrupción más en un mar de corrupciones reales y morales no tiene importancia -piensan-. Ahora toca sacar pecho y decir que la Justicia está actuando, que no se tiene nada que ocultar. Después vienen los sonrojos, las charlas, las componendas y los intermediarios, incluyendo los conseguidores que sacan soluciones de la chistera para hacer carrera en la larga lista de pícaros que abonan el estiércol de la realidad. Pero de eso, por falta de espacio, tendré que hablar otro día porque firmo y pongo rúbrica a estas líneas el festivo día de la Constitución que este año se transforma en el día del centro comercial, el del mismo mercadeo que nos muestra al augusto Felipe VI conduciendo llevando a la vera al mismísimo Arturo Mas con encantadora sonrisa.

Incógnitas municipales: ¿Será abril en mayo?

Desde hace tiempo sostengo que, en el rosario de presuntos y a veces oportunos descubrimientos de corrupción que nos sacuden, pesa la lucha feroz y cainita que se libra en el seno de los dos grandes partidos. Son las venganzas personales por los agravios, por los olvidos y los desplazamientos, las que abrieron la veda con las filtraciones interesadas que llevan a Suiza y a la celda. Probablemente no midieron hasta dónde llegaría la rueda una vez puesta a girar. El calendario nacionalista y las próximas municipales y autonómicas me temo que no nos van a dar respiro alguno hasta ese primer test de estrés que para los partidos, y especialmente para el PP, van a ser esos comicios.

No pocos andan vaticinando el fin del sistema, la implosión de los dos grandes partidos, fundamentalmente el PP, porque el PSOE es rehén de la situación kafkiana que le hace cerrar los ojos en Andalucía y depender de la burguesía nacionalista que hace años secuestro al PSOE tradicional en Cataluña, y quieren ver en la próximas elecciones el principio del fin del sistema, como si volviéramos a un abril de 1931.

Cierto es que, como en aquellas elecciones celebradas un 12 de abril de 1931, la batalla por la victoria política se librará por el control de las grandes ciudades y en este caso en los parlamentos autonómicos. En ambos es posible que se produzcan cambios significativos, porque los diputados y concejales salidos de los restos de la aplicación de nuestra antidemocrático modelo de reparto ya no irán, por la diversidad de fuerzas, exclusivamente al PP o al PSOE. Y como la batalla se va a librar en esas ciudades me parece que vamos a seguir desayunándonos con nuevas tramas de corrupción y detención de concejales,  consejeros y hasta algún que otro alcalde. Y con cada operación crecerá el descontento social hacia PP o PSOE y la basculación hacia opciones como PODEMOS, Ciudadanos o UPyD, lo que se producirá de forma más significativa, sin duda, entre el electorado de las grandes ciudades.

A diferencia de 1931 no existe una gran coalición dispuesta a cambiar el sistema, todo lo más a lo que aspiran es a arrebatar el mayor número de alcaldías posibles al PP y en especial hacerle perder el gobierno de la capital de España y de la Comunidad de Madrid. Y no nos sorprenda si en cualquier momento algunas revelaciones dejan al PP sin candidato/a estrella y tienen que recurrir a la desesperada a cualquier bombero.

En esta pelea unos aspiran a salvar los muebles, a ganar por la mínima, otros a demostrar que han entrado en fase de recuperación, algunos a ver si es posible robar la cartera con inventillos como Ganemos o similares imitando la táctica del Frente Popular y algunos aún dudan, pese a que su presencia sería desequilibrante, si deben entrar en una lucha municipal que de momento no figura entre sus objetivos, ni está en su guión estratégico.

  Las próximas elecciones de mayo no van propiciar el cambio del sistema, mayo no será abril. Pero es probable que en la lucha entre los partidos del sistema de 1978 (PP, PSOE, IU y nacionalistas) y las nuevas opciones, para mantenerse, los primeros acaben abriendo la temida reforma constitucional para transformar la estructura territorial de España en no se sabe muy bien qué.  Y eso si que puede llevarnos a un nuevo catorce de abril ante el que Felipe VI debiera  comenzar a plantearse si la institución que representa no sería algo perfectamente prescindible.

Una Fiesta Nacional sin contenido y casi sin nación

Una Fiesta Nacional sin contenido y casi sin nación


Aunque sea preciso creo que resulta superfluo constatar que hoy, en nuestra patria, el concepto y la idea de España, más allá de lo sentimental, de lo esporádico, se ha tornado en una noción difusa para los más cuando no simplemente inexistente para los menos. Ni tan siquiera el concepto moderno de nación, vinculado prácticamente al desarrollo del constitucionalismo con la irrupción del liberalismo, santificado por el romanticismo, eso que llaman patriotismo constitucional, resulta ya válido como sinónimo de la idea y el concepto de España cuando, por efecto del desarrollo del actual marco constitucional, la nación ya no es una, sino la resultante de una realidad plurinacional que se configura en una forma de organización territorial del Estado (el Estado de las Autonomías que se encamina hacia una nueva estructura federal) que ha sustituido el modelo unitario, que puede ser descentralizado, por otro que nunca termina de cerrarse, que está en revisión permanente, pero que en su devenir destruye la formulación igualitaria de España=Patria=Nación=Estado asentada en los últimos quinientos años.

Evidentemente, ese proceso de ruptura, del que se nos antoja que estamos asistiendo prácticamente inermes, sin reacción previsible, a su capítulo final, no hubiera sido posible, es más hubiera resultado inviable, pese a la fruición que han puesto en el trabajo las élites políticas, culturales y mediáticas, sin la destrucción y la proscripción durante los últimos cuarenta años, durante los reinados de la casa reinante reinstaurada, del concepto y la idea de España como categoría permanente de razón en la mentalidad colectiva de los españoles, pero también como realidad histórica. De ahí que España lleve camino de convertirse en una nación quimérica con la que solo sueñen o en la que solo crean un puñado de españoles varados en una reedición de la angustia generacional, del llanto, por una Hispania perdida.

Sin idea y concepto de España, o con una idea y un concepto muy debilitado, sin saber ya qué es y a qué llamamos España, lo que queda es una visión sentimental que tiene momentos de explosión patriótica en coyunturas de tensión o de sucedáneos, tales como los eventos deportivos, que se diluyen o son diluidos, en mayor o menor tiempo, según convenga a los intereses políticos del conglomerado oligárquico que detenta el poder, transformado en "gran hermano" social y en manipulador de nuestra conciencia colectiva. Quedan, eso sí, las festividades, los momentos simbólicos, cada vez menos importantes en el calendario y faltos de calor y vinculación popular real.

Prueba evidente de lo anterior es lo que cada año acontece cuando llega la fecha emblemática de un doce de octubre que pasa con más pena que gloria, limitándose por parte del Estado al somero desfile militar en la capital del reino y a la sordina en el resto de una España que no pocos, para salvar el sistema y el aparato de poder y beneficio creado, esperan convertir en una mera acepción rematada por una coronita, único elemento de representación de la nación que dejó de ser. Cuando volvemos la vista sobre esa festividad, tras transcurrir la jornada y repasar la información, después de aguantar una panoplia de editoriales dedicados a otras realidades o que piden apaños para solventar la insoluble crisis provocada por el conflicto entre la nación y sus naciones generado por la Constitución de 1978, esa misma que muchos apremian para se toque para salvar in extremis el inventillo o insuflarle la ventilación asistida que le permita sobrevivir hasta que se cierre el capítulo del reparto de las herencias, a veces, al mirar a nuestro alrededor, sentimos envidia del culto a la Patria común, a los símbolos nacionales, a la exaltación del orgullo nacional en que otros convierten ese día como expresión de su propio ser. ¡Qué poco tiene que ver los actos del 12 de Octubre, de la llamada Fiesta Nacional de España, con celebraciones como el 4 de julio en EEUU o el 14 de julio en Francia! Por poner dos ejemplos archiconocidos ante los que, como la zorra ante las uvas, se suele utilizar el calificativo despectivo de patrioterismo para así cercenar la proliferación de lo sensitivo y de paso anatemizar a aquellos que pedimos, que exigimos, sin la cursilería inútil con que la exhibe el presidente del gobierno, una auténtica pedagogía del patriotismo y del amor a España.

Fiesta Nacional dicen que es el doce de octubre, pero solo es una fiesta oficial u oficiosa porque ni tan siquiera es asumida como tal por algunos prebostes autonómicos y una parte importante de la población, mayoritaria casi hasta el absoluto, la mira con notoria indiferencia pues sólo es una fecha más en rojo en el calendario y a veces, según se tercie, ni eso. Y es así porque la caterva política que nos gobierna y el entramado mediático que la asiste, la controla o la inspira -¡vaya usted a saber!-, así ha querido que sea: un puro trámite. Unos, a la izquierda, porque en lo más profundo de su ser odian profundamente la idea de Patria –prejuicio burgués dicen cuando es lo más antiburgués- igualada al concepto y la idea de España en una mezcla infame de internacionalismo del pasado y creencia en la quimera de las nacionalidades estalinianas; otros, a la derecha, porque solo la estiman como espacio de gestión económica y sienten la condena moral de sus contrarios si difunden y mantienen, más allá de la bobada del patriotismo constitucional, la última de las majaderías de los complejos conservadores, que nadie siente y asume salvo los que a la derecha y más allá de la derecha lo exhiben como sucedáneo y falsa bandera, esa ecuación de España=Patria=Nación=Estado. Como los inclasificables en la arena política que desoyendo a Ganivet creen que las soluciones se encuentran más allá de las fronteras y venden patrias biológicas que serán superadas, disolviendo los artificiales problemas territoriales, por una Europa de los pueblos como apuesta de una tercera, cuarta o quinta vía, numen de todos sus paradigmas.

Doce de Octubre -con letra para desesperación de la Real Academia-, Fiesta Nacional de una nación que ha llegado a tal punto de claudicación que es incapaz de percibir que el mal no es el artificio nacionalista, inflado de viento por el propio poder, sino los treinta o cuarenta años, en los que, por proscripción de la pedagogía patriótica, por abandono del ethos de España, se ha abierto el camino de la autodisolución. Quienes tenemos memoria no histórica sino vivencial, quienes, de algún modo, sin arrogarnos ninguna exclusividad, estuvimos en la calle en los años germinales del actual régimen político, entre otras razones porque no queríamos rendir la plaza sin lucha, denunciando la bomba de relojería que suponía para la pervivencia de España el Título VIII del texto constitucional, para mantener, creo que con notable éxito, aunque al final solo haya servido para retrasar la caída de unas hojas que nadie parece querer parar, esa idea y ese concepto de España que, más allá de la estupidez nacionalista -hoy hasta los que se autodenominan patriotas caen en el error de utilizar como definición las mismas categorías que los nacionalistas-, se eleva sobre la definición clásica y a la vez moderna de unidad de destino, convivencia e historia. Aparentemente, entonces, solo aplazamos la letra pero no el inexorable vencimiento.

Hoy, tras los minifastos de una Fiesta Nacional que para ser justo debiera poner en minúscula, que no son más que un poco de oropel que ni llega a tapar las grietas inmensas de nuestra comunidad patria, en medio del devenir de una nación que está facilitando su autodisolución, cuando la unidad de historia es puesta en tela de juicio, escamoteada o subvertida en una irrealidad medievalizante (algunos aún andan preguntándose sobre qué era aquello de una nueva edad media sin alcanzar a comprenderlo); cuando los héroes y los sacrificios de los patriotas se borran de la historia como la bandera española del cuadro del general Prim que con sus voluntarios catalanes ganó la batalla de Castillejos, también asistimos impávidos a la ruptura de nuestra unidad de convivencia, algo mucho más difícil de restaurar que nuestra unidad de historia. El actual sistema político, la casta como sistema, ha y está facilitando la quiebra de nuestra unidad de convivencia, no ya por el alimento que durante estos años ha dado a los nacionalismos, que forman parte del sistema de casta, sino porque con sus políticas, aceleradas por la crisis económica, sumergiendo al español medio en la falsa idea del “sálvese quién pueda”, están derruyendo la igualdad y la solidaridad entre los españoles, acabando con la cohesión social, favoreciendo el desarrollo del egoísmo particularista e individualista encarnado en la anteposición del terruño al que alcanza la vista al interés común, base de la edificación de un proyecto sugestivo de vida en común capaz de encontrar espacios para su proyección en lo universal. ¿Y cómo vamos a ser universales si, por un erróneo europeísmo, hasta hemos mandado a la alhacena de los trastos inútiles la otra faz de la conmemoración del doce de octubre, nacido como día de la raza, la raza hispánica, crisol de pueblos y culturas, puro antibiologismo, el concepto de Hispanidad?

Lo dicen las encuestas tramposas del CIS, aunque en el fondo de todas ellas siempre lata un poso de verdad: los españoles están cada día menos orgullosos de sí mismos. Lo están simplemente porque llevan camino de dejar de existir diluidos en el Moloch de la globalización, los mercados y las europillas encandilantes con su eurobecerro de oro. Españoles que ya no saben muy bien, por el peso ambiental más que por el sentimiento, por la ingeniería política en la que concuerdan derechas e izquierdas, socialistas y conservadores, de aquí o de allá, si ser español por los cuatro costados o trasladar ese sentimiento al último de los pueblos; si tener como primera o segunda realidad nacional, hasta hacerlas incompatibles, esos entes artificiales llamados Comunidades Autónomas, siguiendo una evolución similar a esa punta del iceberg de la destrucción que hoy es Cataluña pero que amenaza con emerger también en Vascongadas y Galicia… Todo ello resultado lógico de una exaltación identitaria que, con un determinismo biológico y darwinista, cree ver la Patria solo en la lengua o los particularismos de la misma, la cultura, el folklore, las montañas, las lindes y los ríos pero también la viabilidad monetaria de su individualidad -¡Ah, la vieja y eterna conjunción entre el nacionalismo y el interés de raíz netamente conservadora!-.

Españoles perdidos ante fiestas nacionales vacías, personajes en busca de un autor, que ven destruida desde arriba -como las buenas revoluciones aunque cuenten con el concurso del ruido callejero- su unidad de convivencia e historia; que también se ven obligados por falta de clase dirigente auténticamente española -la casta no es sino una mala copia- a renunciar a la de destino, sin la que las anteriores acaban quedando como una panoplia ornamental. Por ello, y ahí están los estudios, pasamos telúricamente de sentirnos españoles a ser españoles y otra cosa, y después a otra cosa y españoles, para arribar finalmente a una orilla en la que muchos habrán dejado de ser españoles, haciendo realidad aquella vieja frase liberal y conservadora de “son españoles los que no pueden ser otra cosa”. Yo, al menos, sigo pensando como aquel joven asesinado en Alicante que ante la estulticia conservadora de la frase afirmó que “ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”, aunque en ello crean hoy, del rey a abajo, muy pocos.

Un puñado de españoles recuperan en Rusia los restos de los divisionarios caídos en la aldea perdida de Otenski.

Un puñado de españoles recuperan en Rusia los restos de los divisionarios caídos en la aldea perdida de Otenski.

Operación Otensky 2014.

 

La Providencia tiene esas cosas indescifrables. Hace unos meses Luis Valiente, y tengo que personalizar aunque sé que no le gusta, ponía en las librerías  mi libro “Soldados de Hierro. Los voluntarios de la División Azul”. Entre los cientos de historias que contienen esas páginas estaban la de José Melgarejo Balsas y Manuel Sánchez Román. Hace setenta y dos años dejaron su vida combatiendo al comunismo y sus cuerpos quedaron enterrados en una aldea llamada Mostky. Hoy mismo me llega a través de Luis, que anda por las tierras de Rusia con sus camaradas de la ADR, y es difícil traslucir los sentimientos cuando esos nombres te han acompañado durante mucho tiempo de trabajo, que sus cuerpos han sido rescatados del barro, la maleza y el olvido. José tenía una hija -dos años cuando dejó su vida-, Dolores. Guardo algún documento de su dolor. Ojalá pudiéramos localizarla para decirle “han encontrado a tu padre”.

Un puñado de españoles, todos los años, sin subvención alguna, poniendo el dinero y el trabajo, marchan a los añejos campos de combate para intentar rescatar los restos de aquellos españoles olvidados, para colaborar con los trabajadores de la Wolksbund alemana que recupera los restos de los soldados alemanes caídos en el frente ruso que son depositados en bellos cementerios, y con los rusos de Dolina. En uno de ellos, en Pankovka, cerca de Novgorod, reposan ya casi tres mil españoles.

Estos españoles de hoy, que acuden de forma altruista, generosa, por conciencia de deber, a hacer lo que debiera realizar el Estado y el Ejército no tienen, lógicamente, subvenciones de memoria histórica alguna. Tenían el sueño de poder llegar hasta un paraje de perdido acceso donde en 1941 se localizaba el monasterio de Otensky. Allí estuvieron los españoles resistiendo heroicamente entre el seis de noviembre y el ocho de diciembre, protegiendo con las piezas de artillería allí emplazadas a sus camaradas que estaban en la aldea de Possad. Resistiendo bombardeo y asaltos continuos a bajísimas temperaturas, en el hielo donde era muy difícil abrir fosas: 25 españoles en fosas individuales, dos fosas con veintitantos españoles cada una quedaron allí aparentemente para siempre.

Hoy, miércoles 17 de septiembre, casi cuando tenían que desistir, tras decidir llegar andando, cargados con los equipos, hasta aquel lugar, porque el camino, a duras penas si tres metros de ancho rodeado de masas de abedul, zona pantanosa, porque ni los tractores de los madereros pueden llegar, han localizado una de las fosas. Aquellos españoles, los divisionarios, los voluntarios de la División Azul, llevan esperando 73 años a que volvieran por ellos. En 1941, cuando los voluntarios españoles tuvieron que abandonar las posiciones lo hicieron con dolor porque no podía llevarse a sus caídos, hicieron dibujos perdidos del lugar para un día rescatarlos. Han pasado casi 73 años y otros españoles, distintos pero próximos, han tornado a aquellas duras tierras para rescatarlos del lodo, para que cuando las labores de identificación terminen depositar sus restos junto a sus camaradas, a la espera de la eternidad, en el cementerio de los soldados españoles en Novgorod.  

Los ocupas que no quieren ser okupas: el Hogar Social Ramiro Ledesma Ramos

Los ocupas que no quieren ser okupas: el Hogar Social Ramiro Ledesma Ramos

Unos “okupas”, un tanto raritos, se han instalado en un edificio abandonado del barrio madrileño de Tetuán. Poco tendría de noticia el hecho porque el denominado “movimiento okupa” cuenta con unas notorias simpatías mediáticas que lo exonera de toda responsabilidad hasta hacerlos incluso “bien vistos”. Unos ocupan edificios abandonados, a veces casi en ruina, para establecer una comuna, un centro para el intercambio de liados de marihuana o para habitáculo de los tan graciosos “perro-flautas” y otros, mucho más solidarios, para fines sociales y culturales casi siempre alternativos lo que traducido significa para la difusión de la ideología de ultraizquierda y no para el común.

El problema es que estos “okupas” de Tetuán han creado un “hogar social” para repartir comida y dar cobijo a familias españolas sin techo y, encima, se les ha ocurrido ponerle de nombre Ramiro Ledesma Ramos, nombre maldito donde los haya porque fue asesinado cobardemente por la izquierda al igual que los herederos de esa izquierda parecen querer liquidar la ocupación y a los ocupantes. Y es que la izquierda no soporta que le demuestren que lo que ellos consideran su monopolio no es tal. Les recriminan que con ello quieran atraer a los beneficiarios de la ayuda o tener una buena imagen social ¿acaso no es lo mismo que lleva haciendo la izquierda durante décadas sin rubor alguno?

El problema es que estos “okupas” de Tetuán no son de izquierdas y, por tanto, han dejado de ser el “bondadoso ocupante del edificio”. Poco han tardado en calificarlos de ultraderechistas o neonazis, lo que equivale a la condena pública. Ellos dicen que no van a hacer política sino a ayudar. Tras las pintadas y algunos ataques la ultraizquierda, les ha escogido como blanco y, con la anuencia de la Delegada del Gobierno de Madrid que consideró, para autorizar una manifestación fuera de plazo, el carácter de urgencia de la convocatoria. El barrio se iba a levantar contra ellos y hasta así lo parece leyendo alguna crónica periodística -ya tienen a los peligrosos ultras para desbarrar y presumir de demócratas- aunque un medio tan poco sospechoso de simpatías hacia todo lo que no sea izquierda como Público haya tenido que reconocer que no había más de quinientas personas. Y mucho me temo que los “antifascistas”, que eran en realidad los convocantes, hayan salido de todas partes para acudir a tamaña concentración.

Ignoro si los alumbradores del Hogar Social Reamiro Ledesma Ramos son neonazis, aunque lo dudo -en realidad dudo que algunos de los que escriben calificándolos así sepan exactamente qué es eso de ser neonazi-, pero de lo que no me cabe duda es de que muchos de los manifestantes, por sus gestos en las fotografías, sí eran de extremaizquierda. He visto las imágenes, leído las consignas y los gritos, de la manifestación de supuestos vecinos que tenían como pacífico objetivo, si les hubieran dejado, pegar fuego al edificio a ser posible con sus ocupantes dentro. Me sorprende que los mismos medios, y da igual que sean de derechas o de izquierdas, que acaban mimando al pretendido movimiento “okupa” -siempre que sea de izquierdas claro-, que al final siempre exoneran a los que hacen gala de unas fechorías que siempre acaban con el destrozo de comercios y mobiliario urbano, ahora ataquen con saña a estos otros ocupantes.

En realidad, los manifestantes eran los habituales “antifascistas” que actúan normalmente como guerrilla urbana y cuya principal actividad es la práctica de la violencia urbana. Defensores de la libertad y del pacifismo que gritaban: “sin piernas, sin brazos, nazis a pedazos”. Lo que, dicho sea de paso, teniendo en cuenta lo que ellos y el vulgo entienden por neonazi, no sé si deberían autoaplicárselo. Y ¿qué hacían mientras los pretendidos neonazis, amantes de la violencia empedernidos? Pues quedarse en el edificio esperando a ver si los quemaban; asomarse a los balcones, aplaudir a los manifestantes y de paso dar muestra de por qué todos quieren acabar con ellos exhibiendo la bandera de España, lo que si no les convierte en neonazis si los sitúa en los ámbitos insoportables de la ultraderecha. Y ya se sabe que a nadie se le ocurrirá en cualquier programa, tertulia o debate, denunciar las amenazas vertidas por unos sujetos contra ellos anunciando que volverían cuando no estuviera la policía.

Ni un pero podría ponerse a la crítica a esta ocupación, de este “Hogar Social”, en razón de lo que su creación -cuyos datos ignoro- tuviera de alegalidad, pero siempre y cuando la aplicación de la ley fuera para todos igual. Y ahí está la clave de este asunto porque no vale criticar, atacar, condenar y prácticamente legitimar la violencia contra ellos cuando no sólo son los últimos llegados a la fiesta sino que la persecución se basa simplemente en que a los medios, a la progresía y a la ultraizquierda, que es tratada con tanto mimo en España, no les gusta su pretendida ideología y porque ellos creen tener el monopolio de la solidaridad.

 

PD: En la fotografía la peligrosa mascota de quienes han creado este Hogar Social.

Con la propuesta del PP ya no se podrán realizar acuerdos para echar a los amigos de los terroristas de los Ayuntamientos.

La Partitocracia vence a la democracia.

 

He tenido una “interesante” sobremesa a cuentas de la pretendida reforma regenerativa de la democracia que está centralizando el retorno político de las vacaciones estivales como si fuera el principal e incluso el único asunto que preocupa a los españoles. Cierto es que mis contertulios, todos peperos confesos, todos de derechas de toda la vida, todos “fachillas” en el lenguaje coloquial, todos cabreados con su PP en la mesa pero nunca en el voto, estaban al borde del éxtasis argumental -con el mismo argumentario preparado por Génova 13 y repetido por cualquier dirigente de primera, segunda o preferente del partido- sobre las bonanzas de una propuesta que, para ellos, sólo tiene una justificación real: evitar perder parcelas de poder. Porque, cuando el debate se alarga y se acaba el medio folio genovés se llega a única conclusión: si no lo hacemos la izquierda tomará los ayuntamientos y ante esa realidad no caben circunloquios.

Argumentar que la reforma contribuye a regenerar la democracia es un chiste de mal gusto, porque lo único que se pretende es reforzar un bipartidismo al que la sociedad es cada vez más refractaria y evitar que continúe la llegada a las instituciones de otras opciones políticas que cuestionen el sistema. Si de verdad se quisiera regenerar la democracia y dar preeminencia a la voluntad popular sobre la partitocracia lo que propondrían sería: elección directa de alcalde, listas abiertas para la elección de concejales y aplicación de la proporcionalidad sin correcciones en beneficio de la mayoría. Un modelo que, naturalmente, reventaría las esencias de la partitocracia y pondría en peligro la pervivencia del modelo político de casta connivente con las oligarquías. Frente a ello, lo que el PP está buscando es, con un argumentario tan pobre como efectivo, repetido por sus secuaces mediáticos, precisamente lo contrario: reforzar la partitocracia (PP, PSOE, nacionalistas y unas migajillas para IU con las que dejar que Cayo Lara siga ejerciendo su papel orgánico). Consecuencia: los españoles continuarán alejándose de la política, dejándola en manos de los políticos e incrementándose el número de abstencionistas o votantes en blanco, que, dicho sea de paso, es uno de los objetivos colaterales de la trampa bipartidista: los que no votan o lo hacen en blanco no cuentan para ellos, se olvidan al minuto siguiente de finalizado el escrutinio.

En esta tesitura, creo que la milonga se ha convertido en el tipo de música que debiera acompañar a la propuesta popular, quizás hasta para variar el ritmo de su machona musiquilla. Cuentan, y no acaban, los jefes peperos que con ello se ganará en gobernabilidad y en la lucha contra la corrupción. ¡De risa! La propuesta sanamente partitocrática -que es la misma que tenía el PSOE cuando estaba en el gobierno- consiste en que gobierne la lista más votada y punto. En roman paladino, la filosofía de la regeneración se basa solo en dilucidar por ley quién se hace con el poder. Aunque es cierto que el modo de funcionar de muchísimos ayuntamientos tiene graves déficits democráticos, asentados en reglamentos que, naturalmente, cuando están en el poder nadie quiere reformar, el hecho es que la lista más votada pero sin mayoría, que en muchos casos sólo tendría el apoyo del 30% de los ciudadanos, haría que estos alcaldes, sin alianzas, sin acuerdos, vivirían en la debilidad permanente por las posibles votaciones perdidas (pero esto ni se plantea porque los ciudadanos siguen pensando en una estructura de poder en la que el que manda es el alcalde, lo que en algunos casos es rigurosamente cierto), lo que probablemente agravaría la acusada tendencia al chanchullo como opción. Queda la segunda falacia argumental: así se evita o ser reduce la corrupción. Pero hasta el menos espabilado sabe que es más fácil negociar con uno que con cuatro. Dejo a un lado aquello de que no se respeta la voluntad popular dado que, como todos sabemos, los partidos son adalides en el cumplimiento de sus promesas electorales.

La verdad es que la democracia, la voluntad popular, la regeneración, la lucha contra la corrupción, contra los enchufismos y el negociete de los “amigos políticos” (la corrupción legal), queda en un segundo plano cuando todo se reduce a quién gobierna y, sobre todo, a que gobiernen los míos.

Es malo que el gobierno, el PP y sus PP-periodistas nos tomen por tontos o que jueguen con el absurdo “miedo a la izquierda” con el espantajo de Pablo Iglesias y PODEMOS. La realidad es que el PP ha hecho cuentas y sabe que va a perder un número importante de ayuntamientos si se confirman las tendencias de voto de las europeas; que puede conservar la mayoría simple, pero una difícil coalición de izquierdas -no tan compleja a nivel local- acabaría arrebatándoles parte del poder local afectando al régimen clientelar. También teme lo que pueda pasar en algunas Comunidades Autónomas. Ahí está el presidente del PP murciano sacándose de la chistera una reforma para cambiar la distribución de las circunscripciones (ya tiene guasa que en una región existan circunscripciones electorales creadas para que la Ley D’Hont les de la mayoría de los escaños) evitando así la pérdida de escaños que ya se da por segura. Así pues solo se trata de puro cálculo electoral.

Eso sí, la idiotez argumentaría puede llegar a límites tan lamentables como los de Soraya Sáenz de Santamaría explicándonos que el PP no tiene intereses partidistas porque la reforma va a beneficiar a Bildu. ¡Toma contundencia argumental! Ese grupo político que el PP prometió ilegalizar -otra promesa olvidada-. Como también, añado yo, va a beneficiar a los nacionalistas que verán cómo se les entrega el gobierno y la nómina de cientos de municipios, con lo que ello conlleva, porque el PP, en aras de conservar las alcaldías y la clientela, habrá prohibido por Ley que se forme una coalición para evitar, por ejemplo, que los amigos de los terroristas gobiernen  en un Ayuntamiento. Y ahí queda para las estanterías de la estulticia las argumentaciones de los doctos que nos contaban que con las reformas electorales se frenaría el nacionalismo como excusa y justificación no declarada, como hacen los buenos intelectuales orgánicos, de su deseo de reforzar la partitocracia a nivel nacional.

JUGANDO EN LA TRASTIENDA DE VOX

JUGANDO EN LA TRASTIENDA DE VOX

 

A estas alturas, en vísperas de Asambleas no sé si definitivas y definitorias, a pesar de tener cierta fluidez a la hora de desentrañar el mensaje y el lenguaje político, sigo sin saber realmente qué es ese artilugio llamado VOX.

Vaya por delante que a los de mi generación esas siglas nos recuerdan más a un diccionario que a un partido político por lo que no nos extrañan el cúmulo de acepciones políticas que según quién sea el interlocutor adquiere el vocablo latino transmutado en partido. Personalmente, la mayor parte de sus dirigentes y algunos de sus teóricos militantes que ejercen por las redes de autoproclamados voceros -alguno creo que se pasa el día intentando hacer méritos para tener cualquier carguito- me parecen un conjunto de señores de “derechas”, sin que sepan muy bien qué es ser de derechas salvo en su acepción más casposa, incomodados por no haber conseguido puesto en el PP o formar parte del grupo dirigente del PP. Añádase a ello su teórica alineación con la más abierta defensa del liberalismo económico que nos lleva directamente a la insolidaridad social, porque en el fondo sus dos grandes premisas son la imposición de lo privado y que las regulaciones las haga el mercado.

Volviendo al VOX oficial, el partido indefinido, nos cuentan que existen en él dos almas que se están enfrentado a muerte -no sé si tomármelo a risa- de cara a su reunión septembrina donde no sé si está preparado el apuñalamiento de César: una liberal y otra conservadora. Alguien debería recordar a estos diferenciadores de la nada que en España, desde mediados del siglo XIX, históricamente, los conservadores eran liberales y que solo durante la Segunda República existió una derecha antiliberal que se quedaría ojiplática ante la carga ideológica de estos muchachos. Dejando la historia a un lado aún ando tratando de descifrar donde radica la diferencia ideológica entre un conservador y un liberal en la actualidad (recordemos que VOX reivindicaba a Esperanza Aguirre y José María Aznar como modelo de sus votantes). Aceptemos a efectos explicativos que exista diferencia entre los afiliados de VOX derivados del descontento con el PP (donde también habría conservadores y liberales) y los exseguidores de Mario Conde (SCD) llegados al inventillo.

La realidad es mucho más diáfana. VOX no es un Jano bifronte como algunos pretenden, aunque posiblemente continúe instalado en ese paradigma, es simplemente una madeja de complejos. Nació como partido de centro-derecha, lo que ideológicamente se traduce como liberal-conservador; buscó desesperadamente los votos de la derecha del PP y esperaba que le afluyeran los votos “patriotas”  de una extremaderecha bastante despistada cuando aparece alguien que parece que toca su misma música, dejando claro, esos sí, que eran grupos reprobables que manchaban su impoluta hoja de servicios democráticos. Su adalid, entre varios adalides, llevaba años en ese juego y al quedarse sin el seguro escaño europeo desapareció dejando la presidencia a otro dinosaurio del centro-derecha español como presidente digital (digital de nombramiento dactilar).

Llegados a esta fecha en VOX, que todavía no es nada, están afilando los cuchillos y, como sucede a nivel nacional, para pasmo de unos seguidores a los que mayoritariamente solo alienta el cabreo con Mariano, levantándose unas alfombras que hacen difícil creer en sus aspavientos regenerativos y sus críticas a la casta de la que muchos de ellos formaban parte hasta antes de ayer, siendo parte de la pomada millonaria que a algunos les ha permitido vivir de la política o, al menos, tener un sobresueldo. Así las revelaciones de Cristina Seguí, la sonrisa de VOX, sobre las facturas de Quirós, sobre la empresa del hijo que factura al partido y otras bicocas derivadas de la riada de euros que se pusieron sobre la mesa para impulsar la operación y que están muy lejos de las posibles cuotas de sus militantes, abren serias dudas sobre lo que realmente ha sido VOX. A no ser que lo archivemos en el inventario de las andanadas de la guerra fratricida que se libra por ver quien flanquea finalmente a la prima dona silenciosa que es Santiago Abascal.

Así pues, en este batiburrillo, lo que reluce es que no parece que lo primordial sea la definición ideológica de VOX, más allá de lo que ya todos sabemos sobre su “oposición” -observen que entrecomillo- a las Autonomías, sino que, como en los demás miembros de la partitocracia, lo fundamental es la lucha por el poder.

Ya que ha salido el tema del poder convendría recordar, pese a las alharacas, que VOX no es un PODEMOS de derechas, ni Cristina Seguí, pese a que lo intenta, o Santiago Abascal un Pablo Iglesias mediático (entre otras razones porque sus preocupaciones y las de los ciudadanos andan un poco distantes). Tampoco sus 240.000 votos, evaluados en su distribución territorial, son garantía de futuro institucional alguno. Por poner un ejemplo, un movimiento de piezas de Mariano en este ajedrez bastaría para hundir la aventura de Abascal en Madrid si es que no se hunde sola. Ahora bien, no es menos cierto que las dificultades evidentes del PP en Valencia podrían inflar las aspiraciones de una Cristina Seguí a la que muchos parecen ver, realmente, como la “musa de la derecha radical” para encabezar una jugada tipo Rosa Díez o para poder acabar formando la Triple Entente de cara a las elecciones generales de 2016.

UNA ESTRELLA LLAMADA RAPHAEL

UNA ESTRELLA LLAMADA RAPHAEL

 

Se ha escrito que Raphael, probablemente la gran estrella española de la música pop, si es que se le puede calificar de pop, de la canción melódica, aunque me temo que la fuerza de sus interpretaciones le lleva más allá de esa calificación (escuchen su potente versión de Adoro y ya me dirán), nuestro crooner/chansonnier patrio por excelencia, a sus 71 años está viviendo una segunda juventud musical plasmada en el arranque de su nueva y maratoniana gira que se ha iniciado en España, después le llevará a Hispanoamérica, a EEUU y, si el cierre a la importación no lo impide, a la mismísima Rusia.

Nuestra estrella musical por antonomasia ya no es sólo el cantante de unas fans que han ido añadiendo años a la cuenta de la vida a su compás, sino que está consiguiendo algo tan difícil como romper las barreras generacionales. Cuando muy pocos se atreven a versionear, en su línea musical, alguna de sus canciones (el resultado suele ser lamentable porque sus creaciones, pese a todo, resultan inimitables y las voces no resisten comparación alguna) son artistas jóvenes, algunos independientes, los que reivindican a nuestro particular divo musical con reinterpretaciones a su estilo como han hecho Vega (grande cantando Mi gran noche), Elefantes, Alaska, Niños Mutantes o Miss Cafeína. Toda una generación, libre de prejuicios, ha redescubierto a Raphael y este ha revisado en su gira anterior y en la presente el repertorio que le encumbró. Porque más allá de ser aquel cantante que tanto sufría en sus letras de amor, también existe otro Raphael juvenil de canciones desenfadas y vitalistas (impagables Estuve enamorado de ti, A pesar de todo o Todas las chicas me gustan) como la España del desarrollo que en los años sesenta aparecía en el mundo para decir: “Oiga que yo estoy aquí”.   

Raphael es Raphael sobre las tablas de un escenario, en directo. Ya he perdido la cuenta de las veces que he acudido a uno de sus conciertos en los últimos veinte años, el último hace unos días en San Javier (Murcia), después de su apabullante éxito en el festival indie de Sonorama, aunque, como casi todos los de mi generación, le recordemos de cuando éramos niños cantando por Navidad su célebre Tamborilero. Ahora sus conciertos son una mezcla variopinta, pese al precio de las entradas -el alto IVA cultural está haciendo mucho más daño a la música que la piratería-, de seguidores donde te puedes encontrar a veinteañeras que cantan a dúo con el cantante canciones tan bellas como Cierro mis ojos o Cuando tú no estás probablemente porque echan de menos en la música actual ese tipo de composiciones; que cantan a pleno pulmón Mi gran noche o que también entonan como himnos -algo que han remarcado los nuevos arreglos- Qué sabe nadie o En carne viva.

El secreto de por qué engancha Raphael es simple: no vas a escuchar a un cantante. Él es, ante todo y sobre todo, un intérprete, un actor de la canción en el que se hace moderno todo el influjo de las grandes cantantes de la copla hispana, desde Juanita Reina a Marifé de Triana, capaces de interpretar una vida o una historia en cuatro minutos. Su show es eso: la salida a escena de un artista que está casi tres horas solo en un escenario. Cuando los cantantes llegan a cierta edad, cuando la garganta no responde como antes, además de la técnica y de las tablas, recurren a la orquestación, a los coros que les cubren, a los artificios… Raphael, sin embargo, es solo una voz que se impone a un cuadro de soberbios músicos, porque seguir a alguien que coloca la letra cuando quiere, sometiendo el ritmo del compás al ritmo de la interpretación, un poco al estilo de Sinatra, requiere grandes acompañantes. En cada actuación, pese a conservar una increíble potencia en la voz, Raphael se la juega, el espectador asiste a un endiablado tour de force, entre el artista y sus éxitos, porque sus canciones requieren un tremendo esfuerzo vocal y cuando, como le pasa a los grandes, como le pasa ahora a los Rolling Stones, en algún momento se quiebra se recupera para dar un salto mortal aún más difícil. Resulta curioso ver cómo consigue levantar los aplausos y gritos con sus desplantes, con esos finales en los que exhibe la potencia de su voz como Elvis movía sus caderas. Y eso es lo que cautiva.

Raphael ha conseguido lo más difícil, ser el artista imperecedero por el que no pasa el tiempo. No es el ajado cantante que se sube al escenario para cantar sus viejos éxitos, para entonar sus himnos generacionales a sus seguidores de siempre; sigue grabando, pese a la dictadura de las compañías discográficas frente a las que ahora -algún productor se debe estar tirando de los pelos por su deseo de jubilarle- actúa con absoluta independencia y sus discos se venden como rosquillas por plataformas como itunes (número tres en ventas al ponerse para la reserva con dos meses de antelación a su salida).

Además, Raphael es un artista de vida privada intachable; con una familia que no se ha roto -como las de casi todos los cantantes-, que está al margen de la basura que provoca la vida de la farándula, que vive en España y que paga sus impuestos en nuestro país. Ha triunfado cantando en español y tiene la virtud de caer bien. En alguna ocasión, al principio de su carrera, cuando se convirtió en estrella internacional en poco menos de dos años tras fichar para Barclay, se planteó la posibilidad de cantar en inglés, pero su planteamiento fue: “Si los Beatles triunfan cantando en inglés porque no voy a triunfar yo haciéndolo en español” (nota que deberían tomar los productores de los muchos programas buscadores de estrellas en los que se empeñan en que los aspirantes canten de forma continua en inglés para un público que después va a ser básicamente español). Pero es también un pedacito de la historia reciente. Fue estrella internacional del Beirut reluciente de los sesenta, destrozado hoy por las estúpidas y suicidas jugadas geoestratégicas. El cantante cuya biografía pulveriza el mito de la España aislada que hasta triunfo en la URSS cuando el comunismo estaba en todo su esplendor e hizo que los rusos -más bien las rusas- comenzaran a estudiar español para entender las letras de sus canciones. El cantante de la España del desarrollo que despertaba enormes envidias cuando le invitaban a aquellos festivales de Navidad que organizaba la mujer de Franco en los que se daban puñetazos por actuar los que luego preferían borrar aquello de sus biografías para acabar pareciendo que el único que actuaba era Raphael. El cantante que sufrió, pese a ser una estrella, vetos increíbles. El que en España asentó la idea del concierto de música pop. El artista que ha llenado los grandes templos de la música mundial. Y, sobre todo, la banda sonora de millones de españoles que prácticamente lo consideran de la familia. Porque ¿quién no tenía un disco de Raphael en casa?

Raphael es hoy nuestro particular Mick Jagger pero también nuestro Stallone que sigue en las taquillas como si estuviéramos en los ochenta demostrando a los que han hecho de la juventud única edad con visibilidad estética que se han equivocado. Raphael es la demostración palpable, cuando casi todos se han prácticamente jubilado, de que los viejos rockeros nunca mueren… Todo eso y mucho más es esta estrella que, como el mismo entona, sigue siendo aquel.