Tras el anuncio de una nueva tregua de 72 horas y prácticamente un mes de “guerra” parece que las autoridades israelíes, alcanzados sus objetivos militares y políticos, están dispuestas a poner fin a la operación Margen Protector. Como en otras ocasiones el hecho desencadenante poco o nada ha tenido que ver con la enésima ofensiva del ejército israelí. Es más, se ha reconocido que Hamas nada ha tenido que ver con el asesinato de tres jóvenes en Hebrón, causa oficial para la propaganda bélica.

Como de costumbre los debates sobre lo acontecido se han polarizado en función de la simpatía que despiertan los israelíes o los palestinos; sobre el derecho de cada uno a estar en aquellas tierras que da legitimidad a la acción armada. Se puede continuar en la explicación de los hechos retrotrayéndonos a la declaración Balfour, al hecho fundamental de no haber creado un estado palestino y un estado israelí, a la incapacidad de la ONU para hacer que sus resoluciones valgan de algo y al fracaso permanente de las continuas conversaciones de paz forzadas desde fuera pero con poco apoyo desde dentro.

En aquel punto geográfico lo que se está produciendo es una guerra perpetua que se libra con un desequilibrio evidente entre la capacidad destructiva de ambos contendientes. Guerra perpetua como opción, porque la única solución es que Israel admita la creación de un Estado Palestino independiente en Gaza y Cisjordania, a lo que como se ha reiterado Tel Aviv se niega lo que, junto con los muros y las alambradas, ha dado fuerza a la Intifada primero y a Hamas después deslegitimando la viabilidad que en un tiempo pudo llegar a tener el recurso a la Autoridad Nacional Palestina.

Margen Protector no ha sido más que una nueva fase de esa guerra perpetua cuyas fases anteriores más importantes fueron Pilar Defensivo (2012) y Plomo Fundido (2008). Margen Protector fue lanzada al viento de unas condiciones geopolíticas consideradas como idóneas: primero, la falta de apoyos de Hamas en los países vecinos; segundo, el fracaso americano que ha destrozado Irak, Libia y Siria que invita a la pasividad; tercero, la expansión del yihadismo que también está presente en la Franja de Gaza.  Los objetivos de la operación parecen claros: primero, como es habitual eliminar “terroristas” de Hamas y destruir su capacidad operativa; segundo, advertir claramente a la población civil de que el apoyo a Hamas contribuirá a su destrucción; tercero, empujar a los palestinos al abandono de la zona incrementando las ya duras condiciones de vida en la Franja; cuarto, favorecer la imagen de la Autoridad Nacional Palestina como opción viable para los palestinos de Gaza.

La Franja de Gaza es un estrecho territorio pegado al mar con una altísima densidad de población, más de cinco mil habitantes por kilómetro cuadrado que se han visto aún más hacinados tras la decisión israelita de ampliar la franja de exclusión desde el muro y las alambradas en tres kilómetros, perdiendo la Franja el 44% del territorio. Ahora con una parte considerable de las infraestructuras dañadas, con miles de viviendas destruidas o dañadas y casi un cuarto de población desplazada, las condiciones de vida serán mucho más duras. Resta por saber si el duro castigo privará de apoyos a Hamas, haciéndole abandonar sus refugios en las ciudades, difícil porque prácticamente no hay zonas libres, o por el contrario alimentará nuevos rebrotes del conflicto. Militarmente es evidente que se trataba de golpear la zona y no de ataques selectivos contra las cabezas como sucedió durante Plomo Fundido. Y en este sentido la operación israelita ha sido un éxito.

Hamas sale de Margen Protector militarmente debilitado. La destrucción de los túneles que permitían burlar el muro que aísla Gaza, la inutilización de arsenales y el agotamiento de parte de las reservas de sus proyectiles M-75 y M-302, que pueden alcanzar prácticamente cualquier punto de Israel, con la demostración de la inutilidad de los mismos ante el sistema defensivo Cúpula de Hierro, junto con un millar de bajas entre sus combatientes, constituyen un duro golpe pese a las baladronadas de quienes consideran que prácticamente han ganado la guerra olvidando que para Israel se trata de una guerra perpetua, aunque en esta ocasión hayan tensado hasta extremos insostenibles la capacidad de la opinión pública occidental de mirar hacia otro lado cuando se exhiben las imágenes de niños destrozados, de escuelas y hospitales atacados.

 

PD. Este artículo fue publicado en Diario Ya al proclamarse la tregua. Hoy transcurrida la misma, tras la decisión de Hamas de lanzar proyectiles al minuto siguiente de expirar el plazo y la contestación limitada de Israel con ataques selectivos, la situación viene a ser la misma que la retratada en el artículo. Mucho me temo que continuarán las acciones localizadas como vano intento de negociar desde una posición de fuerza que Hamas no va a lograr.

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