Me había prometido no caer en la tentación de escribir un artículo con motivo del 40 aniversario de la muerte de Francisco Franco. Bastantes tonterías han escrito los que no saben de qué escribir -antológico el artículo de un columnista de El Mundo el jueves 19, seguro que lo ha enmarcado y espera el Pulitzer- o aspiran a sacar unos euros a base de libros, tan infumables como insulsos, para contarnos que si don Francisco era un general corrupto que hacía negocios con el café (Ángel Viñas), un hombre cruel e inmisericorde (Paul Preston y José María Zavala) o redescubrir chismes al más puro estilo Sálvame para contarnos que Franco perdió un testículo en la guerra de África -el secreto mejor guardado de todos los secretos- y de paso dar pábulo a la tesis de que su hija no era hija suya (José María Zavala)... ¡Y cuanto se tercie!, pues contra Su Excelencia el Generalísimo, que así lo llamaban cuando se pasaba el día inaugurando cosas en el NODO, ya se sabe que cualquier cosa es válida, aunque esté bien eso de hacer caja a su costa, pero teniendo cuidado no sea que a uno le caiga el sambenito de franquista y se acabe el chollo. No quería escribir pero me he tomado un café de tarde con un artículo de chiste de la señorita Beatriz Talegón y a estas horas ya es 21 de noviembre.

¡Mola!, que diría esta política-tertuliana, en plena euforia dialéctica, que ya no sé por dónde anda tras ir dando tumbos por la izquierda tras hacerse socialista después del 11-M, saltar al estrellato por meterse con los actos socialistas en hoteles con estrellas, salir con acusaciones de falta de trasparencia del carguillo en Viena en la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas, abandonar el PSOE, explicarnos si tenía o no tenía novio, andar en manitas con Podemos, emerger como estrella para el 20D de una efímera "Por la izquierda" de la que ha salido para no darse un batacazo, alumbrar deducciones de peso como aquella de que tras el 15-M estaba la derecha y acabar, como tantos, casi dando gracias a Franco por existir -para ella parece que aún vive- y poder en privado gritar "¡Franco, Franco, Franco!", por qué sin él no sabría de qué hablar ni aspirar a caudilla. Y doña Beatriz se nos ha hecho este 20N una nostálgica del franquismo para poder ser antifranquista de trapillo.

Me ha dado por reírme ante la candidez y escaso argumentario de quien se supone que es una chica de verbo fácil y altura dialéctica demostrada; capaz de sacar de sus casillas a la mismísima Isabel Durán, hasta el punto que acabó ella de patitas en la calle; de no arredrarse y mantener su escotada indumentaria ante el censor Pablo Iglesias -¡el de PODEMOS!- porque ya sabemos lo que opinan en Irán sobre mostrar canalillo por televisión -¡Ah, que admitió la censura la heroica luchadora! No me lo creo-. Me esperaba una soflama de las suyas, pletórica de ingenio, capaz de encandilar a las juventudes de la izquierda que la veían como caudilla. Leyéndola me la imaginaba en pleno mitin antifranquista, culminando su vibrante discurso, como sus escritos, con un "¡Salud y República!" al más puro estilo miliciana, con las masas gritando "¡Caudilla Talegón!". Yo me la imaginaba con ese alarde de ingenio que Edmond Rostand puso en boca de Cyrano para tomar el pelo a quien le quería sin poder insultar, lo que equivalía a llamarle tonto o vulgar en siete idiomas. ¿Quizás me este equivocando al distribuir los papeles?

Hete aquí que, tras releer el artículo aparentemente insidioso contra la memoria de don Francisco, me he dado cuenta de que no; que Beatriz Talegón -en el fondo tiene todas mis simpatías o mejor dicho me es más simpática que Preston o que Soraya- lo que ha hecho es un artículo casi franquista.

Mira que hablar de los que andan por las cunetas, de los luchadores por la democracia durante el franquismo, para después llamarlos tontos en grado superlativo o algo peor recordándonos que entre los miles (bueno aquí se queda corta porque si a las colas añadimos a los que acudieron a multitudinarios actos en toda España sumarían algunos millones de españolitos) de españoles que ante los restos mortales del Caudillo -no le llamo dictador para no copiar la insigne aportación definitoria de la articulista- desfilaron durante varios días -no fueron más porque el gobierno decidió que ya estaba bien- había también miles que hicieron horas de cola, rodeados de franquistas llorosos, disimulando su alegría, echando lagrimitas por si las moscas, para poder pasar delante de su cadáver para comprobar si estaba muerto. Argumento de la autora que si se toma en serio solo cabe dudar si adscribirlo al género tonto o al género idiota.

Me alegra infinito el artículo de Beatriz Talegón porque sus fans o ex fans -a estas alturas ya no se sabe qué pensar- ya son antifranquistas, de argumentario tan cortito como el que exhibe en sus líneas, sin necesidad de leerla, y los que le tienen manía -la legión de los que no la soportan- pensarán que cuanto dice es simple vómito izquierdista o "mentira cochina" que diría un tierno infante.

Me congratulo y me descubro ante artículos como el suyo que tienen la virtud de hacer brotar admiradores de Franco como rosquillas. Así que doña Beatriz le ha hecho, en la conmemoración del 40 aniversario de su muerte, un inmenso favor a don Francisco, un sentido homenaje. Pero me sigo preguntando: ¿por qué ha escrito un artículo tan inane si sabía que tenía que codearse con la catarata de artículos antifranquistas de la semana? No se me antoja cómo, de no ser una máscara, se pueden escribir en tan pocas líneas tantas tonterías sin ser capaz de alumbrar la más mínima originalidad aunque no pasará de ser una boutade.

¡Esas perlas de doña Beatriz!

Nos dice, "Murió postrado en una cama" -le falta añadir de un hospital de la Seguridad Social construido por él para los trabajadores-: pues claro, cómo se muere uno normalmente cuando está grave en un hospital ¿bailando la conga?

"Sometió a gran parte de la población a 40 años de miseria, analfabetismo". Pero si en 1975 éramos la 8ª potencia industrial del mundo -hoy andamos por la doce o catorce-; si el franquismo hizo caer las tasas de analfabetismo, endémicas en España, de forma acelerada y a finales de los sesenta, por primera vez en la historia, todos los niños podían ser escolarizados -no se me enfadé pero la República quiso alfabetizar cerrando la intemerata de colegios católicos y dejando a los niños en la calle, pero esto seguro que lo ignora-; si los índices de convergencia con Europa del final del franquismo cayeron después y no se recuperaron hasta los años noventa; si hasta los españoles pudieron comprarse piso sin ser víctimas de la especulación y no podían perder la casa familiar por embargo. Franco fue pues un precursor de los movimientos antidesahucios.

"Injustas condenas sin procesos". Aquí confieso mi sorpresa gramatical porque para que haya condena, aunque sea injusta, tiene que haber juicio/proceso... a no ser que se refiera a condenas morales.

Se queja de que se olvide a los que "dieron su vida por defender la democracia", pero en los años treinta, cuarenta y cincuenta esos luchadores tenían un concepto muy peculiar de democracia que naturalmente se parecía a lo que el común de los mortales entiende hoy como tal como un huevo a una castaña. Y algunos, varios miles, perdieron la vida no por defender nada, sino más bien por liquidar al contrario en la zona republicana, torturar, perseguir... o cometer atentados y no pocos atracos en los años cuarenta o cincuenta. Pero estoy seguro que la señorita Talegón, que es joven y preocupada por el futuro y no debe tener mucho tiempo para el pasado, desconoce esta otra cara de la historia. Pero, ¿cómo se puede hablar de olvidos cuando están un día sí y otro también hablando de ellos? De los que no se habla son de las otras víctimas, entre otras razones porque así nadie se pregunta por aquellos de la causa y el efecto. Víctimas que no es que sean olvidadas, es que está proscrito recordarlas. Y digo yo que también tendrán derechos.

Beatriz Talegón no sé si es una víctima de la LOGSE pero sí un arquetipo de los que andan como zombis por la política. Se salió del PSOE porque era un partido vacío de ideas y mira por dónde, al final, su discurso anda reverdeciendo el "No a la guerra" por un lado y por otro creyendo que el antifranquismo es una ideología, aunque en realidad no sea más que un discurso tranochado con el que parece buscar hacerse un hueco como rojilla oficial para las tertulias de derecha, pero no olvide doña Beatriz que co un Pablo Iglesias ya han tenido bastante.

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