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No sé si en los centros norteamericanos la historia del cine comienza a ser una asignatura más; un modo de revisar la visión del pasado y los acontecimientos diarios, de los modos sociales, a través de esa forma literaria que son las películas. Confieso que siento cierta debilidad por ver películas del Oeste que vienen a contar la historia de la conformación de los EEUU y la visión que los propios norteamericanos han tenido de un proceso que ha conformado su personalidad. Es imposible comprender a los norteamericanos, por lo menos del siglo XX -hoy ya tengo mis dudas-, sin haber visionado el modo en que se enfrentaron a su pasado en el cine porque sus particulares cantares de gesta anidan en Fort Apache, Duelo al Sol, Murieron con las botas puestas, Solo ante el peligro, La Diligencia, Río Rojo,  Hondo, El hombre que mató a Liberty Valance o Centauros del Desierto.

Un simpático compañero me comentaba que odiaba determinado tipo de películas americanas, gran parte del cine americano en realidad, especialmente las del Oeste, por la proliferación de banderas y patrioterismo que contenían -no creo que hubiera visto muchas más allá de las de la caballería cargando aunque quede aquella escena genial de Duelo al Sol como paradigma-.

Uno de los grandes narradores de la conformación de los EEUU, pero sobre todo del carácter de los americanos, ha sido John Ford. Nadie como él ha relatado el paso de la América construida por los individuos a la América ya civilizada. Viene al caso porque entre mis reiteraciones sobre la filmografía del maestro me parece un alarde una película que en España se tituló Caravana de paz –en Francia fueron más atinados pues se rotuló como El convoy de los bravos- aunque su título original era Wagon Master (RKO 1950). La historia de una caravana de mormones camino de California en cuyo reparto, plagado por los habituales de su compañía, a excepción de Wayne, aparecía el popular Ward Bond. La película es el origen de uno de los primeros éxitos de las series televisivas americanas -naturalmente abundaron las del Oeste- Wagon Train, protagonizada por Bond en el papel del mayor Seth Adams hasta su fallecimiento en 1960. Entre 1957 y 1960 la serie mantuvo pegados al sillón a los americanos y abrió la puerta a otras grandes producciones tan recordadas como Bonanza o El Virginiano.

Ver Caravana, pues así se tituló en un español de aquellos de insufrible doblaje latino era una de mis asignaturas pendientes. Afortunadamente el vídeo ya llenado este hueco y ando revisando la primera temporada. Naturalmente la serie sería para muchos políticamente incorrecta, entre otras razones porque Ward Bond fue uno de esos autores vapuleados por la crítica y odiado por la progresía debido a su posición anticomunista y presidir la Alianza de Actores y Directores para la preservación de los valores americanos a la que apoyaron Wayne, Ford y Cooper entre otros. Y viene al caso porque Wagon Train venía a exaltar esos valores de los que, por ejemplo, Wayne era más que un arquetipo el arquetipo. El hombre con un solo código: “A man’s got to have a code, a creed to live by”.

El argumento es parecido a la película madre de Ford, una caravana y las vicisitudes de su recorrido (en el caso de Ford era una caravana de mormones hacia California). La serie, rodada con alto presupuesto y buenos guionistas, en la que participaron numerosos directores y que contó con la participación estelar en los capítulos de estrellas de la época, incluyendo a John Wayne, nos llevará en un viaje interminable desde Missouri a California. Es una epopeya que va retratando a cada uno de aquellos “conquistadores” civiles que poblarán el Oeste. Al igual que el maestro Ford los directores y guionistas utilizarán, sobre todo en las cuatro primeras temporadas, el paisaje como un actor más. El paisaje y rodar allí, fuera de los estudios, era una metáfora de la defensa de la libertad frente a la dictadura de los estudios en el caso de Ford. Si en la película original, constante en el cine de Ford, veremos que se alterna la individualidad y la comunidad, la solidaridad frente al egoísmo, la exaltación de la camaradería también la rastrearemos en Wagon Train de ahí el interés que visionar esta serie tiene a pesar del paso del tiempo, porque quedan muchas claves del modo en que se veían los americanos retratados en aquellos personajes que de verdad conquistaron el Oeste e hicieron los EEUU, independientemente de cuál fuera su origen nacional, social o incluso moral, porque la caravana era también un espacio de redención.

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