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Lo había avisado el inesperado triunfo del candidato del Frente Nacional en la primera vuelta de las elecciones cantonales en Brignoles. Aquel 40% se ha convertido en más del 50% en la segunda vuelta a pesar de la habitual alianza de todos los partidos, de derechas y de izquierdas, verdes y comunistas, para evitar el triunfo de Marine Lepen. Un triunfo que viene a confirmar lo que vienen diciendo las  encuestas desde hace meses: el imparable ascenso del Frente Nacional y el hundimiento de la derecha y la izquierda. Un terremoto político de tal magnitud que hasta el sistema a dos vueltas galo, con distritos donde sólo puede ganar un candidato, que hasta ahora parecía ser un muro infranqueable, debido a esa alianza política de derecha e izquierdas para evitar a toda costa la irrupción en las instituciones del que ya es, según se publica en Francia, el primer partido del país vecino, se ha resentido porque ahora puede convertir al Frente Nacional en beneficiario. Sobre todo porque las encuestas indican que puede ser el partido más votado en las próximas elecciones europeas.

La pregunta que, en Francia y fuera de Francia, hoy se hacen muchos es ¿cómo ha sido esto posible? ¿Cómo una sociedad de tan larga tradición como la francesa puede estar
a punto de votar masivamente a lo que se califica de extremaderecha?

La respuesta es más sencilla de lo que parece: simplemente porque el Frente Nacional francés ha roto sus barreras, su techo, y  por sus apoyos ya es difícilmente encasillable en los márgenes tradicionales, y por tanto estigmatizables, de la ultraderecha. La descalificación demagógica ha dejado de funcionar. Frente al crecimiento del partido de Marine Lepen ya no es posible disuadir a los electores agitando espantajos y propaganda. ¿Por qué? Simplemente porque el Frente Nacional ya no es el Frente Nacional de hace una década. Aunque en nuestros lares resulte que quienes ven en Marine Lepen y su partido el modelo a imitar no se hayan prácticamente enterado de lo que ha sido la refundación hábil del partido de la mano de la hija del fundador.

La imagen que se tiene del Frente Nacional en muchos lugares, transmitida y amplificada por la progresía y muchos medios de comunicación, edificada sobre la imagen de una fuerza xenófoba, detentadora de un patriotismo de opereta y folklore, ya no existe en Francia. Desde que asumió el liderazgo del partido, Marine ha estado refundando el viejo Frente Nacional y su discurso ha variado sensiblemente, hasta tal punto que ya casi se la califica, por su discurso social, de “extrema izquierda”.

Marine ha recuperado el viejo discurso iniciático de su padre: “ser la voz de los sin voz, la voz de Francia”. Eso sí, conservando la música, le ha dado nuevos aires. La defensa de la identidad nacional y de los valores del republicanismo francés, del Estado, siguen siendo el basamento ideológico del partido. Sin embargo, ahora, el antiguo y no sé si anticuado mensaje tachado de xenófobo se ha transformado en la denuncia del peligro del integrismo islámico porque va contra los valores republicanos, lo que es asumible por la mayoría de los franceses alejándose de cualquier connotación racista.

Lo que a Marine le está abriendo las puertas de Francia y el camino hacia el Eliseo, para desesperación de conservadores y socialistas,  es ese nuevo discurso: el que se sintetiza en la idea-lema de “antes que nada, el pueblo”. Es su programa social, el erigirse en la líder de los “invisibles, de las víctimas de la crisis”, su nueva propuesta de una necesaria “revolución cultural”, su tesis de poner fin a todo aquello que separa y divide a los franceses, lo que le hace ganar votos entre las masas y sobre todo entre los jóvenes.

Frente a esta Marine poco tiene que hacer la otrora poderosa izquierda francesa, cuando ella denuncia que derecha e izquierda son culpables de la situación de crisis en que viven los franceses; al igual que responsabiliza, frente al consenso de derecha e izquierda, a los elementos negativos del Euro de la imposibilidad de salir de la postración. Y, en este sentido, nada más revolucionario, moderno y juvenil que proclamar que el ultraliberalismo está creando pobreza y desigualdad, por lo que debe ser detenido.

Marine está conectando con la voz dormida de Francia,  con los intereses particulares y reales de los franceses que quieren seguir siendo franceses;  que quieren que en sus calles se imponga nuevamente la ley frente a la expansión, tolerada por la derecha y la izquierda, del no-derecho.

Por todo ello, algunos politólogos, ante la posición rupturista del nuevo Frente Nacional que Marine está construyendo a marchas forzadas, renovando las estructuras y fichando talentos, conscientes de que se trata de una corriente difícil de encuadrar en los márgenes simplistas de lo que se conoce como extremaderecha, algo que ya no tiene la eficacia disuasoria de la expansión del miedo, no queriendo renunciar a la carga peyorativa a la hora de definir su propuesta, ya hablan del nuevo nacional-populismo, aunque en al discurso de Marine la definición que mejor le cuadra sea también la más sencilla y emotiva: República y Francia. Algunos deberían tomar  nota.

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Autor: vecina

Magnífico. Ojalá aquí pasara algo igual.

Fecha: 16/10/2013 21:06.


Autor: Luis

Como usted dice a ver si los de aquí toman nota y dejan de decir tantas tonterías.

Fecha: 16/10/2013 21:08.


Autor: José Antonio

Que sepa que mucha gente piensa que usted es la gran esperanza de quienes no queremos ser ni de derechas, ni de izquierdas. Ya me entiende.

Fecha: 16/10/2013 21:43.


gravatar.comAutor: alexis

La verdad que el artículo parece escrito por un peronista

Fecha: 17/10/2013 13:22.


gravatar.comAutor: Javito

El panorama político se está moviendo. Ya es hora de que Alternativa Española se convierta en el partido de referencia de la derecha. Cuente conmigo.

Fecha: 19/10/2013 15:04.


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