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Pues no, Celia Meyer, esa chica sacada generacionalmente de Friends, que es la responsable, para no pocos la irresponsable, de la cultura de la villa en la capital de España ni va a dimitir de motu propio -en España solo dimitió Amadeo de Saboya porque era extranjero- ni doña Carmena, conocida en sus tiempos mozos como Manola, va a cesarla. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Tampoco esto último es una novedad, porque la alcaldesa necesita para ello el nihil obstat de don Pablo y de momento parece que no lo tiene. Que otra cosa no sé, pero Pablo Iglesias es en este punto rigurosamente ortodoxo con lo que ha sido el modelo de partido marxista leninista que tanto idolatra, aunque no haya podido aún construir un GULAG en Teruel anda de purga en purga más contento que un niño con zapatos nuevos.

No tenía el gusto de saber algo de esta señorita de fotografía agradable, enmarcada el en el cliché estilo rojo pizpireto con caída de ojos puesto de moda por Tania Sánchez en posado y en televisión -lo de Ada Colau es otra cosa-. He hecho los deberes y me encuentro con que la responsable de la cultura de la capital de las Españas es Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, tiene un DEA y un Título de Experta en Políticas de Igualdad de Género -no sabía que existiera semejante titulación-. Su currículo profesional ya se sabe: sufrida becaria -lo de sufrida lo supongo-, cooperativa de trabajo con compañeras en investigación social -¿habrá sido una cooperativa subvencionada?-, labor en movimientos sociales y Patio Maravillas (afamado espacio okupa bautizado como Espacio Polivalente Autogestionario) y ahora política.

No se puede decir que la ya célebre concejala no tenga currículo o que sea una ignorante, salvo que en la Complutense el título de Ciencias Políticas lo regalen -¡Ah, qué ese es territorio de Monedero e Iglesias!-, pero eso es lo que ha venido a decir la señora Carmena, quien nos ha ilustrado comentando que por un "error" no se merece el cese -¡te enteras Antonio Miguel Carmona que no pintas nada en la política municipal!, le ha venido a decir doña Carmena- y que lo que hará será reforzar cultura con asesores de alto nivel. ¿Asesores? ¿No era eso con lo que querían acabar los anti casta? ¿Asesores culturales o nuevos comisarios políticos?

No nos engañemos. La señora o señorita Celia Meyer podrá ser una chekista de tomo y lomo, sectaria como ella sola, tenerle manía a los Reyes Magos, hacer reinas magas para difundir la igualdad y servir de pitorreo generalizado, estar deseando ponerse un mono con dos pistolas, arrancar con las uñas todas las placas de Madrid que homenajeen a la peste derechista -lo del franquismo es una excusa, que los de derechas no se enteran-, pero ni es tonta, ni es una inculta, ni se le pueden aplicar los "piropos" habituales con los que a buen seguro la obsequian por la red.

La concejala Meyer ocupa un punto clave en la estrategia de asalto al poder que los podemitas ansían desarrollar: una concejalía de cultura, que en el caso de Madrid es más que muchas Consejerías de Cultura autonómicas, es un centro para el adoctrinamiento y la propaganda, para difundir ideas y educar en ellas a la sociedad -seguro que esto sí lo enseñan Monedero e Iglesias-. Ella actúa con coherencia, porque para la izquierda solo es cultura lo que produce la izquierda y aquella que difunde lo que ellos piensan o les gustaría hacer, aquello con lo que se identifican (por eso no vieron mal alguno en lo que representaban unos titiriteros de su misma camada ideológica). Y eso es lo que hace Celia Meyer como alumna aventajada, difundir su ideología desde los ancianos a los infantes aprovechando el poder y la chequera. Sus decisiones, programaciones y contratos no son fruto del despiste o de la ineptitud, son actos de "gimnasia revolucionaria" de despacho. Otra cosa es que se salte la ley o aproveche los resquicios de la ley, pero eso ¿qué importancia tiene para un revolucionario? Y como anota entre líneas la desgobernante madrileña, que tiene una olla de grillos como zeníjaros, por eso, por cumplir con su obligación no la podemos cesar.

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