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Presentación de un libro divisionario en Alicante.

Una frase y un gesto. Esos dos gratísimos recuerdos guardo de la invitación que hace unas semanas me cursara Luis Valiente para intervenir en la presentación el libro del general Salvador Fontenla, “Los combates de Krasny Bor” en Alicante. Gracias Luis por darme la oportunidad de poder compartir, como anotó Carlos Caballero, unos momentos de amor a España, a sus soldados y a sus gestas; de sentirnos en estos instantes de pesimismo nacional orgullosos de los que nos precedieron.

Una frase y un gesto, porque allí en primera fila estaba, recordándonos que cumplió los diecinueve, los veinte y los veintiuno en el frente ruso nuestro entrañable secretario de la Hermandad divisionaria alicantina Enrique Cernuda. Testimonio vivo del ideal y del orgullo de haber servido en la División Azul.

Una frase, que es todo un deseo, pronunciada por el general Salvador Fontenla como cierre de su intervención, recordando que allá, bajo las tierras de Krasny Bor reposan ochocientos españoles. Él está noblemente empeñado en que al menos, allí puedan reposar en una sepultura digna bajo una bandera española.

Dentro de unos meses se cumplirá el 70 Aniversario de aquella batalla que el general Fontenla califica en su trabajo como “una victoria heroica”, que como tal “merece anotarse en los anales de la Historia Militar española”; el, en palabras de Carlos Caballero, que nos refirió la notable mención a la misma de Anthony Beevor en un reciente libro sobre la II Guerra Mundial, “último gran combate del Ejército español”.

El general Salvador Fontenla en su trabajo ha recuperado para la historia una documentación de valor  incalculable que nos permite seguir y reconstruir, paso a paso, los combates librados en aquella aldea aquel diez de febrero de 1943. Es la historia siguiendo los partes que se remitían desde las unidades. Palabras escuetas, sinceras, sin adorno, sin el peso del interés por destacar el papel propio u ocultar los desaciertos. Y el general Fontenla deshace los mitos, las interpretaciones, las frases bellas de combates románticos, las críticas a la actuación del mando.

Hace veinte años definí la batalla de Krasny Bor como el Brunete de Rusia. Algo que de algún modo también subraya el general Fontenla al destacar la importancia que tuvo la “defensa estoica de las posiciones”, la idea de “resistencia a ultranza en las posiciones defensivas en caso de ruptura del frente” frenando y estrangulando la penetración enemiga. Unos “conceptos que estaban grabados a fuego en el espíritu militar español que son esenciales para comprender el comportamiento de la resistencia numantina de los divisionarios en Krasny Bor”. En veinticinco apretadas páginas el general Fontenla, con la precisión del experto, con la admirable capacidad del profesional, es capaz de trazar un resumen explicativo interesantísimo de aquel combate.

Al general Gomariz, a Carlos Caballero y a un servidor nos correspondió ser los teloneros de un trabajo esencial para la historiografía divisionaria. Trazar, como hizo el general Gomariz, la impresionante biografía profesional de un militar de línea, el autor, que ha estado al frente de unidades de la Legión y la Brigada Paracaidista. Recordar, como hice yo, que la División Azul fue constituida como una unidad del Ejército español y por tanto forma parte de su historia; que marchó a Rusia al servicio de la política exterior española de la época; que fue una unidad básicamente formada por voluntarios ideológicos que creían que luchaban por una causa justa y que por su propia idiosincrasia formaron parte de lo que algunos autores alemanes denominan la “bandera invisible”, la bandera humanitaria dentro de lo que fue la guerra de exterminio que se libró en el frente ruso entre alemanes y soviéticos. Y apuntar, como con certeza hizo Carlos Caballero, que sólo ahora, cuando se asume que fue el Ejército Rojo el que derrotó realmente al ejército alemán, se comienza a valorar internacionalmente lo que fue militarmente hablando la participación española en la Segunda Guerra Mundial, aunque su combate fuera en realidad un mundo aparte.

 

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