Podía haber sido cualquier otra fecha, desde el dos de mayo, en recuerdo de la sublevación que dio origen a la Guerra de la Independencia, a la del matrimonio de Isabel y Fernando, pasando, como sucedió durante casi cuarenta años por el 18 de julio o el día de las Navas de Tolosa o incluso la victoria en Lepanto. Sin embargo, ninguna fecha mejor, por su sentido simbólico que el 12 de Octubre: expresión de los resultados del esfuerzo común en un proyecto nacional y colectivo.

Hacer del día del Descubrimiento de América, de aquel instante anunciado por Rodrigo de Triana viendo a lo lejos la tierra de la esperanza desde lo alto del palo de un cascarón en un mar inmenso, de aquella fecha que cualquier niño se sabe aunque no comprenda bien el alcance de su significado, de lo que fue el inicio de la universalización de España, de la creación de las Españas, el día de nuestra Fiesta Nacional, soldándolo de manera indisoluble con lo que en muchos países de habla hispana, incluso en los propios EEUU, es la fiesta de la Hispanidad, siendo al mismo tiempo la exaltación del castellano como lengua común, como lengua española reconocido por la Unesco, es pues mucho más que un día festivo en el calendario fijado por las costumbres.

El doce de octubre se configura o debiera configurarse como un elemento de afirmación nacional, identitario. Ahora bien, al doce de octubre aún le falta aquello que curiosamente el gobierno, todos los gobiernos por cierto, rehúye impulsar:  la transformación de una fiesta oficial en una festividad popular. Aunque es cierto que el germen del orgullo nacional esté dando vida a concentraciones populares en torno a los colores y la reivindicación de España como idea, como concepto y como proyecto. Pero a nuestra Fiesta Nacional, a este orgullo de España, aún le falta el calor festivo-popular que, aunque parezca un contrasentido, está haciendo brotar el intento nacionalista de poner fin a la integridad de la nación española.

El 12 de Octubre, Fiesta Nacional, tiene un importante componente simbólico porque es el momento en que una nación-reino-estado, que desde su aparición como Hispania, producto de Roma, convertida en reino-estado con la monarquía visigoda, destrozado por la invasión musulmana, tras rehacerse de la mano de Isabel y Fernando se proyecta en lo universal para hispanizar lo que después sería la América Hispana. Porque lo que los españoles van a realizar en el Nuevo Mundo es precisamente eso: hacer nuevas Españas, hispanizar. Y ello implicaba no esclavizar sino hacer súbditos, es decir titulares de los mismos derechos a ambas orillas del mar; tener la misma Fe, la misma lengua y conformar una sola comunidad independientemente del criterio de raza, incorporando a aquellos pueblos a la civilización cristiana.

Dejando a un lado las leyendas interesadas, los mitos indigenistas mezclados con el nacionalismo-marxista importado desde las doctrinas de la guerra revolucionaria, los excesos puntuales -que fueron sólo eso- y el sentimiento antiespañol que se ha ido difundiendo en algunos países (hace algunos meses, en una cola ante un museo en una capital europea, sentí la tristeza de oír a un padre hispano que le explicaba a su hijo que ahora eran pobres por lo que España les había robado, prescindiendo del hecho evidente de que sólo por el acento alguien diría que venía de aquellas tierras y no de Valladolid), aquella fecha del doce de octubre es la piedra angular de los lazos espirituales creados, de la comunidad engendrada, del acervo de valores que nos igualan. Un sentimiento y un concepto, razón y emoción, que explicaron con profundidad y poesía monseñor Zacarías de Vizcarra, Ramiro de Maeztu y Manuel García Morente.

Anoto que explicaron más que teorizaron, no inventaron sino que formularon, porque el sentimiento de la Hispanidad, de la pertenencia a un tronco común, de la simbiosis con la madre Patria, que era sentido por la inmensa mayoría de los habitantes de la América hispana -disfrazada con vergüenza después por los pseudointelectuales, los progres y los políticos correctos con esa renuncia que supone sustituirla por Latinoamérica-, estaba ahí, era preexistente a su utilización y difusión. Hoy, ideológicamente, por su carga, es para muchos un término proscrito; entre otras razones por lo que conlleva de afirmación nacional, de obra común de los españoles, incluso de gesta heroica que por las dosis de patriotismo histórico que implica, en estos tiempos de disolución, es necesario proscribir. De ahí la propaganda, el impulso y el apoyo que las tesis contrarias a la Hispanidad siempre han tenido entre quienes desean desintegrar la nación española:  la ideología del indigenismo, alentando las estupideces de la Leyenda Negra, y el panamericanismo.

La Hispanidad es en realidad la reformulación moderna de la noción de Imperio, que es lo opuesto a la idea anglosajona del imperialismo del último tercio del diecinueve o a la del neoimperialismo propio del mundo de después de la II Guerra Mundial. Es, y debiera ser, la expresión conceptual de la conciencia de constituir o de formar parte de una comunidad de naciones que debieran, especialmente en este mundo global,  reforzar sus lazos y conformar un bloque de intereses y obligaciones al servicio del bien común capaz de alumbrar nuevos caminos frente a los excesos del ultraliberalismo haciendo suya la Doctrina Social de la Iglesia como luz para guiarnos hacia un mundo más justo.

La Hispanidad debería haberse conformado, de no haber mediado otros intereses geoestratégicos y geoeconómicos, como un todo frente a los otros bloques para, a través de España, recuperar la noción de origen de la Euroamérica como espacio común de cultura, creencia y valores que por fuerza, por razón de historia son principios y valores religiosos, cristianos. Y como tal la Hispanidad, al servicio de lo expuesto, alcanzaría su materialización real como unidad de destino de una gran Patria espiritual y supranacional.

En este sentido es hoy necesario hacer pedagogía de la Hispanidad, al igual que es preciso hacer pedagogía patriótica. Convertir lo que para muchos es meramente sensitivo en racional. Difundir, enseñar y asumir la idea y el concepto de España y de la Hispanidad. Y, ¿qué mejor manera de hacerlo que tener como Fiesta Nacional viva y popular la fecha del 12 de Octubre?

 

 

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gravatar.comAutor: Paco

Los borregos del sistema se tragan la bazofia demagógica del indigenismo, de la Leyenda Negra… y los patriotas, que usamos el cerebro bastante más que aquellos borregos, no nos dejamos engañar y conocemos la verdad histórica de la Hispanidad.

VIVA EL 12 DE OCTUBRE Y VIVA LA HISPANIDAD

Fecha: 26/10/2013 14:07.


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