No vayan a alarmarse mis sufridos lectores, ni me han afectado los muchos grados que marcan las temperaturas ni estoy pidiendo un nuevo “Alzamiento Nacional” contra la crisis y el gobierno, aunque la protesta cívica debiera ser mucho más evidente y plural de lo que es. Es que -utilizando la muletilla de Bono-, pensando en la fecha, he reflexionado sobre la gran pregunta que se hace nuestra casta política, ¿cómo obtener dinero para que el Estado pueda mitigar sus deudas y la casta política seguir pagando con nuestro dinero sus ocurrencias?

Mirando el calendario, en esta tarde veraniega, me ha venido la inspiración recordando un articulo debido a un enfadado César Vidal -enfadado porque le han metido en el mismo saco histórico que a Pío Moa, o sea en la “ultra” y no le gusta-, en el que acababa echando en última instancia la culpa a Franco del paro que tenemos, porque el actual sistema de relaciones empresario-trabajador es obra del franquismo, ya que para los gurús liberalotes, incluyendo a la aclamada Esperanza Aguirre, ahora resulta que  don Francisco era un socialdemócrata peligroso, por lo que estos corsés deben ser eliminados, entre otras razones, por franquistas.

He mirado la fecha y he reparado en la versión oficial sobre el acontecimiento. Versión naturalmente rojiprogre-socialdemócrata en connivencia con la timorata exderecha española y el insondable y metafísico centro político. Nos dicen los medios, casi todos los medios, que se ha cumplido, con baja intensidad, el 75º Aniversario del golpe fascista-franquista que nos condujo a la noche de los tiempos apartándonos de la luz de la historia y el progreso, retrotrayéndonos hasta casi la edad de piedra mientras el mundo nos escupía por aguantar a un dictador bajito (lo de ser bajo o gordo es para la sociedad actual casi un pecado), mediocre y prácticamente tonto de remate. Y ya puestos, culpable en última instancia de la actual crisis económica por engañarnos con el fantasma de un desarrollismo inútil que llevaba en su seno la última venganza del general que ahora todos estamos pagando. ¡Casi nada!

Entre las muchas injusticias y desafueros cometidos por don Francisco figuran algunos que deben ser, de una vez por todas, proscritos por franquistas. A don Francisco se le ocurrió que los españoles debían de ser dueños de su vivienda y, coherentemente, tuvo la ocurrencia de poner los medios necesarios para que así fuera y los españolitos pudieran adquirir una casa en propiedad, pagarla en un tiempo razonable y hasta poder vivir y de paso poner coto a la especulación inmobiliaria. ¡Qué cosas tenia este intolerable fascista!

Otra cosa que se le vino a ocurrir, ¡que ya es manía!, es que los españoles tuvieran seguridad en el trabajo, que los contratos fueran mayoritariamente fijos… la consecuencia de ello fue la creación de un mercado laboral rígido cuyo efecto debía ser, como nos dicen nuestros expertos anticrisis, el incremento del paro y la inviabilidad del crecimiento económico… Bueno ya se sabe que el paro fue durante el franquismo galopante, que la presión intervencionista hacia inviable crear empresas y que sólo se creció durante catorce años en tasas del 6% al 12%.

Como además don Francisco tenía que evitar que los trabajadores salieran a la calle a protestar ante la feroz represión los encadenó dándoles seguridad en el trabajo, creando la Seguridad Social y el sistema de pensiones, las vacaciones pagadas (que antes no existían), permitiendo la compra a crédito, dando créditos baratos a través de la banca pública, convirtiéndolos en clase media, alienándolos mediante la televisión poniendo todas las semanas un partido de fútbol y retransmitiendo las corridas de el Cordobés en una televisión que sólo emitía unas horas… y, sobre todo, instaurando la paga del 18 de Julio para que los españoles pudieran irse de vacaciones… Y así, entre ser propietarios, tener coche, irse de vacaciones, pagar las letras y hacer frente a la hipoteca se estaban quietecitos y de vez en cuando gritaban aquello de “¡Franco, Franco, Franco!” Repito, ¡intolerable abuso fascista!

Por eso, se me ocurre, que dado que hoy florecen los antifranquistas el gobierno pida a todos que renuncien a esa paga conmemorativa del “glorioso Alzamiento Nacional”, instituida no lo olvidemos por don Francisco Franco, entregándola este año al Estado como prueba máxima de la repulsa al odioso dictador y eliminándola el próximo para facilitar la rebaja de los costes de la masa salarial en los balances del Estado y las empresas. Así, ahora mismo, varios miles de millones entrarían en las arcas públicas y daríamos ejemplo a Europa, demostrando, como dice Rajoy, que los españoles saben salir de situaciones difíciles. El único problema sería que a la hora de la verdad sólo existieran un puñado de concienciados antifranquistas. No creo; estoy seguro que los españoles de la “memoria histórica” correrán presurosos y orgullosos a tirar este dinero manchado por la larga mano de Francisco Franco.

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