Cuándo hace unas semanas Mariano Rajoy contravenía su solemne promesa electoral, derivada de lo que teóricamente eran sus tesis en materia económica -el ciudadano y no el Estado es quien debe tener el dinero-, se escudó en la dualidad de una excusa perfecta: el estado de necesidad y la desastrosa herencia recibida. Lo adornó con una mentirijilla: “no sabíamos el volumen de la desviación”. Aunque sus altavoces mediáticos y portavoces varios procuraran obviar, una vez difundido el mensaje, que la base de esa desviación era responsabilidad del déficit de las Comunidades Autónomas, que su partido gobierna en la mayor parte de los entes territoriales y por tanto conocía las cifras de antemano.

Algo similar sucede ahora tras el anuncio del nuevo y flamante Ministro de Educación de que en su futura reforma, que ya veremos cuándo y cómo se aplica realmente, se elimina la asignatura Educación para la Ciudadanía. Una nueva mentirijilla, porque lo que el ministro ha dicho, mal que le pese al mariachi propagandístico-mediático del nuevo gobierno, es que depurará EpC y le cambiará el nombre. Ya advertimos, cosechando el denuesto de los lobbys con los que el Partido Popular se convirtió en el usufructuario político de la oposición a EpC, que el partido de Mariano Rajoy había firmado en Europa a favor de la existencia de asignaturas de este tipo y que, en realidad, Mariano Rajoy no se comprometía a su eliminación cuando con habilidad gallega, al preguntarle por esta cuestión, afirmaba que él lo que haría es que los niños estudiaran más matemáticas, etcétera. Lo que para el mariachi era sinónimo, y así lo difundían, de que el PP se comprometía a eliminar la asignatura.

La heroica resistencia popular a EpC, tras algún que otro estrambótico titular y proyecto (a Camps se le ocurrió que las clases se darían en inglés y con traductor al inglés si fuera necesario), consistió, en las Comunidades en las que gobernaba y de las que depende Educación, en presionar a los padres y alumnos objetores o, como con gozo de adelantado ha afirmado un responsable de la Comunidad Autónoma de Murcia, en limar el currículo en la línea de lo que es el anuncio del Ministro de Educación.

Así pues Mariano nos deleita con una segunda mentirijilla porque, se mire como se mire, incumple una de sus promesas y cae presa del recurso que le prepararon sus asesores para ni decir sí, ni decir no, ni decir lo contrario. Precisemos, en los currículos actuales ya existen temas dedicados a la Constitución, al Estado de las Autonomías, a la Unión Europea, a los derechos y libertades ¿Qué sentido tiene establecer una asignatura específica que duplica los contenidos? ¿Cómo se puede garantizar que no se producirá el adoctrinamiento cuando al dedicar tanto tiempo se pueden abordar, desde la propuesta genérica, todos los temas que tanto parecían preocupar a quienes se oponían a EpC? ¿Es que acaso el aborto no cabe dentro de la Constitución? ¿Es que acaso la denominada ideología de género no cabe dentro de la Constitución? ¿Es que acaso…?

Como el Ministro afirma que quiere oír a la Comunidad Educativa, y el que suscribe forma parte de la misma, yo tengo una propuesta para que en la nueva EpC (esto es como el aborto, tenemos un aborto del PP y otro del PSOE y ahora tenemos una EpC del PSOE y otra del PP): que en el temario se incluyan temas como la corrupción -tanto del PP como del PSOE-; el concepto de casta política; el préstamo y la usura; el análisis de los gastos de la clase política; el impuesto justo y el confiscatorio… Aunque claro está que el mejor destino de asignaturas como EpC o su indigna hija popular es el baúl de los malos recuerdos.

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laestanteria

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