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A estas alturas, en vísperas de Asambleas no sé si definitivas y definitorias, a pesar de tener cierta fluidez a la hora de desentrañar el mensaje y el lenguaje político, sigo sin saber realmente qué es ese artilugio llamado VOX.

Vaya por delante que a los de mi generación esas siglas nos recuerdan más a un diccionario que a un partido político por lo que no nos extrañan el cúmulo de acepciones políticas que según quién sea el interlocutor adquiere el vocablo latino transmutado en partido. Personalmente, la mayor parte de sus dirigentes y algunos de sus teóricos militantes que ejercen por las redes de autoproclamados voceros -alguno creo que se pasa el día intentando hacer méritos para tener cualquier carguito- me parecen un conjunto de señores de “derechas”, sin que sepan muy bien qué es ser de derechas salvo en su acepción más casposa, incomodados por no haber conseguido puesto en el PP o formar parte del grupo dirigente del PP. Añádase a ello su teórica alineación con la más abierta defensa del liberalismo económico que nos lleva directamente a la insolidaridad social, porque en el fondo sus dos grandes premisas son la imposición de lo privado y que las regulaciones las haga el mercado.

Volviendo al VOX oficial, el partido indefinido, nos cuentan que existen en él dos almas que se están enfrentado a muerte -no sé si tomármelo a risa- de cara a su reunión septembrina donde no sé si está preparado el apuñalamiento de César: una liberal y otra conservadora. Alguien debería recordar a estos diferenciadores de la nada que en España, desde mediados del siglo XIX, históricamente, los conservadores eran liberales y que solo durante la Segunda República existió una derecha antiliberal que se quedaría ojiplática ante la carga ideológica de estos muchachos. Dejando la historia a un lado aún ando tratando de descifrar donde radica la diferencia ideológica entre un conservador y un liberal en la actualidad (recordemos que VOX reivindicaba a Esperanza Aguirre y José María Aznar como modelo de sus votantes). Aceptemos a efectos explicativos que exista diferencia entre los afiliados de VOX derivados del descontento con el PP (donde también habría conservadores y liberales) y los exseguidores de Mario Conde (SCD) llegados al inventillo.

La realidad es mucho más diáfana. VOX no es un Jano bifronte como algunos pretenden, aunque posiblemente continúe instalado en ese paradigma, es simplemente una madeja de complejos. Nació como partido de centro-derecha, lo que ideológicamente se traduce como liberal-conservador; buscó desesperadamente los votos de la derecha del PP y esperaba que le afluyeran los votos “patriotas”  de una extremaderecha bastante despistada cuando aparece alguien que parece que toca su misma música, dejando claro, esos sí, que eran grupos reprobables que manchaban su impoluta hoja de servicios democráticos. Su adalid, entre varios adalides, llevaba años en ese juego y al quedarse sin el seguro escaño europeo desapareció dejando la presidencia a otro dinosaurio del centro-derecha español como presidente digital (digital de nombramiento dactilar).

Llegados a esta fecha en VOX, que todavía no es nada, están afilando los cuchillos y, como sucede a nivel nacional, para pasmo de unos seguidores a los que mayoritariamente solo alienta el cabreo con Mariano, levantándose unas alfombras que hacen difícil creer en sus aspavientos regenerativos y sus críticas a la casta de la que muchos de ellos formaban parte hasta antes de ayer, siendo parte de la pomada millonaria que a algunos les ha permitido vivir de la política o, al menos, tener un sobresueldo. Así las revelaciones de Cristina Seguí, la sonrisa de VOX, sobre las facturas de Quirós, sobre la empresa del hijo que factura al partido y otras bicocas derivadas de la riada de euros que se pusieron sobre la mesa para impulsar la operación y que están muy lejos de las posibles cuotas de sus militantes, abren serias dudas sobre lo que realmente ha sido VOX. A no ser que lo archivemos en el inventario de las andanadas de la guerra fratricida que se libra por ver quien flanquea finalmente a la prima dona silenciosa que es Santiago Abascal.

Así pues, en este batiburrillo, lo que reluce es que no parece que lo primordial sea la definición ideológica de VOX, más allá de lo que ya todos sabemos sobre su “oposición” -observen que entrecomillo- a las Autonomías, sino que, como en los demás miembros de la partitocracia, lo fundamental es la lucha por el poder.

Ya que ha salido el tema del poder convendría recordar, pese a las alharacas, que VOX no es un PODEMOS de derechas, ni Cristina Seguí, pese a que lo intenta, o Santiago Abascal un Pablo Iglesias mediático (entre otras razones porque sus preocupaciones y las de los ciudadanos andan un poco distantes). Tampoco sus 240.000 votos, evaluados en su distribución territorial, son garantía de futuro institucional alguno. Por poner un ejemplo, un movimiento de piezas de Mariano en este ajedrez bastaría para hundir la aventura de Abascal en Madrid si es que no se hunde sola. Ahora bien, no es menos cierto que las dificultades evidentes del PP en Valencia podrían inflar las aspiraciones de una Cristina Seguí a la que muchos parecen ver, realmente, como la “musa de la derecha radical” para encabezar una jugada tipo Rosa Díez o para poder acabar formando la Triple Entente de cara a las elecciones generales de 2016.

Comentarios  Ir a formulario



Autor: Luis

Lo has clavado

Fecha: 22/08/2014 12:47.


Autor: desengañado

diga usted que sí, yo creía en ellos, pero veo que son uno más

Fecha: 22/08/2014 12:53.


Autor: Juan

Ni de derecha ni de izquierda, ese es el paradigma señor Torres. Estos son unos golfos.

Fecha: 26/08/2014 15:03.


gravatar.comAutor: Guiverno Hispánico

VOX es la extrema derecha liberal-burguesa y, como formación política, no le auguro otro camino que el que ya ha hecho, es decir, ninguno.

Fecha: 07/09/2014 11:45.


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