20150427235144-image.jpgNaturalmente que cada vez que aparece por televisión y sobre todo se amplifica a través del ciberespacio la amenaza yihadista, que por otra parte ya estaba en el islamismo radical, de reconquistar Al-Andalus, ergo volver a tomar Hispania, la inmensa mayoría de los españoles suelen esbozar una sonrisa; pero no debiéramos olvidar que esa reivindicación de Al-Andalus no es privativa del radicalismo.

Cierto es que pensar en una conquista estricto sensu a partir de las amenazas de ese ente que llaman Estado Islámico, asentado y tolerado, pues se miró para otro lado cuando se originó no queriendo ver el peligro, por la pomposamente rotulada como Comunidad Internacional en territorios de Irak, extendido a zonas de Siria y en el limes con Jordania, no deja de ser, de momento, un aparente brindis al sol ornado con la sonrisa que causa la promesa del EI de poner su capital en Córdoba. Pero nadie debiera obviar que en los últimos años se está procediendo en silencio en los países occidentales a formar el embrión de lo que en el futuro pudiera constituir la base de un ejército dispuesto a seguir las alucinaciones de un resucitado califato que sirve a no pocos intereses al mantener desestabilizada una zona de alto interés geoestratégico. Y prueba de ello son las detenciones de posibles neófitos yihadistas que arden en deseos de marchar a luchar en Oriente viajando, eso sí, en cómodos aviones.

Desde hace una decena de años las centrales de seguridad del occidente europeo viven en alerta ante la transmutación del hasta entonces denominado "radicalismo islámico" y la decadencia de Al-quaeda, hasta hace poco cabeza visible de este terrorismo y que las centrales de inteligencia tenían más o menos a tiro. La destrucción de las Torres Gemelas, los atentados puntuales, el 11-M y los ataques más recientes en Francia o Bélgica han hecho que algo que se veía como lejano o puntual sea percibido como una amenaza real por parte de millones de europeos que, por efecto de ello, miran con recelo a una parte significativa de la población musulmana que vive en sus países, entre otras razones por el efecto de radicalización que en algunos sectores, a futuro, pudiera experimentarse derivado de la pobreza y la frustración mezclada con el rechazo a lo que de decadencia moral conlleva la sociedad moderna, lo que ha sido y es el caldo de cultivo en el que se produce la para muchos inexplicable incorporación de europeos a las filas yihadistas.

Que existe un peligro real lo demuestran los sucesivos operativos y actuaciones de las centrales de inteligencia desarrollados en numerosos países de Europa, así como los protocolos de seguridad creados teniendo en cuenta el peso cada vez más real de esta amenaza y lo que a futuro pueda acontecer sea cual sea el futuro del Estado Islámico, tanto si se asienta y se permite su existencia o si se convierte en una zona de guerra permanente para impedir una estabilización de la zona que geoestratégicamente a nadie parece interesar. ¿Cuánto resistiría el nauseabundo califato, cuyas fuerzas armadas difícilmente superan las dos divisiones, ante una acción decisiva de eso que llaman la Comunidad Internacional? ¿Qué posibilidades tendría ante el metódico y sistemático ataque aéreo producto de la doctrina bélica americana antes de una acción terrestre definitiva? Pocas, pero parece que la doctrina oficial pasa por conseguir que sean los propios países de la zona los que por razón de competencia acaben con el califato, especialmente las repúblicas islámicas.

El problema es que el yihadismo, la renovación de la vieja idea de la expansión del Islam mediante la guerra santa, ha roto, con la nueva coyuntura, los márgenes entre los que se había desarrollado como mal necesario desde la guerra de Afganistán, la de los mujaidines y pesmergas contra la invasión de la URSS para mantener el régimen comunista en la zona. Fue entonces cuando la administración Reagan, tras haber perdido a manos de los islamistas un fiel aliado en la zona, Persia, la actual Irán, decidió apoyar a los islamistas para enfrentarse a la URSS. La guerra de Afganistán supuso la legitimidad del islamismo combatiente en Paquistán. Se transformó por ello en el primer movimiento importante de "guerreros santos" de todas partes y la llegada de financiación desde los países musulmanes, así como la patina de legitimidad en la lucha para millones de musulmanes que acabarán viendo en estos "nuevos guerreros de la fe" la válvula de escape a sus frustraciones frente a Occidente. Pero en realidad había nacido un monstruo que naturalmente hoy está fuera de control.

Quienes han analizado la evolución del yihadismo anotan que estamos en una nueva fase. La Yihad clásica tenía claros sus enemigos, sus zonas de actuación, sus objetivos: básicamente EEUU e Israel. Lo que atraía las simpatías de no pocos musulmanes. El debate era si los atentados debían ser indiscriminados o selectivos, si la población civil debía quedar al margen y solo se vería afectada como daños colaterales. Esto colocó a España en el mapa del yihadismo por la presencia de las bases americanas primero y después por su colaboración en las acciones sobre Irak.

El terrorismo yihadista estaba conformado a mediados de los noventa por la vinculación a las grandes organizaciones lideradas por la red Al-quaeda fragmentada en zonas de acción. España queda entonces bajo la amenaza de la sección norte africana, AQMI. Los nuevos terroristas solían reclutarse desde la radicalización en torno a determinadas mezquitas. Las células proliferaron por Europa, normalmente en grandes urbes, de ahí su presencia en Madrid y Barcelona, aunque se seguía pensando en la acción sobre objetivos vinculados a los EEUU, no en que en España pudiera producirse atentados tipo 11-M o el frustrado intento de volar el metro de Barcelona.

La transmutación del modelo organizativo-expansivo de los yihadistas, especialmente a partir de 2008, facilitada por el excesivo garantismo de la legislación española y la tardía y limitada reforma del código penal ya en esta década, supuso un cambio trascendente. Ya no se necesitan imanes y prédicas radicales. Los nuevos yihadistas son captados a través de la acción cada vez más intensa de los denominados ciberyihadistas. Ya no es necesario constituir grandes células durmientes cuando son más útiles y más dóciles los lobos solitarios con acceso a todo tipo de información táctica sobre terrorismo urbano (fabricación de bombas, utilización de gases...). Las viejas casetes con las prédicas se han sustituido por los mensajes digitales, toda una red femenina se mueve difundiendo consignas por washap. El resultado es que ha aparecido un entramado mucho más difícil de perseguir y controlar. Las cifras hechas públicas dejan constancia de su incremento. Desde 2004 se han detenido en España casi seiscientas personas vinculadas al yihadismo aunque resulta complejo mantenerlas en prisión. De los núcleos de Madrid y Barcelona se ha pasado a una diseminación por Valencia y Murcia, sin olvidar el punto caliente en que se ha transformado Melilla. Hasta tal punto España se ha convertido en una base para el yihadismo que la CIA ha dispuesto un operativo de vigilancia en nuestro suelo que ya lanzó una alerta máxima de posibles atentados el pasado mes de enero.

No pocas son las advertencias policiales sobre el riesgo que supone la proliferación de yihadistas y lo que a futuro pudiera tener de amenaza el retorno como lobos solitarios de los que han ido a luchar en Irak. Oficialmente estamos por ello en una situación de nivel dos. Aunque debido a los recientes atentados parece existir un consenso político a la hora de perseguir el yihadismo, lo cierto es que no se adoptan medidas efectivas ni preventivas ante lo que es una amenaza más que real. Se han puesto en marcha grupos como el de la Unidad Central Especial nº2 de la Guardia Civil pero mientras no se persiga el ciber-yihadismo y se cierren los canales de propaganda, incluyendo aquellas mezquitas en las que se predique el radicalismo y la justificación del yihadismo, difícilmente se podrá cercenar esta amenaza. Tampoco valdrá de mucho si no existe una acción coordinada desde la Unión Europea. De no ser así viviremos con la sombra de la amenaza y el in crescendo de las actividades terroristas. Pero de momento con lo que nos encontramos es con la preocupación de Amnistía Internacional ante el acuerdo gobierno-oposición para hacer frente a la amenaza.

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.