No es la primera vez ni será la última que quienes de verdad ejercen como gobiernos económicos mundiales presionan sus con dictámenes, que después son asumidos casi como biblias, al gobierno español. No es una novedad, porque desde que comenzó la crisis, entre las soluciones que hacen llegar al gobierno, con veladas o directas exigencias de cumplimiento, figuran de manera recurrente las de recortar salarios y subir impuestos.

Desde los estertores del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero la política laboral e impositiva española ha ido avanzando en ese sentido. Se han subido los impuestos y se ha puesto en marcha una reforma laboral que, hasta la fecha, por más que se sucedan las declaraciones de la ministra Fátima Báñez, sólo puede justificarse desde la fructífera imaginación de quienes hablan de las decenas de miles de puestos de trabajo que no han sido destruidos (más de doscientos mil según la ministra). La consecuencia ha sido empleo más precario y caída del salario medio de los españoles, bajo el axioma de que más vale empleo malo que estar parado.

Ahora el Fondo Monetario Internacional, en una vuelta de tuerca, pide al gobierno que arbitre las medidas para que los salarios se reduzcan en España en un 10%, sueldos que ya han bajado de un modo u otro (menos dinero o más horas o ambas cosas a la vez), lo que implicaría un empobrecimiento general de los españoles. Naturalmente, en función de no sé qué científica previsión, ello permitiría reducir el paro en un 7% en los próximos dos años, argumentando que de lo contrario sólo bajará un par de puntos como máximo. Todo ello basado en el argumento ultraliberal, que no es una ley inmutable, de que a sueldos más bajos mayor contratación. No contento con esa bajada salarial el FMI pide también una subida de impuestos, concretamente eliminado el IVA reducido. Naturalmente, como son insaciables, una vez conseguido eso se pasaría a un incremento hasta el 24%.

El FMI no hace sino apuntalar el diseño de la UE en el que los países del sur, Portugal, España o Grecia, sean zonas de empleo barato y precario, con grandes diferencias sociales y con gentes de escaso poder adquisitivo mientras que los países del norte continuarán con salarios mínimos que duplican o triplican el de estos países, amplias coberturas… El FMI, como dentro de poco lo pedirá otra vez Alemania, exige a España una devaluación feroz con la excusa de que es la única solución que nos introduzca definitivamente en esa posición periférica y de segunda de lo que podría acabar siendo el Tercer Mundo de la UE.

Ahora bien, la propuesta del FMI, abre a quienes somos legos en previsión económica numerosos interrogantes: ¿Si España tiene un problema de caída de consumo interno y de inversión interna, cómo se va a solventar si los salarios caen y se suben los impuestos reduciendo la capacidad adquisitiva de los españoles? ¿Cree que España, atendiendo a las buenas cifras de las exportaciones -acompasada con una caída de las importaciones- puede convertirse en un país de exportación que se beneficiaría de la reducción salarial? ¿Es que cree que el sector de la exportación puede ser la gran palanca de desarrollo aunque se sacrifique durante años el consumo interno? ¿Dónde se va a crear ese empleo si no existe una política para cambiar el modelo del PIB que tenemos basado en servicios vinculados al consumo? ¿En verdad va a generarse empleo por bajada salarial o lo que se busca es incrementar los márgenes de beneficio de las grandes industrias o empresas? Un modelo estacional como el que tenemos es posible que cree empleo en los sectores relacionados con el turismo pero ¿va a suponer una caída de los precios o se van a mantener los márgenes y por tanto el efecto positivo morirá debido a la falta de capacidad de gasto de los españoles provocando nuevos cierres en el sector del ocio o la restauración como de hecho ha sucedido?¿De verdad se piensa que aunque se produzca una reducción del diez por ciento eso va a suponer una atracción empresarial en sectores que se produce a menor coste en otros puntos del globo?

Resulta curioso que lo que nunca nos dice ni el FMI, ni la UE, ni la señora Merkel, ni los mercados… es dónde y cómo se tiene que alentar el desarrollo productivo para crear empleo estable y recurrente. Y los sectores que durante años se han vendido como futuras palancas (sociedad del conocimiento, energías renovables, I+D+i…) se ven claramente afectados por las políticas de ajuste y recorte por lo que difícilmente se van a transformar en palanca o elemento de despegue.

De momento, la Ministra Báñez ha desestimado una nueva reforma laboral, pero en realidad, dados los antecedentes, eso tranquiliza muy poco. También se ha rechazado, pese a considerarla como razonable, la propuesta del FMI por las tensiones sociales que generaría, pero…  

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.