Dejando a un lado el dato negativo para España de la irrupción con fuerza excesiva de Bildu en los Ayuntamientos y la posibilidad de que acaben acumulando un importante poder territorial en Navarra y Vascongadas, merced a sus 1.091 concejales (el partido con más concejales en el País Vasco), que dé un nuevo impulso a ETA, resultados que merecerán un análisis detenido, la única lectura de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo es que la marca PSOE se ha hundido en España.

Hace unos días indicaba que la clave de estas elecciones estaría en lo que sucediera en Castilla-La Mancha y en Extremadura. Al PSOE le bastaba con salvar uno de los gobiernos y mantenerse mediante pactos en otro para poder mantenerse como marca. No sólo no lo ha conseguido sino que además ha perdido el gobierno de gran parte de las grandes ciudades que dominaba y sólo con una coalición con IU, de mantenerse finalmente los resultados, podría salvar el gobierno de izquierdas en Extremadura. Las diferencias porcentuales, en torno al 10%, son de tal magnitud que hacen innecesarias las posibles proyecciones de voto, y los resultados en determinadas ciudades andaluzas, como Sevilla, no hacen más que anunciar una nueva debacle socialista en las próximas elecciones autonómicas. 

La lógica política indica que, con estos resultados, José Luis Rodríguez Zapatero estaría obligado a anunciar la disolución de las cámaras y la subsiguiente convocatoria electoral. Pero una cosa es la lógica y otra muy distinta la práctica. El PSOE se ha colocado, con estos resultados, en el peor de los escenarios posibles. Es innegable, dado el porcentaje de participación, que hoy en España no sólo existe un ambiente anti-ZP sino que además se ha extendido un ambiente anti-PSOE que es también casi un ambiente anti-izquierda, dado que ni IU, ni la más templada UPyD, han conseguido ser los referentes del descontento del votante socialista ni, en el caso de UPyD se ha producido una atracción decisiva del voto con menor prejuicio ideológico; ni ha funcionado la movilización izquierdista del ficticio movimiento del 15-M, que al final ha acabado beneficiando al PP. Al PSOE sólo le queda como salida, salvo que insista en el suicidio creyendo que la baraka de ZP aún existe, hacer unas elecciones rápidas para perderlas, evitar las primarias e intentar movilizar a la izquierda con Rubalcaba como candidato, a menos que quiera quedar fuera del poder durante una década. Porque otra de las cosas que han sepultado los resultados son las primarias socialistas, ya que difícilmente Carmen Chacón estará dispuesta a asumir una candidatura que sería su tumba política. Lo más probable, sin embargo, es que Rodríguez Zapatero prefiera aguardar hasta después del verano antes de tomar una decisión definitiva, pero, inicialmente su intención es aguardar hasta marzo y esperar a ver si consigue una “apariencia” de paz con ETA y un desgaste autonómico del PP que al menos impida el hundimiento definitivo de la marca PSOE tal y como ha sucedido en algunas Comunidades Autónomas.

Ahora bien, todo dependerá, aunque nadie quiera destacarlo, de la actitud que adopte el Partido Popular. Inicialmente, dado el éxito, nada hace suponer que Mariano Rajoy varíe su línea de actuación, por lo que continuará limitándose a pedir que Rodríguez Zapatero convoque elecciones. Pero también podría inclinarse por forzar la convocatoria adelantada de elecciones iniciando una estrategia de acoso y derribo que comenzaría con la presentación de una moción de censura. Hoy Mariano Rajoy es un líder incuestionable que ha asentado el poder de su grupo dentro del partido. Así que él tiene la llave: o lanzarse a forzar la convocatoria de elecciones anticipadas o aguardar hasta marzo porque entonces la debacle socialista será aún mayor.

 

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