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Probablemente a muy pocos diga algo el nombre de Pankovka. Se trata de un pequeño remanso de paz situado a las afueras de la ciudad rusa de Novgorod. Al margen de la carretera, tras una profunda vaguada salvada por un puente, el viajero vislumbra una planicie con una pequeña curvatura central coronada por una Cruz rodeada de pétreas estelas. En ellas, grabados en la piedra se pueden leer centenas de nombres tallados para hacer perdurar su recuerdo en el tiempo. Al pasar la verja se abre un espacio en el que ahora se imponen las tonalidades intensamente verdes del agosto ruso que se alternan con el blanco invernal usual en aquellas latitudes. Ahora, la hierba está perfectamente cortada y cada cierto tiempo tres cruces de piedra, que difícilmente alcanzan los cincuenta centímetros, rompen el paisaje prolongado aquel viejo “Dios con nosotros” que figuraba grabado en las hebillas de sus cinturones.

No está lejos la carretera pero, sorprendentemente, su ruidoso discurrir es vencido por el manto del silencio que impone la imagen, el significado del lugar y las caprichosas formas, un tanto etéreas, de las nubes tamizadas por los tonos azules del cielo, capaces de crear increíbles contraluces. Los visitantes más musitan que hablan mientras buscan el lugar donde reposan los deudos propios o a los que, simplemente, como muchos de nosotros, se sienten sentimentalmente unidos. Allí, en aquel lugar en el que se siente el aroma de la paz eterna, reposan miles de hombres: los soldados alemanes que combatieron en la zona del río Wolchow durante la II Guerra Mundial y entre ellos un puñado de españoles.

Pankovka no es Arlington o Normandía, no se ha buscado impresionar al visitante, se prefiere la oración a la impresión alejándose del alineamiento perfecto de pequeñas estelas blancas que tantas veces hemos visto. Prácticamente no hay, como en otros cementerios, lápidas individuales que subrayen el lugar donde, en una pequeña caja, se han depositado, tras arrancarlos del fango y el olvido, los restos de los combatientes. Nobilísima tarea que afronta, muchas veces con más entusiasmo y sacrificio que medios, la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfursorge e.V.

Probablemente, en unas décadas, la ciudad en su expansión acabará rodeando con su inmensidad aquel lugar lejano, pero estoy seguro que continuará siendo ese remanso de paz que invitan a los que franqueen sus rejas a recordar, a pasear en silencio, a musitar una oración, a dejarse llevar por el sentido del sacrificio…

Pankovka es un enclave que invita a pensar, casi a conversar con los que allí aguardan la resurrección. Es lo que hemos hecho un puñado de españoles que, en este 70 Aniversario, no queríamos que allí faltara el calor de una oración española. Porque allí, a la izquierda de la entrada, coronando una pequeña pradera con forma de pirámide truncada, se abre un semicírculo en cuya base se eleva un blanco y adusto monumento sobre el que se ha grabado una cruz y en el que se puede leer: “Españoles caídos de la División Azul”. Ante él descansan ya casi dos millares de españoles, aunque aún sus nombres no figuren en las lápidas. Estelas tumbadas con una sucesión de nombres y fechas en relieve que hablan de jóvenes caídos en la flor de la vida; jóvenes que dejaron su futuro prendido en la eternidad, porque no pudieron dar forma a sus sueños de mañana.

En Pankovka, en un cementerio lejano, reposan una parte de los cinco mil caídos de la División Azul, sólo algunos familiares han conseguido traer a España, décadas después de su muerte, los cuerpos del ser querido. Poco importa ya la distancia, porque la mayoría de ellos, por razón del discurrir del calendario, han podido reunirse en la eternidad con aquellos que un día les vieron partir y aguardaron inútilmente su regreso.  En nombre de todos, de muchos que ni tan siquiera saben que ahora un familiar suyo que fue a combatir al comunismo hace setenta años reposa en aquel lugar, rezamos y depositamos unas flores. Para llegar hasta allí recorrimos unos miles de kilómetros, lo hemos hecho para cumplir, sencillamente, con el deber autoimpuesto de recordar a unos jóvenes que si bien murieron entonces nosotros hemos sabido eternizarlos en nuestro recuerdo.

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gravatar.comAutor: Isabel

A muchos nos hubiera gustado estar allí.

Fecha: 27/08/2011 20:53.


gravatar.comAutor: Manuel

Muy emocionante.

Fecha: 06/05/2012 08:37.


gravatar.comAutor: Mercedes

Gracias!!!

Fecha: 25/08/2013 02:24.


gravatar.comAutor: Alonso

Hola, gracia spor el comentario. El jueves iré a Novgorod y me gustaría visitar el cementerio. ¿Cómo hago?. Un taxi sabrá ir desde el centro de la ciudad?. Gracias

Fecha: 01/12/2014 23:40.


Autor: F. Torres

Sí, se puede ir en taxi. Está a las afueras pero en la ciudad en el barrio de Pankovka. Tendrás que indicar que vas al cementerio de los soldados alemanes ya que es un cementerio alemán en el que existe este sector español.

Fecha: 02/12/2014 07:25.


gravatar.comAutor: Silvia

Hola Sr. Torres. El próximo mayo iré a Novgorod con intención de visitar el cementerio de la División Azul. Por casualidad no recordará el horario de apertura...Muchas gracias.

Fecha: 22/01/2015 19:13.


gravatar.comAutor: Manuel Martín Diéguez

¡Honremos a nuestros héroes como se merecen, no los olvidemos nunca!

Fecha: 28/05/2015 20:41.


gravatar.comAutor: Roberto Cacheiro Frias

En diciembre (o sea en pleno invierno) estaré una tarde en Novgorod para ver si puedo acercarme hasta el cementerio. Soy argentino pero mis cuatro abuelos son españoles, o sea, 100% espáñol. Alquien conoce el costo de un taxi?

Fecha: 07/07/2016 06:45.


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