No sé ya cuál es el límite del hartazgo ni cuándo se produce el cansancio de los buenos. Ignoro hasta dónde las excusas, las justificaciones, el recurso al eufemismo pueden llegar a convencer o al menos permitir el autoengaño a eso que llaman las derechas. Hasta ahora ese fenómeno calificado sociológicamente y políticamente como la desafección sólo parece darse en la izquierda o a favor de la izquierda y para sorpresa de los conservadores, de los timoratos conservadores que todo lo ven lleno de peligrosos rojos, la desafección de los suyos, la de quienes se desengañan del partido, del gobierno y del sistema, acaban recalando en las aguas del enemigo surgido del catodismo mediático.

Se afirma con una excesiva categorización que los españoles están hartos, cuando la realidad es que sólo una parte de los españoles están hartos. Si seguimos las encuestas resulta evidente que entre el 45% y el 55% de los electores siguen confiando en el duopolio PP-PSOE que ya amenaza con reconvertirse por interés nacional -¡Qué poco te queda Pedrito como no cambies!-, por interés de los mercados y de la oligarquía, en la ecuación irresoluta de PP+PSOE=x+y. Se habla de los millones de votos que momentáneamente han huido de estas opciones, pero muy poco de los millones que por conformismo, por formar parte del sistema corrupto clientelar del que viven desarrollado por el bipartidismo, o por aspirar a colocarse en la pomada que forman los amigos políticos y los familiares políticos, están encantados con el duopolio; encantados con ser más peperos o socialistas que nadie, más de derechas o de izquierdas que nadie, para en el fondo ser los más conservadores porque no quieren cambios en el sistema que les aúpa a la cúspide social aunque sea en alternancia. Y entre ellos destacan todos los que presumen de una ideología que utilizan como coartada para mantener su posición de privilegio, porque para ellos y solo para ellos gobierna el partido que deja las migajas para los demás, compartiendo esa mentalidad que, por ejemplo, nos dice que es mejor trabajar un poco con salario mísero que no trabajar, la misma filosofía que lleva a convertir a los niños en esclavos de los textiles o del calzado en el Tercer Mundo.

No sé repito cuál es límite del hartazgo entre esas gentes, aunque creo que, pese a los esfuerzos por iluminarlos de los bienintencionados, ese hartazgo no existe porque después se conforman con los caramelos que reparten de casa en casa a través de las servidumbres comunicativas de informativos y tertulianos de todo pelaje y condición. Esos que se exaltan con la reiteración de la maldad del contrario, PP-PSOE y viceversa, pero que se pirran por el acuerdo PP+PSOE para salvar a los españoles de ellos mismos.

¡Qué se puede esperar de unos electores que hoy -para ustedes probablemente ayer o antes de ayer- se indignan por un rato con la liberación del asesino múltiple Santi Potros o la excarcelación de Plazaola! Ha sucedido, por enésima vez, con un gobierno de mayoría absoluta de la derecha. Pero ya se sabe que excusas siempre existen y las cuentas de las jaculatorias peperas son casi infinitas. Por ello la idolatrada lideresa, la aspirante, el corazón de las derechas, se puso antes la venda mediática, porque sabía que la herida se iba a producr, diciendo que quiere que los terroristas estén en la cárcel recordando el "lamentable" caso Bolinaga. Excusas que permiten argumentar, con mayor pena que gloria, al club de los enfadados que lo que pasa es que no son verdaderamente de derechas, pese a que hasta hace dos días apoyaban, se conformaban o miraban hacia otro lado ante esa política. Y ahí están los del si votaste a Espe o a José María nos tienes que votar a nosotros cuando el rosario de excarcelaciones comenzó en los idolatrados tiempos de Josemari cuando estaban encantados de haberse conocido.

A esas gentes de derechas este tema, el de la liberación de los asesinos múltiples, como el del aborto o la corrupción solo les importa en el bar o para quejarse diciendo en voz alta: ¡Ah, si hubiera un partido... si se unieran! Para a renglón seguido, tras el desahogo, pensar el el bolsillo del burgués y mantener, porque si no vienen los rojos, su sacrosanta fidelidad en este caso al PP porque por el otro lado parece que el juguete ha comenzado a quedarse sin pilas.

Podría yo aquí repasar las veces que en público o en debates entre amigos, todos ellos por supuesto de derechas y fieles votantes del PP, los que se ufanan en tirar de carné y blasonan de ser el núcleo duro al que harán caso cuando lleguen mejores tiempos -¡es que nos gobiernan los tibios, son las circunstancias, llegará un día...!-, he denunciado el recurso al eufemismo, la utilización del desconocimiento de que lo que aparentemente son sinónimos cuando en realidad son antónimos. ¡A cuántos he explicado que cumplimiento íntegro de las penas no significa nada, que es un engaño! No es más que la gran mentira, comprada sin mucho esfuerzo, utilizada por el PP para que nada cambie. No recuerdo las veces que he explicado que ese cumplimiento significa que los terroristas tendrán que estar entre rejas treinta ó cuarenta años, pero que nunca los cumplirán porque gozarán de reducción y beneficios penitenciarios; que por la ley española da lo mismo a un terrorista matar a uno que a treinta y cinco -caso de Santi Potros-; que condenar a alguien a 3000 años de cárcel es una boutade y un mal chiste de humor negro con el que tranquilizar a una opinión pública que respira aliviada con un "se ha hecho justicia". La realidad es que 35 asesinatos se saldan con unos meses por cabeza ya que con 28 años de cárcel se sale a la calle para recibir los homenajes de esos que nos decía el tándem Rajoy-Cospedal que iban a ilegalizar en cuanto llegaran al poder. ¡Cuán grande es el valor en los mítines y en los titulares y en qué poco resta cuando se llega al poder y priman las encuestas y la conveniencia política! Pero siempre hay una excusa, una culpa no propia: son cosas de la Justicia, de nuestro ordenamiento legal, de ese nido que es la Audiencia Nacional, de la independencia de los poderes, de la ley penitenciaria... ¡Córcholis!, por no decir un taco en recio castellano. Esas leyes inicuas, moralmente execrables, las hicieron ustedes, el duopolio PP-PSOE (uno las hace y el otro no las cambia). Y ustedes se benefician políticamente de su aplicación porque en la hoja de ruta está la liberación de los etarras y el consenso de dejar dormir el sueño de los justos la larga lista de asesinatos de los terroristas sin resolver. Después, eso sí, sus hooligans ponen el grito en el cielo porque el chico de la coleta habla de hacer lo mismo que están haciendo., pero ya se sabe lo poco grato que es el refrán de la paja, la viga y el ojo. Mariano sabe que los terroristas van a salir a la calle merced a las reducciones y a aplicaciones más que cuestionables de los huecos de la ley, que medio centenar de asesinos van a seguir la estela de Santi Potros... Pero, Mariano, como de costumbre se pondrá de perfil y dejará que el tiempo eche serrín sobre el vómito. ¡Qué bien vienen a la política algunas decisiones judiciales y que el juez Marlasca inclinara la decisión a favor de las tesis de los terroristas! ¡Cómo no recordar aquello de la sensibilidad ante el polvo del camino! ¡Cómo no recordar que si el señor Mas ha hecho lo que ha hecho, por muchas denuncias que se acumulen, es porque los socialistas eliminaron el delito cometido del código y Mariano, que para esto es un lumbreras, acongojado, no lo restauró para evitar tener que aplicarlo no fuera a perder un futuro socio!

Por cierto, en qué estaría yo pensando, si mi propósito era hablar de los imputados, los aforados, los sospechosos, los dimitidos con la conciencia tranquila, de la corrupción de alta y baja intensidad, de los becarios y hasta de la Pantoja y el pequeño Nicolás que ha acabado siendo la pimienta del sarao que tiene como cantaores, guitarristas, palmeros y danzantes a la casta política, mientras que los que asisten al espectáculo pagan la cuenta y, como en las buenas pero crapulosas tabernas, de paso les roban el reloj y la cartera. Sin obviar que me desayuno con la noticia de la oferta de acuerdo al señor Urdangarín para que al final no haya juicio no sea que las alfombras comiencen a levantarse y la cosa se complique con una infanta de por medio.

Viendo lo escrito me asalta la idea de si lo acontecido, la enésima liberación de terroristas, no será también muestra del grado de corrupción en que nos hemos acostumbrado a vivir. Acaso cabe mayor corrupción moral que la de un sistema que ha creado un entramado legal, de estúpida ideología progresista -pobrecitos delincuentes resultantes de las injusticias y vicios de la sociedad, prístinos en el origen y contaminados por la vida-, que permite a un asesino múltiple salir a la calle ciscándose en las víctimas que fueron condenados por sujetos como Santi Potros o Plazaola a la cadena perpetua de la muerte física. Esos que se permiten decir que ellos no asesinaban sino que ejecutaban. E insisto, ¡qué bien vienen a la política del gobierno estas liberaciones y que otro sea el responsable mientras emulan a Pilatos!

Una corrupción más en un mar de corrupciones reales y morales no tiene importancia -piensan-. Ahora toca sacar pecho y decir que la Justicia está actuando, que no se tiene nada que ocultar. Después vienen los sonrojos, las charlas, las componendas y los intermediarios, incluyendo los conseguidores que sacan soluciones de la chistera para hacer carrera en la larga lista de pícaros que abonan el estiércol de la realidad. Pero de eso, por falta de espacio, tendré que hablar otro día porque firmo y pongo rúbrica a estas líneas el festivo día de la Constitución que este año se transforma en el día del centro comercial, el del mismo mercadeo que nos muestra al augusto Felipe VI conduciendo llevando a la vera al mismísimo Arturo Mas con encantadora sonrisa.

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